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Especial

¿Por qué tanto desamor?

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Una pregunta que ningún observador de la política peruana actual puede dejar de hacerse es ésta: ¿De dónde viene la profunda animadversión que los así llamados “poderes fácticos” profesan hacia el presidente Ollanta Humala?

El fenómeno, sobre el que de ningún modo soy el primero en llamar la atención, es abundantemente verificable; las explicaciones —que las hay— no terminan de satisfacer. Aunque para todo efecto práctico Humala es su gobernante, la resistencia al Gobierno desde sectores como los representados por gremios empresariales y grandes grupos mediáticos es sostenida y continúa sin visos de amainar. ¿Por qué?

TRADICIÓN DE TRAICIONES
Ollanta Humala es parte de una tradición política peruana que, con al menos dos décadas y media de continuidad en su versión más reciente, ya se está haciendo muy larga: la de candidatos que se lanzan en carrera a la presidencia desde plataformas más o menos populistas, con un discurso que recoge las expectativas de reivindicación y resistencia de amplios sectores de la ciudadanía, pero que, una vez llegados a Palacio, cambian bruscamente de lenguaje y de práctica, y defraudan a sus electores.

Fujimori en 1990, Toledo en buena medida después de él, Alan García el 2006: todos han hecho lo mismo. Toman posición (muy genéricamente) a la “izquierda” de sus principales contrincantes en la primera vuelta, depositan ese capital en la segunda aun cuando se van moviendo hacia el “centro” —dondequiera que éste esté en un momento determinado— y acaban gobernando desde la derecha, ya sin comillas. La jugada es antigua pero, lo tenemos a la vista, casi siempre funciona.

Las razones las conocen bien las ciencias políticas, y quizá no sea del caso abundar mucho en ellas. Tienen que ver, por un lado, con carencias estructurales de nuestra política, el agujero negro de la institucionalidad partidaria, la profunda desarticulación de la vida civil, el desprestigio de los discursos opositores después de los años ‘80 y ‘90 del siglo pasado, el absoluto dominio del capital sobre la sociedad, y varias cosas más. Tienen que ver también, por el otro lado, con la histórica incapacidad de la derecha más desembozada de ganar elecciones nacionales, una incapacidad que divide a sus bases, le abre oportunidades al populismo en campaña y alinea al menos a algunos sectores de aquellos “poderes fácticos” detrás de este tipo de candidato (y detrás de ese tipo de gobernante, una vez ganadas las elecciones), aun si dicen lo contrario.

Incluso así, la agitación antihumalista es incesante. Los voceros técnicos y no tan técnicos de la derecha se desgañitan acusándolo de “estatista” e “intervencionista”. La Confiep saca, cuando se le ocurre, impredecibles comunicados advirtiendo sobre una “pérdida de confianza” entre los que saben (y los que tienen) y un consecuente drenaje de capitales. Todos se despeinan un poco anunciando una catástrofe de proporciones venezolanas a la vuelta de la esquina, pero ninguno de sus augurios se cumple jamás.

Más bien, sucede lo contrario. El riesgo real para “el modelo” macroeconómico es muy cercano a cero y el Perú continúa en una línea ultraortodoxa, sin resquicios ni complicaciones. Pero, a pesar de todo, quienes deberían saberse (porque lo son) los principales beneficiarios de este manejo del Estado, no dejan de oponerse a él.

¿Por qué tanto desamor?

POLÍTICA “NORMAL”, Y DE LA OTRA
Quizá es que nadie en esos círculos ha olvidado al Humala del 2006, que estuvo muy cerca de ganar aquellas elecciones con una camiseta roja por vestimenta (al final, las ganó Alan García). Haga lo que haga el Presidente para demostrar su aggiornamento, los poderosos desconfían. Temen que a la primera de bastos se saque la careta y se convierta en el Hugo Chávez de sus pesadillas. El que la verdad sea otra —Humala ya se ha quitado varias caretas, todas en sentido contrario— no parece aliviar tales miedos.

Otra posibilidad es que el rechazo no sea a Humala sino a personajes de su entorno, menos fáciles de encuadrar y de controlar. Específicamente, Nadine Heredia, su esposa. En este caso, el temor no sería a un gobierno ya bastante desdentado, sino a la hipotética posibilidad de una segunda ronda del Nacionalismo en Palacio, más apegada a los planes originales de transformación (grande, mediana o pequeña) y menos a la “hoja de ruta” con la que ahora Humala administra las cosas.

