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Especial

Más allá del indulto a Fujimori

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ERNESTO TOLEDO BRÜCKMANN

Los rumores acerca del indulto al expresidente Alberto Fujimori son cada vez más fuertes. Para conocer las implicancias de la decisión que tome Pedro Pablo Kuczynski resulta necesario acercarnos a conceptos y alcances del indulto.

La figura del indulto en el Perú evolucionó durante el siglo XX. Según las constituciones políticas, el indulto era facultad del Congreso de la República, pero en la carta magna de 1933, el Poder Ejecutivo jugó un rol en esta figura: “Artículo 123. Son atribuciones del Congreso: (…) 22. Solo durante el receso del Congreso, el Poder Ejecutivo puede conceder indulto a los condenados por delitos políticos-sociales”.

Desde la Constitución de 1979 hasta la de 1993 se le da al Presidente un ejercicio exclusivo de esta figura. El historiador José Ragas señala que la figura del indulto ha estado asociada al perdón de los delitos políticos, especialmente como una forma de abrir una nueva etapa de reconciliación en el país luego de períodos de violencia y como una forma de reparar injusticias cometidas por gobiernos previos.

El Artículo 118 de la carta magna de 1993 señala en su inciso 2: “Corresponde al Presidente de la República: (…) 21. Conceder indultos y conmutar penas. Ejercer el derecho de gracia en beneficio de los procesados en los casos en que la etapa de instrucción haya excedido el doble de su plazo más su ampliatoria”.

El artículo 89 del Código Penal tipifica al indulto como una facultad del presidente para suprimir la pena impuesta a un condenado. El Reglamento de la Comisión de Gracias Presidenciales señala que a diferencia del indulto común, el indulto por razones humanitarias requiere la evaluación de una Junta Médica que emitirá un informe acerca de la salud del condenado.

HACIENDO HISTORIA
Como un instrumento de reconciliación política hacia opositores o hacia quienes se levantaron en armas contra el Estado, la historia recuerda los indultos otorgados a la militancia aprista por el entonces presidente de la república José Luis Bustamante y Rivero, quien gobernó entre 1945 y 1948. Durante el gobierno de Juan Velasco Alvarado (1968-1975) se indultó a los guerrilleros Hugo Blanco y Héctor Béjar.

En el Perú como en otros países de la región se buscó utilizar el “perdón del gobierno” para integrar a grupos subversivos y paramilitares al sistema democrático, los cuales se convirtieron luego en partidos políticos.

Desde la década de 1970 para adelante, el indulto ha tenido que ver también con las dictaduras de América Latina. Durante el gobierno de Fujimori se buscó aplicar como “variante” del perdón presidencial, la amnistía (absolución de la pena y el delito cometido a los integrantes del Grupo Colina, pese a las pruebas que demostraban la participación de estos en el asesinato extrajudicial de civiles). Implícitamente el indulto no solo depende de la voluntad del mandatario de turno sino de la legitimidad que le otorga la opinión pública.

Como forma de reparación por abusos del sistema judicial, el Gobierno de Transición dirigido por Valentín Paniagua (2000, 2001) creó la Comisión de Indultos, Derechos de Gracia y Conmutación de Pena para investigar la situación de los sentenciados sin un debido proceso durante el mandato de Alberto Fujimori. De esa manera se liberó a un número significativo de presos, entre ellos al ex primer ministro Yehude Simon.

LA “PIEDAD CRISTIANA” DE GARCÍA Y LOS  “NARCOINDULTOS”
El segundo gobierno aprista otorgó 5,500 indultos a condenados, de los cuales más de mil sentenciados fueron por el delito de tráfico ilícito de drogas, en su modalidad agravada. García trató de justificar su decisión “apelando a la piedad cristiana para dar a los reos una segunda oportunidad y aliviar la sobrepoblación carcelaria en Perú.”

La verdad sale a la luz; catorce funcionarios de su segundo mandato, que trabajaron en la comisión de indultos y rebajas de pena creada por el mandatario, fueron llevados a juicio, acusados de asociación ilícita para delinquir y corrupción por las reducciones de sentencias de narcos.

Otro escándalo referido a la otorgación de indulto lo protagonizó el empresario televisivo José Enrique Crousillat, a quien, en diciembre del 2009, García indultó por razones humanitarias.

