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Editorial

¡¡Al ladrón, al ladrón….!!

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Editorial Diario UNO

En el habla popular española se hizo famosa esta frase que enseña a no dejar llevarse por las apariencias. Ello porque, los arrebatadores de carteras solían hacerse acompañar de un ayudante que, inmediatamente después del robo, fingiendo ser un inocente espectador, la gritaba señalando en la dirección opuesta de la que había huido su cómplice.

El sábado por la noche la volvimos a escuchar, esta vez en boca de Lourdes Flores Nano, abogada de Keiko Fujimori. Excitada de ver a tantas personas juntas, a diferencia de sus convocatorias del PPC cuando ella lo presidía, y deseosa de agradar a su cliente, Flores Nano, ensayando un juego de palabras, se lanzó contra Piero Corvetto diciendo «Quiero que esta plaza, unida por la fe en conocer la verdad, le digamos con firmeza y con claridad al jefe de la ONPE ¡No te portes como un ladrón y entrega el padrón!».

Pero la realidad es exactamente la contraria. Lo que actualmente ocurre es un intento gigantesco de Fuerza Popular para anular la votación de Pedro Castillo y rebajarle votos, hasta ganar la elección en la mesa. En este intento se comprometió a los «mejores estudios de abogados de Lima», quienes fracasaron en lograrlo. Aquí fue que entró Flores Nano como refuerzo, no para aportar nuevas pruebas ni argumentos legales sino más hipótesis confusionistas.

En pocos días, poco a poco, sus argumentos se han ido desmoronando estruendosamente. El jueves pasado dijo que el jurado de Huancavelica le daba la razón, y ayer dimos a conocer que no era cierto. El viernes acusó a familias enteras de haber tomado las mesas, pero no pudo mostrar ni un caso. También dijo que Puno era la prueba del fraude y ayer una persona de Fuerza Popular de la mesa denunciada salió a ratificar que Keiko solo había obtenido ocho votos y que la firma de la presidenta era verdadera. Ya van 349 actas cuya nulidad se ha solicitado, y que han sido rechazadas por el JNE. El fin ya se acerca.

Ante este hecho y ante la crítica de todos los analistas políticos, Flores Nano ha querido limpiarse y ha dicho que no le dijo a Corvetto que «era ladrón» sino que «no se porte como un ladrón». Valiente diferencia.

Por eso, sus piruetas verbales en televisión solo recuerdan otro dicho hispano que dice «Todo ladrón, cree que el otro es de su misma condición».

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Editorial

La doble (o triple moral)

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Editorial Diario UNO

El actual descrédito de la política, en general, se debe a su alejamiento de los valores éticos que la inspiraron y acompañaron los siglos XIX y XX. Luego, los intereses económicos la penetraron hasta hacerla casi irreconocible y convertirla hoy en sinónimo de engaño cuando no de corrupción. En el Perú lo vemos todos los días.

El rechazo a la nominación de Guido Bellido Ugarte como presidente del Consejo de Ministros, que ha expresado la mayoría de los medios de comunicación y de las organizaciones políticas, es una muestra palpable de ello; porque ese rechazo (o, ahora también, apoyo) no responde a cuestiones principistas sino a simples conveniencias.

De un lado se dice, que Bellido Ugarte es proterrorista y también que está mencionado en la investigación de «Los Dinámicos del Centro». Las supuestas pruebas de su apología al terrorismo es un comentario en el que expresa su admiración por la terrorista Edith Lagos, pero admirar a alguien no lo hace culpable de sus crímenes. Si no, se tendría que juzgar a los admiradores de Hitler o Stalin, quienes ejecutaron políticas de exterminio masivo, o de Roosevelt que construyó las bombas nucleares que Truman hizo estallar en Japón. Las admiraciones personales no son penalizadas en ninguna parte del mundo. De otro lado, se argumenta que, como Bellido fue mencionado en un audio, es parte de la red criminal de Junín. Pero en el audio no se le escucha participar de ninguna activa ilícita, sino ser requerido para apoyar el pago de la reparación civil de Vladimir Cerrón. Eso tampoco es delito en ninguna parte del mundo. En realidad, lo que se trata es de entorpecer la aplicación de las políticas anunciadas por Pedro Castillo, negándole la confianza al gabinete Bellido, por conveniencia de los opositores que esperan aumentar, de esta manera, su predicamento en la ciudadanía.

Esta no es la única posición frente al gabinete. Otro sector, dizque más inteligente, propone aprobar la confianza, pero no porque crea en la competencia de los ministros o en las bondades de su propuesta, sino porque piensa que la gestión de Bellido será desastrosa y que hundirá al gobierno. También pura conveniencia, pero de otro signo.

En resumen, para unos Bellido es un mal jefe de gabinete por principio, aunque no puedan argumentar sólidamente el porqué, y por eso lo reprueban; mientras que para otros también es malo, pero lo aprueban porque piensan que eso perjudicará a Castillo. Ejemplo de limpieza política.