Pero estas lecturas (y otras) del empecinado desamor que los poderes fácticos peruanos demuestran hacia Ollanta Humala no parecen agotar el fenómeno. Uno intuye algo más opaco e impenetrable detrás de tales actitudes, algo más profundo y sintomático. Las explicaciones ensayadas hasta aquí se concentran en lo que todavía imaginamos como la forma “normal” de hacer política en el Perú, pero es posible que a estas alturas ya estemos hablando de otra cosa.

Quizá lo que se está expresando en el rechazo a Humala desde los grupos empresariales y mediáticos no tenga tanto que ver con él y su gobierno propiamente dichos, sino con una suerte de nostalgia por modos distintos de administración del Estado, aún frescos en la memoria nacional y aún abiertos como posibilidad futura. En otras palabras, creo que no es casual que la resistencia al presente régimen se haya terminado manifestando sobre todo como la esperanza de un retorno de opciones ya vividas —el retorno del segundo Alan García o el del fujimorismo—, antes que como la construcción de nuevas/viejas opciones orgánicas de derecha.

Y esto es importante porque, dígase lo que se diga de Ollanta Humala, lo cierto es que cualquier crítica que razonablemente se le pueda hacer a su gestión (y hay muchas) empalidece cuando se la confronta con lo que ha sido la política peruana de las últimas dos décadas y media. Cierto: no es posible saber hoy qué se averiguará mañana, y poner las manos al fuego por un político peruano es un ejercicio bobo. Pero aun así, visto a la luz de esa historia reciente y todavía viva, Humala es un gobernante “normal” entre nosotros. Y resistirse a él tan visceralmente desde la posición de aquellos a quienes beneficia es, quizá, una manera de resistirse a esa norma.

¿Por qué tanto desamor?

EL DESEO ANTIDEMOCRÁTICO
Desde esa perspectiva, el rechazo de los poderes fácticos a Ollanta Humala, haga éste lo que haga, no resulta tan incomprensible. Construir contra toda evidencia una realidad alternativa (“Ollanta es Chávez”) permite a muchos de sus opositores darle expresión a un deseo político que de otra forma el discurso tendría problemas para articular: si he de escoger entre un guardián “normal” del modelo y un guardián perverso, prefiero siempre la segunda opción.

Así, lo que sectores como los representados en la Confiep y amplificados en El Comercio están diciendo sin decir, es esto: prefiero los narcoindultos, los negociados, los niveles más espectaculares de corrupción; prefiero las esterilizaciones forzadas, el 5 de abril, la salita del SIN; prefiero hacer negocios con ese gobernante y con ese Estado que con el actual. No se trata del “modelo”: se trata de todo lo demás.

Estamos hablando, entonces, de una patología, más allá incluso de las mil y una enfermedades de nuestra clase política. Se trata de algo de más amplio espectro, más difuso e insidioso: una patología que fluye a través de todo el cuerpo social, que nos aflige a todos como ciudadanos —que se convierte, de hecho, en el contenido mismo de nuestra ciudadanía— y se manifiesta no solo en la derecha, los grandes medios de comunicación o los sectores A y A+, sino dondequiera que uno posa la vista. Una patología que se está convirtiendo, si no se ha convertido ya, en la nueva normalidad, el terreno “natural” en el que se determina nuestra vinculación con la cosa pública.

Si lo que digo parece demasiado abstracto y anclado en la teoría, sugiero a los lectores que se den un par de vueltas por la realidad. Observen, por ejemplo, la manera sociopática en que los peruanos hoy ocupamos los espacios públicos, desde las calles hasta las playas; observen la forma en que hemos basurizado con deleite nuestros discursos, tanto en los medios como en la vida diaria; observen el modo en que verbalizaciones y prácticas de dominación y exclusión —el racismo, la violencia de género, la imposición de clase— han vuelto a ocupar la superficie de nuestra vida social casi sin encontrar fricciones o resistencias. Y así sucesivamente. Los ejemplos no hacen otra cosa que abundar.

Es cierto que nada de esto es nuevo: el Perú nunca terminó de convertirse en una democracia liberal (y aun si lo hubiera hecho, sus “contradicciones” persistirían en la práctica). Pero hoy estos deseos antidemocráticos están, como no estaban hace tiempo, normalizados en la textura de nuestras experiencias diarias y son el modelo básico de nuestra relación con los demás. En muchos sentidos, no son ya tan solo lo que somos, sino también lo que queremos ser.

Por supuesto, estas realidades alternativas no son aún “la realidad”, y oponerse a ellas, como sucede desde otros lugares de la vida pública, con otros discursos y otras prácticas, es todavía posible además de necesario. Pero en el corto plazo, el psicodrama nacional que ya está siendo la carrera hacia las próximas elecciones presidenciales, las del 2016, ofrece pocos motivos para ser optimista. Las voces que escuchamos a diario desde tantos espacios de poder continuarán diciéndonos lo que han dicho hasta ahora, y nos arrastrarán consigo cada vez un poco más hacia ese abismo. Lo trágico es que una vez satisfecho su deseo (si tal cosa es posible), los que perderán no serán ellos, que no pierden jamás.