En marzo del año siguiente se le revocó el indulto tras un escándalo por las apariciones públicas en un aparente buen estado de salud. Tras permanecer prófugo de la justicia, Crousillat fue capturado en enero de 2011 y García negó estar comprometido en una red de corrupción que se beneficiaba de indultos a narcotraficantes.
Procedimientos del indulto

Indultos presidenciales recientes

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Especial

A un siglo de la conquista de la jornada laboral de 8 horas

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Marcha protestas por las 8 horas trabajadores cien años

Hace cien años, el 15 de enero, el gobierno estableció la jornada de 8 horas, tras una huelga general que había empezado días antes.

Lima y Callao despertaban entonces al capitalismo industrial.

Las empresas textiles, de electricidad, fundición, comerciales y bancarias y los talleres artesanales se reproducían.

En ese momento, Lima tenía unos 176,000 habitantes y comprendía el Cercado, los Barrios Altos y Bajo el Puente, un espacio en el cual ocho líneas de tranvías eléctricos aseguraban la circulación urbana, a las que se añadían una a Chorrillos y otra al Callao.

Para hacer funcionar estas empresas sus propietarios reclutaban trabajadores, en su mayor parte mestizos, que vivían en pequeños cuartos de viejas casas y callejones, muchos de ellos inmigrantes provincianos. Los puestos de oficina fueron cubiertos por vástagos de las familias blancas venidas a menos.

Era un capitalismo emergente que, como uno de sus efectos, turbaba la quietud mayestática, monástica y estéril de Lima, heredada del virreinato.

Los obreros ingresaban a sus centros de trabajo muy temprano y salían unas doce horas después; y parecía no importarles ser explotados tanto.

Estaban contentos; tenían de qué comer ellos y sus familias, y sus hijos iban a las escuelas primarias. Algunos leían los periódicos, revistas y libros que se distribuían en Lima.

En suma, se asimilaban a la vida urbana, tan distinta y paupérrima para ellos, pero mejor y alentadora de esperanzas que la existencia feudal, bucólica y pueblerina que habían dejado atrás.

EL PROMOTOR INTELECTUAL

Manuel González Prada había retornado de Europa en mayo de 1898. Seis años antes, su esposa y él habían partido a Francia luego de intuir que sus discursos iconoclastas habían tocado fondo y serían leídos en adelante, tal vez, solo como piezas literarias.

Volvía cargado con la materia más explosiva y peligrosa para el establishment: la ideología anarquista, que cuadraba bien con su rechazo a las arbitrariedades y los abusos del Estado oligárquico y mostraba la realidad de la explotación de los trabajadores.

Sus discursos se orientaron, por lo tanto, a ilustrar a quienes podrían ser los actores de un cambio fundamental en el Perú.

En 1906 publicó su primer artículo sobre la jornada de 8 horas y continuó esta campaña con otros que dio a conocer en los años siguientes al celebrarse el 1º de Mayo. Varios de los trabajadores más instruidos de Lima se le acercaron, y él los recibió en su casa, afable y familiar.

Les expuso lo que pensaba y promovió sus intervenciones para llevarlos al convencimiento de que no eran solo esclavos asalariados, sino, sobre todo, personas cuyo intelecto debía cultivarse para comprender que formaban una clase social distinta y aspirar a la libertad que los derechos sociales podrían darles.

De esas lecciones entre estantes colmados de libros salió, como una tarea concreta para ellos, el planteamiento de la jornada de 8 horas y la convicción de que podrían conquistarla.

El periódico La Protesta, publicado por el trabajador anarquista Manuel Caracciolo Lévano, se aplicó a difundir este planteamiento.

Manuel Caracciolo Lévano

Manuel Caracciolo Lévano: protagonista de la lucha por las ocho horas.

Manuel González Prada no pudo ver la culminación de sus enseñanzas. Falleció repentinamente el 18 de julio de 1918.

Manuel González Prada

Manuel González Prada dio la pelea en el campo intelectual

LA GRAN HUELGA

En diciembre de ese año, el grupo de trabajadores anarquistas discípulos de Manuel González Prada movilizó a sus compañeros de Lima y exigió al gobierno el establecimiento de la jornada de 8 horas. Invocaron como causa inmediata que en la Ley 2851, de protección de las mujeres y los menores, que acababa de aprobarse, se había dispuesto para ellos esta jornada, y reclamaban su extensión a los demás trabajadores.

