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Salvan vidas con trasplantes de riñón

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La Unidad de Trasplante Renal del Hospital Cayetano Heredia desarrolla un trabajo dedicado, arduo y paciente para salvar vidas de niños y adultos en situación de pobreza y pobreza extrema con Enfermedad Renal Crónica Terminal, que requieran trasplante de riñón.

En menos de un año se han realizado 10 trasplantes de riñón por los médicos especialistas de esta Unidad de Trasplante Renal, el único que realiza esta vital intervención quirúrgica a nivel del Ministerio de Salud, informó su director general el Dr. Segundo Acho Mego.

Acho Mego dijo que desde el año 2007 en que se inauguró esta unidad a la fecha se han realizado exitosamente un aproximado de 107 trasplantes de riñón, 58 pediátricos y 59 adultos convirtiéndose en el primer establecimiento de salud Donador-Trasplantador a nivel nacional del sector público, acreditado por la Organización Nacional de Donación y Trasplante (ONDT) del Minsa.

SIN COSTO A PACIENTES
La gran mayoría de estos trasplantes se hacen bajo el sistema SIS que resulta sin costo alguno para el paciente que puede venir desde distintas regiones del Perú para realizar el tratamiento correspondiente de diálisis y posterior trasplante renal que les permite una mejor calidad y desarrollo personal, comentó el director general.

Sin embargo, para el Estado significa un costo de 150 mil soles cada intervención quirúrgica de trasplante además del trabajo de experimentados nefrólogos para conseguir aprobación de los familiares para que donen los órganos de sus recién fallecidos.

Durante el proceso de trasplante intervienen 47 personas entre médicos y personal asistencial cuyo principal objetivo es mejorar la calidad de vida de los pacientes.

LA META
El Dr. Segundo Acho afirmó que la meta del equipo médico es realizar un trasplante de riñón por semana, a fin de otorgar una atención oportuna a los pacientes que se encuentran en lista de espera, tras informar que actualmente se encuentran en tratamiento de dialización en el hospital más de 150 adultos y 50 niños.

Segundo Acho Mega resaltó la labor del grupo humano de la Unidad de Trasplante Renal a cargo del Dr. Luis Zegarra Montes y constituido por otros 47 profesionales entre médicos, enfermeras, técnicos en enfermería, nutricionista, asistenta social, psicóloga, nefrólogos de adultos y niños, cirujano cardiovascular, ecografistas, anestesiólogos y urólogos que por largas horas trabajan para sacar adelante con éxito intervenciones quirúrgicas de alto riesgo.

Al mismo tiempo agradeció a la ministra del sector, Patricia García, por su constante apoyo y dedicación para que la Unidad de Trasplante Renal y el Hospital Cayetano Heredia en general brinden un mejor servicio a los pacientes.

“CERO COLAS”
El Hospital Cayetano Heredia celebró su 49º aniversario el 21 de julio en el que hizo un agradecimiento público a los médicos de la Unidad de Trasplante Renal así como a otros destacados médicos investigadores que han aportado a la ciencia de la salud y a una mejor atención de sus pacientes.

Asimismo se implementó la estrategia de atención a pacientes denominado “Cero colas” con el fin de enfrentar la alta demanda de pacientes a consulta externa, “antes de esta estrategia se daba atención a menos de mil pacientes por día en consulta externa y gracias a la gratuidad de los servicios de salud y la apertura de nuevas especialidades la demanda se incrementó a 5,500 pacientes diarios con más del 50% de satisfacción en la atención”, señaló.

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Especial

Después de la tragedia

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Publicaciones de IDL-Reporteros

IDL-Reporteros decidió no publicar durante la semana que pasó en respeto al duelo por la trágica muerte del expresidente Alan García. Ahora toca volver con este editorial.

Hace menos de un año, en julio de 2018, IDL-Reporteros inició la publicación de la serie investigativa “Corte y corrupción” (luego conocida como el caso de “Los cuellos blancos” y también como caso “Lava Juez”). La serie retrató con la inapelable elocuencia de sus propios perpetradores, los abismos de corrupción judicial en lo profundo y ancho de todo el sistema: la Corte Superior del Callao, la Corte Suprema de la República, la Fiscalía de la Nación, el Consejo Nacional de la Magistratura.

