César Vallejo y Antenor Orrego

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Antenor Orrego

José Luis Ayala

 

Cuando Antenor Orrego en 1918  en el diario “La reforma” de Trujillo, anunció la edición del libro “Los heraldos negros” de César Vallejo que y luego fuera impreso en Lima, la crítica oficial no le dio ninguna importancia. El libro fue escrito entre 1915 y 1918. Entonces, Vallejo participaba en Trujillo de la bohemia del Grupo Norte y ese hecho, le permitió leer especialmente la poesía de https://es.wikipedia.org/wiki/Julio_Herrera_y_Reissig, modernista uruguayo que ejerció un magisterio poético innegable a comienzos del siglo XX.

El libro fue impreso en los talleres de la Penitenciaría de Lima y debió aparecer en 1918, pero https://es.wikipedia.org/wiki/Abraham_Valdelomar, no cumplió con escribir el prólogo, razón  por cual  circuló recién en julio de 1919, con tiraje limitado. El texto del libro está compuesto por 69 poemas, se divide en seis secciones: Plafones ágiles (11 poemas), Buzos (4 poemas), De la tierra (10 poemas), Nostalgias imperiales (13 poemas), Truenos (25 poemas), Canciones de hogar (5 poemas).

Desde Trujillo, Antenor Orrego, que debió haber leído el libro en 1918 anunció su edición con evidente entusiasmo y dijo. “Próximamente va a editarse en Lima un libro de versos de César Vallejo, cuyas producciones, en su mayor parte, son ya conocidas por el público de Trujillo. Temperamento originalísimo, revelador de una robusta individualidad literaria, es de aquellos que se imponen desde el primer momento a la atención, del lector, reflexivo y honrado, que mira con seriedad  y con cariño toda obra de cultura. César Vallejo durante su corta estadía en Lima ha obtenido la consagración  intelectual de los más altos representantes del pensamiento nacional. El maestro González Prada, José María Eguren, Clemente Palma y toda la nueva generación de escritores y  poetas, han dicho su fervoroso elogio de la obra del joven poeta”. 1

El primer juicio crítico que consagró a Vallejo como poeta innovador del idioma, distinto incluso a los poetas de entonces como Rubén Darío, de quien Vallejo diría: “Mi padre”, fue formulado por Antenor Orrego. De allí que para conocer mejor a Vallejo resulta indispensable tener en cuenta el libro: Mi encuentro con César Vallejo. Además aparecen una serie de anécdotas del poeta que soñó haber muerto tal como efectivamente sucedió en París en 1938.

“No es el momento oportuno –escribió Orrego- formular un juicio crítico. La obra  de Vallejo, tan sustanciosa y tan rica en sugestiones mentales, merece algo más que un apunte banal, precipitado y de compromiso.  Requiere una serena y madura meditación, que le haga plena justicia, diferenciándole de la parvada anónima de anónima de portaliras llorones, enfiladores  de sílabas y de consonantes, tercos rimadores de un romanticismo dulzón y trasnochado, sin alma, sin vida, que amparan su pobreza emotiva, y sus cursis quejumbres eróticas  con el malaventurado celestinaje del ‘claro de luna”.

Con razón Orrego también afirmó: “El caso de César Vallejo, es un caso único en nuestra literatura nacional, por más que se empeñe en negarle la bizca incomprensión de unos buenos cuantos señores que no tienen nada que ver con la literatura, ni con el arte. Su poesía  desligada de toda influencia extraña tiene un viril sello personal, que es suyo, hasta cuando lo más oscuro y estrafalario. Ningún poeta en el Perú, así como en la pasada como en la nueva generación, ha traído tanta riqueza musical. Posee el más alto don de poeta, que es el de poner casi inconscientemente, melodía al pensamiento. 2

¿A qué se debe que Vallejo sea cada día uno de los poetas más leídos en lengua española? Sin duda a la calidad de su poseía plena de humanismo, lenguaje sencillo  lleno de significación semántica, a una toma de conciencia respecto al desamparo metafísico de ser humano y orfandad en referencia a la condición humana. Se trata entonces de un poeta único dotado por la naturaleza. ¿Hay algún poeta que después de él escriba mejor?

Orrego al referirse a Vallejo en calidad de crítico dijo: “Y no la melodía al uso, la estereotipada en un patrón consagrado, sino ritmos nuevos, ritmos personales, ritmos jamás escuchados. Cada palabra en los versos de este admirable poeta, canta de por sí, y es alada, vaga, sugeridora, como una nota musical. Sus estrofas no necesitan de la rima, y quien no tenga oído, ni sensibilidad que no las lea. Algunas de ellas no tienen sino el valor sinfónico”. Finalmente agregó:  “Solamente para una penetración muy sutil, sobre todo en sus primeros versos, se hará palpable cierta breve huella de Rubén Darío, de Herrera Reissig y del simbolismo francés, pero todo, transformado, transfundido, enriquecido, en la poderosa alquitara propia”.

¿Qué hubiera sucedido si Vallejo en 1923 no viajaba, mejor dicho sino huía a París? Seguramente que hubiera sido encarcelado por el injusto Poder judicial, como sucede con tantos inocentes pobres, enterrados vivos. ¿Hasta cuándo?

Con razón César Vallejo dijo: —El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una cárcel del Perú.

1.- Mi encuentro con César Vallejo. Antenor Orrego. Tercer  mundo editores. Pág. 101.  Bogotá, 1989.

2.- Mi encuentro con César Vallejo. Antenor Orrego. Tercer  mundo editores. Pág. 101.  Bogotá, 1989.

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