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Editorial

Conversar no es pactar

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Editorial Diario UNO

Corría el año 1956 y el fin del gobierno dictatorial de Manuel Odría. El país debatía, electoralmente, la sucesión entre el candidato oficialista Hernando de Lavalle y el expresidente Manuel Prado, terciaba un desconocido Fernando Belaúnde Terry. El APRA, entonces partido mayoritario, tenía el voto decisivo. Tanto que el propio Lavalle había enviado emisarios a Roma, donde Víctor Raúl Haya de la Torre se encontraba desterrado para ofrecerle la amnistía. El secretario general de ese partido era Ramiro Prialé, quien recibió la propuesta de los pradistas de mejorar las condiciones de Lavalle. «Compañero, le dijeron los miembros de la comisión política, ya cerramos con Lavalle». A lo que Prialé respondió «Conversar no es pactar», haciendo célebre esta frase como expresión de pragmatismo político.

El dicho ha vuelto a la memoria este fin de semana, después de que líderes de cuatro partidos políticos de centro (APP, Somos Perú, Podemos y Avanza País) se reunieran en Palacio de Gobierno con el presidente Pedro Castillo para tratar la coyuntura política signada por acusaciones de corrupción de allegados al chotano. Hoy día está programada la presencia de los dirigentes de Acción Popular, cerrando una saludable ronda de conversaciones, que deberían producirse más a menudo.

Los únicos que poden remilgos a esta sana práctica democrática, que no compromete a quien habla ni a quién escucha, son las fuerzas extremas. Perú Libre, que está preparando una lista de lavandería para ponerla como condición a Castillo para su apoyo en la votación y los partidos de derecha (Fuerza Popular y Renovación Popular) que tienen miedo de que cualquier contacto con el gobierno los pueda teñir con una mancha de rojo.

La verdad de las cosas es que, a hoy día, en el Congreso las perspectivas están más que claras. Los partidarios de la iniciativa de vacancia están en el borde de los 52 votos necesarios para conseguir la admisión, dependiendo de un pequeño margen de indecisos que podrían inclinar la balanza a uno u otro lado. Pero, esos votos ni siquiera alcanzan para obligar al presidente a ir a responder al Congreso, pues puede hacerse representar por un abogado. Al mismo tiempo, los cuestionadores están muy lejos de los 87 votos para aprobar la vacancia presidencial. Entonces, su insistencia es puro verso para contentar a las tribunas desde dónde sus partidarios aguardan ilusionados la caída de Pedro Castillo.

Quizás, a unos y otros, hoy les valdría más, valorar la sentencia de Prialé.

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Editorial

“Salvo el poder todo es ilusión”

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Editorial Diario UNO

Ya casi habíamos olvidado una de las consignas centrales de Abimael Guzmán, que da título a esta nota y que sus fanáticos militantes coreaban en las prisiones, mientras desfilaban uniformados, cuando escuchamos ayer al exprimer ministro Guido Bellido declarar que el conflicto entre el Ejecutivo y el Congreso es solo “un espejismo”. Y esa explicación nos recordó que existe una manera alienada de ver la política.

El diccionario define al espejismo como una “Ilusión óptica debida a la reflexión total de la luz al atravesar capas de aire caliente de diferente densidad, lo cual provoca la percepción de la imagen invertida de objetos lejanos, como si se reflejasen en el agua”, es decir, como una Imagen, representación o realidad engañosa e ilusoria.

Así para el oficialismo es absolutamente cierto que las declaraciones de Bruno Pacheco, Karelim López y Zamir Villaverde sobre delitos cometidos en Palacio de Gobierno son solo una imaginación; que la firma falsa en el concurso de la municipalidad de Anguía es una realidad engañosa, que la fuga del exministro Juan Silva y de los sobrinos del presidente responde a una impresión equivocada o que los constructores Espino han actuado de buena voluntad y son incomprendidos. En suma, que el Congreso, los medios de comunicación y una mayoría de la ciudadanía urbana lo que ven es una imagen invertida de la realidad.

Pero, para la oposición, lo que en realidad existe es una práctica perversa del círculo presidencial que solo persigue el poder para beneficio propio y que, a lo Abimael, está dispuesta a comprar o amedrentar a testigos, a destruir pruebas y a hacer cualquier triquiñuela legal o tinterillada para evadir la acción de la justicia, en suma, que pretende mantener el poder a cualquier precio.

