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Un apocalipsis climático a la vuelta de la esquina

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Desastres naturales - tormenta - Un apocalipsis climático a la vuelta de la esquina

Ha sido un año duro, de catástrofes y miles de muertes causadas por las consecuencias del cambio climático que muchos poderosos pretenden negar.

Tina y Harold limpiaban su casa, preparándose para las visitas navideñas, cuando hallaron un manojo de billetes de lotería que aún no habían comprobado. Al hacerlo, encontraron que uno de ellos tenía el premio ganador de 2 millones de dólares y le quedaban dos semanas antes de expirar. Para esta pareja del sur de Estados Unidos, el 2018 ha sido su año de suerte, mientras que gran parte del resto de los mortales debemos abstenernos de decir lo mismo.

El 2018 ha sido duro. Si continuáramos interpretando los cambios en la naturaleza como si fueran menester de los dioses o la fortuna, tendríamos que decir que en este año se sintió la furia de los dioses, o que el mundo ha tenido muy mala suerte.

MILES DE MUERTOS

Tras las miles de muertes por huracanes, terremotos e incluso erupciones volcánicas, quienes siguen negando el cambio climático cada vez tienen menos argumentos.

A los 2 mil muertos en Indonesia, producto del terremoto de septiembre, se le suman los más de 300 que acaban de fallecer tras la erupción del volcán Krakatoa y el posterior tsunami. En Centroamérica, el volcán de Fuego de Guatemala acabó con la vida de 198 personas en junio.

Por Estados Unidos pasó el huracán “Michael”, la peor tormenta en 50 años, y poco después la costa este del país ardió en llamas con incendios forestales que borraron del mapa a una ciudad entera, carbonizando a su paso a decenas de personas en plena huida.

El cambio climático trae consigo temperaturas extremas; en el caso peruano prolongó este año las heladas en zonas altoandinas, las que aunadas a la negligencia gubernamental, dejaron un saldo de más de 600 muertos por complicaciones pulmonares.

Irlanda, Canadá y Rusia, batieron sus más altas temperaturas. Omán, ubicado en la costa oriental de la península arábiga, superó la marca mundial reportada al permanecer un día entero por encima de los 43 grados Celsius. Alemania tuvo el verano más seco, y ciudades como Baltimore en Estados Unidos o Kerala en India el más húmedo.

CADA VEZ PEOR

A los riesgos propios de la vida se suma un despunte en la probabilidad de sufrir catástrofes climáticas que arrasen con hogares y seres queridos. Precisamente ese temor impulsó la firma del Acuerdo de París para implementar medidas que reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero.

El objetivo principal era mantener el aumento de la temperatura en este siglo por debajo de los 2 grados Celsius; pues según los científicos, de superarlos, los efectos del cambio climático serían aún más devastadores.

En la reunión de París de 2015, los países isleños que ya estaban padeciendo los efectos del calentamiento global cuestionaron la cifra de 2 grados y solicitaron un estudio adicional que determinara cuál sería el escenario si el planeta se calentase a 1,5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales.

Han pasado 3 años para poder conocer la respuesta. El grupo investigador —91 científicos provenientes de 42 países— concluyó que un aumento al 1,5 ℃ sería catastrófico para la humanidad, llegando a un punto de no retorno, donde una vez sobrepasado, los impactos se amplifican volviéndose irreversibles. En pocas palabras, el mundo viviría una suerte de Armagedón climático.

METAS IMPOSIBLES

Lo cierto es que actualmente ya estamos por encima de 1 ℃. Y según los últimos cálculos publicados por Naciones Unidas, se deberán reducir las emisiones en un 25% para 2030 si el objetivo es limitar el calentamiento global a los 2℃; aunque deberán reducirse en un 55% si se quiere permanecer a raya con los 1,5 grados.

Al paso que va la humanidad, estas metas parecen imposibles. Sin embargo, el informe de los 91 expertos fue publicado con una serie de recomendaciones, algunas enfocadas en avances tecnológicos, otras en cambiar los hábitos como el uso del automóvil. No obstante, la principal recomendación gira entorno a un impuesto a la contaminación de dióxido de carbono (CO2) desarrollado por uno de los miembros del equipo.

