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Editorial

Castillo: «¡Amárrame los zapatos!»

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Editorial Diario UNO

Hoy el Perú es lo más parecido a una olla a presión. No es la primera vez, ya anteriormente ha vivido situaciones similares: la crisis del fin del gobierno militar, la hiperinflación de García, la hiperdictadura de Fujimori y la trama de hipercorrupción descubierta en el corto período de PPK. La presión actual le entra a la olla por tres lados. Un Congreso opositor, una Ministerio Público perseguidor y un gobierno inconsciente.

El Congreso ha abdicado de su esencial función fiscalizadora del Ejecutivo por temor de sus integrantes a perder sus sueldos. Así, deja que el gobierno meta la pata en lo que pueda y no corrigen ni sus yerros ni sus omisiones, por lo que ha perdido la credibilidad ciudadana. Para disimular estas falencias, sus miembros más vocingleros están dedicados a proponer la vacancia presidencial sin los suficientes fundamentos políticos y legales, como en el caso de la denuncia por traición a la patria, en una actitud golpista que no acaba por derribar a Pedro Castillo, pero si lo debilita.

El Ministerio Público, por su lado, en el marco de su función, ha iniciado seis investigaciones por supuestos delitos cometidos por el presidente de la República. Ni esta instancia de justicia, ni la prensa, han inventado las causales: todas, declaraciones de excolaboradores o examigos de Palacio de Gobierno. Indicios preocupantes pues, de ser ciertos, nos encontraríamos ante un jefe de Estado que ha infringido la ley y que no solo merecería ser juzgado si no, como él mismo dijo, «ser condenado a cadena perpetua». Pero, la propia Fiscalía se pisa la manguera al dispersar las investigaciones, debilitando sin imputar al presidente.

Por su parte, Castillo, inconsciente de su debilitamiento, en lugar de responder políticamente al Congreso y legalmente a la Fiscalía, ha optado por negar las acusaciones sin dar mayores explicaciones. Su mensaje al Congreso y a la Fiscalía pareciera decir «¡Amárrenme los zapatos!», como ordenó ayer a un miembro de su seguridad.

Situación política difícil porque cuando una olla de presión se sobrecarga, acaba estallando.

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Editorial

Pirro en la Plaza de Armas

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Pirro fue rey de Epiro, una región de Grecia, que en el año 280 a C. se enfrentó al imperio romano en su propio territorio. Para ello, cruzó el mar Jónico con su ejército, caballería y elefantes e instaló su campamento cerca de la ciudad de Tarento. Ahí enfrentó a las tropas del cónsul Publio Livio Valerio en la batalla de Heraclea. La lucha fue intensa y, al final, los romanos tuvieron que replegarse. Ambas partes sufrieron numerosas bajas. Al final del día, y viendo sus tropas tan mermadas, el rey Pirro dijo una frase que se volvió famosa “¡Una victoria más como ésta y estamos perdidos!”. Por ello, la tradición ha dado en llamar victoria pírrica a aquella que se consigue a un costo tan alto que, incluso, puede ser desfavorable para el vencedor.

Ignorando estos hechos, el ministro de Trabajo y Promoción del Empleo, Alejandro Salas, en un afán de minimizar el efecto de la decisión judicial de disponer prisión preventiva por 30 meses para Yenifer Paredes, la cuñada-hija de Pedro Castillo, declaró a RPP: “[Tal decisión] no ha debilitado al presidente de la República, él ha comunicado al gabinete ministerial que se siente fortalecido ante esta adversidad”. Justificación tan forzada, que debe ser propia de Salas y no del profesor, sobre la que se podría decir “otra fortalecida como esta y estamos perdidos”.

Y es que la estrategia negacionista en la que han embarcado a Castillo, su primer ministro, sus abogados y sus voceros ayayeros, lejos de ayudar a una distención de la crisis política, la sigue agudizando. Tanto así que el menú del próximo lunes en el Congreso será “ministro a la cacerola”, a propósito de la doble interpelación al titular del MTC Geiner Alvarado, sindicado como parte del grupo que digitó la oscura operación de licitaciones en el distrito de Anguía. Para no dar paso atrás en su estrategia de defensa, los consejeros presidenciales argumentan que Castillo ha subido su aceptación en las encuestas y que la inspectoría de la PNP ya inicia la investigación del coronel Harvey Colchado. Les convendría leer como acabó Pirro.

