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Para EE.UU. e Israel, Irán funciona mejor como amenaza perpetua

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Donald Trump y Benjamín Netanyahu

Tanto Israel como Estados Unidos necesitan a Irán: para poder señalar a Irán como una amenaza, como la fuente del terrorismo y el mal en el mundo. Esa amenaza también es una parte importante de cualquier campaña electoral para los políticos en ambos países. El hecho de que Irán no es ninguna de esas cosas no es lo importante.

JERUSALÉN, PALESTINA– Según una historia publicada en el diario israelí Haaretz, el Representante Especial de los Estados Unidos para Irán, Brian Hook, dijo recientemente que “los Estados Unidos responderán con la fuerza militar si sus intereses son atacados por Irán”. Sin embargo, hay varias razones por las que Israel y Estados Unidos no atacará a Irán, al menos no directamente.

Al Jazeera informa que Hassan Nasrallah, el líder de Hezbolá, con sede en el Líbano, dijo que la idea de la guerra es “inverosímil” porque Washington y sus aliados saben que pagarían un precio muy alto. Y es probable que Nasrallah esté en lo correcto.

Donald Trump

TAMBORES DE GUERRA

A pesar de la retórica proveniente de Washington, donde el asesor de seguridad nacional y el secretario de Estado han estado ocupados en la lucha por la guerra, Estados Unidos no está preparado para pagar las consecuencias de atacar a Irán.

Si bien es difícil cuestionar que Estados Unidos tiene una fuerza militar superior y, si decide hacerlo, puede destruir a Teherán, hay más en la guerra que solo el poder militar.

Lo mismo puede decirse de Israel. Si bien los políticos y los comandantes en Tel-Aviv tienden a flexionar sus músculos en público, es poco probable que puedan soportar una guerra total con un ejército bien entrenado y motivado.

De acuerdo con un artículo del New York Times, el secretario de Defensa en funciones, Patrick Shanahan, presentó un plan militar actualizado que prevé enviar hasta 120,000 soldados a Medio Oriente en caso de que se produzca una guerra con Irán.

Lo más probable es que haya otro informe en algún lugar que indique cuántos de ellos regresarán en bolsas de cadáveres, y ese es el informe que probablemente no harán público.

EL COSTO DE LA GUERRA

Ni Israel ni los Estados Unidos podrían estar preparados para el costo de una guerra de este tipo. El costo en dólares es una cosa, pero luego está el costo en la vida humana, que incluye el elevado costo que se pagará por el día y los días posteriores al primer ataque.

Mantener una guerra en curso contra lo que seguramente será una resistencia terrestre dedicada e implacable a cualquier presencia extranjera en territorio iraní es algo que Israel y los Estados Unidos probablemente evitarán a toda costa. Israel enfrentó una resistencia dedicada durante su ocupación del sur del Líbano y eventualmente se fue, lamiendo sus heridas, en el 2000.

Cuando en 2006 intentó invadir con fuerzas terrestres, los combatientes libaneses demostraron ser demasiado para las fuerzas de élite de Israel y una vez más escaparon en humillación.

Estados Unidos no tiene el estómago para enfrentar una resistencia patriótica y motivada como la que vio en Vietnam y, en gran medida, aún se enfrenta en Irak y Afganistán. Si bien algunos votantes en Israel y EE.UU. pueden ver favorablemente hoy atacar a Irán, una vez que el costo se haga evidente y una vez que los cuerpos comiencen a regresar, sería una historia completamente diferente.

Benjamín Netanyahu

¿POR QUÉ ATACAR?

Si bien atacar a Irán sería infructuoso, amenazar con atacar a Irán y no atacar es mucho más útil. Tanto Israel como Estados Unidos necesitan a Irán: necesitan poder señalar a Irán como una amenaza, como la fuente del terrorismo y el mal en el mundo. Esa amenaza también es una parte importante de cualquier campaña electoral para políticos en ambos países. El hecho de que Irán no es ninguna de esas cosas no es lo importante.

Irán apoya fuerzas de resistencia como Hamas y Hezbolá que nunca hubieran existido si no hubiera sido por la violencia israelí y la ocupación de Palestina y el sur del Líbano.

Israel necesita un enemigo al que pueda señalar como una amenaza para su existencia. Si bien sigue afirmando que los palestinos son una amenaza existencial, al menos militarmente nunca ha sido cierto y cada vez menos personas lo están creyendo.