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El Mayo, verdadero líder del cartel de Sinaloa, según El Chapo

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Joaquín Guzmán Lorea, “El Chapo”

De los viejos líderes y fundadores de carteles de las drogas en México, todos han sido detenidos alguna vez. Menos uno.

Es Ismael Zambada García “El Mayo”, quien lleva más de 40 años en el narcotráfico y nunca ha pisado una cárcel, a diferencia de su socio y compadre, Joaquín Guzmán Lorea, “El Chapo”, quien enfrenta un juicio en la Corte Federal de Brooklyn, Nueva York.

Durante cuatro décadas, Zambada ha logrado evadir la persecución de soldados, marinos, policías y agencias de seguridad mexicanas y estadounidenses. Es, sin duda, uno de los delincuentes más buscados de América Latina.

Y en la primera audiencia del juicio de “El Chapo”, uno de los abogados de este, Jeffrey Lichtman, le aseguró al jurado que “El Mayo”es además el verdadero líder del Cartel de Sinaloa.

Lichtman describió a Guzmán Loera como alguien sin importancia dentro de la organización a la que las autoridades estadounidenses también llaman “La Federación”.

Según el abogado, la importancia de “El Chapo” se exageró y fue convertido en mito para desviar la atención de Zambada García.

GUERRA GANADA

Independientemente de la acusación, por la captura de Zambada el gobierno de Estados Unidos ofrece US$5 millones.

Las autoridades de ese país han congelado empresas y cuentas bancarias a su organización. Varios de sus familiares, incluido uno de sus hijos, están detenidos.

Y ciertamente después de la extradición de su exaliado, el papel de Zambada dentro del cartel de Sianloa se visibilizó todavía más.

En 2016, luego de la tercera recaptura de Guzmán Loera, hubo una guerra interna por el control de su grupo.

La batalla fue entre Dámaso López Núñez, “El Licenciado” quien fuera el hombre de confianza de “El Chapo”, junto a su hijo Dámaso López Serrano, “El Mini Lic”.

Sus adversarios fueron los hijos de “El Chapo”, Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán Salazar, apoyados por Ismael Zambada.

“El Licenciado” y su hijo perdieron la guerra. Ambos están encarcelados en Estados Unidos.

Y “El Mayo” pasó a ser, según analistas y las mismas autoridades, el líder más visible del Cartel.

Aunque Lichtman ahora asegura que Zambada García ejercía un “poder oculto” mucho mayor que el de Guzmán desde mucho antes.

EMPRESARIO

¿Cómo ha escapado “El Mayo” a la persecución durante décadas?

Según el abogado de “El Chapo”, con sobornos millonarios que han llegado hasta lo más alto del gobierno de México.

Y ya antes de estas acusaciones -rechazadas por el expresidente Felipe Calderón y el presidente Enrique Peña Nieto- el investigador de la Universidad de Guadalajara, Francisco Jiménez Reynoso, había resumido la fórmula mágica de “El Mayo” en dos simples palabras: corrupción e impunidad.

“Esos dos conceptos son los que tienen en la calle a este tipo de criminales deambulando tranquilamente y haciendo negocios”, le dijo en su momento a BBC Mundo.

“Obviamente que esos negocios no los hacen solos, sino que en no pocos casos cuentan con la aprobación o participación de autoridades”, agregó.

Pero eso es solo una parte de la explicación. Según agencias estadounidenses, Zambada García también suele actuar más como empresario que como capo de las drogas.

La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, en inglés) de Estados Unidos, señala que “El Mayo” se ha encargado de muchas operaciones financieras del Cartel de Sinaloa.

Y a diferencia de otros líderes, como Joaquín Guzmán Loera, Ismael Zambada pocas veces usa la violencia para abrir mercados.

Según especialistas, “El Mayo” ha podido escapar de la justicia durante tanto tiempo gracias al poder corruptor del dinero.

Tampoco es tan afecto a los lujos y los reflectores como “El Chapo”, a quien las autoridades mexicanas lograron rastrear en parte aprovechando esta debilidad.

Su modo de operación es el dinero, que le sirve especialmente para comprar protección de autoridades… Y de las comunidades serranas donde se mueve.

PROTECCIÓN SOCIAL

Otro de los secretos para la sobrevivencia de líderes como “El Mayo” es que no atacan a la población civil, sostiene Martín Barrón, investigador del Instituto Nacional de Ciencias Penales (Inacipe).