Mientras la indignación y el asco se extendían por todo el país, hubo varios intentos por abortar la investigación. Un fiscal con varios policías trataron de allanar, sin orden alguna, la sede de IDL-Reporteros para incautar el material periodístico de esta publicación; un fiscal supremo, Víctor Raúl Rodríguez Monteza, (luego implicado en el caso), nos conminó amenazadoramente a entregarle los documentos. La Comisión Permanente del Congreso también nos citó para exigirnos le entregáramos nuestras grabaciones.

Nos negamos a hacerlo en forma terminante en cada caso. El apoyo abrumador de la gente nos otorgó un vital respaldo. Los encubridores de facto retrocedieron, la investigación avanzó, la indignación popular fue encauzada por el respaldo del presidente Vizcarra, se separó a algunos jueces, se disolvió el CNM y el país pareció orientarse, reformas de por medio, hacia un futuro más limpio y mejor.

Antes de eso, en plena pugna durante el mes de julio, el entonces ministro del Interior Mauro Medina fue citado al Congreso para declarar, en sesión reservada de la Comisión de Fiscalización sobre el caso. Ahí, congresistas como Edwin Donayre y Héctor Becerril cuestionaron acremente al ministro, preguntándole cómo era posible que no hubiera intervenido IDL y a este periodista, cómo no se había dado cuenta que con nuestras investigaciones estábamos poniendo en peligro la estabilidad del gobierno y la seguridad nacional. No fueron los únicos en hablar en ese tono y el ministro los toreó lo mejor que pudo.

Eso es lo que entendía esa gente por estabilidad y por seguridad nacional: el imperio de la cutra y el parasitismo de la corrupción, que esa misma gente, con sus prontuarios completos, representa. No se trata de recordar esos prontuarios, pues basta que ustedes escriban sus nombres en los archivos de IDL-Reporteros (o en Google, si prefieren) para que sus hasta hoy impunes fechorías sean listadas. Lo que se trata es de subrayar la desvergüenza con la que esos sujetos secuestran conceptos respetados para tratar de usarlos como rehenes de sus iniquidades.

Avanzado el caso Lava Juez, IDL-Reporteros siguió adelante con su investigación del caso Lava Jato, como lo venía haciendo por más de cuatro años. En esta etapa pusimos énfasis especial en los casos que se dieron durante la gestión del líder político hasta entonces menos investigado: el expresidente Alan García.

Las investigaciones produjeron resultados. El 15 de noviembre pasado, IDL-R reveló cómo Odebrecht había pagado en forma disimulada, con fondos de la caja 2, una conferencia que García dio en Sao Paulo en mayo de 2012. Luego, pese a negativas iniciales, se confirmó que el proceso de contrato y cobro de la conferencia ocurrió tal y como IDL-Reporteros lo describió.

Este mes de abril, IDL-Reporteros reveló lo siguiente, en cuatro notas sucesivas:

-Los documentos del Sector de Operaciones Estructuradas de Odebrecht que demostraron el pago oculto de $200 mil dólares a la campaña presidencial de Alan García el 2006, a través de Luis Alva Castro, bajo el alias de ‘Laque’.

-El sorprendente descubrimiento de que Miguel Atala había sido en realidad el testaferro de Luis Nava en su cuenta de la offshore Ammarin en la Banca Privada de Andorra. Los fondos depositados en ella fueron asignados a Nava, escondido en el alias de ‘Chalán’, quien recibió, en esa cuenta y otros pagos, más de $4 millones de dólares.

-El hijo de Luis Nava, José Antonio Nava Mendiola, recibió pagos ilegales de la Caja 2, con el alias de ‘Bandido’.

-Luego, ante las negativas de Luis Nava a reconocer los pagos, IDL-R publicó las partes esenciales de los documentos que describían esos pagos y nombraban a los personajes escondidos detrás de los alias o codinomes.

Parte de esos documentos fue también publicada por otros medios. El equipo especial de fiscales, a su turno, pidió y obtuvo del juez a cargo del caso una serie de medidas de detención preliminar para los Nava, el exministro Enrique Cornejo, Miguel Atala, su hijo Samir y otros. Y también para el expresidente Alan García.