Irán, por otro lado, está pintado de manera persuasiva como malvado y amenazante gracias a una campaña dedicada y vociferante en Israel y los Estados Unidos que ha trabajado para demonizarla durante muchos años. No importa el hecho de que la resistencia de Irán a Israel y su apoyo a la lucha palestina es política y moralmente correcta.

TEMOR

Israel no ha librado una guerra contra un ejército organizado desde 1973. Los pilotos de la fuerza aérea israelí, que operan aviones de guerra de última generación, no han enfrentado ninguna fuerza seria que posea capacidades antiaéreas efectivas en décadas.

A juzgar por las confrontaciones de Israel con los combatientes de Hamas y Hezbolá, es bastante claro que las fuerzas terrestres israelíes no son capaces de hacer frente a una fuerza de combate bien entrenada y motivada, incluso cuando posee armas inferiores.

Las fuerzas estadounidenses no han luchado con éxito contra un ejército regular real desde la Segunda Guerra Mundial. Las guerras en las que ha estado involucrado desde entonces, con la excepción quizás de la Guerra de Corea, fueron en gran parte contra las fuerzas guerrilleras y los Estados Unidos pagaron un alto precio en sus intentos de combatirlos.

Entonces, no está del todo claro si puede tener éxito en derrotar al ejército iraní. Los líderes israelíes y estadounidenses reciben informes que estiman el recuento de cadáveres en caso de una guerra. No es improbable que los líderes de ambos países hayan visto estos informes y teman las consecuencias de una guerra total con Irán.

*Miko Peled es una autor y activista de derechos humanos nacido en Jerusalén. Es el autor de “El hijo del general. El viaje de un israelí en Palestina” y “La injusticia, la historia de la Fundación de la Tierra Santa Cinco”.

 

MIKO PELED
MINTPRESS NEWS

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Especial

II Foro del Grupo de Puebla: “El cambio es el progresismo”

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II Foro del Grupo de Puebla: “El cambio es el progresismo”

Con el presidente electo Alberto Fernández como anfitrión, el segundo encuentro del Grupo de Puebla, ideado como “un grupo de reflexión, acción y articulación política transparente”, se realizó desde el viernes 8 hasta el domingo 10 Noviembre en Buenos Aires bajo el lema de “El cambio es el progresismo”.

Una nueva instancia multilateral comienza a cobrar fuerza con su segunda reunión, de la mano de líderes progresistas latinoamericanos. “Este encuentro es una invitación a reflexionar actuando, porque juntos ya estamos dando un paso fundamental hacia la integración y la unidad, porque no hay tiempo que perder es que nos reunimos hoy, el progresismo latinoamericano”, señala la convocatoria.

Entre el 12 y el 14 de julio, una treintena de dirigentes progresistas de la región se reunieron por primera vez en la ciudad de Puebla en México, constituyendo el Grupo Progresista Latinoamericano, “un espacio de reflexión y de intercambio político en América Latina”, como una necesidad de contener el “avance de la derecha conservadora”.

“Adueñarse del mañana, pero empezando hoy. El cambio no puede ser postergado, porque la paciencia se convierte en desprecio sentada frente a la injusticia. El Grupo de Puebla quiere integrar los sueños de los progresistas de Latinoamérica en uno grande. Hacer del continente un mejor lugar para todos y todas. Y quiere hacerlo ahora”, señala la convocatoria.

La misma resalta que “No es precipitación, es el ritmo de la urgencia que imprimen a nuestra causa las decisiones de los gobiernos neoliberales, que destruyen, al mismo tiempo que nuestros Estados, nuestra convivencia y nuestro buen vivir, persiguiendo a nuestros líderes y endeudando a nuestros pueblos. Por eso nos reunimos en este foro. Para buscar en nuestras diferencias aquello que nos une”.

Lo que une a los dirigentes progresistas “es la convicción que frente a este modelo que deviene en crisis permanentes -que ellos llaman ciclos- existe uno distinto, uno que sabe que es inherente a la política la reducción de la pobreza, la consolidación de las clases medias, el control de las reglas del juego de la economía, el fortalecimiento de la democracia, y, sobre todo, de eso que hace que nos hace confluir en un nosotros. Convivir”.

