Perú. Dos banderas

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    “Noviembre, madera, mes de muertos…”  escribió Gonzalo Rose como una manera de asociar este mes, que se inicia en el Día de los Difuntos, con la evocación doliente que nos genera la partida de personas que, en uno u otro nivel de la actividad humana, simbolizan una misma causa. Es el caso de Flor de María Gonzales Uriola, la Maestra de Escuela fallecida el 26 de noviembre del 2018; y Mario Huamán Rivera, el líder de los obreros de la Construcción, que partiera en días recientes.

    Una y otro, en el fondo, simbolizan una misma causa. Y dejaron un legado similar que podremos resumir aludiendo a cuatro elementos básicos:

    Nos referiremos, entonces, al aporte que hicieron para asegurar por parte de los trabajadores peruanos, un mensaje de clase. No creyeron nunca en los cantos de sirena de los dueños del Capital, y se empeñaron siempre en demostrar que todo lo que alcanzaran los explotados de un país, era simplemente el resultado de sus expectativas y sus luchas; que nada caía como el Maná del cielo, ni estaba inútilmente sembrado en la tierra. Que todo lo que se alcanzara, debía ser producto del esfuerzo y de la voluntad de combate de los comprometidos con altos ideales de la vida humana.

    También al espíritu internacionalista de sus acciones, que nunca estuvieron constreñidas a los muros que dividen artificialmente nuestro suelo, del que habitan otros pueblos y otros hombres. Nuestra causa -dijeron siempre- no tiene fronteras y no puede sujetarse a parámetros artificialmente construidos para separar a unos de otros. La dignidad, la justicia y el bien común son objetivos universales y encarnan valores de todos los que en uno u otro confín del planeta, se empeñan en alcanzarlos. En otras palabras, el mensaje de Ciro Alegría, que nos hablara de un mundo ancho, aunque ajeno; y de José Carlos Mariátegui, quien tomara de Bolívar y de Martí la expresión de “Nuestramérica”; constituía una realidad tangible que se expresaba en los objetivos del gran movimiento de la solidaridad.

    En tercer lugar, la ideología, resumida en lo que El Amauta llamara una sola y grande palabra: Socialismo, que la incluye a todas, las involucra a todas; y que refleja la esperanza de millones de personas que, en todos los confines del planeta, batallan por un mundo mejor, y más justo.  Por ese ideal combatió  el hombre desde los años de Espartaco, pasando por la Revolución Industrial de 1630,  la insurgencia de José Gabriel Túpac Amaru en 1780, la Toma de la Bastilla y toda su trascendencia, la Comuna de París en 1871 y la Revolución Rusa de 1917; jornadas todas signadas por los mismos propósitos que en su momento Carlos Marx pusiera en negro sobre blanco.

    Y en cuarto lugar, la tarea por alcanzar mejores condiciones de vida para los trabajadores, elevar su bienestar, alentar derechos, obtener conquistas, alcanzar salarios y condiciones laborales acordes con los requerimientos de nuestro tiempo

    Flor de María Gonzales, fue una modesta trabajadora del Magisterio, Ejerció la docencia durante 30 años como profesora de Ciencia; pero se dio a desplegar en simultáneo, una intensa actividad sindical y política.  Por eso fue también querida y reconocida. Finalmente, fue electa Secretaria General del PC y Congresista Accesitaria que no logró asumir su cargo sorprendida por la muerte. Su trayectoria impecable la llevó a ser  considerada “la flor roja de los trabajadores peruanos”.

    Mario Huamán fue un hombre de clase. Obrero de la Construcción desde los 21 años, se inició edificando las Torres de Limatambo, hermosos edificios en los que no pueden vivir quieren los construyen, decía Bertold Brech. Allí se fraguó como albañil, y como dirigente sindical que promovió y alentó la solidaridad y la lucha.  En esa línea fue Secretario General de la Federación de Trabajadores en Construcción Civil, y desempeñó los más altos de responsabilidad en la Confederación General de Trabajadores del Perú, la CGTP, recogiendo el legado de grandes figuras, como Isidoro Gamarra y Pedro Huilca.

    Bien puede decirse que hoy una y otro, se han convertido en legítimas  banderas de nuestro pueblo. Y es que resumen no sólo una historia de vida entregada a una causa justa; sino también una trayectoria convertida en legado. Las nuevas generaciones sabrán tomarlas en cuenta cuando se trate se recoger las huellas de lucha que adornan el camino lacerante de los trabajadores.

    Hoy asoman nuevos retos para nuestro pueblo. El fascismo que levanta cabeza en el viejo continente, asoma también en estas latitudes. Es más, acosa directamente a nuestro propio pueblo y busca reconstruir el mundo de odio y de guerra que creíamos superado.

    Cada día surgen nuevas expresiones de la crisis de nuestro tiempo. Ella no es solamente una crisis material, de recursos y de caudales. Es, sobre todo, una crisis de valores en una circunstancia en la que el régimen de dominación capitalista se hunde inexorablemente.

    En esta circunstancia, estas dos banderas de los trabajadores, podrían enarbolar estas palabras del Amauta: “La actitud del hombre que se propone corregirla realidad es, ciertamente, más optimista que pesimista. Es pesimista en su protesta y en su condena del presente; pero es optimista en cuanto a su esperanza. Todos los grandes ideales humanos han partido de una negación; pero todos han sido también una afirmación”,

    Y una afirmación, sin duda, ha sido la vida y el legado de estas figuras que partieron (fin).

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