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Especial

Complicidades con Gabo

El autor de “Cien años de soledad” cultivó una significativa amistad con un poeta peruano que hoy recuerda algunos pasajes de quién era este hombre valioso a dos días de los tres meses de su partida. Murió el 17 de abril, en Jueves Santo.

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Complicidades con Gabo

El generoso destino me ha colocado en la vida en situaciones que me han permitido hacer amistad con gente extraordinaria. Una de esas personas ha sido Gabriel García Márquez con quien compartí a lo largo de más de veinte años algunos momentos inolvidables: importantes complicidades y jocosas anécdotas.

Gracias a mis labores en la UNESCO, como Consejero Regional en Comunicación Social para América Latina, con sede en Quito, lo conocí en noviembre de 1977. Eran los años de los intensos debates a nivel internacional sobre el rol de la Comunicación y la Información.

La UNESCO, promovió la creación de una “Comisión Internacional sobre los problemas de la Comunicación”, compuesta por 16 destacadas personalidades de todas las regiones del planeta y que fue presidida por el irlandés Sean Mac Bride, Premio Nobel y Premio Lenin de la Paz.

Me pidieron que propusiese a dos destacados latinoamericanos para integrar el grupo. Propuse a García Márquez, que gozaba ya de una espectacular fama por la aparición de “Cien años de soledad” y al chileno Juan Somavía, quien dirigía, en México, el Instituto Latinoamericano de Estudios Trasnacionales (ILET) y que, años después, sería nombrado Director de la Organización Internacional de Trabajo (OIT).

Me solicitaron que hablara con ambos para que integraran la Comisión, que, tras dos años de debates y reuniones, presentó el resultado de sus trabajos bajo el título de “Un solo mundo, voces múltiples”, más conocido como el “Informe Mac Bride”.

Juan aceptó encantado inmediatamente. En el caso de Gabo, lo llamé por teléfono desde Quito a Cartagena para participarle mi deseo de entrevistarme con él y platicarle de “un asunto muy importante que tiene que ver con la UNESCO”.

Convinimos en que nos encontraríamos en Bogotá a los pocos días y me solicitó que lo llamase a mi llegada a la capital colombiana, cosa que hice puntualmente. “¿Dónde estás alojado?”, preguntó al teléfono. “En el Hotel Bacatá”, respondí. “Okey, nos vemos en dos horas…yo paso a verte”, contestó.

Y así fue. En un primer momento, yo quise trasmitirle que no deseaba que viese en mí solamente a un funcionario internacional, sino a una persona comprometida.

“¿Qué eres tu de Genaro Carnero Checa?”, me preguntó, a lo que respondí: “Soy su hijo mayor”… “no sigas, me dijo, con eso me basta”.

Comencé entonces a explicarle lo que la UNESCO le proponía precisándole que la primera reunión del grupo tendría lugar pocas semanas después en la sede de la Organización en París.

“De acuerdo”, aceptó y añadió: “Pero eso sí, tengo que pedirte algo especial: …sucede que yo le tengo un miedo atroz a viajar en avión y quisiera que me colocaran el pasaje en primera clase y no en segunda”.

Le contesté que eso no se lo podía asegurar, porque escapaba a mis atribuciones y le señalé que “conociendo la mentalidad burocrática en la UNESCO era complicado….no obstante, déjame ver”.

Regresé a Quito, desde donde envíe el correspondiente informe a la UNESCO, dando cuenta de la aceptación de Gabo y de Juan; y pidiendo, casi rogando, que a García Márquez le enviaran un pasaje en primera clase.

Un par de semanas después, el 6 de diciembre, ya que se celebraban las Fiestas de Quito. Nos habían visitado y estaban alojados en mi casa Alfredo Bryce y Arturo Corcuera. Nos encontrábamos en pleno almuerzo cuando sonó el teléfono. Era Gabo.

“Germán, me dijo irritado, te había solicitado el pasaje en primera clase y me lo han enviado en segunda…”

“Gabo –le respondí– yo te había dicho que mi capacidad de maniobra en ese sentido era casi nula y no puedo hacer nada. Además –añadí, ante la atónita mirada de Adita, mi esposa y de Alfredo y Arturo– los aviones, Gabo, se caen igual en primera o segunda clase…”

Pensé: ahorita me manda a la mierda….pero, tras un silencio, para mí interminable, respondió: “Sí pues…” y colgó.

A los pocos días se inauguraba en París la primera sesión de la Comisión Mac Bride. Llegué diez minutos antes al lugar de la reunión y lo encontré solo, paradito en la puerta de la sala de sesiones, con un sobrio abrigo azul…”

“Pagué la diferencia”, me dijo escuetamente.

En 1982 Gabo fue galardonado con el Nobel y a fines de 1988 la UNESCO me nombró Representante en México y en República Dominicana, con sede en la Ciudad de México, donde vivía Gabo.

En mi oficina habíamos empezado a reunir puntos de vista y elementos de lo que se convertiría en el proyecto cultural más importante de la Organización en Iberoamérica: el Proyecto “Periolibros”. Basado en una idea que muchos años atrás había planteado el poeta Manuel Scorza, consistía en publicar cada mes, en una cadena de diarios en toda Iberoamérica, con tirajes millonarios, suplementos con un texto literario de un gran escritor iberoamericanos, ilustrado por un destacado artista plástico de la misma región.