Alberto Fernández no asistió al primer encuentro, pero fueron Jorge Taiana, Felipe Solá, Carlos Tomada y Julián Domínguez en representación de la Argentina. Al primer encuentro también asistieron el candidato presidencial uruguayo Daniel Martínez (Frente Amplio); el expresidente colombiano Ernesto Samper, y el senador chileno y exsecretario general de la OEA, José Miguel Insulza.

En un momento de tensión e incertidumbre, luego de una repentina oleada de protestas multitudinarias y la celebración de elecciones generales en algunos países, el Grupo de Puebla, ya cuenta con la presencia de líderes de 12 países.

En una declaración de fines de octubre indicaba que los gobiernos neoliberales en Latinoamérica han demostrado que tienen una capacidad en común: transformar a sus países en naciones de enemigos y gobernar poniendo sus democracias entre paréntesis. En países como Argentina, Chile, Colombia y Ecuador, encontramos un común denominador: protestas sociales contra medidas de ajuste fiscal y su criminalización por parte de las autoridades.

Incluso antes de ganar las elecciones, Alberto Fernández ya había definido su prioridad en su política internacional: reforzar la integración regional al recrear un polo progresista en América Latina.

“Nuestra mayor obsesión es reconstruir la integración regional en América Latina, con México incluido, porque, desde la llegada de López Obrador, México ha vuelto a mirar a América del Sur”, expresó Fernández antes de viajar a México, la semana pasada, en su primera visita antes de asumir la presidencia el 10 de diciembre

“Existe en muchos de los gobiernos de América del Sur, el gobierno uruguayo, el mexicano, el de Bolivia, eventualmente el argentino, la idea de reconstruir la integración que alguna vez fue”, agregó. “La idea es empezar a hablar entre todos y recuperar la integración que se ha quebrado”, dijo Fernández, quien destacó que el planteo no apunta a confrontar con Estados Unidos, sino a ampliar el marco de alianzas.

“El propósito de la reunión en Buenos Aires es el de seguir construyendo, entre todos, una agenda progresista que nos identifique y reúna”, explicó Samper, ex presidente de Colombia y ex secretario de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

“No estamos hablando de generar una referencia ideológica que se enfrente a nadie, simplemente es un conjunto de dirigentes de toda América Latina, respetuosos de las institucionalidades y de la democracia”, aclaró el mandatario electo, quien remarcó que lo que se busca “son alternativas a lo que ha imperado en los últimos años, por ejemplo, en Argentina, y es la búsqueda de reencontrar un sistema político que devuelva la equidad perdida, el equilibrio y la igualdad social en América Latina, de eso hablamos”.

“El foro busca integrar canales de comunicación y de trabajo entre dirigentes de toda Latinoamérica con una mirada progresista y en respeto a la institucionalidad y a la democracia”, resumió.

II Foro del Grupo de Puebla: “El cambio es el progresismo”

QUÉ ES EL GRUPO DE PUEBLA

“Nuestra región experimenta una nueva ola de gobiernos neoliberales, que insisten en promover los intereses y privilegios de una élite socioeconómica, a costillas del desarrollo de nuestros pueblos, frustrando sus posibilidades de desarrollo y bienestar social, a la vez que debilita nuestra soberanía, nuestras instituciones democráticas, el Estado de Derecho, la vigencia de los derechos humanos y el ambiente”, señalaron en un comunicado.

En el mismo, resaltaron “la inclusión y respeto de las diversidades, una mayor transparencia y la participación de la ciudadanía en la toma de decisiones”.

La propuesta del GP es la de “diseñar una nueva mirada, que se ajuste a los nuevos tiempos y convoque a todos los sectores de la sociedad a cuestionar el orden imperante, denunciando los intereses de la derecha, laboralizando la política a través de nuevos vínculos entre el mundo del trabajo y nuestros debates, y promoviendo las nuevas expresiones de organización social y ciudadana, que buscan la igualdad de los derechos entre hombres y mujeres, la protección del medio ambiente”.

El grupo integra a líderes políticos en forma personal y no a sus partidos o instituciones. Lo que los une, resaltó el excandidato a la presidencia chilena en 2009 y 2013, Marco Enríquez-Ominami, es la convicción de que “tanto el mercado como el capital son ineludibles en el debate”.

El primer encuentro culminó con varias declaraciones en las que se exaltaba la necesidad de que las fuerzas progresistas construyeran “un nuevo proyecto común” y defendía la necesidad de un diálogo en Venezuela, apareciendo en la práctica como contracara del Grupo de Lima, formado en 2017 a instancias de Estados Unidos, para forzar la salida de Nicolás Maduro, ante la crisis institucional y humanitaria en Venezuela.