Incluso suelen convertirse en mecenas y protectores de comunidades marginadas.

Hasta hace unos años, por ejemplo, Zambada García patrocinaba los festejos navideños en El Álamo, la ranchería donde nació.

Una de sus hijas era propietaria de una guardería infantil, y su esposa de una distribuidora de leche.

En algunas regiones marginadas, especialmente en la zona montañosa de Sinaloa, su grupo ofrece empleo, seguridad, salud y otros servicios que no cubren las autoridades locales.

Esto ha permitido tejer una extensa red de protección, en la que muchas veces participan los pobladores de la zona donde se mueve.

“Compran voluntades, compran lealtades y en no pocos casos están dispuestos a dar hasta la vida misma por un personaje de esta naturaleza, aunque se dedique a actividades ilícitas”, explica Jiménez Reynoso.

DISCRECIÓN

Esta protección comunitaria, sin embargo, serviría de muy poco si “El Mayo” se comportara distinto a como lo ha hecho desde hace décadas, coinciden especialistas.

En su seguridad personal el capo cuenta con decenas de sicarios con armas de guerra, así como un efectivo sistema de comunicación.

Se mantiene en movimiento constante, sobre todo en la región montañosa que comparten los estados de Durango, Sinaloa y Chihuahua.

El área se conoce como Triángulo Dorado, por su abundante producción de amapola y marihuana.

Casi nunca duerme dos veces en el mismo sitio. Al periodista Julio Scherer le confesó que “nunca” baja de la sierra.

Tales precauciones han servido no solo para evitar ser localizado, sino incluso para evitar confrontaciones con otros carteles.

Pero su mejor aliado es el perfil discreto en su vida, algo ganado con la experiencia, dice el investigador de la Universidad de Guadalajara.

Esa forma de comportarse es muy distinta a la de “El Chapo” Guzmán y, sobre todo, de los jóvenes que incursionan en el narcotráfico.

“Por su inexperiencia (estos jóvenes) andan en camionetas lujosas, emborrachándose en las calles o escandalizando incluso”, explica Reynoso.

Y entre estos jóvenes se encuentran los que son detenidos o mueren en enfrentamientos con autoridades y otras organizaciones.

Hasta ahora, “El Mayo” ha sobrevivido a muchos de ellos.

Pero ahora las acusaciones de su antiguo socio lo han puesto bajo los reflectores que siempre había evitado.

Ismael “El Mayo” Zambada

ACUSA A EXPRESIDENTES, EL EJÉRCITO Y LA POLICÍA

El abogado y su estrategia del ventilador

La defensa de Joaquín “El Chapo” Guzmán mostró este martes su estrategia en el colosal juicio por narcotráfico que se celebra en Nueva York, al acusar a dos presidentes de México de recibir sobornos del cartel de Sinaloa y negar que su cliente lidere esa organización, como sostiene la fiscalía.

En su alegato inicial en la corte federal de Brooklyn, que pudo presenciar BBC Mundo, el abogado Jeffrey Lichtman señaló en cambio al mexicano prófugo Ismael “El Mayo” Zambada como el líder del cartel de Sinaloa y le atribuyó un poder oculto mucho mayor que el de Guzmán.

También afirmó que entre quienes han recibido sobornos millonarios de esa organización criminal figuran el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, y su antecesor, Felipe Calderón.

El portavoz presidencial mexicano, Eduardo Sánchez, respondió poco después que las afirmaciones de Lichtman son “completamente falsas y difamatorias”.

Y sostuvo a través de su cuenta en Twitter que el gobierno de Peña Nieto “persiguió, capturó y extraditó” a Guzmán, que fue enviado a Nueva York en enero de 2017.

Calderón tuiteó por su lado que “son absolutamente falsas y temerarias las afirmaciones” del abogado de Guzmán.

“Ni él, ni el cartel de Sinaloa ni ningún otro realizó pagos a mi persona”, agregó.

Guzmán, de 61 años, enfrenta 11 cargos en el que es visto como el mayor juicio por narcotráfico de la historia de EE.UU. y podría recibir cadena perpetua si es hallado culpable.

“NO CONTROLABA NADA”

Lichtman, por su parte, comenzó su intervención advirtiendo al jurado que presentaría “un lado triste de esta historia que el gobierno de México y EE.UU. no quieren que escuchen”.

Sostuvo que el sistema estadounidense también puede ser deshonesto y que “el gobierno mexicano ha estado hasta el día de hoy completamente corrupto”.