La diligencia de detención preliminar de Alan García terminó con el trágico suicidio de este, que conmocionó al país y a Latinoamérica. IDL-Reporteros lamenta profundamente esta desgracia.

Ahora, cuando la conmoción inicial apenas amaina, hay que preguntarse: ¿Qué hacer? ¿Proseguir con la investigación en el caso más importante de corrupción público-privada de nuestra historia, o no?

Imagino que la inmensa mayoría responderá que sí. Habrá quienes consideren necesario mejorar los métodos de investigación, agilizar los procesos y acusaciones, acortar las prisiones preventivas. Pero asumo que esa mayoría abrumadora cree, como expresó con tanta elocuencia en el caso Lava Juez, que el país se juega su futuro en el éxito o fracaso de la lucha contra la corrupción.

Entonces, hay que seguir, ¿verdad?

Pero parece que no es fácil y que hoy existen muchas más amenazas que en el pasado.

El velorio del expresidente García fue dominado por el “uso ruin de una tragedia”, en las palabras de un artículo de Juan Carlos Tafur sobre el tema.

En él, Tafur describió los motivos de quienes buscan “… aprovechar la conmoción por la tragedia para tratar de tumbarse el proceso anticorrupción en el que el país está embarcado”.

“Hay que acabar con la judicialización de la política, gritan. Y cabe preguntar cómo se puede aspirar a ello si son precisamente los políticos corruptos los que han desfilado y desfilarán por las denuncias de probada corrupción en su contra”.

Así es. Pero ahora, cuando el capítulo más importante de la investigación Lava Jato está por cerrarse, la coalición corrupta decidió jugar al todo o nada con métodos extremos: enardecer fanatismos, despertar los demonios de la violencia y la sangre e instigar al asesinato a partir de las más groseras mentiras camufladas como lamento.

Uno de sus objetivos principales es IDL-Reporteros y en especial yo, su director.

En el paréntesis de la razón que concita el duelo, lo primero que hicieron los fariseos para enardecer a sus militantes fue afirmar que lo que ocurrió no fue un suicidio sino un asesinato.

Luis Gonzales Posada sostuvo, según la publicación Lucidez.pe, que la muerte de García “ha sido resultado de la campaña llevada a cabo por Pedro Cateriano y Gustavo Gorriti. Ellos han disparado la bala”.

Otro sujeto: Barba Caballero no perdió tiempo en decir:

Tuit de José Barba Caballero

Hasta Becerril perdió todo resto de vergüenza y emergió de su encaletamiento de varios meses para aullar:

Tuit de Héctor Becerril

En sincronía, los trolls más infectos se lanzaron a inflamar los ánimos para llevar la violencia verbal a la acción física. Aquí un ejemplo.

Tuit de Trolls

Y un canal llamado PBO Digital publicó la siguiente encuesta, de opciones limitadas.

Tuit Encuesta de PBO Digital

Estas son unas muestras de un vertedero de mensajes de instigación y enardecimiento dirigidos a llevar a algunos fanáticos, o a sicarios disfrazados de fanáticos, a perpetrar, o intentarlo, el asesinato de los objetivos señalados.

Los corruptos de anteayer y de ayer se unen al lumpen de hoy para intentar eliminar a quienes los han investigado con eficacia.

¿Importa algo que todo lo que silban o aúllan estos sujetos es mentira? Y no una parte sino todo. Pura Mentira.

¿Investigar es perseguir? ¿Sacar a la luz hechos reales que prueban una gran corrupción en el caso Lava Jato, es jalar un gatillo?

¿Descubrir lo oculto para aclarar un caso de corrupción hiper camuflada, es atentar contra la vida de alguien?

¿Mintió IDL-Reporteros al revelar cómo fue y quién pagó la conferencia en Sao Paulo?

¿Mintió IDL-Reporteros al revelar quién fue ‘Laque’, quién fue ‘Chalán’, quien fue ‘Bandido’ y cuánta plata recibieron, en qué cuentas, de qué forma, y contra el sobreprecio de qué proyecto?

¿Mintió antes IDL-Reporteros al sacar a luz el caso ‘Lava Juez’?

¿Por haber hecho nosotros ese trabajo buscan los bribones enardecer fanáticos, afilar cuchillos, ladrar venganzas?