El GP emitió el pasado 11 de septiembre una declaración para rechazar “cualquier intento de uso de la fuerza que quebrante el principio de solución pacífica de las controversias y que posibilite una intervención militar en Venezuela por parte de fuerzas extranjeras, incluida la invocación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), instrumento arcaico para intervenciones militares en países de América Latina durante la Guerra Fría”.

El 20 de octubre, el GP dio a conocer una declaración solicitando el fin de la violencia en Chile y la no criminalización de las protestas por parte del gobierno de Sebastián Piñera. Apoyó la manifestación pacífica del pueblo de Chile, que hace frente a las desigualdades y las injusticias que tienen en su raíz la profundización del modelo neoliberal del actual gobierno.

Indicó que en Chile, el llamado milagro económico latinoamericano, consiste en una sociedad que hizo de la deuda su contrato social del malestar, beneficiando en millones de dólares con reformas tributarias a los más ricos, fortaleciendo el negocio privado de las pensiones, desarmando los derechos conquistados en gratuidad en educación superior, entre varias otras medidas. Individuos que quieren vivir juntos, pero que viven en un modelo que los deja solos y que convierte en delincuente al que se atreve a reclamar.

Asimismo, repudió el llamado a la represión militar en contra de las manifestaciones y la declaración del Estado de Excepción como mecanismo de resguardo del orden público por un mal diseño e implementación de políticas del gobierno y urgió a Piñera el fin de la represión y de la barbarización de la ciudadanía movilizada y organizada.

 

RUBÉN ARMENDÁRIZ
Periodista y politólogo, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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Especial

El rol del historiador en la visión de Jorge Basadre Grohmann

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Jorge Basadre Grohmann

En los últimos años, los historiadores peruanos nos encontramos en una lucha permanente por el reconocimiento social de nuestro trabajo científico. Quedaron atrás los años en los cuales, cada vez que la sociedad peruana se encontraba en una encrucijada, inmediatamente se recurría a las interpretaciones de los historiadores.

Así, generaciones de peruanos vivieron atentas a los libros, artículos y entrevistas a José de la Riva Agüero; Raúl Porras Barrenechea, Jorge Basadre; Alberto Flores-Galindo Segura o Pablo Macera Dall´Orso. Además, en este debate, la propuesta de un Colegio Profesional de Historiadores del Perú, determinó que existan voces que aun sostienen que el rol del historiador es la de un simple “narrador” de hechos del pasado o de un “buscador” de datos históricos en archivos. Por ello, se hace necesario conocer la propuesta del Historiador de la República.

En septiembre de 1973 Jorge Basadre Grohmann publicó, en la revista Acta Herediana de la Universidad Cayetano Heredia de Lima, el artículo La Historiografía de Hoy, en el cual realizó una especie de balance de los caminos y los rumbos por donde se desarrollaba la producción historiográfica en Europa, América y el Perú. Pero, en dicho artículo, Basadre también se dio tiempo para realizar algunas reflexiones sobre el trabajo y el rol del historiador.

Basadre escribió que: “El historiador trata de restaurar el tiempo. Busca su continuidad y su totalidad. Ejerce una tarea de regulador al convertirse en depositario oficial o extraoficial de la memoria colectiva o al crear ese cargo para él mismo. Su camino está en la búsqueda de las huellas que conduzca a los orígenes, próximos o lejanos. Es un hombre cuya meta sería tener a su alcance las raíces. Cada generación obtiene de él la idea de sus antecedentes y de los linderos dentro de los que ha de ubicarse”.

Para Basadre, el historiador es un investigador en el tiempo, lugar donde no existen barreras ni murallas entre el pasado y el presente, por el contrario, es un solo espacio porque los problemas del presente tienen necesariamente su origen en un pasado –ya sea inmediato o lejano-.

Además, su labor lo convierte en un administrador de la memoria colectiva y, es en este aspecto donde radica otro de sus problemas de profesión porque, siempre van a existir individuos o clases sociales interesadas en olvidar u omitir actos del pasado que no resultan cómodos para su labor actual y, por el contrario, también existen individuos o clases sociales deseosas de conocer mejor el pasado. Los historiadores somos seres de carne y hueso, hechura de nuestro tiempo. Somos parte de las generaciones de intelectuales que se forman bajo condiciones objetivas y subjetivas. De tal manera que, se hace necesaria siempre una definición ideológica. Dicha definición ideológica determinará la objetividad del análisis científico-histórico.

