COP 20: Combi Climática en Perú

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    Estamos viviendo en Lima una huella de carbono irónica: mientras que se discute globalmente si habrá un borrador de texto de reducción de gases de efecto invernadero –lo cual lo dudo-, el tráfico se hace insoportable, ya sea por la COP, ya sea por el camino del progreso que seguimos hace 20 años, desordenado, injusto, insostenible, progreso al fin.

    El crecimiento necesita un norte, ese norte son reglas claras para las inversiones, medir su riesgo, potencializar sus beneficios, no un fast track para las inversiones. En los noventa, en los cambios del modelo de Estado y promoción del mercado, vivimos la “cultura combi”, esa que tanto reclama el empresariado cuando no pide solo simplificar los trámites administrativos, sino cuando quiere reducir la capacidad del Estado para evaluar y fiscalizar ambientalmente sus inversiones.

    Esa cultura combi, ese progreso de los nuevos ricos, es a la que se refiere Hernando de Soto como el misterio del capital. Y la única forma de lograr ello, no es solo dar la libertad para invertir que tienen las empresas –oiga, ni siquiera tenemos los mecanismos directos para fiscalizar cuánto mineral o hidrocarburos sale de nuestro país a los mercados internacionales-, sino reglas claras que compatibilicen la inversión con los derechos de otros, con la conservación de la naturaleza.

    Es así que mientras que el Perú estará en el medio de la fiesta de la COP 20 (Camión climático, Cumbre de los Pueblos, side events de ongs, cocteles, etc.), parte del sector empresarial y del gobierno presiona para que se produzcan reformas y debiliten la aún frágil institucionalidad ambiental. La Ley 30230 y otros proyectos de ley como la reducción del parque nacional Cerros de Amotape, el reglamento ambiental de hidrocarburos, etc. son instrumentos en disputa y también indicadores que nos señalan una dualidad político nacional. Por un lado, por fuera, se logran acuerdos para financiar la mitigación y por otro lado, se aumenta el riesgo de mayores impactos ambientales y sociales de las futuras inversiones.

    Entonces, estamos sentados ante una combi climática, donde todos luchamos por subirnos, pagando “china”, sin importar cómo vamos, si queremos seguir creciendo, debemos pagar el precio del desarrollo sostenible, pues todos vamos al mismo destino.

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