Federico Mayor, Director General de la UNESCO en ese entonces, se convirtió en un gran aliado de la idea. Coincidimos en que se hacía necesario vincular a una gran casa editorial con prestigio regional y, siguiendo sus instrucciones, conversé con el expresidente de México, Miguel de la Madrid, que dirigía el Fondo de Cultura Económica (FCE). Con igual entusiasmo acogió el planteamiento y nombró a mi hoy muy querido amigo, Adolfo Castañón, quien ejercía la Gerencia Editorial del Fondo, para codirigir conmigo el Proyecto.

Se trataba de un emprendimiento de enormes proporciones, pues había que conseguir un diario en cada país iberoamericano que estuviese dispuesto a publicar los Periolibros. Además, teníamos que conseguir gran parte del financiamiento, batallar con los derechos de autor de los escritores y convencer a numerosos artistas plásticos para las ilustraciones.

Fue así que a la primera persona a quien llamé fue a García Márquez, con quien nos citamos en un café del sur de la ciudad de México, para tratar un asunto “importantísimo”, según le dije.

Ni bien nos sentamos comencé a explicarle apasionadamente las dimensiones, aspiraciones y virtudes que tendría ese gran proyecto de “democratización de la lectura”. La idea le pareció “fabulosa”.

—¿Y qué quieres de mí?, preguntó.

—Que me regales un título, libre de los derechos de autor, le contesté, tratando de mantener la mayor naturalidad.

—¿Cómo??? Me interrogó dubitativo.

—Sí, le dije, imagínate… de dónde vamos a sacar el dinero para pagarte los derechos si se trata de millones de ejemplares…, además, agregué, se trata de un proyecto de bien social que beneficiará a muchísima gente en nuestra región.

Me miró fijamente y sentí que no podía creer el alcance de mi audacia. Tras un largo silencio, moviendo la cabeza y metiéndose los dedos repetidamente entre sus cabellos, comenzó a repetir: “Carmen me va a matar….Carmen me va a matar….”

—¿Y qué título quieres? preguntó.

—“El coronel no tiene quién le escriba”, respondí.

—“Okey”, dijo. Después de un momento y tras mirarme fijamente, se levantó.

Nos despedimos con un abrazo y se marchó. Ni siquiera habíamos tenido tiempo de solicitarle un café al mozo que merodeaba por allí. Yo sí pedí el café, brutalmente emocionado. Permanecí un largo rato meditando en la generosidad, grandeza y suma coherencia del genial escritor, mi amigo.

Empezó entonces una peregrinación por todos los países iberoamericanos para conformar la gran red de diarios, autores, pintores patrocinadores del proyecto. Respecto a los derechos de autor, coincidimos con Castañón en que era fundamental visitar, en Barcelona, a Carmen Balcells, exitosísima agente literaria que fue, a no dudarlo, pieza fundamental del llamado “Boom” literario.

Carnero Roqué y el autor de “Cien años de Soledad” en Cartagena, Colombia.

Carnero Roqué y el autor de “Cien años de Soledad” en Cartagena, Colombia.

Visitamos a Carmen en sus oficinas. Desde un primer momento, sentí que me encontraba frente a una persona de gran carácter y que la leyenda que la pintaba como una auténtica fiera en el negocio editorial parecía comprobarse.

Me sentó frente a ella en un sillón bastante mullido que, de alguna manera, te hundía un poco, mientras ella tomaba asiento en una especie de butaca de teatro, muy sólida.

Adolfo, a mi lado izquierdo sentado en una silla, en absoluto silencio, tomaba notas de nuestra conversación.

Tras los saludos de rigor le expliqué a grandes rasgos las características de ese proyecto, esencialmente democratizador de la lectura, que habían decidido sacar adelante la UNESCO y el FCE. Le pareció “sumamente interesante” y preguntó:

—¿Y en qué los puedo ayudar?

—Verá señora Balcells, le dije, dado que se trata de un ambicioso proyecto de estimulación de la lectura, que llegará a millones de lectores a través de una red de diarios en toda Iberoamérica, quisiéramos solicitarle que pudiésemos publicar a los distintos autores que usted representa sin tener que pagar los derechos de autor…

—¡¿Cómo?!…me interrumpió, verdaderamente alterada. “Usted me está pidiendo que me haga el ‘Hara Kiri’”… manifestó con un nerviosismo que iba montando en intensidad.

—No se trata de eso, señora —le respondí. Nosotros le tenemos una enorme estima y estamos convencidos de que su participación en la valoración y dignificación de los grandes escritores de América Latina ha sido fundamental y digna de todo reconocimiento”. —Lo que usted me está pidiendo es IMPOSIBLE! —me respondió tajantemente.

Nos enfrascamos entonces en una apasionada discusión. La situación era realmente tensa por momentos e, incluso, hizo que Carmen soltara algunas lágrimas, pues era clarísimo que no concebía que se le pidiera que renunciara a su razón de ser en este mundo.

—Bueno —me dijo, al cabo de más de media hora de argumentos encontrados… ¿Y cuáles son los autores en los que están pensando?