William Nordhaus, profesor de Yale, premio Nobel de Economía 2018 ha elaborado una manera de calcular lo que él llama “el costo social del carbono”. A través de un complejo modelo se estima que cada tonelada de dióxido de carbono emitida equivale a 50 dólares. La propuesta es gravar la contaminación de las compañías.

Según la lógica de Nordhaus, las fuerzas del mercado son las únicas capaces de frenar el calentamiento global. Los consumidores abandonarán lo que les cueste más y buscarán alternativas.

EE.UU., MAL EJEMPLO

Las empresas, por su parte, invertirán en tecnología que reduzca sus emisiones con el fin de pagar menos impuestos. En un país con un tributo al CO2, la población preferirá usar energía solar o eólica, en lugar de combustibles fósiles.

Para que esto logre frenar el cambio climático se necesitará la cooperación entre naciones y un impuesto global al CO2. Por ahora, uno de los países más reticentes al tema es Estados Unidos, de los más contaminantes y donde las donaciones de las industrias petroleras a los políticos no se consideran conflicto de intereses.

Afortunadamente, países como Australia, Canadá y ciertas naciones europeas están empezando a aplicar versiones similares del impuesto. Nada impide que en el Perú se copie esta iniciativa.

Los próximos 10 años serán determinantes. En una reciente entrevista, Nordhaus expresaba su desconfianza en la intensión de los gobiernos de someter los poderes de las grandes empresas para frenar las emisiones. Mi mayor temor, y quizá el más certero, aseguró, es que solo cuando el planeta alcance una situación gravísima de devastación y muerte será cuando verdaderas medidas se pondrán en marcha.

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Portada 1 de octubre de 2022

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Política

Candidata a municipio de Pueblo Libre es deudora morosa

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En redes sociales han cuestionado que Tello haya mezclado campañas de salud con la actividad proselitista.

La improvisación en su máxima expresión. La aspirante de Renovación Popular al sillón municipal del distrito de Pueblo Libre, Mónica Tello, ha realizado su campaña electoral asegurando contar con la experiencia necesaria para realizar una gestión exitosa, pero contradictoriamente su nombre figura en el Registro de Deudores Morosos del Poder Judicial.

Una simple búsqueda en la plataforma del Servicio de Consulta en el mencionado registro del Poder Judicial, arroja como resultado la ficha de la candidata de Renovación Popular, que de acuerdo a la ejecución de laudo arbitral dispuesta por el 16 Juzgado Civil Comercial de Lima,  aún consigna una deuda por 26 mil dólares.

Sendas resoluciones emitidas por este juzgado en el 2019 (Expediente N° 09084-2018-0-1817-JR-CO-16) determinaron la existencia de una deuda por alquileres por más de 44 mil dólares, el desalojo de la hoy candidata de un inmueble ubicado en la calle Galicia, de Pueblo Libre, la asistencia policial de ser el caso y la inscripción de la deudora Tello en el Registro de Deudores Morosos del Poder Judicial.

Como dato adicional, cabe mencionar que el domicilio fiscal de la Cámara de Turismo de Pueblo Libre, de la cual Tello afirma ante el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) mantener la representación, tiene la misma dirección del inmueble del que fuera desalojada tras la decisión judicial.

IMPROVISACIÓN POPULAR

Por si fuera poco, la candidata Tello tampoco ha sido muy prolija en la conformación del equipo con el que pretende ser elegida alcaldesa de Pueblo Libre. Tras la exclusión de Fabiola Lucero Silva Montero como candidata a teniente alcaldesa, quien hoy es el candidato a teniente alcalde y sucederá a Tello ante una eventual remoción del cargo o viaje fuera de la jurisdicción distrital, es un adolescente de 19 años sin estudios concluidos ni experiencia laboral alguna.

Pablo Manuel Núñez del Río, estudiante de IV ciclo de derecho en la Pontificia Universidad Católica del Perú, se convertiría así no solo en el alcalde más joven del Perú sino en la prueba viva de la improvisación y la precariedad institucional que desbordan la política local.

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