“El actual y anterior presidentes de México recibieron cientos de millones de dólares en sobornos”, dijo Lichtman, que en 2005 ganó renombre profesional al evitar la cárcel para John Gotti Junior, un exmiembro de la mafia de Nueva York.

Agregó que más autoridades mexicanas han recibido sobornos de Zambada, actualmente de 70 años y citado por la fiscalía de EE.UU. en la misma acusación contra Guzmán como otro líder del cartel de Sinaloa.

“El Mayo’ los soborna hoy”, dijo Lichtman. “No solo nunca ha sido arrestado sino que continúa con esta organización multimillonaria en dólares”.

También acusó a “El Mayo” Zambada de ser capaz de lograr que la policía y el Ejército de ese país “maten a quien quiera”.”Lo cierto es que (Guzmán) no controlaba nada; Zambada lo hacía”, concluyó.

“EL PREMIO MAYOR”

Los alegatos anticipan que la estrategia de la defensa será intentar presentar a Guzmán como un engranaje del sistema corrupto del narco, en vez del líder sanguinario que presenta EE.UU.

Lichtman dijo que su defendido creció en una zona pobre de México y se dedicó a plantar marihuana y amapola porque era su “única opción de supervivencia”.

Calificó como un “mito” la afirmación de que “El Chapo” es el mayor narco del mundo. “Ni siquiera es el mayor narcotraficante de México”, indicó. Sostuvo que las dos veces que escapó de la cárcel lo hizo para evitar ser asesinado por rivales, y que la primera en 2001 fue responsabilidad de Zambada.

Lichtman sostuvo que el telón de fondo del juicio a Guzmán es la “guerra contra las drogas” y que EE.UU. es el país del mundo que consume más estupefacientes ilegales, en un negocio que “continúa como siempre” aunque Guzmán esté preso.

ALGO MÁS

¿Cómo ha escapado “El Mayo” a la persecución durante décadas? Según el abogado de “El Chapo”, con sobornos millonarios que han llegado hasta lo más alto del gobierno de México.Y ya antes de estas acusaciones -rechazadas por el expresidente Felipe Calderón y el presidente Enrique Peña Nieto- el investigador de la Universidad de Guadalajara, Francisco Jiménez Reynoso, había resumido la fórmula mágica de “El Mayo” en dos simples palabras: corrupción e impunidad.

 

Alberto Nájar
-BBC

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¿Es el PBI un buen indicador de desarrollo?

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Niños de zonas rurales en fila para tomar desayuno

¿Es el Producto Bruto Interno (PBI) un buen indicador del bienestar y progreso de una sociedad? Esta es una pregunta de rigor que ha generado agudos debates entre economistas y políticos desde que fue ideado en 1934 por Simon Kuznets, Premio Nobel de Economía 1971. A raíz de la crisis financiera y económica de 2008, las discusiones y las críticas han aumentado, en torno a la validez del PBI como medida de crecimiento y distribución de renta producida por una nación.

Uno de los severos críticos es Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001. Cuestiona la utilidad del PBI para explicar los resultados económicos de una nación, argumentando que esta medida no incluye la distribución de la renta y la riqueza, ni evidencia la permanente relación entre desigualdad e inestabilidad de los mercados, tampoco refleja el nivel de vida de los ciudadanos. Otro crítico es Angus Deaton, Premio Nobel de Economía 2015. Opiniones parecidas a las anteriores fueron vertidas por los Premios Nobel Jean Tirole (2014) y Eugene Fama (2013).

Para subsanar los defectos del PBI, se han propuesto una serie de medidores “alternativos” que tomen en cuenta las dimensiones humanas, sociales, culturales y medioambientales, y que a su vez permitan evaluar la distribución de la renta y la riqueza, así como el progreso y bienestar de la gente. Uno de los más antiguos es el índice de progreso real, (IPR) o Índice de progreso genuino (IPG), que se conoce desde 1950. Según sus autores es útil para medir el bienestar económico y el progreso social de un país, sin embargo, no ha tenido mayor uso y es muy poco conocido. Por su parte, los economistas Herman Daly y John Cobb presentaron en 1989 el Índice de Bienestar Económico Sostenible (IBES) que intento’ remplazar al PBI como indicador de bienestar social, pero tampoco tuvo mayor éxito.

Pacientes en pasillos de hospital en camilla

EL INDICE DEL PNUD

El índice más aceptado y promovido por el Programa de las Naciones Unidas (PNUD) es el IDH o Índice de Desarrollo Humano, presentado en 1990 por Amartya Sen, Premio Nobel de Economía 1998. Este índice es una medición compuesta que toma en cuenta tres variables: Salud (medida por la esperanza de vida), Educación (medida por la tasa de alfabetización y la tasa de matriculación combinada), y la Renta (medida por el PBI per cápita ajustado). El resultado es un valor entre cero y uno. Un país con un valor cercano a uno significa que tiene un alto nivel de desarrollo humano.