Toda amenaza, toda conspiración para llevar a cabo un ataque debe ser tomada en serio.

Y en serio lo tomamos

Hay formas más fáciles de hacer periodismo, pero ninguna sirve en igual grado a la democracia y al pueblo como el periodismo de investigación. Tiene otros valores, pero ese es el mayor. Cuando hay un periodismo de investigación robusto, hay o habrá una democracia poderosa en la que el ciudadano común sea igual de respetado que los de mayor o menor fortuna.

Hay ahora un ataque general, nada casual, contra el periodismo investigativo en el Perú. El juicio sesgado contra Pedro Salinas y Paola Ugaz en Piura; la irracional sentencia contra Ojo Público, Óscar Castilla y Edmundo Cruz por su investigación de Eteco; las instigaciones asesinas contra IDL-Reporteros y su director.

Espero que la sociedad civil comprenda lo que está en juego y movilice a tiempo la energía e indignación que han definido ya victoriosamente tantas jornadas. No hacerlo pronto y bien podrá significar luego bastante que lamentar.

Mientras tanto, IDL-Reporteros se defenderá y defenderá sus investigaciones con energía y resolución. Buscaremos el castigo de los criminales que instigan asesinatos. Identificaremos a quienes estén detrás de ellos y haremos lo posible para que no queden impunes.

Por la libertad, aconsejaba el Quijote, “así como por la honra se puede y debe aventurar la vida”. Es verdad y hay que hacerlo si no queda otro camino. Pero mejor que ofrendarle la vida es llevarla a la victoria. Conducirla a una democracia vigorosa en una sociedad limpia de corrupción que pueda al fin, doscientos años después de nacida, acercar nuestra República a cumplir sus ideales.

 

GUSTAVO GORRITI

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Actualidad

Mozart ha muerto. Salieri no se alegra

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JAIME BAYLY - ALan García Pérez

Conocí a Alan García en 1984. Era diputado y candidato presidencial. Tenía apenas 35 años. Yo tenía un programa de televisión. Se llamaba “Conexiones”. Pertenecía a una generación posterior a la de Alan: contaba 19 años.

Lo entrevisté en una convención de empresarios. Quedé impresionado por su inteligencia, su elocuencia y su simpatía. Era un mago con las palabras, un hipnotizador. Había nacido para seducir. No había quien se resistiera a sus encantos. Parecía imbatible. Lo era.

Poco después volví a entrevistarlo en su casa. Vivía en una torre moderna en la avenida Pardo de Miraflores. Conocí a su esposa Pilar. Argentina, cordobesa, hija de un gobernador de Córdoba, me pareció una señora tan bella como distinguida. Poseía una elegancia natural. Luego de la entrevista, Alan me mostró algunos libros de su vasta biblioteca.

Citó de memoria varios poemas de Neruda. Recitó el poema de Neruda, “Alturas de Machu Picchu”. Quedé arrobado con su vasta cultura, infrecuente en un político de mi país. Sentí genuina simpatía y admiración por él. Pensé que hasta podía votar por él. Estaba equivocado. El destino se ocupó de torcer esos planes, sabotear esa incipiente amistad.

Un líder histórico de su partido, Andrés Townsend, hombre de honor, que había fracasado en su intento de ser candidato presidencial en las elecciones de 1980, me llamó a su casa, diciendo que debía transmitirme un mensaje urgente. Acudí, presuroso. Townsend me llevó a su biblioteca y dijo:

–Alan está loco. Sufre de trastornos mentales. Tenemos que impedir que llegue al poder. Sería una catástrofe para el Perú.

Luego me contó que Alan había sido internado varias veces en la clínica San Felipe de Lima, donde lo habían sometido a la cura del sueño, durmiéndolo con sedantes para que saliera de profundas crisis depresivas, o para que se calmase de virulentos estallidos maníacos, o para salvarlo de hacerse daño. Le prometí a Townsend que usaría esa información tan pronto como pudiese.

–Tienes que preguntarle si le han hecho la cura del sueño –me dijo-. El Perú tiene que saber que es un loco peligroso.