—Le leí una lista que habíamos preparado y en donde figuraban, entre otros, Neruda, Saramago, Vargas Llosa, Cortázar, Fuentes, Roa Bastos, Jorge Amado, Bryce Echenique, Sábato, Donoso, Carpentier y Alberti. Deliberadamente no le mencioné a García Márquez.

—¿Y el Gabo? —preguntó algo inquieta.

—El Gabo no, pues ya nos regaló sus derechos —sentencié.

—¿¿¿CÓMO? —gritó e inmediatamente, con el mismo tono, llamó a sus asistentes: LLAMEN AL GABO!….LLAMEN AL GABO!!!, exigió.

Efectivamente, a los pocos minutos la conectaron telefónicamente con García Márquez. Sumamente contrariada le dijo:

—Gabo¡¡¡.. que aquí hay un SEÑOR que dice que tú le has regalado los derechos de un título….!!!???

No sé, realmente, qué explicaciones le estaría dando Gabo, pero, a medida que lo iba escuchando iba moderando el tono airado y repetía: “entiendo….entiendo…”. Colgó y dijo:

—Claro…el Gabo dice que le cobre más por los otros para cobrar lo suyo…

—Señora, le señalé tras un instante de reflexión, usted me ha ofendido.

—¿Por qué?

—¿Usted cree, le dije, que yo soy una especie de estafador que va por el mundo utilizando a la UNESCO; al Fondo de Cultura Económica; a Federico Mayor y a Miguel de la Madrid para conseguir turbias maquinaciones?… ¿Por qué ha tenido usted que llamar a García Márquez para comprobar que lo que le decía era cierto?…Para mí es ofensivo, créame.

Con una expresión verdaderamente tierna me contestó: “Discúlpeme… no he querido ofenderlo”.

“No se preocupe, le respondí,…creo que hemos agotado bastante el tema y si usted está de acuerdo Adolfo y yo analizaremos la situación y regresaremos mañana”. Convinimos en volvernos a encontrar en la mañana del día siguiente y nos retiramos.

Tomando un café frente a la catedral de Barcelona, llegamos a la conclusión con Adolfo que Carmen no iba a ceder de ninguna manera y que había que ofrecerle algo a cambio.

A estas alturas del relato debo hacer mención que habíamos conseguido que IBERIA nos otorgara un importante patrocinio a cambio de que en cada Periolibro apareciese en toda una página publicidad de esa compañía.

Fue así que, como acordado, llegamos la mañana siguiente al mismo escenario de la discusión del día anterior. Apenas habíamos tomado asiento Carmen dijo:

—Por si acaso…he hablado con Mario y me ha dicho que tenemos que cobrar de todas maneras…

—Señora, le respondí, vamos a hacerle una propuesta, pero, con toda amabilidad, le advierto que si usted no la acepta, voy a ir de autor en autor para convencerlos… (Yo había ya auscultado a Jorge Amado y a Bryce Echenique, que me habían asegurado su apoyo)

—¿Y cuál es la propuesta?

—Siete mil dólares por autor… incluido el Gabo, por supuesto.

—No sigas. Acepto.

En junio de 1992, quedó constituida la red de diarios asociados a Periolibros. Se trató de un esfuerzo editorial sin precedentes ya que la suma de esa cadena de periódicos garantizaba la publicación mensual de tres millones de ejemplares. En esa red había todo tipo de orientación, pues iban desde ABC de España hasta Juventud Rebelde en Cuba. En el Perú los publicó el diario La República.

Pasaban los años y Periolibros iba cosechando éxitos. Con los directores de los periódicos de la red realizamos varias reuniones en diferentes países. A una de ellas, en junio de 1994 en Cartagena, Colombia, invitamos a García Márquez. Conversé largo con él, sin mencionar para nada el encuentro con Carmen Balcells. Sin embargo, en un ejemplar de su libro “Del amor y otros demonios” me puso la siguiente dedicatoria, que yo interpreté como un guiño:

Para Germán, 
de su socio, 
Gabriel 94

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La vida siguió su curso y Periolibros continuó cumpliendo con sus objetivos hasta octubre de 1997. En cinco años se publicaron obras de 61 autores ibeoramericanos y se calcula que se distribuyeron, de acuerdo a los reportes de los diarios de la red, alrededor de 120 millones de ejemplares en toda la región.
En 1998, otro proyecto que queríamos poner en marcha motivó varias reuniones con diversas personalidades, en una de ellas el renombrado fotógrafo peruano Rogelio Cuéllar, que vive en la ciudad de México, tomó una curiosísima fotografía en la que pareciera que yo estoy reclamándole airadamente al Gabo por algo, cuando en realidad Cuéllar captó el instante preciso en que yo, de la manera más insistente –actitud muy común en mí– le decía, simplemente, “no te olvides Gabo que nos reunimos en mi oficina tal día a tal hora”.

Cuento esto porque dicha reunión, en la que participamos tan solo Gabo y yo, se realizó efectivamente en las oficinas de la Representación de la UNESCO. Desde que el personal se enteró de la visita de García Márquez hubo un revuelo enorme y a mí no se me ocurrió otra cosa que decirles: “Salgan a comprar libros de Gabo para que se los dedique y de paso compren también uno para mí”. Llegó puntualmente y tuvimos la reunión, al final de la misma le dije: “Gabo la gente aquí se ha emocionado mucho al saber que vendrías y han comprado libros para que se los dediques”. “Encantado”, me respondió.