A pesar de la amplia difusión que ha tenido el IDH y de las mejoras incorporadas en el tiempo, también es objeto de críticas, por su simplicidad de cálculo y por no incorporar variables como: las condiciones laborales, disponibilidad del tiempo libre de las personas, los efectos de la contaminación del medio ambiente, la distribución de la renta y la riqueza.

Para remediar estos vacíos, se recomendó el IDH ajustado a la desigualdad, añadiendo el coeficiente GINI (mide la desigualdad en los ingresos). Sin embargo, el PNUD no tomó en cuenta esta propuesta. Por último, hay que mencionar el índice de Felicidad Nacional Bruta (FNB) propuesto por el Gobierno de Butan en 1974. Este índice no se centra únicamente en el desarrollo económico, sino y sobre todo, en la cultura, la tradición y cuidado del medio ambiente. Este pequeño país asiático fue el primero en el mundo que hizo de la búsqueda del bienestar de su gente una política de Estado.

MODO BANCO MUNDIAL

El Banco Mundial (BM) desde una perspectiva diferente y ante los defectos de los indicadores antes citados, decidió recurrir a una nueva forma de medir el éxito o fracaso de políticas públicas de un gobierno. Se trata del Índice de Capital Humano (ICH) presentado en el marco de la Cumbre sobre el Capital Humano el 13 de octubre último en Bali (Indonesia).

Según el Banco, con este índice se busca medir los resultados en las áreas de educación, salud, nutrición y protección social, y con ello ayudar a los países miembros a invertir más y mejor en las personas. Se trata de una medida prospectiva de cómo los resultados actuales en materia de salud y educación (que incluyen una nueva medida de los años de escuela ajustados en función del aprendizaje) principalmente, determinarán la productividad para las próximas generaciones de trabajadores.

En suma, El ICH servirá para medir resultados de capital humano relacionados con la productividad, la supervivencia infantil, la predisposición innata de los niños para ser exitosos en el futuro, el nivel de aprendizaje de los estudiantes y la salud de los adultos.

Operario obrero confecciones textiles pequeña y mediana empresa

¿QUÉ ES EL CAPITAL HUMANO?

De acuerdo con el BM, el capital humano son los conocimientos, las capacidades y la salud que las personas acumulan a lo largo de su vida y que les permiten desplegar su potencial como miembros productivos de la sociedad. Invertir en las personas a través de la nutrición, la atención médica, la educación de calidad, el empleo y las capacidades, ayuda a desarrollar el capital humano, lo que resulta clave para poner fin a la pobreza y crear sociedades más inclusivas y menos desiguales.

El costo de la inacción y la indiferencia de los gobiernos en lo que respecta al desarrollo del capital humano es creciente. El Informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) 2018, muestra que cada año hay más hambrientos en el mundo, las sociedades son cada vez más desiguales, la brecha entre ricos y pobres se viene ensanchando cada año (véase el Informe 2017 de Oxfam Internacional).

Sin capital humano, los países no pueden mantener su crecimiento económico, tampoco tendrían una fuerza laboral preparada para los empleos de mayor cualificación que exige la era de la automatización y la digitalización de los negocios. En este sentido el último informe de Tendencias Mundiales de Capital Humano 2018, de la consultora internacional Deloitte advierte que el avance tecnológico está modelando cada vez más las prioridades del capital humano.

LA TECNOLOGÍA

La tecnología brinda nuevas oportunidades para combatir la pobreza e impulsar la prosperidad colectiva. Pero también genera nuevos riesgos, incluida una mayor desigualdad dentro de los países y entre ellos. En este sentido, el ICH puede ayudar a reorientar las inversiones públicas hacia el fortalecimiento del capital humano. Está demostrado que el capital humano produce rendimiento creciente a escala mientras que el capital físico o material solo produce rendimientos constantes.

La naturaleza del trabajo está cambiando constantemente por los avances tecnológicos actuales. Se adoptan nuevas formas de producción, los mercados se expanden y las sociedades evolucionan. En este escenario ¿qué debe hacer un gobierno? Invertir en capital humano, especialmente en los grupos más vulnerables y en educación infantil temprana, para desarrollar las nuevas habilidades que cada vez son más demandadas en el mercado laboral. No hay otro camino.