Quedé muy perturbado luego de aquella conversación. Los dueños del canal, tres hermanos encantadores, veían con simpatía a Alan, y uno de ellos era su íntimo amigo y confidente. Yo sabía que, si le hacía esa pregunta a Alan, estaría en problemas. Sin embargo, sentía que mi misión era informar a los peruanos de aquella zona oscura del candidato favorito para ganar la presidencia.

Una semana antes de la primera vuelta electoral, uno de los dueños del canal me dijo que Alan daría su última entrevista de campaña en un programa llamado “Pulso”, que se emitía los lunes por la noche. En ese programa había un moderador y un panel con cuatro periodistas que hacían las preguntas. El dueño me pidió que estuviera en el panel y preguntó:

-¿Lo vas a tratar con cariño, no?

-Sí, claro, le dije.

Pero estaba mintiendo. Porque horas antes de que el programa se emitiera en vivo, decidí que haría la pregunta kamikaze, aun a riesgo de que me despidieran. No solo pretendía que Alan se viese obligado a confesar que sufría de trastornos mentales y le habían hecho la cura del sueño, sino, vaya si era ingenuo, quería evitar que llegase al poder. Me creía tan poderoso que pensaba: si le hago la pregunta y lo humillo y queda en ridículo, perderá las elecciones y yo quedaré como un héroe. Me enternece recordar la estupidez de mi candor.

Cuando el moderador me concedió el turno de mi primera pregunta, hice acopio de valor y pregunté:

-¿Alguna vez ha estado internado en una clínica de salud mental? ¿Le han hecho la cura del sueño?

–Su pregunta es un golpe bajo que no voy a responder -dijo Alan.

Tan pronto como terminó el programa, mis compañeros del panel me dijeron que me había metido en unos líos serios. Tenían razón. Días después, cuando Alan ya había ganado, uno de los dueños del canal me llamó a su despacho y me dijo que, si quería continuar trabajando en esa televisora, solo podía hablar de política internacional, ya no de política peruana y, sobre todo, no de Alan García, quien, como era previsible, arrasó en la primera vuelta de un modo tan abrumador, empequeñeciendo a sus adversarios, que no hubo ya necesidad de ir a una segunda votación.

Alan llegó al poder, juró como presidente, redimió a su partido de los fracasos históricos. El país entero estaba rendido a sus encantos, hincado de rodillas ante él. Yo no podía aceptar la censura que me imponía el canal. Renuncié. Me quedé sin trabajo. Ningún canal quería contratarme, sus dueños temían que esa insolencia les costase caro. Alan me había derrotado.

Semanas después, tuve la extraña fortuna de que me contratasen para presentar un programa de política internacional que se grababa en Santo Domingo. Se llamaba “Planeta 3” (porque el tercer planeta del sistema solar es la Tierra, qué nombre jalado de los pelos). Era un programa de política internacional.

Yo era el moderador y tenía tres invitados en un panel, a quienes sometía a mis preguntas. Viajaba todos los meses a Santo Domingo para grabar el programa. Los cinco años que duró el primer gobierno de Alan, estuve fuera de la televisión peruana. Vivía entre Lima, Santo Domingo y Miami, siempre en hoteles.

Cuando Alan todavía gozaba de una prolongada luna de miel con los peruanos, allá por 1986, uno de los dueños del canal intentó que nos reconciliásemos. Me pidió que viajase a Nueva York y me presentase en el hotel Waldorf Astoria, donde estaría alojado Alan, quien hablaría en Naciones Unidas, y le pidiese una entrevista y presentase mis disculpas por la pregunta sobre su salud mental.

-Alan te va a perdonar -me dijo el dueño-. Y te va a dar una entrevista. Pero tienes que comenzar disculpándote.

Viajé a Nueva York. Me presenté en el Waldorf Astoria. Mi plan era pedirle la entrevista: si me la concedía, no me disculparía y le haría de nuevo la pregunta que no había querido responder. Me anuncié en la recepción. Me dejaron esperando un par de horas. Cuando finalmente entró Alan caminando con paso imperial, mirando desde el olimpo de sus dos metros de altura, quise acercarme a él, pero dio instrucciones a sus custodios de que lo impidiesen.