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Editorial

El primer poder

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Editorial Diario UNO

En 1963, después de que Fernando Belaunde Terry ganara la presidencia de la República y que la coalición APRA-UNO se convirtiera en la bancada parlamentaria mayoritaria, Victor Raul Haya de la Torre lanzó la idea de que el Congreso era “el primer poder” del Estado.

Esta tesis contrariaba el planteo del barón Louis de Montesquieu sobre la división y equilibrio de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial; pero sirvió para justificar una oposición tan cerrada al reformismo de Belaunde, que acabaría esterilizando. Un logro que dejaría chiquito el obstruccionismo de Keiko Fujimori a PPK más de medio siglo después.

En verdad, el Congreso no es el primer poder sino en los sistemas de gobierno parlamentarios, como en el Reino Unido, que Haya de la Torre conoció directamente. En esas democracias, el jefe de gobierno es el líder de la bancada mayoritaria y, si cae, es reemplazado por el líder de la bancada de oposición. Es decir, el Congreso elige al Ejecutivo.En el Perú no es así, pues el régimen político al estilo de los EE. UU. es presidencialista, y el Congreso tiene la función de legislar, aprobar el presupuesto y fiscalizar. Nuestro modelo constitucional es tan presidencialista que otorga al jefe de Estado la facultad de disolver el Congreso si censura a dos gabinetes.

La precisión viene a cuenta a propósito del bochornoso incidente del 27 de julio, en el que no se dejó ingresar al presidente Francisco Sagasti al recinto del Congreso, cuando fue a devolver la banda presidencial que recibió de ese colegiado. Una manera poco ortodoxa de ejercer la pretendida primacía del Legislativo.

La decisión fue fruto de una “interpretación auténtica” de la ley, por parte de la administración del Congreso, que no solo violento el ordenamiento legal dejando al país sin gobierno por 48 horas, pero además se alejó de la tradicional cortesía de tener a los expresidentes como invitados en los actos de transmisión del mando. Un yerro solo explicable por el desconocimiento de la nueva titular del Congreso o por algún ánimo de desaire al presidente saliente, o por ambas razones.

Errar es humano, pero insistir en el error es necio. Y esto es lo que hemos sentido al escuchar la pretendida justificación de Maria del Carmen Alva sobre el incidente. Mucho más convincente hubiese sido sancionar con el despido al Oficial Mayor, causante del desaguisado. Porque, de continuar así, el Congreso no va a ser el primer sino el último poder del Estado.

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Editorial

La hora de España

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Editorial Diario UNO

José Luis Dicenta

Las recientes elecciones peruanas han puesto en evidencia que son muchos los que sólo valoran la Democracia cuando esta se ajusta a sus convicciones y/o intereses.

Pero la Democracia no es eso. La Democracia empieza por reconocer los valores, las señas de identidad, la ideología de todos los que no piensan como uno. Le dan el mismo valor y le reconocen la misma legitimidad.

Para que haya una convivencia auténtica es esencial el reconocimiento del Otro. Y en Perú se da la circunstancia, como en otros países, de que hay muchos Otros. Y todos deben tener iguales derechos y obligaciones. El reconocimiento del presidente Castillo no debería hacerse al tiempo que se levanta el hacha de guerra contra él y su política, como acaba de hacer la excandidata Fujimori. La democracia auténtica vive y se desarrolla en los vastos espacios del diálogo, del intercambio de opiniones, de la confrontación ideológica. Pero no en los yermos desiertos de las luchas fratricidas, la sangre y la guerra. Así no se construye, sino que se destruye cualquier país. Los españoles sabemos, por desgracia, algo de eso.

El pueblo peruano ha hablado en libertad y ha elegido su presidente. De nada han servido las voces “autorizadas” que anticipaban la derrota de Castillo y se negaban luego a aceptar su victoria, ni los actos de propaganda antiCastillo en el exterior, ni las señales derrotistas lanzadas a los mercados internacionales. La soberanía del pueblo está por encima de todo eso.

Y ahora, al levantarse el telón, empieza lo verdaderamente difícil: la tarea de gobernar para todos a fin de conseguir que todos los peruanos se sientan parte de la Sociedad y de la Economía peruanas, el ímprobo trabajo de ajustar un programa de gobierno a las reales necesidades de un país con graves deficiencias de integración en todos los órdenes. E iniciar un proceso de eliminación de las desigualdades y las corruptelas.

Es una tarea que difícilmente puede llevar a cabo un país en solitario. Sería deseable que España hiciera acto de presencia en ese despliegue de oportunidades. Porque somos parte de los Otros. Una parte muy especial porque tenemos una importante parte de la culpa y la responsabilidad por los errores cometidos en el pasado de la historia peruana. Y tenemos también la obligación de enderezar los entuertos hablándonos de tú a tú, en la misma lengua.

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