En medio de ambas percepciones la economía cruje, la sociedad se deteriora, la cultura y la educación se precarizan y la política se hace indigna. Por eso, “¡Qué se vayan todos!” es la forma en que hoy los ciudadanos honestos de derecha, centro e izquierda piensan que salvo el poder todo es ilusión.

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La implosión de Acción Popular

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La solicitud de licencia a AP del excandidato presidencial Yonhy Lezcano se convirtió ayer en el último capítulo de una serie más atractiva qué las de Netflix, en la cual el partido de la lampa va camino a su extinción. No lo decimos ni deseamos nosotros, sino lo pone el propio Lezcano en blanco y negro: “Nuestra ideología y principios partidarios se están dejando de lado por algunos militantes que nos representan en cargos de elección popular, pero además nuestro partido no cuenta con dirigencia elegida conforme a ley, que permita una conducción adecuada de nuestra organización política”.

Claro que si hoy preguntáramos a los militantes cuáles son esa ideología y esos principios que cita Lezcano, tendrían mucha dificultad de responder. Y es que, desde su nacimiento, AP no fue un partido con ideología. Su fundador, Fernando Belaunde Terry, resolvió el problema con una frase que lo decía todo y nada “El Perú como doctrina”. Pero, ello tampoco llevó al acciopopulismo a ser una fuerza regionalista o descentralista.

Desde la debacle electoral de uno de sus líderes emblemáticos, Javier Alva Orlandini, en 1985, AP no levantó cabeza. Apoyó a Vargas Llosa en 1990 y, después, no tuvo ninguna figuración importante a nivel nacional. Raúl Diez Canseco, sobrino del fundador, fracasó en su intento de reflotarlo como un partido protagónico. Pero, paradójicamente, el colapso del gobierno de PPK y la transición le dieron una nueva oportunidad. Y vaya que no le fue mal. En las últimas elecciones, ganaron 16 curules en el Congreso y la municipalidad de Lima.

¿Cómo lo lograron? Juntando a perro, pericote y gato, volviendo a ser una “Federación de independientes” como en la década de 1950. Pero ese secreto de éxito se convirtió, luego, en factor de fracaso pues las diferencias se agudizaron y hoy hay dos dirigencias, dos facciones de la bancada y varios “Niños” hipotecados a favor de Pedro Castillo. La división es tal que, en broma, se dice que el lema de “Adelante”, escrito en el frontis del local principal, ha sido cambiado por el de “Adios”.

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No hay peor ciego que el que no quiere leer

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Siempre la distancia aguza la vista. Así, lo que no se ve de cerca, desde lejos puede ser transparente. Ello acaba de ocurrir con el pronunciamiento conjunto de los gobiernos de Argentina, Bolivia, Ecuador y México, ante la tensión política que se vive en nuestro país, en el que llaman a “las instituciones y fuerzas políticas de esa hermana república a fortalecer el diálogo político, como herramienta para superar la actual”, dice la Cancillería argentina, vocera del grupo latinoamericano preocupado por la democracia en el Perú.

Lo paradójico es que los protagonistas domésticos del conflicto no leen la realidad igual que los observadores. Desde el gobierno no se acepta la existencia de una crisis política, sino que solo se ve una intentona golpista, no se reconocen los hechos públicos de corrupción cercana a Palacio de Gobierno, sino que se considera que todo es una “invención de la prensa comprada” y, finalmente, persiste en la negativa a la transparencia y la explicación. Lo gracioso es que, al mismo tiempo, Torre Tagle interpreta el pronunciamiento como un implícito respaldo internacional a Pedro Castillo.

Del lado de la oposición se produce un fenómeno similar, pero de tendencia inversa. Se alude al pronunciamiento como un jaqueo externo al profesor chotano, se interpreta la preocupación de los presidentes amigos como una aceptación implícita a la exigencia de medidas correctivas y se recibe el comunicado como el primer paso de una especie de tribunal arbitral que facilite una salida al entrampamiento. Pero, también graciosamente, sus voceros no han pronunciado una sola palabra al respecto, como si no hubiera existido

Lo mejor sería que, ambas partes, lean con detenimiento lo que dicen los cuatro presidentes amigos: “Confiamos en que TODOS los actores nacionales privilegiarán la construcción de consensos amplios, inclusivos y participativos que permitan fortalecer el funcionamiento del sistema político establecido por la Constitución y la vigencia del Estado de derecho”. ¿Qué se leerá en Palacio y el Congreso?

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