Así que, la labor del historiador necesariamente es objetiva pero, esto no significa imparcialidad porque, objetividad e imparcialidad son dos aspectos de problemas muy distintos y no, del mismo problema. Es por ello que, Basadre sostiene que frente a la llamada prosopografía (estudia las filiaciones y desarrollos de los “grandes personajes” el historiador puede estudiar la llamada “prosopografía elitista” o la llamada de las masas.

Frente a las llamadas fuentes de la historia y, principalmente, el documento escrito, Basadre propone que:

“Ya no basta exhumar uno o más papeles viejos. El historiador a la altura de esta época quiere trabajar en el interior de su material, vasto y heterogéneo como es; organizarlo; describirlo en su sentido intrínseco y no sólo en sus aspectos formales; distribuirlo; repartirlo dentro de distintos niveles; organizarlo; discriminar aquello que en él es pertinente y lo que no lo es; hallar en el tejido documental sus más profundas unidades y relaciones”.

Es decir, el historiador ya dejó de ser una especie de coleccionista o de cazador de documentos, que visitaba archivos y depósitos con la idea de encontrar el documento más antiguo, que contenga la información “fidedigna” y que lo lanzaría a la fama y al reconocimiento nacional y mundial.

Todo lo contrario, actualmente el historiador se ha convertido inclusive en un hacedor de fuentes porque debe tener presente que todos los documentos pueden contener información de importancia como también, documentos importantes no contienen información valiosa o simplemente la información que contienen ha sido intencionalmente sesgada o alterada por quien la produjo, buscando de esta forma ocultar o desviar la verdad histórica.

Biblioteca - Jorge Basadre Grohmann

Así, un diario o un periódico debe ser analizado no solamente en la información, sino también, cómo presenta esta información, que tipo de lenguaje utiliza, a qué le da más importancia, cómo acompaña la información (fotos, entrevistas, documentos, etc.), es decir, el historiador es consciente que su trabajo no es el fruto de una acción personal o individual sino, por el contrario, es un trabajo colectivo y que responde a los intereses y deseos de un colectivo.

Hoy, existen historiadores que se refugian en el documento escrito, haciendo de él, la deidad de la información. Incluso, han llegado a sostener que, por ejemplo, Túpac Amaru “jamás” se sublevó contra los españoles porque, en sus proclamas, siempre utilizó las palabras “godos y chapetones”. El tráfico histórico llega a niveles delirantes e increíbles.

Por ello, Basadre escribió que “La primera virtud del historiador es el espíritu crítico. Desde cierto punto de vista, historia científica es historia crítica. Toda ciencia busca la verdad y la historia la del pasado tal como existió. El historiador ha de escudriñar en sus fuentes el error, la mentira, la deformación peyorativa o laudatoria, las lagunas voluntarias o no. Y ha de cuidarse no sólo de quienes lo informan sino también de sí mismo. No debe ser ni un panfletario ni un panegirista al servicio de sus convicciones, sus prejuicios, sus doctrinas o sus intereses. Ha de esforzarse no tanto en ser imparcial (esta palabra no implica una indiferencia completa e imposible ante los valores en juego) pero sí de dialogar con el ayer en un tono sereno para que la voz tenue de éste no sea acallada por el tumulto subjetivo”.

En ese mismo sentido, Basadre llega a una primera conclusión sobre el historiador y su oficio, “Espíritu crítico y don de simpatía han de ser, pues, no antagónicos sino complementarios, convergentes en el historiador. Sobre todo ha de primar en él la integridad de su conciencia, la autenticidad de su vocación, la fidelidad para obedecer a ella, la sinceridad esencial que le impida decir lo que, a solas consigo mismo, no crea cierto. Al fin y al cabo sus escritos implican un acto de fe en sus fuentes y en su propia aptitud para interpretarlas”.