El gobierno de José Pardo rechazó de plano esta petición y reprimió las manifestaciones obreras. Pero la agitación se extendió. El comando de lucha de los trabajadores, cuyo núcleo estaba constituido por Nicolás Gutarra, Adalberto Fonkén y Carlos Barba, llamó a la huelga general, y esta orden fue acatada por la mayor parte de trabajadores.

El lunes 14 de enero la paralización en Lima, Callao y Vitarte era casi total, y la represión de las manifestaciones obreras por la Gendarmería y el Ejército se hizo más violenta, medida complementada con la clausura del diario El Tiempo, en cuyas páginas José Carlos Mariátegui informaba día a día la evolución del conflicto y alentaba a los trabajadores con sus artículos de opinión.

Pero el gobierno tuvo que ceder, y al día siguiente expidió el decreto supremo, que firmaron el presidente José Pardo y su ministro de Fomento M. A. Vinelli, estableciendo la jornada de ocho horas en todas las actividades.

Este fue el único derecho social de gran importancia alcanzado por los trabajadores del Perú gracias a la adopción por sus dirigentes más destacados de una ideología que lo postulaba, a la difusión por estos de su necesidad y a su firme y perseverante movilización. Fue también la primera gran conquista social de los mestizos contra el poder blanco.

HACIA LA SEMANA DE 40 HORAS

Cien años después el Perú es otro.

Lima tiene más de 10 millones de habitantes y sus urbanizaciones inmediatas avanzan hasta Lurín, Chosica y Ancón. En el gran mercado que es el Perú de ahora, las empresas capitalistas se han multiplicado, y año tras año llegan más inversiones.

Grandes cargueros desbordantes de containerscon mercancías de todo el mundo arriban al Callao y a otros puertos del país, y se van colmados de productos peruanos; en numerosas empresas la producción se ha potenciado con la introducción de máquinas y procesos más eficientes y el concurso de trabajadores mejor formados; el transporte de personas y bienes por tierra y aire sigue expandiéndose a pasos agigantados; gran parte de las operaciones bancarias ha sido delegada a cajeros automáticos; en más hogares son de uso común los enseres de procedencia industrial; los vehículos automotores se han hecho más accesibles a muchos y congestionan las ciudades; y todo el mundo se comunica y trabaja con computadoras y celulares.

Sin embargo, la jornada de 8 horas y la semana de 48 persisten por la imposición de una norma que, aunque fue una innovación necesaria hace cien años, hoy es arcaica.

A diferencia de ella, la mayor parte de la normativa en otros campos ha sido renovada y, en ciertos casos, cambiada totalmente.

¿Por qué esta adoración a una jornada conservada como una norma sacra cuando ha sido abandonada en muchos países del mundo?

POSICIÓN RACIONAL

Evidentemente, porque la mayor parte de trabajadores peruanos desconoce las ideologías creadas para su liberación o porque aquellas en las que creían languidecen, y se dejan estar a la espera de un milagro que nunca llegará. Han olvidado o ignoran que constituyen un clase social que unida podría ser la fuerza de contención más potente del poder empresarial.

La expoliación del trabajo asalariado en una jornada y una semana ahora excesivas, desgastantes y estresantes, es una fuente de enriquecimiento suplementario de los empresarios y un subsidio a los consumidores de los bienes y servicios que ese trabajo suministra. Los trabajadores tienen derecho a un mayor tiempo libre.

Una posición racional en este campo y en este momento es, por consiguiente, la adopción de la semana de cuarenta horas, un nuevo límite que la ley podría establecer y se hallaría por debajo del máximo señalado por la Constitución, mientras se le da a esta un nuevo texto en este aspecto.

Hace cien años, los abogados empresariales pronosticaban que muchas empresas quebrarían si se adoptaba la jornada de ocho horas. Nada de esto sucedió. Demostrando que seguían gozando de buena salud, las empresas siguieron haciendo utilidades, tras adaptarse a la nueva jornada laboral.

ALGO MÁS

De establecerse la semana de 40 horas ocurriría otro tanto. El tiempo de trabajo global se redistribuiría entre los trabajadores en aptitud de trabajar, sin suscitar problemas que no pudieran ser solucionados por los aparatos productivo y estatal.