Me miró con desdén. Luego entró en el ascensor, me dirigió una última mirada envanecida y las puertas se cerraron. No hubo disculpas, reconciliación, entrevista. Alan tuvo la astucia de sospechar que, si me daba la entrevista, yo no me replegaría, seguiría incordiándolo. Por eso no quiso dignificarme y me hizo sentir un bicho, un insecto. Esa noche, en un bar, una reportera de televisión muy guapa, consentida de Alan, me hizo una confidencia:

–Alan me ha dicho que él es Mozart y tú eres su Salieri.

Me dolió. Me sentí humillado. Pero era verdad: Alan era Mozart, un genio absoluto de la política, la seducción, la hipnosis colectiva, un hechicero, un mago. Yo era su Salieri envidioso, rencoroso: nunca podría ser tan brillante y encantador como él, estaba demasiado lastrado por mis vicios, defectos e imperfecciones como para alcanzar las cumbres del poder, la gloria inmortal.

Yo hubiera querido ser como él, un político de formidable talento, pero ya entonces sabía que, además de las mujeres, me gustaban también los hombres, algo que me esforzaba tontamente por encubrir, y por eso comprendía que nunca llegaría a ser un presidente amado, adorado, como Alan. Recuerdo que aquella noche, en el bar de Nueva York, le dije a la reportera:

-Yo no aspiro a la gloria de la política. Yo quiero ser un escritor. Estoy escribiendo un libro. Yo no soy su Salieri, porque aspiro a la gloria del escritor.

Pero estaba engañado: en verdad, Alan era Mozart y yo era su Salieri. Una vez más, me había derrotado. Su inteligencia y su astucia me sobrepasaban largamente.

El tiempo puso las cosas en su lugar. Su paso por el poder, a tan precoz edad, puso en evidencia que no era una persona del todo estable. Yo tampoco lo era. No sabía entonces que era bipolar, quizás como el propio Alan. Es decir que la nuestra fue una pelea épica de dos locos que no sabíamos que estábamos locos.

Años después, en 2001, cuando Alan había regresado de París y era nuevamente candidato presidencial, y había pasado a la segunda vuelta contra todo pronóstico, enfrentando al cachafaz de Alejandro Toledo, fui a visitarlo a la casa de su partido. Me recibió en privado. Nos dimos un apretón de manos, nos confundimos en un abrazo, nos perdonamos, olvidamos los agravios del pasado, enterramos los rencores. Alan se sentía un ganador, una criatura mitológica: había salvado la vida, pues Fujimori ordenó matarlo, y escapado con astucia de la sañuda persecución de esa dictadura, y ahora estaba de regreso, cerca de volver al poder, acallando a sus enemigos y envidiosos de toda la vida.

Yo también me sentía un ganador, en cierto modo: había conseguido ser un escritor, publicado varios libros en España, y la crítica en ese país había sido benévola con mis novelas, y ahora hacía un programa de éxito en Lima, “El Francotirador”. En un gesto de gratitud y caballerosidad, correspondiendo a la visita que le hice, Alan me concedió una entrevista de una hora en televisión. Vino al estudio con Pilar, su mujer. Me atreví a hacerle de nuevo la pregunta de 1985. Negó que tuviese problemas mentales. Le recordé que me había censurado.

Lo negó. Le pedí que pidiera disculpas por su primer gobierno paupérrimo. Lo hizo. Cuestioné su vida desahogada en París. Se defendió con sagacidad. Al final de la entrevista, no éramos amigos, pero tampoco seguíamos siendo enemigos. Improbablemente, nos habíamos reconciliado. Alan ya no era tan soberbio como en su juventud. La larga travesía por el desierto había rebajado el tamaño colosal de su ego.

Cinco años después, cuando pasó a la segunda vuelta con el chavista de Ollanta Humala, apoyé públicamente a Alan y voté por él. Luego, ya siendo presidente, me burlé sin compasión de él todos los domingos desde “El Francotirador”. Alan no llamó al dueño del canal a quejarse, a pedir que me sacasen del aire. Había aprendido la lección. Había forjado una tolerancia a la crítica, aprendido a ser un estadista que entendía el papel irritante de la prensa, que debía ser hostil a quien ocupaba el poder.