Los historiadores tenemos primero que analizar críticamente nuestras fuentes, y luego confiar en ellas para nuestras interpretaciones, porque aquí no es verdad que el historiador hace la historia y por ello, existen tantas historias como historiadores, esa es una falacia inventada por aquellos que practican y prefieren una historia no ciencia, y que las corrientes autodenominadas posmodernas han hecho suya para desacreditar la labor científica y objetiva del historiador; todo lo contrario, existe una sola historia y una sola verdad cinética de la historia, y la labor nuestra es acercarnos a la verdad histórica en lo más que podamos, y para ello son necesarias las interpretaciones, pero no cualquier interpretación, porque de estas existen muchas, inclusiva de lo más antojadizas y subjetivas, sino de aquellas interpretaciones elaboradas a partir de un trabajo de investigación serio y metodológicamente válido. La historia es ciencia. La historia no es mera narrativa antojadiza. Los vacios en el conocimiento histórico no se pueden cubrir con “inventos” o supuestos.

Por ello, Jorge Basadre afirma en forma categórica que: “El libro final y completo de historia no existe”. Entonces, cada aspecto estudiado por los historiadores no es finito sino por el contrario, necesita ser revisado una y otra vez, porque de esta manera nos acercamos más a la verdad histórica.

No existe el historiador que haya demostrado la verdad histórica absoluta, es el conjunto de historiadores los que permiten la posibilidad de alcanzar esa verdad histórica absoluta, pero siempre y cuando las interpretaciones tengan el doble carácter de científicas y objetivas.

Existen historiadores como Jorge Basadre Grohmann que realizaron el máximo esfuerzo científico por encontrar la verdad de los hechos. Para ello, parten de los mismos hechos. Sabiendo que, los hechos históricos son producto de la actividad humana de carácter social. Todo hecho histórico es un hecho social. Sólo el ser humano es hacedor de historia. Por ello, el estudio histórico busca, principalmente, conocer al ser social que realizó el hecho. Y, el conocimiento histórico, permite conocer al ser humano en su totalidad.

 

AUGUSTO LOSTAUNAU MOSCOL

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Especial

La Arequipa de hoy la cultura

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La Arequipa de hoy la cultura

Unos días en Arequipa, a fines de octubre, bastaron para tomarle el pulso a ciertas manifestaciones culturales en esta ciudad. Suelo hacerlo, en verdad un poco al desgaire, cada vez que la visito desde que me alejé de ella cuando tenía veinte años.

Encuentro tres referentes para este examen: las librerías, las bibliotecas y las ferias de libros.

No hay teatro, ni exhibiciones pictóricas, ni conciertos.

Las viejas casonas de sillar, liberadas del revestimiento exterior gracias a la iniciativa del alcalde Villalobos hace ya varias décadas, se yerguen altaneras proclamando su rancia estirpe hispánica y virreinal de “blanca ciudad” a los centenares de turistas que llegan para ver si es cierto que sus pobladores conviven amigablemente con los tres volcanes que la anidan.

Busco las librerías y sólo hallo cuatro: una en la calle San Francisco y otra en la calle Mercaderes, pertenecientes al mismo dueño, con algunas novelas traducidas (thrillers) que se esfuerzan por asomarse tras el material de escritorio ofrecido; otra en la calle Puente Bolognesi de literatura menor para estudiantes de primaria; y otra en la calle Ayacucho con media docena de libros en el zaguán de una casa.

Mi nostalgia me traslada entonces a los años cincuenta, cuando cursaba Letras en la Universidad de San Agustín. La librería más completa y actualizada estaba en la calle San José, frente al Correo Central. Se denominaba Simiente y pertenecía al intelectual comunista Juan Cuentas Zavala. Allí nos surtíamos los estudiantes universitarios, profesionales, artesanos y obreros que ansiábamos ilustrarnos. Importaba los libros de Buenos Aires, México y Santiago de Chile. Allí adquirí casi todas las novelas francesas del siglo XIX traducidas y publicadas por las editoriales Sopena, Tor y Losada de Buenos Aires, que habían creado algunos españoles exiliados en esta ciudad. Había otra librería en la primera cuadra de la calle San Juan de Dios perteneciente a un joven desprovisto de toda pretensión intelectual que traía libros y, sobre todo, revistas de Buenos Aires. Gracias a este librero, en mi hogar como en muchos otros, nos deleitábamos y formábamos con el prodigioso material que constituían las revistas El Tony, El Gorrión, Espinaca, Billiken, Leoplán, Intervalo, Rico Tipo, Para tí y Marivel.

¿Qué leen las chicas y los chicos de ahora, aparte de lo que encuentran en las pantallitas de sus celulares?

“Cómo, a nuestro parecer, cualquier tiempo pasado fue mejor.” (Jorge Manrique).