Llegaron los libros, que eran alrededor de diez, y se los entregué. Apenas los tuvo entre sus manos los revisó y acto seguido los depositó airadamente sobre la mesa y me increpó:

—“Pero cómo carajo me traes libros PIRATA!!! para que firme…”

Me quedé helado. Era lo último que se me hubiera podido ocurrir que pasaría. Respiré hondo y le contesté:

—“Discúlpame…discúlpame… Gabo, en ningún momento se me ocurrió que algo así pasara…”

Respiré hondamente otra vez y temiendo que me mandara a la mismísima mierda, le dije tratando de mantener el máximo de compostura:

—“Además, te jodiste porque esta gente está muy ilusionada con tener un libro tuyo autografiado y creo, sinceramente, que no puedes defraudarlos…”

—Me miró muy fijamente y respirando, esta vez él hondamente, agarró uno a uno los libros y los fue dedicando de acuerdo a los papelitos que cada libro traía con el nombre de la persona agraciada. Cuando llegó al mío dibujó una flor a lo largo de la página y puso lo siguiente:

Una flor para
Ada, y a veces
para Germán;
este libro ilegible,
del amigo,
Gabriel 98

Complicidades con Gabo

Han pasado los años, en 1999 me jubilé de la UNESCO y me radiqué en Lima. No lo volví a ver, pero su enorme presencia y generosidad me han acompañado siempre. Al concluir la redacción de esta nota, a casi tres meses de su fallecimiento, solo puedo decir que me invade un extraño sentimiento de nostalgia y desamparo.

Germán Carnero Roqué
Colaborador
Poeta, Periodista, Promotor Cultural y Ex Funcionario Internacional. Desde 2006 es Director del Museo de Arte del Centro Cultural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

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La policía cubana, vista por un periodista norteamericano

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La policía cubana, vista por un periodista norteamericano

Un grupo de policías mus­culosos que llevan pistolas y bastones semiautomáticos se mueven lentamente entre la multitud al final de un con­cierto de salsa al aire libre. Mis amigos y yo tenemos una botella de ron, y creo que los policías lo confiscarán y tal vez hasta nos arresten.

En cambio, la policía nos pide que bebamos, y rápida­mente cumplimos. Confiscan la botella de vidrio para que no se pueda romper y usar como arma.

Este incidente tuvo lugar en La Habana hace algunos años, y dice mucho sobre lo que constituye una buena vi­gilancia policial. Los policías estaban interesados en preve­nir el crimen, no en agravar­lo.

Contrariamente a la ima­gen de comunistas brutales y represivos, la policía en Cuba ofrece un ejemplo instructivo para los activistas en los Es­tados Unidos. La policía vive en las ciudades que patru­llan. Generalmente tratan a los ciudadanos con respeto. Como documenté en mi libro Dateline Havana, las golpizas policiales a criminales son ra­ras y los asesinatos policiales son inexistentes. Cuba tiene una de las tasas de crimina­lidad más bajas de América Latina.

Las continuas protestas por las vidas de los negros en los Estados Unidos han forzado un debate nacional sin precedentes sobre el pa­pel de la policía. ¿Deben los departamentos de policía ser financiados y ese dinero ser desviado para ayudar a las comunidades pobres? ¿Debe­ría la policía ser abolida por completo?

Cuba ha luchado con pro­blemas policiales desde la re­volución de 1959. El gobierno, aunque ciertamente tiene su cuota de fallas, ha creado un sistema de interacción entre la comunidad y la policía que reduce el crimen sin depen­der de la fuerza bruta.

La lucha contra el crimen en Cuba comienza con una red de seguridad social, que brinda a cada cubano educación gratuita, atención médica gratuita y eventos culturales subsidiados. Cuba no sufre los azotes de la falta de vivienda y la adicción a las dro­gas instigada por los carteles, a pe­sar de los intentos regulares de los traficantes de contrabandear dro­gas a Cuba desde Florida.

La economía socialista signifi­ca que Cuba no tiene extremos de riqueza y pobreza. He visitado las casas de funcionarios gubernamen­tales de alto rango que viven en ve­cindarios de ingresos medios. Me he encontrado con agentes de policía que vivían en un modesto complejo de apartamentos en el mismo ve­cindario que patrullaban.

Cuba usa la presión de la comu­nidad para desalentar el crimen. Los Comités para la Defensa de la Revolución (CDR) se crearon origi­nalmente a principios de la década de 1960 para erradicar a los contra­rrevolucionarios respaldados por Estados Unidos. Hoy en día, los CDR promueven la salud pública y ac­túan como grupos de vigilancia del vecindario.

Humberto Carillo Ramírez, un líder nacional de CDR entonces, me dijo en un documental de radio que los residentes locales a menudo sa­ben quiénes son los delincuentes.

“Si una familia no envía a sus hijos a la escuela o si un joven no está trabajando y se está metiendo en problemas…nos reunimos con ellos “, dice. “Vivimos en [su] blo­que… Explicamos por qué es malo para el país y también explicamos las graves consecuencias legales para ellos”.

Cuando los residentes son con­denados por delitos, los miembros de CDR los visitan en la cárcel. “Queremos…reincorporarlos a la so­ciedad después de que salgan “, dice Carillo.

