Urge cambio de política económica

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    Pequeña y mediana empresa confecciones textiles obreros

    Hace falta una nueva política que, en vez de insistir en el “cholo barato”, aproveche e impulse nuestro capital humano.

    La economía urbana arrastra varios años de parálisis y luego de una leve alza en el segundo trimestre de este año, ahora está nuevamente cuesta abajo. El crecimiento económico de julio fue bastante menor llegando apenas al 2 por ciento y el BCR ha tenido que reducir sus proyecciones para el año, aunque como siempre mantiene el tono propagandista de un optimismo exagerado.

    Mientras tanto, para las familias peruanas la mejora relativa en los indicadores macroeconómicos no llegó a significar un alivio. El empleo siguió cayendo y los ingresos de los trabajadores también disminuyeron, en parte por la menor demanda y además ajochados por el maxi-aumento de la oferta producido por la inmigración venezolana.

    Es fácil deducir que este aumento de la cantidad de gente buscando ocupación, en un mercado de trabajo donde los empleadores pueden con toda facilidad reemplazar a un peruano por alguien que gane menos y carezca de cualquier opción de reclamo de derechos, se traería abajo los salarios e ingresos de los chamberos.

    CAÍDA DE LOS METALES

    Entre mediados de 2016 y mediados de 2018 los precios internacionales de los metales habían subido y representaban un viento empujando las velas de la economía peruana, pero ahora los precios del cobre, el zinc, el oro y demás metales han caído fuerte.

    Lloviendo sobre mojado, los capitales están nuevamente saliendo de los “países emergentes” (como nosotros) atraídos a Estados Unidos por el alza de tasa de interés en ese país, lo que en el Perú genera presiones al alza del dólar y el recorte del crédito. Enfrentamos nuevamente un shock recesivo: los vientos externos nos jalan para abajo.

    Frente a eso, la política económica debiera empujar la demanda interna, la industria, la mediana agricultura y los servicios. La inversión pública debiera acelerarse, creando empleos en la construcción y llevando ingresos a esos trabajadores, que luego mediante sus compras dinamizarán otros mercados.

    Más inversión pública serviría también para jalar la industria del cemento, el fierro y demás materiales de construcción. Un necesario complemento de esa política sería facilitar el crédito y rebajar las tasas de interés, de tal manera que las pequeñas y medianas empresas puedan invertir más.

    AJUSTÓN

    Pero el ministro Oliva en vez de dar un impulso fiscal ha propuesto un Presupuesto 2019 que implica un ajustón. La inversión pública proyectada por el BCR para este año apenas llega al 4,3% del PBI, un 1% menos – es decir 2 mil millones de dólares menos – que hace cinco años.

    Para el próximo año lo que se viene es aún peor, ya que (a diferencia de lo proyectado por el MEF en base a unas desfasadas e infladísimas proyecciones) la recaudación será menor que este año debido a la caída de precios de los minerales.

    Desde hace algunos años es evidente que es necesario un cambio, reemplazando el continuismo neoliberal por un impulso decidido a la diversificación productiva, facilitando el crédito y la tecnología para las pequeñas empresas con potencial, el turismo y el agro.

    Una nueva política que en vez de insistir en el “cholo barato” aproveche e impulse nuestro capital humano. Un giro hacia las energías sostenibles y el valor agregado basado en nuestra biodiversidad. Junto a una política de reactivación, ese cambio estructural es hoy urgente porque nuevamente se ha hecho patente que apostar a una estrategia extractivista basada principalmente en las exportaciones de minerales nos lleva a estas caídas recurrentes según los vaivenes del mercado internacional.

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