Ideólogos que no la ven

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    El mundo capitalista ha entrado, desde el 2008, en la crisis de la segunda globalización. A esa ruina responden los planes estadounidenses de superexplotación, guerras comerciales y armadas, Donald Trump. Con asombro he visto que en el Perú hay quienes creen que la culpa la tienen los robots y el cambio de modelo en el capitalismo, y la izquierda, que no la vio.

    Tengo en mi mesa de trabajo dos textos sustantivos que sí explican la realidad. Uno es el ensayo Surveillance Capitalism (Capitalismo de la Supervigilancia). Los autores son Joln Belling Firtee, editor de Monthly Review y profesor de Sociología de la Universidad de Oregón, y Robert W. Chesney, profesor en el Departamento de Comunicación de la Universidad de Illinois.

    El texto parte del hecho de que al final de la II Guerra Mundial los Estados Unidos se encontraron con una superproducción industrial y militar que necesitaba mercados y guerras. “El resultado”, señalan, “fue una universalización de la supervigilancia con sus áreas de (1) militarismo / imperialismo / seguridad; (2) mercadotecnia basada en corporaciones y el sistema mediático y (3) el mundo de las finanzas”.

    El documentado estudio publicado en agosto del 2014 coincide con el valioso y reciente La esperanza como problema político del español Manolo Monereo. Escribe este que España vive un cambio de régimen, “cuyo resultado final parece claro”.

    “Se trata de consolidar una democracia limitada y no soberana donde domine de forma clara y explícita una oligarquía financiero-empresarial-mediática con el objetivo de construir un modelo de sociedad basada en la desigualdad, la desaparición de los derechos sociales, la precariedad del modo de vida de las mayorías sociales y la definitiva desintegración del movimiento obrero como sujeto político-social. La política siempre va por delante, desde el Estado y con el Estado para cambiar un régimen y un modelo social”.

    “Nada hay de arbitrario en la esperanza. Es construcción desde lo real y concreto. Se genera esperanza desde las luchas de cada día, desde los fracasos, desde las pequeñas victorias y desde el quehacer cotidiano. En el fondo, darle sentido a la vida y luchar para que esta lo tenga. Somos el único animal que debe encontrar sentido a vivir y luchar por él. Nuestra crisis es de civilización y el peligro acecha. El nudo que engarza crisis ecológica-social, decadencia económica y la guerra debe ser cortado. No podemos creer, como Hölderlin, que ‘donde hay peligro crece lo que nos salva’. No, solo nos redimirá una acción consciente, esperanzada que combine grandes verdades materiales que dignifiquen la vida de las personas con verdades espirituales… Pietro Barcellona nos lo dijo una y otra vez: el mayor defecto de los intelectuales es siempre el elitismo y el desprecio a la gente normal y corriente”.

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