A desobedecer, desobedecer…

77
0
Editorial Diario UNO

La presidenta del Congreso, María del Carmen Alva, es una aprendiz bien aplicada- hace cuatro días que el congresista fujimorista Alejandro Aguinaga llamó abiertamente a desobedecer un mandato judicial que suspendió la elección del próximo Defensor del Pueblo y ella, ayer, ha anunciado que seguirá fielmente las enseñanzas de su nuevo gurú. Total, en el Parlamento nacional desde que ella está presidiendo la mesa directiva no importa mucho la ley, sino quién es más macho.

Todo empezó en mayo tras el éxito de la maniobra para copar el Tribunal Constitucional, entidad que acabó teñida de abogados de derecha sin acoger a otros sectores de pensamiento jurídico. Inmediatamente Alva y su grupete asesor pensaron en «limpiar» la Defensoría del Pueblo que resultaba incómoda denunciante de violaciones legales y de derechos ciudadanos (off the record: una cueva de rojetes). Para ese fin, se arregló bien el concurso, sin reparar en detalles.

Se vulneró la Ley Orgánica de la Defensoría del Pueblo al formar la comisión con más de nueve miembros, desequilibrando la proporcionalidad. No se consideró en el proceso la participación ciudadana para presentar tachas contra las personas invitadas. Además, y esto es lo más importante, tampoco se garantizaron los requisitos mínimos de imparcialidad, meritocracia y transparencia. Cuando los promotores del «guerrazo» ya se frotaban las manos, apareció un actor impensado; el Sindicato de Trabajadores de la Defensoría del Pueblo, integrado por conocedores por dentro de lo que podía pasar. Ellos, acostumbrados a defender a los demás, se autodefendieron acudiendo al Tercer Juzgado Especializado en lo Constitucional de Lima. Tras analizar los argumentos presentados, esta sede judicial el 9 de junio pasado dispuso la suspensión, de manera provisional, del proceso de elección del Defensor del Pueblo, que estaba llevando a cabo el Congreso.

Ahí fue donde saltaron los golpistas que fungen de congresistas para aconsejar a la patrona que haga oídos sordos a la orden judicial, argumentando que un «juececillo» no puede alzarse sobre la majestad del Legislativo. Ayer, Maricarmen, siguiéndolos, ha convocado a reunión a la comisión encargada. Al oír la noticia uno de los pocos antiguos cronistas parlamentarios que quedan comentó «alguien debería recordarle a la Alva como terminó Jeanine Añez, la vicepresidenta del Senado boliviano que usurpó la presidencia de la República. Desobediencias tan escandalosas como esta, te acaban costando caro».

Artículo anteriorPortada 15 junio 2022
Artículo siguienteCongreso amplía legislatura y alista nueva arremetida contra el Ejecutivo