 

JORGE RENDÓN VÁSQUEZ

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Especial

Injerencia de EEUU en la política de Latinoamérica

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Nicolás Maduro - Evo Morales

“Nos preocupan seriamente las últimas declaraciones del senador Mitch McConnell, y si a la brevedad no modifica esa forma de pensar, nos veremos obligados a actuar enérgicamente”. “Queremos dejar muy claro que si el presidente Donald Trump continúa con esa postura, deberá atenerse a las consecuencias, porque no podemos aceptar de ningún modo ese tipo de acciones”. “La comunidad internacional repudia enérgicamente la instalación de nuevas bases de Estados Unidos, y si no las cierra de inmediato exigiremos por todos los medios que lo hagan, guardándonos el derecho de usar la fuerza si ello fuera necesario”.

¿Alguien podría imaginarse declaraciones de ese tipo? Seguramente no. ¡Son impensables! Provocarían risa. Nadie se dirige diplomáticamente así a la superpotencia de Estados Unidos, ni siquiera sus rivales que están a la par en términos económicos y/o militares, Rusia y China.

Ahora bien: no nos resulta en absoluto llamativo que Washington haga continuamente uso de esta modalidad insultante. Es parte de la “normalidad” vigente. ¿Quién le responde de tú a tú al imperio, no intimidándose de la altanería con que él nos trata a los latinoamericanos?

Casi nadie; solo los países –pueblo y gobierno– que se atrevieron a zafarse de su yugo: Cuba revolucionaria, en su momento la Nicaragua Sandinista, Bolivia con el MAS y Evo Morales, la Revolución Bolivariana de Venezuela. Es decir, países que, con distintas modalidades y estilos, caminan por la senda del socialismo. Conclusión rápida que se desprende de eso: solo el socialismo libera de verdad.

Ahora, con el más absoluto descaro y desparpajo, Washington desconoce y llama a repudiar al gobierno democráticamente electo de Nicolás Madura en Venezuela. Una serie de países de la región (conocida como Grupo de Lima, con la sana excepción de México, ahora con una propuesta renovadora) le hacen el coro, siguiendo fielmente los dictados de la Casa Blanca, su verdadero amo. ¿Por qué?

Podemos empezar respondiéndolo con una afirmación que, en principio, no parece pertinente: México, gran productor de petróleo, tiene que comprar combustible (petróleo refinado: gasolina, diésel, etc.) a las empresas petroleras estadounidenses. Guatemala, de donde provienen los tradicionales “hombres de maíz” (los mayas hace 4,000 años que cultivan esa planta en Mesoamérica), le debe comprar maíz transgénico a Estados Unidos. Y mucho del chocolate norteamericano que consumimos en nuestros países (de marcas “caras” y “elegantes”), tiene como materia prima el cacao que sale de Latinoamericana. Esto comienza a explicar la anterior pregunta: somos rehenes de la gran potencia del norte.

Venezolanos protestas contra Donald Trump

Eso tiene historia. Las oligarquías vernáculas, nacidas de la colonia española o portuguesa, surgidas ya de la corrupción y el facilismo con una visión más feudal que capitalista moderna, no se desarrollaron al mismo ritmo de los enclaves anglosajones. Desde el inicio de la vida republicana, entonces, los países del sur quedaron supeditados al amo del norte. Salvo honrosas excepciones antiimperialistas, en general esas oligarquías prefirieron el papel de segundo violín, teniendo asegurado su pasar a partir de la monumental explotación a la que sometieron a sus pueblos. Y, desde el vamos entonces, se prosternaron hacia el capital anglosajón impetuoso. Dos siglos después, nada ha cambiado.

El otrora Secretario de Estado durante la presidencia de Bush hijo, el general Colin Powell, lo dijo sin ambages: los tratados de libre comercio firmados por Washington sirven para “garantizar para las empresas estadounidenses el control de un territorio que va del Ártico hasta la Antártida y el libre acceso, sin ningún obstáculo o dificultad, a nuestros productos, servicios, tecnología y capital en todo el hemisferio”. Más claro: imposible.

Desde la tristemente célebre Doctrina Monroe de 1823 (“América para los americanos”… ¡del Norte!, habría que agregar), Latinoamérica es el resguardo de la potencia estadounidense. De aquí saca una larga serie de beneficios:

– El 25% de los recursos naturales que consume Estados Unidos (energéticos y materias primas), proviene de esta región. Los contratos que le permiten operar aquí para la explotación de esos recursos son francamente leoninos, porque en general solo dejan un 1% o 2% de regalías al país anfitrión de todo lo que extrae (mineras, petroleras, sembradíos para agrocombustibles), llevándose (robándose) el resto. Eso, sin contar con los daños ecológicos irreversibles que provocan, además del aplastamiento de pueblos y culturas originarias. Las oligarquías nacionales lo toleran, y se aprovecha de eso como socias menores.