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Chocando con las Paredes

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Editorial Diario UNO

Se dice que “les gusta chocar con la pared” de aquellas personas que, sabiendo el resultado de una acción u omisión, insisten en realizarla así se estrellen una o más veces. Es propio de los tercos. Eso es, exactamente, lo que está pasando con la defensa legal del presidente Pedro Castillo en perjuicio de su esposa Lila Paredes y de su cuñada Yenifer Paredes en las investigaciones en curso sobre irregularidades en la adjudicación de obras en su distrito natal de Anguía.

Y es que las versiones de los, hoy “confesores sinceros”, hermanos Hugo y Anggie Espino que les atribuyen a las hermanas la responsabilidad principal en sus tramas de corrupción con el alcalde Nenil Medina Guerrero, no parecen convincentes. Por simple razonamiento lógico, es incoherente que una joven inexperta como Yenifer, quien venía de ser asistente administrativa de una pequeña municipalidad, sea el cerebro del tráfico de influencias de negocios millonarios. Como tampoco parece razonable que la primera dama haya sido la gestora de la organización criminal. Pero, lo cierto es que a este paso ambas van a resultar víctimas de las circunstancias creadas por los abogados de Pedro Castillo.

Ello, porque en lugar de una defensa esclarecedora y transparente que rebata el fondo de las acusaciones, Benji Espinoza y sus carnales se han dedicado no a una tinterillesca obstrucción de la investigación fiscal, con un doble discurso que, piensan, engaña a la opinión pública. Así, por ejemplo, proclamaron que el presidente no tenía nada que ocultar y que colaboraría, pero al final acaba mudo ante el fiscal.

El resultado es autoalimentar las sospechas de que hay algo raro en la reticencia del profesor para aclarar de una buena vez las acusaciones contra él y, de paso, obligar a la Fiscalía a que involucre a las personas y circunstancias colaterales, en este caso sus familiares más cercanos. Exponer a esposa y cuñada es una estrategia de defensa cobarde, propia de abogados que solo quieren ganar el caso y los respectivos honorarios, pero que tarde o temprano va a chocar con la pared.

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Editorial

El contradictorio “factor Antauro”

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Editorial Diario UNO

Finalmente, tras haber cumplido con 18 años de carcelería, el líder etnonacionalista Antauro Humala Tasso, recuperó la libertad. Pese a su indoblegable pugnacidad, las fuerzas sociales que lo acompañaron antes de ir a prisión se fueron desorganizando y debilitando, pero el solo anuncio de su salida ha generado reacciones de distinto tipo que reflejan que en el incierto panorama político nacional cualquier cosa puede pasar.

En su efímera participación electoral, él mismo invocaba “voten por Antauro, que a la derecha le duele más”. Ahora, curtido en la prisión, sale con un radicalismo macerado que ya lo llevó a tener diferencias extremas con su hermano expresidente (“Yo fusilaría a Ollanta”) y que, antes, erizó el pelo a la elite conservadora. Más aún cuando su primera declaración ha sido en reivindicación del llamado Andahuaylazo, del que no se arrepiente y que, en cristiano, significa la combinación de las formas legales y constitucionales y de la acción directa de los reservistas etnocacertstas para la toma del poder.

Pero, un aspecto poco destacado de la actual postura política de Antauro es su terca posición anticorrupción y de sus críticas a la inconsecuencia del gobierno de Pedro Castillo con la adopción de un programa de reformas estructurales. Como desde la prisión ha seguido oliendo al país, él ha tomado nota de la insatisfacción social de los grandes bolsones urbanos frente al gobierno, lo cual le genera un espacio político que podría ganar en base a su estilo confrontacional y populachero.

Entonces, en lugar de la imagen del “cuco de la derecha” que los comentaristas políticos inflan, Antauro podría ser el cuchillo más afilado contra el gobierno, al que no le debe nada, sino cierto resentimiento porque no cumplió con liberarlo antes. Ayer mismo, al salir de Piedras Gordas algunos partidarios le gritaban “¡A Palacio, a sacar a Castillo!”. Y es que, ante la incompetencia de los partidos políticos, el pragmatismo de Humala parece una virtud, que podría encandilar hasta a los sectores de derecha. Por eso, todos “¡Agárrense!”.

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