Mis críticas feroces, bromas desalmadas y dardos envenenados no le hicieron demasiada mella, no socavaron nuestra amistad o, cuando menos, no erosionaron nuestra alianza de mínima cordialidad. No me guardó rencor. No me sumó a la lista negra de sus enemigos. Entendía que su oficio era administrar el poder y el mío, criticarlo, burlarme de él.

Sé que no me guardó rencor porque, al final de su segundo mandato, cuando mi nombre apareció entre los candidatos presidenciales más favorecidos en las encuestas, le pedí una cita secreta y me recibió en la casa de gobierno a medianoche. Le conté, ya casi como amigos, deslizándonos al terreno de las confidencias, mis problemas de salud mental, de bipolaridad e insomnio, y hasta enumeré las pastillas que tomaba.

Le dije que no sabía si debía inscribirme como candidato. Me animó resueltamente. Me dijo que tenía la oportunidad de pasar a la historia. Habló de la gloria insuperable de servir a los más pobres. Dijo que podía ganar, si defendía una agenda liberal y me convertía en el candidato de los jóvenes. Fue sumamente generoso conmigo. Me aconsejó en tono paternal, sentí que me tenía genuino afecto. Dijo que, si me lanzaba como candidato, él me apoyaría.

Pero yo no sabía si lanzarme o no. Temía que, si me lanzaba, dejaría de ser un escritor. Temía que, si entraba en política, nunca más conseguiría salir de esa ciénaga en la que acababan hundiéndose culpables e inocentes, héroes y villanos. Temía que la descomedida pretensión de la gloria me condujese al precipicio, al despeñadero.

En medio de aquellas tribulaciones, invité a Alan a cenar en mi casa de San Isidro. Vino con su novia, una mujer encantadora. Volvió a animarme para ser candidato presencial. Me recordó que debía defender una agenda moderna, libertaria, que capturase la imaginación de los jóvenes. Le dije que no tenía dinero para financiar la campaña. Se río.

En tono paternal, me dijo que, si inscribía mi candidatura y despuntaba en las encuestas, la plata llegaría sola, pues los empresarios más poderosos solían precipitarse a financiar las campañas de los candidatos con posibilidades de ganar. Tenía razón. En efecto, la plata llegaba sola. Poco después, el representante de Odebrecht se ofreció, en una cena en el club Nacional, a financiarme la campaña presidencial. Para comenzar, podía darme un millón de dólares.

-Tú entiendes que no es una donación, sino un préstamo -me advirtió.

Era evidente que, si yo ganaba, lo que parecía harto improbable, dado mi historial de escándalos, mi conducta disoluta y mis trastornos bipolares, tendría que pagarle la deuda, concediéndole obras públicas millonarias.

Por suerte, tomé la decisión de no inscribir mi candidatura presidencial. Recordé lo que le había dicho a la reportera en Nueva York: yo no quiero ser un político, quiero ser un escritor.

Aquella fue la última vez que vi a Alan: en mi casa de San Isidro, en Lima, en 2010. Luego nos distanciamos: conté en una columna que me había espoleado a ser candidato, diciéndome que la plata llegaría sola. No debí hacerlo. Fue una infidencia. Era una cena íntima y lo que allí se habló debió preservarse en secreto. Pero no soy bueno para guardar secretos: mi familia lo sabe bien.

Esa noche, en mi casa, Alan me dijo que creía en la vida eterna, que a menudo se le aparecía el espíritu de Haya de la Torre, el fundador de su partido, que estaba seguro de que se reuniría con Haya y con su padre, Carlos, en la vida eterna. Espero que ahora se encuentre en tan buena compañía.

Alan: fue un honor ser tu enemigo y brevemente tu amigo. Te extrañaré. Que Dios se apiade de tu alma y te conceda el descanso eterno que mereces.

Mozart ha muerto. Salieri no se alegra.

 

JAIME BAYLY
INFOBAE

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El poder de la fuerza y de la ley según Benito Laso

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Benito Laso

El 20 de mayo de 1780 nació en Arequipa José Benedicto Laso de la Vega y Quijano, quien posteriormente firmó solo como Benito Laso. Es reconocido como uno de los fundadores del pensamiento liberal en el Perú del siglo XIX. Abogado (1807) ocupó varios cargos en el gobierno colonial hasta que se unió a la causa patriota de los criollos y mestizos de las provincias del sur del Perú.