– Latinoamérica mantiene una deuda externa de medio billón y medio de dólares con los organismos crediticios internacionales (Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial), de los que son principales accionistas bancos privados estadounidenses (cada latinoamericano, al nacer, ya está debiendo 2,500 dólares a esta banca, con lo que su vida ya está hipotecada. Lo pagará con su carencia crónica de servicios que deberían brindarle sus respectivos Estados, y que nunca lo harán, pese a que lo mandatan sus respectivas Constituciones.

– Dado la mano de obra tan barata que rige en la región (salarios básicos de 300 a 500 dólares mensuales, cuando en territorio estadounidense son el cuádruple), mucha industria del Norte se instala en nuestros países (ensambladoras, maquilas, sin hacer ninguna transferencia tecnológica), aprovechando, además de los bajos salarios, también la falta de regulaciones laborales y medioambientales. Una vez más: las oligarquías nacionales lo toleran, y se aprovecha de eso como socias menores.

– Buena parte de la población latinoamericana y caribeña, dada sus pésimas condiciones de sobrevivencia en sus propios países, viajan masivamente al “sueño americano” en búsqueda de un mejor porvenir. Según datos de la Organización Internacional para las Migraciones –OIM– más de 1,400 indocumentados llegan a la frontera sur de Estados Unidos cada día. Muchos no pasan, pero sí una gran cantidad, y pese al endurecimiento de las políticas migratorias, el capital norteamericano se aprovecha inmisericordemente de esa población (ejército de reserva industrial), chantajeándola con su irregular estatus migratorio, con lo que se permite pagar salarios de hambre, imponiendo condiciones laborales infames. Los gobiernos de la región no dicen nada al respecto, pues esa masa de migrantes envía divisas a los familiares que se quedaron, con lo que se descomprime en parte la bomba de tiempo de la pobreza.

– Como las relaciones del imperio con nuestros países no son igualitarias, Washington, aunque hable de tratados comerciales “libres”, impone abusivamente productos y servicios de su propiedad, convirtiendo a Latinoamérica en un rehén comercial. De aquí salen materias primas baratas (vendidas por las oligarquías), pero llegan productos industriales y servicios caros, muy elaborados (que paga la totalidad de las poblaciones). La asimetría en la balanza comercial se inclina tremendamente a favor de las empresas del norte.

Por todos esos motivos el subcontinente latinoamericano sigue siendo el patio trasero de la geoestrategia de la Casa Blanca. Es una región tremendamente controlada; de ahí que existan al menos 70 bases militares de Washington con gran capacidad operativa, de las que no se sabe a ciencia cierta qué potencial tienen. La más grande se está construyendo en Honduras, cerca de las reservas petrolíferas de Venezuela. ¿Coincidencia?

En general, todos los gobiernos de la región –de derecha, obviamente defensores a ultranza del libre mercado– se arrodillan ante las directivas norteamericanas. Las oligarquías nacionales no osan enfrentársele porque, así como están, están muy bien. En todo caso, son socias menores del capital estadounidense, y los gobiernos mantienen amables amistades (tanto, que un genuflexo presidente argentino: Carlos Menem, llegó a decir que eran “relaciones carnales”).

Donald Trump y Mitch McConnell

De ahí que cada vez que algún mandatario de la región se sale un milímetro del guión trazado por el gran imperio, altaneramente la Casa Blanca se permite las más groseras intromisiones. En tal sentido, la injerencia en los asuntos internos de nuestros países es proverbial.

Tanto, que el excandidato presidencial hondureño Salvador Nasralla, pudo decir sin vergüenza, casi con candidez, que “al final todos sabemos que Estados Unidos es quien decide las cosas en Centroamérica” (expresión que se podría extender a toda Latinoamérica).

Todo lo que acontece en términos políticos en nuestra sufrida zona, tiene siempre como actor –más o menos directo, más o menos oculto– a Estados Unidos. Los golpes de Estado que barrieron nuestros países en prácticamente todo el siglo pasado, las fuerzas armadas de cada país preparadas en estrategias contrainsurgentes y anticomunistas desde la Escuela de las Américas, las actuales frágiles democracias, las decisiones que toma la Organización de Estados Americanos –OEA– (ministerio de colonias, según expresión del cubano Raúl Roa García), o el actual Grupo de Lima, no son sino movidas de la política de Washington. Su injerencia, su abierta y grosera intromisión en nuestros asuntos, ya se acepta como normal.

