El investigador y doctor en Educación, Fernando Flores Limo, dijo a Diario Uno que lo ocurrido con el periodista de radio y TV, José María ‘Chema’ Salcedo, quien perdió su trabajo por padecimiento de cáncer, nos revela una sociedad que olvida y debilita el valor del oficio mismo, y que ello obliga a los estudiantes de periodismo o Ciencias de la Comunicación de las universidades del país a asegurar a priori sus condiciones laborales a futuro.
Doctor Flores, ¿por qué el caso de ‘Chema’ Salcedo genera tanta resonancia en el ámbito periodístico y académico?
Porque no estamos ante un hecho aislado ni anecdótico. El caso de ‘Chema’ Salcedo funciona como un símbolo estructural. Revela una contradicción profunda del sistema mediático: el periodismo exige memoria, contexto y ética, pero no cuida a quienes encarnan esos valores cuando envejecen. Desde una mirada sociocultural, esto refleja lo que Bauman llamaría una ‘lógica de descarte’: se valora al profesional mientras produce rentabilidad simbólica o económica; luego, se le vuelve invisible. Eso debería alarmarnos, especialmente a quienes formamos periodistas.
Usted ha hablado de “edadismo” en el periodismo. ¿Cómo se manifiesta concretamente?
El edadismo no siempre es explícito. No se dice “no te contrato porque eres mayor”, sino que se normaliza la idea de que la experiencia es un obstáculo, que la juventud es sinónimo de innovación y que la velocidad reemplaza al criterio. En las redacciones actuales se privilegia el clic, el trending topic y la reacción inmediata. Pero el periodismo no es solo reacción; es interpretación del tiempo histórico. Cuando se prescinde de los periodistas veteranos, se pierde algo más grave que un puesto de trabajo: se pierde memoria ética y contextual.
¿Qué consecuencias tiene esto para la democracia sociopolítica para un país como el nuestro?
Son profundas. Hannah Arendt sostenía que una sociedad sin vínculo entre pasado y futuro pierde su mundo común. El periodista veterano es ese puente. Cuando desaparece, la democracia se empobrece narrativamente. Una prensa sin memoria es más vulnerable al poder, más superficial en sus análisis y menos capaz de advertir patrones de abuso, autoritarismo o manipulación. En ese sentido, el abandono de los periodistas mayores no es solo un problema laboral, es un problema democrático.
¿Qué les diría usted a los estudiantes de periodismo que observan este escenario con preocupación?
Les diría dos cosas, con honestidad. Primero: el periodismo sigue siendo una profesión necesaria y profundamente noble. Segundo: no es una profesión que garantice dignidad automática. El error más peligroso es romantizar el oficio. Como decía Camus, la dignidad comienza por no mentirse a uno mismo. Hoy, quien estudia periodismo debe formarse también en previsión, autonomía, diversificación profesional y conciencia gremial. La vocación no reemplaza derechos.
Usted insiste en la idea de responsabilidad intergeneracional. ¿A qué se refiere exactamente?
A que el periodismo no puede pautearse como una competencia entre jóvenes y veteranos. Esa lógica es propia del mercado, no del conocimiento. Emmanuel Levinas afirmaba que somos responsables del otro, incluso antes de decidirlo. En términos profesionales, eso implica que los periodistas jóvenes también son responsables del destino de quienes los precedieron, porque en ese abandono está inscrito su propio futuro. Una profesión que abandona a sus mayores se está abandonando a sí misma.
¿Qué rol deben cumplir los medios de comunicación frente a este problema?
Un rol activo y verificable. No basta con homenajes, placas o publicaciones conmemorativas. Eso es reconocimiento simbólico, pero no justicia. Los medios deberían incorporar a periodistas veteranos como mentores remunerados, crear fondos de protección o apoyo previsional, y asumir la responsabilidad social no como marketing, sino como política institucional. Paul Ricoeur decía que no hay justicia sin reconocimiento real del otro como persona, no como objeto decorativo. Eso aplica plenamente aquí.
La situación de Chema Salcedo no es el fracaso de una trayectoria brillante
¿Y el Estado? ¿Tiene responsabilidad en esta situación?
Sin duda. El marco legal no está adaptado a trayectorias profesionales discontinuas como la del periodismo. Muchos periodistas han trabajado décadas como independientes, sin seguridad social sólida. Es necesario repensar políticas de jubilación, salud y protección social para trabajadores culturales y comunicadores. Si el Estado reconoce al periodismo como pilar democrático, debe proteger a quienes lo ejercen, no solo regular contenidos.
Para cerrar, ¿qué enseñanza principal deja este caso?
Que el periodismo no puede ser una carrera de velocidad donde solo importan los primeros lugares. Debe ser una carrera de fondo, donde el valor supremo sea la sabiduría compartida. La situación de Chema Salcedo no es el fracaso de una trayectoria brillante. Es el fracaso de una industria que olvidó que informar no es solo producir contenidos, sino cuidar la palabra y a quienes la sostienen a lo largo del tiempo. Si no aprendemos esta lección, no solo perderemos periodistas; perderemos conciencia histórica.