Lo cual, posteriormente, determinó que forme parte del Poder Judicial, del Poder Legislativo (Diputado) y del Poder Ejecutivo (Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores -1838-; y de Instrucción y Negocios Eclesiásticos del Perú 1842 a 1843 ).

Colaboró con los medios escritos de Lima y Arequipa. En El Constituyente, entre los meses de mayo y julio de 1858, publicó su columna El Poder de la Fuerza y El Poder de La Ley, la cual –en conjunto- es un ensayo liberal sobre las relaciones de poder en el Perú de su época.

En sus textos, Laso sostiene que:

“La historia del hombre no es otra cosa que la pintura de la esclavitud de los más, y de la ambición de unos cuantos, y del estado perpetuo de guerra en que se ven los pueblos entre oprimidos y opresores. Largo, inmenso, sería el trabajo de recorrer la vida de las naciones de la tierra, y de su estudio no sacaríamos más que esta desconsolante sentencia: El mundo siempre ha sido víctima de la fuerza y del error”.

Lo que Laso quiere denunciar es la existencia de un discurso político e ideológico que ha instrumentalizado las ideas de libertad para, precisamente, imponer lo contrario.

En ese sentido, la religión jugó un rol muy importante en el mundo occidental, cuando fue tomada por los elementos del alto clero para elaborar un discurso que naturalizó las formas de explotación como parte de un “sufrimiento” que se debería aceptar para lograr un eterno bienestar más allá de este mundo.

Laso utiliza la idea que las religiones han aterrado la imaginación del ser humano para someterlo a las peores formas de dominación y explotación. Estos elementos sociales son los “conservadores”.

Sobre ellos, Laso escribió:

“Conservadores son los que no reconocen en las sociedades sino el principio de autoridad, es decir, que los pueblos no tienen derecho para pensar ni menos para arreglar y fijar la verdad de sus respectivos gobiernos. Son los que limitan el pensamiento a solo los mandones, no dejando ni permitiendo a los individuos asociados discurrir, reflexionar, y mucho menos censurar los actos y disposiciones de los que bien o mal se han colocado en el trono del gobierno. Los que tienen por máxima absoluta que los mandatarios son la cabeza del cuerpo político, a quienes únicamente pertenece discurrir, y el resto los miembros pasivos a quienes les incumbe sólo obedecer”.

Se puede percibir que Benito Laso es un liberal radical que se opone a toda idea o acto político que limite la capacidad de libertad política que debe tener la sociedad para elegir sus destinos.

Considera que los “conservadores” son los mayores enemigos que tiene una sociedad que busca autodeterminarse, ya que son los “conservadores” los que prefieren un gobierno absolutista donde la razón siempre la tengan quienes gobiernan o controlan el gobierno, reprimiendo los deseos de las grandes mayorías.

Por ello, Laso es mucho más firme cuando indica que:

“El empleo de la fuerza armada, la ignorancia general en el pueblo, y la desmoralización en la gente de proporciones; he aquí los tres medios que son la base firme sobre la que se levanta el gobierno despótico; y esto es lo que se hallan poniendo en planta los tiranos de nuestra época. La fuerza sirve para infundir temor; la ignorancia del pueblo para que desconozca los derechos que le dio la naturaleza, y que debe proteger la sociedad; y la inmoralidad para que aun los hombres que saben algo o mucho de sus derechos, los abandonen al imperio de la fuerza, y solo se contraigan a la satisfacción de sus pasiones según el espíritu que reina en el siglo que viven”.

Resulta interesante reconocer que Laso denunció la existencia de tres elementos que utilizan quienes tratan de imponer un orden económico, político y social que las grandes mayorías sociales no comparten. Estos elementos son: la violencia, la ignorancia y la corrupción. La violencia para reprimir; la ignorancia para controlar y la corrupción para generar aliados en el poder.

Las palabras de Benito Laso son vigentes en el Perú, país donde las noticias políticas siempre están relacionadas a represión de las manifestaciones populares; la farandulización de los Poderes del Estado y la existencia de corrupción en niveles insospechados.

 

AUGUSTO LOSTAUNAU MOSCOL

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