¿Con qué derecho Washington declara ahora ilegal, ilegítimo o usurpador al gobierno bolivariano de Nicolás Maduro? No hay ahí sino el interés encubierto de mantener la reserva petrolera más grande del mundo bajo su influencia, la cual, con la revolución popular y antiimperialista que está teniendo lugar en Venezuela, no está asegurada para su proyecto hegemónico.

¿Hasta cuándo las burguesías nacionales y los blandengues gobiernos de la región van a seguir permitiendo la injerencia norteamericana? ¿De verdad que quieren las relaciones carnales? Es un poco vergonzoso, ¿no? Como vemos, solo el socialismo puede ser realmente antiimperialista.

 

MARCELO COLUSSI
ALAINET

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Especial

Las víctimas latinas sufren más violencia

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Mujeres chinas maltratadas feminicidio prostitución trata de personas

(SEGUNDA PARTE)

La activista japonesa por los derechos humanos Shihoko Fujiwara y miembros de su equipo fueron a los clubes de stripers donde les habían contado que había latinas y al investigar descubrieron que los proxenetas las movían cada diez días de un club a otro, por todo Japón.

“Con un pago extra, de apenas US$20, los clientes podían tener relaciones sexuales con la bailarina”.

“Les daban un condón, unos pañuelos y diez minutos para tener sexo. Ese era el tipo de servicio estándar disponible en un club de stripers latinas”.

Y el servicio, señaló, se prestaba en un cubículo pequeño, como una especie de cabina de teléfono.

Fujiwara le informó sus hallazgos a la policía, pero con frustración se dio cuenta de que muchas de esas mujeres fueron arrestadas, acusadas de prostitución y de haberse quedado ilegalmente en el país.

No se les atendió como víctimas de trata y fueron deportadas. “No se tomaron el tiempo de investigar sus casos”, me dijo.

“Ahora vas a Tokio o Yokohama y no ves latinoamericanas en las calles, pero en 2000, recuerdo haber visto a muchas latinas con sus cabellos teñidos de rubio”.

“Por mi experiencia, las latinas en Japón experimentaron más violencia, más explotación y por más tiempo que mujeres de otras nacionalidades. No sé por qué, no sé si tenían que pagar deudas más altas (por venir de más lejos). Las trataban muy mal y no soy la única que pensaba así”.

“Esas prácticas no se ven más”, me dice.

A menos no a gran escala.

VOLVER

“Era como ver a alguien que estaba del lado de la muerte. Tenía un miedo que trascendía más allá de lo normal”, me cuenta Paula de su amiga cuando la vio regresar de Japón.

Poco antes había hablado con ella por teléfono: “La oía desesperada. Me rogaba que la dejara quedarse en mi casa”, me dice desde el norte de Brasil.

“Le respondí que claro, que viniera”.

Dijo que se quedaría en su casa unos días, pero pasó un mes.

Paula no hablaba con Fernanda desde hacía dos años aproximadamente, cuando la vio partir “feliz”, en 2012, hacia la nación asiática.

Tanto Paula como Fernanda son nombres ficticios, usados para proteger su privacidad.

“UNA CÁRCEL PRIVADA”

“En el primer momento, no parecía mi amiga, era otra persona, alguien totalmente irreconocible”, asegura.

Se veía más delgada, frágil y muy triste. Pero su apariencia física no sería lo que más la alarmaría, sería su comportamiento.

“Se asustaba mucho con los ruidos: con el sonido del teléfono o cuando se cerraba una puerta con fuerza. La desconfianza era mucha, se sentía perseguida todo el tiempo”.

“Me pidió todas las copias de las llaves de la casa. Iba al baño totalmente cubierta”.

Después se enteraría de que su amiga “venía de pasar por una cárcel privada en el mismo infierno”.

LA FIGURA ESCULTURAL

Antes de partir a Japón, Fernanda “era una mujer alegre”, indica Paula.

Era hermosa, señala. “Una negra con un cuerpo escultural”.

“Provenía de buena familia, clase media alta. Ambos padres eran profesionales y sus hermanos vivían en el exterior”.