A principios de la década de 1990. Cuba enfrentó una crisis eco­nómica masiva provocada por el co­lapso de la Unión Soviética e inten­sificada por los esfuerzos de Estados Unidos para derrocar al gobierno. Los cubanos enfrentaron una gra­ve escasez de gasolina, alimentos y electricidad. A partir de 1996, la na­ción experimentó un fuerte aumen­to en los robos de viviendas y asaltos callejeros; incluso hubo un intento de robo de un vehículo blindado.

Según los estándares de Estados Unidos, el crimen en Cuba seguía siendo ligero, pero era más de lo que los cubanos estaban dispues­tos a aceptar. En 1999, el gobierno aprobó una ley que duplicó algunas penas de prisión. Los jueces tam­bién permitieron que menos prisioneros salieran en libertad condicional. La policía estaba estacionada en cada esquina de las zonas turísticas. La represión resultó en una caída del 20 por ciento en la delincuencia, me dijo el juez de la Corte Suprema Jorge Bodes Torres en una entre­vista en ese momento.

Él atribuye el éxito a las medidas de “ley y orden” y a la organización comunitaria. “La mayoría de las personas están involucradas en la lucha contra el crimen”, dice. “Ese es el factor más importante”.

Los disidentes políticos cu­banos están totalmente en des­acuerdo. Afirman que la policía golpea y encarcela rutinariamen­te a los opositores del gobierno. Sin embargo, como he documen­tado, muchos de estos disidentes son financiados por Washington y regularmente difunden noti­cias falsas, por lo que sus recla­mos de brutalidad sistemática carecen de credibilidad.

Algunos cubanos tienen quejas legítimas. Entrevisté a docenas de jóvenes afrocubanos que fueron detenidos e interro­gados por la policía porque son negros.

Pablo Michel, un joven afro­cubano, me cuenta que fue detenido por la policía varias veces en las zonas turísticas de La Habana. En una ocasión, llevó a dos turistas blancas al aeropuerto de La Habana. La po­licía se detuvo e interrogó a Mi­chel, sospechando que estaba dirigiendo un servicio de taxi ilegal. Él dice que los cubanos blancos que llevan extranjeros al aeropuerto “no tienen los mismos problemas”.

Michel y otros entrevistados dicen que la policía no realiza búsquedas violentas y que no golpean ni disparan a los sospe­chosos. Sin embargo, muchos policías estereotipados cubanos de piel oscura como ladrones y buscavidas, dice.

A fines del año pasado, el gobierno cubano anunció una importante campaña contra el racismo. Los funcionarios pla­nean identificar áreas específi­cas de discriminación, iniciar un debate público y educar al público.

“Este es un verdadero paso adelante, después de haber lu­chado durante tantos años”, dijo a Reuters Deyni Terri, fundado­ra de la Alianza de Unidad Racial en La Habana, en noviembre pa­sado. “Es un buen comienzo.”

Obviamente, las institu­ciones desarrolladas en Cuba no pueden transferirse sim­plemente al por mayor a los Estados Unidos. Pero podemos aprender del concepto de parti­cipación de la comunidad, dice Max Rameau, un organizador del grupo de base Pan-African Community Action con sede en Washington, DC, que ha es­tudiado las prácticas policiales cubanas.

“Necesitamos diferentes en­tidades de la comunidad para diferentes tareas que son res­ponsables de la seguridad y el bienestar del vecindario”, me dice en una entrevista telefó­nica. Por ejemplo, los grupos comunitarios estadounidenses pueden resolver problemas de salud mental y disputas familia­res sin involucrar a la policía.

Pero Rameau no apoya des­hacerse de la policía por com­pleto.

Si un supremacista blanco ataca a una iglesia negra, como sucedió en Carolina del Sur en 2015, dice: “Queremos asegu­rarnos de que nuestro equi­po de seguridad comunitaria pueda responder. En cualquier sociedad con diferentes clases, tendrás policía. Pero debería­mos tener control sobre ellos”.

El debate de los Estados Unidos sobre la actuación policial se ha desplazado cla­ramente hacia la izquierda. Después del asesinato po­licial de Michael Brown en 2014 en Ferguson, Missouri, los políticos pidieron a la policía que usara cámaras corporales. Hoy, después del asesinato de George Floyd, el Ayuntamiento de Minneapo­lis ha votado para desmante­lar la fuerza policial, aunque todavía está dando detalles.

Los grupos contra la bru­talidad policial han desarro­llado una variedad de planes para descentralizar los de­partamentos de policía en fuerzas comunitarias, gober­nadas por juntas civiles.

Por primera vez en la historia reciente, personas de todos los orígenes en los Estados Unidos están dis­cutiendo seriamente cómo cambiar fundamentalmente las fuerzas policiales. Las ex­periencias de Cuba deberían ser parte de esa discusión.

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Estudiantes peruanos ganan hackatón del MIT para enfrentar al Covid-19

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Estudiantes peruanos ganan hackatón del MIT para enfrentar al Covid-19

Un chatbot para faci­litar el reporte remoto de casos de coronavirus es uno de los proyectos ganadores del “MIT Co­vid-19 Challenge: Latin America vs Covid-19”, una hackatón virtual de 48 horas desarrollada para buscar soluciones de impacto relevante en Latinoamérica.