En el ranking mundial del nuevo ICH 2018, el Perú se ubica en el número 72 de 157 países estudiados (obtiene 0.59, puntos sobre 1) muy lejos de Chile que está en el puesto 45. Las razones del bajo puntaje básicamente son dos: la mala calidad de la educación (véase prueba PISA 2015) y las deficiencias en los servicios de salud, principalmente en la infancia. De acuerdo con la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES) de 2017, el 43.6% (44 de cada 100) de niños menores de 6 a 35 meses padecen anemia. Son cifras escandalosas para un país rico pese haber crecido su PBI durante los últimos 15 años.

La medición del bienestar y los niveles de progreso de la gente, cobran cada día más relevancia, ya que permite tener una visión más clara del impacto de las políticas públicas. La preocupación principal de los gobernantes debe ser el bienestar de sus ciudadanos. Este ideal puede ser realidad si hay voluntad política.

ALGO MÁS

No estoy en contra se seguir mirando con lupa las cifras de crecimiento del PBI. Sin embargo, para que una sociedad sea económica y socialmente viable, el crecimiento debe reflejarse en calidad de vida y bienestar, tanto individual como colectivo de la gente.

 

Alejandro Narváez Liceras
Es Profesor Principal de Finanzas en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

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La corrupción y la excepcionalidad de México

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El presidente Peña Nieto recibió una casa de la constructora HIGA.

El caso de nueva corrupción más saltante del siglo XXI es el caso de las constructoras brasileñas. Estas pagan para lograr cobrar sobrecostos y no para facilitar los procedimientos de administración. En lo que deberá determinarse si fue una política de Estado, o colaboración Estado/Mercado –quien financia las obras de estas constructoras es el Banco Nacional de Desarrollo de Brasil, BNDES- las empresas constructoras brasileñas tuvieron como estrategia de negocios, financiar campañas electorales para comprar la buena voluntad de altos funcionarios de gobiernos electos.

Además, hacían pagos a ministros, presidentes y jefes de empresas públicas, para facilitar los contratos con ellos. No es delito poner dinero a una campaña política. Sí es delito esconder la mano que pone el dinero. Es delito darle dinero al Presidente para su uso personal a cambio de su anuencia a una obra ejecutada por ellos.

Hay países donde las campañas políticas son pagadas por el Estado para evitar que los agentes privados intervengan, sean del narcotráfico o de empresas, u honrados ciudadanos de a pie. En esos casos, cualquier aporte a campaña es delictiva. En los otros casos, donde poner dinero a campaña es legítimo, el problema es si existe una relación entre el auspiciado y la empresa ex ante, y de qué forma actúa el auspiciado frente a la empresa.

SOBREPRECIOS

El alboroto de las constructoras brasileñas, siendo la más vista Odebrecht, pero son cuatro, es que cobran grandes sobrecostos por obra hecha. Es decir, una carretera cuesta 100 millones de euros y la constructora pasa una segunda factura por otros 30 millones por demoras de obra. Esos 30 son un sobrecosto gratuito. Es lo que se llama un robo, legitimado por una factura. Quien paga la factura es el auspiciado en la campaña electoral.

Esto mismo lo hacían constructoras en el Perú de la década de Fujimori. La constructora del ex ministro de economía Camet se revitalizó en la década del 90 con estos sobrepagos gratuitos y facturados. Sin duda, es una práctica generalizada en América Latina.

En todos los países donde estas constructoras brasileñas han actuado, se han hecho investigaciones y de una manera u otra se está llevando a cabo un proceso de limpieza del aparato político involucrado.

COLOMBIA

En Colombia, Odebrecht reconoce las “actuaciones irregulares” de exfuncionarios y desde diciembre del 2016 colabora con la justicia colombiana, para esclarecer pagos por 29 millones de dólares entre el 2009 y 2014. El ex viceministro de Transporte y director del Instituto Nacional de Concesiones (INCO hoy Agencia Nacional de Infraestructura) para la época de la adjudicación del tramo 2 de la Ruta del Sol aceptó haber recibido un soborno de 6,5 millones de dólares.

Hay una veintena de investigados en curso con la ayuda de Brasil y de los testimonios de los funcionarios de las constructoras que están bajo el programa de colaboración eficaz en Brasil. En este programa, los sentenciados en Brasil pueden reducir sus condenas si colaboran en el descubrimiento de la red de corrupción.

ARGENTINA Y PERÚ

En Argentina los pagos sumaron 100 millones en ese periodo y hay un listado de 49 personas involucradas. La investigación avanza con la ayuda de las declaraciones de los funcionarios de Odebrecht por el programa de colaboración eficaz. Así en todos los países.

El más abierto de todos es el Perú donde los involucrados son la candidata a la presidencia Fujimori, quien también esta involucrada en otros delitos de tráfico de influencias y de cohecho. Está encarcelada preventivamente por tres años.