Estaba divorciada y tenía dos hijos. Se había graduado de administradora y tenía estabilidad económica, pero “nunca se interesó en seguir otra profesión que no fuese la artística”.

“Siempre añoró ser reconocida como modelo y actriz, con aparecer en la televisión, con brillar”.

EL ENAMORADO

Fernanda era miembro de la escuela de samba de la comunidad y allí fue donde un hombre se le acercó, la empezó a seducir y le comenzó a hablar sobre su agencia de modelaje en Japón.

“Esta persona estaba en todos los eventos de la comunidad”, recuerda Paula.

“Le prometió el éxito en el exterior”.

Ella se enamoró y les habló a sus seres queridos de él y de sus planes de irse a Japón.

“Tanto los familiares como los amigos le advirtieron sobre los peligros de la prostitución en el exterior, pero ella no vio más allá. Solo escuchaba a ese hombre”, evoca Paula.

Y se fue con él.

SEXO, DROGAS Y ALCOHOL

Cuando llegó a Japón, el enamorado de Fernanda cambió radicalmente su actitud.

“Le retuvo el pasaporte y la llevó al cuarto de un hotel, donde había otras tres mujeres”, recuerda Paula que su amiga le contó.

“En ese momento se dio cuenta de que había caído en una trampa y que el hombre que amaba formaba parte del engaño”.

Durante los primeros días, Fernanda fue llevada al sótano del hotel, donde funcionaba una red de prostitución.

“La obligaron a tener relaciones sexuales, a drogarse y a beber alcohol”, asegura Paula.

“Hasta 2014, estuvo en una especie de cárcel privada, donde era violentada todos los días por diferentes personas, donde fue una esclava sexual”.

EL TRAUMA

A Fernanda no le gustaba recordar lo que había vivido, pero le decía a Paula que “era una pesadilla que no le deseaba a nadie”.

Cuando abordaba sus miedos, contaba que sus captores “la dejaban encerrada hasta el otro día y eso, para ella, era espeluznante”.

Paula no tiene claro cómo Fernanda logró librarse de sus tratantes, pero sospecha que les hizo hacer mucho dinero, con lo que habría pagado su deuda.

“Durante la primera semana que se quedó en mi casa, hice lo imposible para convencerla de presentar la denuncia ante las autoridades, pero no tuve éxito”.

Tanto ella como sus padres tenían, no solo vergüenza por lo sucedido, sino mucho miedo a posibles represalias.

Y es que los tratantes tenían mucha información sobre ellos, algo que le recordaban constantemente a Fernanda en Japón.

“VENDIENDO SU CUERPO”

Paula logró que su amiga recibiera ayuda psicológica. Pero después de cuatro meses no quiso continuar.

Se dio cuenta de que Fernanda bebía mucho y usaba drogas y le sugirió a su padre que la internaran en una clínica de desintoxicación, cosa que no se materializó.

Pese a sus esfuerzos, no pudo evitar que su amiga cayera nuevamente en la maraña de la prostitución, las drogas y el alcohol.

“Por desgracia ya no tengo más contacto con ella. Sus padres, quienes están a cargo de los dos hijos que tuvo en su adolescencia, se mudaron y no dejaron rastro”.

Paula ha intentado localizarlos por las redes sociales, pero no ha tenido suerte.

Fernanda simplemente se desvaneció.

“La última vez que supe de ella, seguía vendiendo su cuerpo”.

2018 Y LA MEJORA EN EL RANKING

Entre 2011 y 2017, el reporte del Departamento de Estado de Estados Unidos en que analiza el trabajo de decenas de gobiernos para combatir la trata de personas, ubicó a Japón en el nivel Tier 2, donde están “los países cuyos gobiernos no cumplen plenamente con las normas mínimas de la TVPA (Ley de Protección de Víctimas de la Trata), pero que hacen esfuerzos considerables para cumplirlas”.

En el informe de 2018, la nación asiática logró la mejor clasificación del ranking: ascender a Tier 1, pues se considera que el gobierno cumple con las normas mínimas para la erradicación de la trata y se elogia su trabajo para enfrentar el problema.

Pese a ese reconocimiento, se advierte que “las autoridades continuaron procesando a los tratantes según leyes que imponen sentencias menores, que los tribunales frecuentemente suspendían en lugar de ordenar la encarcelación”.