Y luego siempre estaba el recurso de proveernos de libros de mano en mano, clandestinamente, para burlar la vigilancia de los soplones de la dictadura de Odría que se les encontraba hasta en la sopa

A los jóvenes inquietos de ese tiempo, el destino, la historia o lo que fuera, nos dio la oportunidad de nuestro bautismo de fuego en la revuelta popular de junio de 1950. (He contado esta epopeya en mi libro Esos días de junio de Arequipa, cuando la historia tocó las puertas de los vecindarios, 2014).

La Arequipa de hoy la cultura

La biblioteca más publicitada es la denominada Mario Vargas Llosa. Está en una antigua casa de la calle San Francisco que perteneció a un español de la conquista y fue por un tiempo sede del gobierno regional. Recorro sus estantes colmados de libros. Todos han sido donados por el insigne marqués español nacido en Arequipa en 1936 y donde tuvo la dicha de residir unos pocos meses. Reviso los autores, títulos y temas, y me percato que es la clase de lectura que el donante, uno de los cuadros más destacados de la oligarquía blanca y del neoliberalismo, estima que debe alimentar el espíritu de los arequipeños.

Por supuesto, no hay entre esos volúmenes ninguno crítico del sistema capitalista y, menos aún, expresivo del afán contestatario de las mayorías sociales de esta ciudad. Son libros del mismo jaez que los artículos de este benefactor que con su premio Nobel es para los últimos cenáculos de la oligarquía local tan grande y omnipresente como el volcán Misti. A nadie parece importarle averiguar por qué le dieron ese premio. Alguien me dijo que en la catedral ya le han designado una hornacina donde colocarán su efigie.

Pasé a la biblioteca el Ateneo, perteneciente a la Municipalidad. Está como era cuando la frecuentaba en mis años universitarios, para aprender en los libros supervivientes del pillaje practicado por la dictadura de entonces. Me fijé en sus ficheros. Poco realmente importante. ¿Le compran nuevos libros? Hace algunos años intenté una entrevista con su director. Llevaba una colección de mis libros y algunos otros de mi especialidad profesional para obsequiarlos. No me recibió, pero la secretaria me indicó que se los entregase al director de cultura, o algo así, del concejo municipal de la ciudad. Sin perder las esperanzas me trasladé a su oficina en el portal de la Municipalidad. Era un hombrecito de rostro aleve que apenas se dignó escucharme y terminó por decirme que no aceptaban donaciones de libros.

Pertenecía al equipo del partido Aprista que acababa de ganar las elecciones municipales. Arequipa tampoco se halla exenta de equivocaciones tan garrafales. No por casualidad unos días después, un grupo de trabajadores del municipio retiró el busto del gran pintor arequipeño Manuel Domingo Pantigoso de la plazuela Colón y, tal vez por descuido, no lo destruyeron. Años después, otra administración desagravió a este pintor, colocando su busto en el salón de las grandes personalidades arequipeñas de la casa El Fierro en la plaza San Francisco, donde está ahora.

Las ferias de libros son en todas partes grandes emprendimientos promovidos por las editoriales transnacionales para comercializar la cultura que tratan de meterle a los pueblos escogidos como mercados: literatura pulp y sus parientes cercanos. Hay Festival es otra de esas ferias que ha sido aclimatada en Arequipa. La publicidad que la acompaña es, por supuesto, ilimitada, y sus escenarios se pueblan de autores extranjeros de talante ideológico compatible con los fines perseguidos por sus organizadores y patrocinadores. Ningún escritor crítico puede ingresar a esos feudos alegremente iluminados, ni a sus editores se les dará jamás allí un stand o un espacio de exposición.

Y mientras Hay Festival pasa sus días de ensueño, multitudes aguerridas de estudiantes, campesinos, obreros, artesanos e ínfimos comerciantes desfilan por calles y plazas con carteles, oponiéndose a la amenaza de la contaminación del agua en el valle de Tambo por una empresa minera que recibió una concesión de algún gobierno corrompido.

Dos caras del dios Jano, se diría.

Se trata, como se ve, de una ofensiva cultural del neoliberalismo para tentar la alienación de la mayor parte de este pueblo mestizo y rebelde que hace ya algunos años mira esperanzado hacia el levante, situado allí a la izquierda, y tentar hacer de él un conjunto dócil y manipulable.

 

JORGE RENDÓN VÁSQUEZ

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