Celebrando 75 de tradición cajamarquina

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Convertido en un verdadero patrimonio y un emblema de la ciudad de Cajamarca, el “Restaurant Salas” celebra en octubre próximo sus 75 años de creación, rindiendo homenaje a sus fundadores, don Rodrigo Salas Barboza y su esposa doña Etelvina Campos.

El “Restaurant Salas”, fundado en 1947, es una marca emblemática y patrimonio de la ciudad de Cajamarca que, desde su creación, atiende ininterrumpidamente y se ha convertido en una de las más antiguas empresas regionales. Solo la pandemia del coronavirus obligó a cerrarla en cumplimiento de las medidas sanitarias del gobierno.

Son especiales y muy famosas sus humitas, su menestrón a la italiana, su asado con puré y su cuy frito. Estas son muestras de la variedad de viandas que ofrecen a sus visitantes locales, nacionales y extranjeros, que a lo largo de estos años han estado compuestos por senadores, diplomáticos, artistas, deportistas, entre otros.

Sus comensales, fundamentalmente viajeros, destacan sus potajes preparados al momento, con un horario útil para sus labores, de 7 a.m. a 10 p.m. Entre los más pedidos están las humitas, caldo verde, frito, tortilla de sesos, chicharrones, cuy, costillar, entre otros que suman un total de 50 platos entre criollos y regionales.

El “Restaurant Salas” abrió sus puertas por primera vez en el jirón Lima el 12 de octubre de 1947, ofreciendo un espacio gastronómico que causó revuelo en la ciudad, y tuvo como sus principales comensales a ganaderos, agricultores, mineros de Hualgayoc y el que sería más adelante su fiel público cajamarquino.

Esta celebración rendirá un especial homenaje a don Rodrigo Salas Barboza y doña Etelvina Campos Guevara. El primero, a los 15 años de edad, salió de su natal Sócota (Cutervo) rumbo a Lima y, luego de 10 años de trabajo en el entonces famoso “Restaurant Raimondi”, propiedad de Humberto Pazos, empresario peruano educado en Francia, don Rodrigo, tras ingresar para labores de limpieza terminó siendo administrador. Con su ingenio, destreza y habilidades adquiridas en esta “universidad”, vio que era el momento de retornar a su tierra para aplicar lo aprendido en busca del negocio propio.

Es precisamente en este retorno donde conoce a quien sería la compañera de toda su vida, pilar, carisma y fortaleza del sueño que emprenderían juntos: dar atención a un pueblo ávido de buena comida y buen trato. A pesar de que la fundadora tiene varios años de fallecida, su cordialidad, su humildad y su amor siguen latentes aún en las paredes de sus locales.

En la actualidad, el “Restaurant Salas” de Cajamarca cuenta con un total de 50 trabajadores divididos en tres locales. El de Amalia Puga, en la misma Plaza de Armas; el de Cruz de Piedra, a media cuadra de la Plaza de Armas; y el campestre, ubicado en el distrito de Baños del Inca sobre lo que fue la granja de don Rodrigo.

Su equipo de colaboradores, corazón esencial de esta empresa, guarda una mención entrañable: la pandemia se llevó a dos de sus mozos con más de 50 años de trabajo, y que, incluso estando jubilados, continuaron trabajando solo por el gusto de seguir atendiendo a los comensales.

Al fallecimiento de don Rodrigo (1997), quien toma la posta es Juan, uno de sus nueve hijos, quien, junto a Alicia Vargas, su esposa, están cumpliendo una labor ardua encargada por la primera generación: mantener viva la llama del trabajo honesto, la calidad y la apuesta total por Cajamarca.

 “Restaurant Salas” hace muchos años dejó de ser propiedad de la familia Salas para volverse un recurso propio del pueblo cajamarquino e identificado con el cliente, que día a día visita con fidelidad esperando conseguir aquello que se empezó a ofrecer allá por 1947.

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