El reporte también indica que, en algunos casos, las autoridades detuvieron, acusaron y deportaron a extranjeros que huyeron de “condiciones de explotación (impuestas) por las agencias que los contrataron, en lugar de investigar (sus casos) y remitirlos a los servicios de protección”.

“Los tratantes usan matrimonios fraudulentos entre extranjeras y hombres japoneses para facilitar la entrada de mujeres en Japón con el objetivo de forzarlas a la prostitución en bares, clubes, burdeles y salones de masajes”.

Sin embargo, el consenso entre los expertos consultados por BBC Mundo es que las reformas legales para penalizar la trata de personas, así como los nuevos controles y políticas migratorias han hecho que se vuelva más arriesgado y menos rentable para la mafia traficar y tratar mujeres extranjeras en Japón.

“Por eso, los tratantes están usando cada vez más a niños y mujeres japoneses en situación de vulnerabilidad”, me indicó Fujiwara.

DE VÍCTIMA A ACTIVISTA

Marcela Loaiza ha escrito libros sobre su experiencia, ha viajado a diferentes países de América Latina con las Naciones Unidas para dictar conferencias y hablar en escuelas, universidades, instancias judiciales y consulados sobre la trata.

La organización que fundó, y que lleva su nombre, tiene sedes en Colombia y Estados Unidos. Desde allí trabaja para apoyar a sobrevivientes y promover la prevención.

“La gente puede llegar a ser muy cruel con las víctimas”, reflexiona.

“Mi mamá tardó cinco años en entender lo que era la trata de personas. Me juzgaba, me decía que por qué yo me las daba de víctima y eso me causó muchos problemas”.

Pero como lo hizo Marcela, su madre también aceptó recibir ayuda psicológica y eso le permitió comprender a profundidad el fenómeno de la trata.

MÁS ALLÁ DE JAPÓN

Andrea Bravo, la directora de la fundación Marcela Loaiza en Colombia, me contó que desde su creación, hace siete años, han atendido a sobrevivientes colombianas de otras partes de Asia, no solamente de Japón.

De hecho, en octubre, la fiscalía de Colombia informó que un juez había condenado “en ausencia” a más de 30 años de prisión a una mujer acusada de manejar una red transnacional de trata.

“Las mujeres reclutadas terminan en manos de redes de controladores de la organización criminal que las obligan a ejercer la prostitución, convirtiéndose en damas de compañía de los jefes de la mafia japonesa conocida como Yakuza, lo mismo que de empresarios extranjeros en Indonesia, Filipinas y Hong Kong”.

ASÍ ES LA TRATA DE PERSONAS EN JAPÓN

De acuerdo con la policía de Japón, en 2017 se registraron 46 casos de trata de personas.

Del total de víctimas que las autoridades atendieron, 28 eran japonesas, 13 de otros países asiáticos y 1 brasileña.

Según los expertos, las estadísticas de los gobiernos no alcanzan a reflejar la verdadera magnitud de la trata en sus países porque muchos casos nunca llegan a ser conocidos.

En 2018, en su informe global sobre trata de personas, el Departamento de Estado de EE.UU. señaló: “Como se ha reportado en los últimos cinco años, Japón es un país destino, fuente y tránsito” de víctimas de trata.

Miembros de la Yakuza muestran sus tatuajes en un festival en Tokio en 2016. Es una de las raras ocasiones en las que miembros de esa organización se muestran públicamente.

Miembros de la Yakuza muestran sus tatuajes en un festival en Tokio en 2016. Es una de las raras ocasiones en las que miembros de esa organización se muestran públicamente.

YAKUZA, LA TEMIBLE MAFIA JAPONESA

Yamaguchi-gumi es el grupo más grande y poderoso de la mafia Yakuza. Se estima que tiene más de 20.000 miembros.

“Es una de las bandas más grandes y feroces del mundo”, decía en 2015 The Economist.

“Se estima que obtiene más de US$6.000 millones al año de las drogas, la protección, el préstamo de dinero, las estafas inmobiliarias e incluso, se dice, la bolsa de valores de Japón”.

ALGO MÁS

Aunque las fuentes consultadas por BBC Mundo coinciden en que el número de víctimas latinoamericanas de trata en Japón empezó a disminuir considerablemente desde finales de la década del 2000, advierten que la dinámica de la trata internacional no permite bajar la guardia y que Asia sigue siendo un destino para mujeres vulnerables.

 

MARGARITA RODRÍGUEZ
BBC NEWS MUNDO

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