Cayeron el presidente Kuczynski, por su vieja relación de negocios con esta empresa brasileña, y el expresidente Toledo está prófugo con orden de captura por la interpol. El expresidente Kuczynski tiene detención domiciliaria en espera del juicio.

Emilio Lozoya

Lozoya, expresidente de PEMEX habría recibido 10 millones de dólares como soborno.

EL CASO MEXICANO

De manera excepcional, no pasa nada en México. De acuerdo con el diario brasileño O Globo, Lozoya, expresidente de PEMEX habría recibido 10 millones de dólares como soborno desde marzo de 2012, cuando todavía estaba en la campaña de Peña Nieto. Hay otras acusaciones, pero para seguir la lógica de la excepción seguiremos la cronología de este caso:

* La denuncia del caso de sobornos a Emilio Lozoya presidente de Pemex, fue hecha por la diputada Rocío Nahle de MORENA en agosto del 2017.

* La Procuraduría General de la Republica tenía como titular a una persona que fue parte del equipo de transición del entonces candidato del PRI a la presidencia, campaña a la cual se ha denunciado que se inyectaron recursos de Odebrecht donde Lozoya sería intermediario. Éste renunció al cargo el 16 de octubre del 2017.

* En octubre del 2018 obtuvo una suspensión provisional en la que se prohíbe difundir información sobre su persona y que está incluida en las investigaciones de la Procuraduría General de la Republica sobre presuntos sobornos.

* El 31 de octubre, el encargado de la Procuraduría General de la República declaró a la prensa que “en este momento sería un error enjuiciar a los implicados en sobornos en México en el caso Odebrecht porque no se cuenta con suficiente información” (El Universal, 1 de noviembre 2018). La razón por la que no se cuenta con suficiente información es porque Brasil no coopera. La razón por la que no coopera Brasil es “la ausencia de un acuerdo reparatorio que nos hubiera entregado de manera mucho más expedita la información financiera que todavía no nos entregan”.

* Continúa “como no firmamos el acuerdo reparatorio, la empresa no nos ha entregado la información como sí la he hecho con otros países”. El acuerdo reparatorio implica que Odebrecht le pague una reparación al Estado afectado a cambio de no quedar inhabilitado. “Eso no lo vamos a permitir”, dijo.

* En noviembre del 2017, un Juez federal otorgó la suspensión definitiva de cualquier acción legal en su contra al exdirector de Petróleos Mexicanos (Pemex), mientras su defensa conoce a fondo el expediente que se le sigue por el caso Odebrecht.

Elba Esther Gordillo

Elba Esther Gordillo, secretaria del Sindicato de Trabajadores de la Educación, acusada de desvío de fondos públicos.

PENDIENTES

De este modo, negándose a tener la información que necesitan para el caso y cerrando el camino a que hagan interrogatorios con los testigos claves en Brasil, México tiene un caso que no puede ser investigado por la prensa y sobre el cual no se puede hablar.

El juicio no puede avanzar mientras el defensor no se empape bien del caso y puede no hacerlo nunca. Así México se constituye por tanto en una excepción a las investigaciones llevadas a cabo en el continente.

Otros casos mexicanos locales más recientes poco investigados y ya exculpados son Elba Esther Gordillo, secretaria general del Sindicato Mexicano de Trabajadores de la Educación, acusada de desvío de fondos públicos; el gobernador de Veracruz que desvió 30,000 millones de pesos (1,500 millones de dólares), incluyendo recursos de los programas de tratamiento de cáncer infantil y de prevención de VIH (crímenes de lesa humanidad), que recibió 3 años de cárcel, y el presidente Peña Nieto por recibir una casa de la constructora HIGA, socia mexicana de la constructora OHL de España, cosa que aceptó el 22 de agosto del 2018.

La denuncia por esta casa le costó a la periodista Carmen Aristegui su espacio radial en Ciudad de México, al inicio del sexenio de Peña Nieto, donde solo le quedó CNN como medio de trasmisión durante su gobierno. Todos son del partido de gobierno, PRI.

ALGO MÁS

Finalmente, México, junto con Siria, tienen el record mundial de asesinatos de periodistas. México se ha constituido como la excepción en la persecución de la corrupción en Latinoamérica. Este es el escenario sobre el cual actuará el nuevo gobierno progresista de López Obrador y su secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval.

 

OSCAR UGARTECHE
Oscar Ugarteche: Instituto de Investigaciones Económicas UNAM, SNI/CONACYT. Coordinador del Observatorio Económico de América latina www.obela.org

ALAINET

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