Esta aplicación que usa inteligencia artifi­cial fue creada por un grupo de estudiantes de las universidades de Harvard, Stanford y Brown, entre los que se encuentran cuatro peruanos.

Una integrante del equipo es Valerie Agui­lar Dellisanti, quien jun­to con sus compañeros, se propuso crear un sistema para realizar chequeos y controles de forma remota para la detección de la en­fermedad.

ASÍ FUNCIONA

“Imaginemos que una persona tiene sín­tomas de coronavirus, entonces envía un men­saje a nuestro chatbot que verifica sus datos de identidad y a través de los SMS le realiza un triaje, y con esa informa­ción detallada se hace un diagnóstico. Poste­riormente, dependiendo del resultado, se hace un seguimiento o se lo re­dirige a la central 113”, explica Valerie, orgullo­sa de que su proyecto haya resultado uno de los elegidos.

Su equipo estuvo con­formado por Marcelo Peña, Valeria Wu y Ro­drigo Chanamé de Perú; Jorge Armenta, Santiago Hernández y José Lavarie­ga de México, todos ellos estudiantes universitarios de las principales univer­sidades de EE. UU.

La hackatón, organiza­da por el Instituto Tecno­lógico de Massachusetts (MIT), se realizó del 19 al 21 de junio y convocó a 1 500 jóvenes emprende­dores de todo el mundo, quienes en equipos multi­disciplinarios colaboraron para desarrollar solucio­nes innovadoras frente a la crisis de Covid-19.

Valerie Aguilar Dellisanti, integrante del equipo que creó el chatbot, cursa el primer año en la Universidad de Brown.

Valerie Aguilar Dellisanti, integrante del equipo que creó el chatbot, cursa el primer año en la Universidad de Brown.

COORDINACIÓN CON EL GOBIERNO

Como se recordará Valerie, egresada de los colegios Saco Oliveros y Alexander Von Hum­boldt, sorprendió el año pasado a la comunidad educativa al ganar be­cas en 10 universidades top del mundo: Yale, Duke, Amherst Colle­ge, Singapur y Brown, entre otras.

Ella ahora busca co­ordinar la integración de los datos del bot con la base de datos del Es­tado para implementar este servicio que será de gran ayuda para nues­tro sistema de preven­ción y diagnóstico del coronavirus.

“Por ahora necesita­mos contactos con el Estado, con la Reniec y los ejecutivos del Mi­nisterio de Salud y de la Línea 113 para incorpo­rar los datos al sistema y realizar las pruebas lo más antes posible para colaborar en la lucha contra esta pandemia.”, puntualiza.

Actualmente, Va­lerie Aguilar cursa el primer año en la Uni­versidad de Brown y seguirá dos carreras: Ingeniería de Sistemas y Economía y Relacio­nes Internacionales y Públicas.

En tanto emplea toda su energía, conoci­miento y liderazgo para contribuir a frenar esta pandemia mundial en el país.

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Vencimos al coronavirus porque estábamos preparados

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Vencimos al coronavirus porque estábamos preparados

Hace unos días, un equipo de 85 médicos procedentes de Cuba llegó a nuestro país como parte de un acuerdo solidario entre el estado peruano y el gobierno de dicho país para brindar apoyo en la lucha contra la pandemia del Covid19 que se desarrolla inten­samente a lo largo de nuestro territorio nacional.

Para conocer los detalles de esta misión médica conversa­mos con Sergio González, emba­jador de Cuba en el Perú, quien nos comentó que este grupo de profesionales de la salud estará destacado en Ayacucho (16), Mo­quegua (16), Arequipa (26) y An­cash (27). “En esta última región comenzarán a trabajar en Chim­bote, donde al parecer existe un preocupante crecimiento de la epidemia”, expresó.

—¿Cómo han sido las nego­ciaciones con el estado perua­no para concretar la ayuda?

— Intensas y fructíferas. Las partes han debido evaluar innu­merables detalles técnicos pro­pios de la actividad médica a la que se enfrentarán los colabora­dores de la Isla, pero sobre todo los relativos a las condiciones de trabajo y condiciones prácticas de existencia, que se han acorda­do en estricto apego a las normas laborales, migratorias y hasta sa­nitarias de ambos países. Todo esto debió hacerse en las circuns­tancias que impone el modo pausa mundial, la limitación de movimientos dentro del Perú, el cierre de aeropuertos que impli­ca el cese de las operaciones de las aerolíneas y otras. Pero pre­valeció el ánimo de concretar la iniciativa, que fue ampliamente consensuada entre las autori­dades de gobierno y las goberna­ciones regionales, el ministerio de Salud, el de Relaciones Exteriores y el Colegio Médico, así como los mi­nisterios homólogos cubanos y las respectivas embajadas. En el tramo final, el ministerio de Defensa y la Policía Nacional del Perú desempe­ñaron un decisivo rol para asegurar el traslado.

—¿Aparte de Perú a que otros países de la región están llegan­do para brindar el apoyo solida­rio?

— Para enfrentar la Covid-19 han viajado alrededor de 2,500 co­laboradores en 32 brigadas cuba­nas del contingente Henry Reeve a 25 países. En algunos casos se han sumado a otros profesionales que ya estaban trabajando en virtud de acuerdos bilaterales previos.

En la región, están en Antigua y Barbudas, Barbados, Belice, Do­minica, Granada, Honduras, Haití, Jamaica, México, Nicaragua, Suri­name, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, San Cristóbal y Nieves, Trinidad y Tobago y Venezuela.

En África están en Angola, Togo, Cabo Verde y Sudáfrica. En Europa, están en Italia y Andorra. Tam­bién están en el Medio Oriente, en Kuwait y Qatar.

Es por este aporte que se ha le­vantado una campaña internacio­nal a favor de la concesión del Pre­mio Nobel al contingente para la cooperación Henry Reeve, al que ya la OMS le otorgó el premio Dr. Lee Jong Wook.

— Este aporte cubano for­ma parte de la larga historia de solidaridad hacia nuestro país ¿qué significado tiene 50 años después del apoyo a Perú tras el terremoto de 1970?

— Extraordinario simbolismo. Un día como ayer, 06 de junio, hace 50 años Fidel se tendió en una camilla de un banco de sangre del barrio Vedado e hizo una donación, con la que convocó a los 8 millones 500 mil cubanos de entonces a dar su aporte voluntario. 150 mil bolsas de sangre y plasma se recogieron y, posteriormente, 37 constructores levantaron 6 hospitales, tres de ellos en la región. Hace unos meses pude visitar 2 que todavía funcionan y ahora van a alojar probablemente a una nueva hornada de médicos cu­banos. La mayor parte de ellos, no había nacido hace 50 años.

Es decir, la historia tiene esos ciclos, esas sorpresas. Para comple­tar, por estos mismos días en que conmemoramos medio siglo de la epopeya de solidaridad que siguió al terremoto, un grupo de la Aso­ciación Peruana de Graduados en Cuba hizo una donación de cajas de equipos de protección personal (EPP) a los colaboradores que han venido a sumarse a la lucha contra la Covid 19. Fueron una representación de los alre­dedor de 2,000 galenos graduados en Cuba por las becas otorgadas en dife­rentes momentos por el gobierno revo­lucionario.

—¿Qué le responden a las voces que hablan -otra vez- de una injeren­cia política cada vez que Cuba envía a sus médicos?

— Apenas le prestamos atención. Significa que cabalgamos, para recor­dar al Quijote. Pero no dejamos de re­flexionar.

La derecha recalcitrante y nuestros detractores tienen un dilema irracional e insoluble. ¡Que se pongan de acuerdo! O los acusan de ser “esclavos” o de ser “espías”, pero ambas condiciones, com­prenderás, son incompatibles. No exis­te la magia que pueda convertir a un esclavo en espía o agente político.

Es parte de la narrativa del eje Washington-Miami, que después en­cuentra en el Nuevo Herald y el grupo El Comercio una siempre servicial caja de resonancia. Parecía superada en la última etapa de la administración Oba­ma, quien llegó a suprimir el llamado Programa Parole para Profesionales Médicos Cubanos (que instaba a los médicos a desertar de sus misiones) y previamente había dicho (22 de marzo de 2016):

“Hemos desempeñado roles muy diferentes en el mundo. Pero nadie debería negar el servicio que miles de médicos cubanos han prestado a los po­bres y los que sufren. El año pasado, tra­bajadores de la salud estadounidenses –y militares de EEUU– trabajaron codo a codo con los cubanos para salvar vi­das y acabar con el Ébola en África Occi­dental. Creo que deberíamos continuar teniendo esa clase de cooperación en otros países”.

Pero cambió la administración y dentro de la nueva se entronizó la ma­fia mayamera, con Marco Rubio a la cabeza y su furibundo odio anticubano. El inefable John Bolton, asesor para la seguridad nacional, resumió en un ca­pricho la nueva doctrina: acabar con el mito de la medicina cubana y su coope­ración.

Aquí cabe la especulación. Tendrían nuestros detractores la misma desfa­chatez y mezquindad de actuar contra la hipotética administración de Hillary Clinton, de haber mantenido la actitud de Obama? Se opondrían a la “línea de Washington” si una administración diferente se decidiera por una actitud ci­vilizada de cooperación como insinuaba Obama?.

Pompeo – de quien todavía espera­mos una condena contra el ataque te­rrorista contra la embajada de Cuba en Washington, que su gobierno debería proteger— no pierde ocasión para de­nostar la colaboración cubana un día sí y otro también. Con él, el subsecretario Kozak y su encargada de negocios en La Habana, articulan un belicoso equipo de choque.

Después, un par de gobiernos obse­cuentes de la región y parte de la prensa derechista hacen el resto. Cuando, en medio de la epidemia, las muertes en EEUU alcanzaban los 6 dígitos, el gobier­no de Trump decidió dedicar 3 millones de dólares de los que aportan los contri­buyentes norteamericanos a perseguir y denunciar supuestas violaciones de los derechos de nuestros colaboradores. No los dedicó a comprar los tan nece­sarios ventiladores mecánicos ni al de­sarrollo de la vacuna contra la covid, sino a “acabar con el mito de la medi­cina cubana”. Nadie más en el Mundo, aparte de esos 4 gatos, está preocupado por los supuestos inconvenientes de la colaboración médica cubana.

Eso es lo que te diría, Francisco, para evitar hablar del irrespeto y la afrenta que significa para 164 países que sean considerados como “esclavistas” o ton­tos manipulables por haber recibido la colaboración de más de 400,000 profe­sionales de la salud de Cuba en 56 años, ni más concretamente de las 66 naciones en que hoy se desempeñan 29,000.

Y por si acaso, ratificamos que no queremos el copyright de los esquemas de colaboración. Si alguna gran potencia quiere emularnos, bienvenida sea. Ojalá tuviéramos a los médicos norteameri­canos o de otros países desplegados en todo el mundo resolviendo los abruma­dores problemas de salud y superando las carencias que la Covid 19 ha puesto de manifiesto.

No andamos por el Mundo torciendo brazos, ni utilizamos la solidaridad – porque no sería tal— ni la colaboración como moneda de cambio. La evidencia la puedes encontrar en que hemos man­tenido los acuerdos de colaboración en países que cambiaron de gobierno y sig­no político, incluso como resultado de golpes de estado. Allí donde las nuevas autoridades respetaron los acuerdos y manifestaron su interés por la actividad, nuestros colaboradores prosiguieron en­tregando sus esfuerzos con toda legitimi­dad y dignidad para beneficio de la salud de los pueblos que los acogieron.

A Cuba nunca le faltará voluntad de cooperación con el Perú, afirma el embajador Sergio González.

A
Cuba nunca le faltará voluntad de cooperación con el Perú, afirma el embajador Sergio González.

—¿Cómo está Cuba afrontando este tema de la pandemia?

Creo que no es pretencioso decir que estábamos preparados para la pandemia desde hace muchos años. Es decir, no tu­vimos que prepararnos para “este” fenó­meno en particular porque hemos desa­rrollado un sólido sistema de salud con capacidades suficientes para enfrentar cualquier contingencia y además con­tribuir a la lucha mundial contra otros flagelos.

La clave para el éxito de esa lucha han sido las políticas públicas, a partir de una firme voluntad del estado y la consideración de la salud como derecho humano inalienable, no una mercancía.

No se gradúan 95 mil médicos en una década. No se consigue una densi­dad de médicos de 9 por cada 1,000 habi­tantes (la mayor del mundo) de la noche a la mañana, ni se consiguen 5,2 camas hospitalarias por cada 1,000 personas en cuestión de semanas.

La epidemia la hemos enfrentado con un doble anillo de contención. El primero, con medidas sociales de prevención, apoyadas en ese potencial de recursos humanos calificados. Esto ha permitido que, sin llegar a la inmovilización general obligatoria, se hayan podido detectar los focos de contagio (unos 45 eventos), aislarlos y desactivarlos. La decisión ha sido aislar no solo a los contagiados activos, sino también a los asintomáticos y los sospechosos, en instituciones del Estado.

En el segundo anillo están las acciones clínicas y los protocolos de enfrentamiento a la epidemia una vez que se detecta un sospechoso. Para él se utilizan tratamientos preventivos. Luego, para los que desarrollan síntomas, se utiliza una variedad de acciones que incluyen el suministro de alrededor de 20 fármacos, la mayoría fabricados en Cuba. Se cuentan entre ellos el interferón alfa 2B ®, el itolizumab y un péptido novedoso creado por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de La Habana que lleva su nombre, el CIGB-258.

— ¿Vendrá otro grupo de profesionales o solo estos 85 que han llegado a Perú?

— Todo dependerá de cómo evolucione la pandemia en el Perú y en otras partes del mundo, que también han reclamado la colaboración cubana. Por nuestra parte, estaremos atentos a los requerimientos peruanos y haremos las evaluaciones pertinentes en cada momento. Voluntad de ayudar no nos faltará.

 

Y APLICAN FÁRMACOS CON ÉXITO

Científicos cubanos tras vacuna contra Covid-19

—¿Qué aportes científi­cos están brindando en esta lucha de encontrar una va­cuna?

— El interferón cubano se utilizó con gran éxito en Chi­na; mientras que el CIGB-258 ha sido efectivo en el 78% de los casos críticos y el 92,3% de los graves tratados en Cuba, mientras que a nivel mundial la sobrevivencia de los casos críticos que se logra es 30% sin el uso del mismo.

Aquí entra a jugar la otra conquista de la Revolución: su emblemática biotecnología y su industria farmacéutica, el desarrollo del potencial cientí­fico de la Isla.

La aplicación de estas con­ductas nos permitió superar a fines de abril el pico de la epidemia. Para que tengas una idea, La Habana ha sido el epi­centro y allí, en esos días de mayor cantidad de casos acti­vos, sólo se ocupó el 30% de las camas hospitalarias y el 8% de las camas de cuidados intensi­vos.

Hoy tenemos 248 casos activos y 3 críticos o graves, una situación favorable que nos permite considerar que la epidemia está bajo con­trol. Hemos acumulado 190 contagiados por cada millón de habitantes y lamentado la muerte de 7 personas por cada millón. Cuba ocupa el lugar 93 por el número de contagiados absolutos en el universo de más de 200 paí­ses.

El CIGB es uno de más de 100 centros de investigación que desarrolla un candidato vacunal contra la Covid-19. Pero las investigaciones avan­zan en ambos sentidos: en la búsqueda de la vacuna y en el desarrollo de tratamientos para la curación.

 

 

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