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La traición de la gran transformación

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ERNESTO TOLEDO BRÜCKMANN

Ollanta Humala y Nadine Heredia necesitaron de apenas un par de días para iniciar un viraje radical que los alejó de quienes cifraron sus expectativas en ellos. La historia peruana tampoco recuerda un cambio tan radical y en tan poco tiempo.

“El miedo no debe vencer a la esperanza”, fue su última arenga emitida en la Plaza 2 de mayo, escenario de las principales luchas sociales desde hace décadas, y es que en el cierre de campaña para la segunda vuelta electoral del 2011, Ollanta Humala ya tenía captado el descontento de la población con el sistema económico.

“Estamos viviendo la campaña del miedo, que se está viendo esta semana a través de titulares, calumnias y una serie de tergiversaciones a la realidad”; de esta manera denunció a los medios de comunicación que advertían que el Perú sería un satélite de Venezuela bajo su eventual gobierno.

Los diferentes gremios asociados a la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) y los reservistas del Ejército, bases del movimiento “etnocacerista”, hacían notar su presencia. Transportistas, obreros de Construcción Civil, trabajadores textiles, mototaxistas y amas de casa respondían entusiastas a las preguntas de Ollanta Humala desde el escenario. Cuando su líder se lo pidió, levantaron la mano para pedir un cambio en el sistema. También para constatar que no tenían derechos laborales ni seguro médico, que pagaban caro el gas que consumen y que el salario mínimo no les llega para poder alimentarse.

El sociólogo Avelino Zamora Lingán recuerda: “El Ollanta de Locumba hizo creer al pueblo peruano que no solo tenía el coraje de encabezar un movimiento contra Alejandro Toledo, sino que era capaz de enfrentarse al Estado o al sistema mismo. Esto sirvió para que la clase política conservadora de la derecha, los ultra liberales y las transnacionales le coloquen el título de ‘antisistema’”

Ollanta del 2006 evocaba al candidato con su polo rojo llevando la inscripción “Amor por el Perú”, paseándose por las principales ciudades del país, capitales de regiones, provincias y distritos con un mensaje cargado de grandes promesas, que, de llevarlos a la práctica, probablemente sí que generaban grandes impactos nacionales. Pero en el 2011 era ya el Ollanta de blanco y moderado.

SEGUNDA OPORTUNIDAD
Si en el 2006 candidateó bajo las banderas de Unión por el Perú (UPP), cinco años después, ya con la inscripción del Partido Nacionalista Peruano (PNP), lo haría con Gana Perú, una coalición electoral peruana liderada por el PNP y teniendo de aliados al Partido Socialista (PS), Partido Comunista Peruano (PCP), Partido Socialista Revolucionario (PSR), Movimiento Voz Socialista (MVS) y Lima para Todos.

El 10 de abril del 2011 Ollanta quedó en primer lugar, por delante de Keiko Fujimori; sin embargo, no logró superar la barrera del 50% más un voto que le daría la victoria inmediata. Una vez más, Ollanta se enfrentaba al fantasma de la segunda vuelta. En la anterior ocasión ganó la primera pero el cargamontón y la maniobra aprista le quitaron la Presidencia. En esta ocasión tenía a su favor el masivo “antivoto” a todo quien apellidara Fujimori.

Humala se había ganado la simpatía de los sectores populares, quienes vieron en él un cambio radical en la sociedad. Su plan original de gobierno “La Gran Transformación”, que contenía 198 páginas, apostaba por una democracia más participativa, cárcel para los corruptos, cambio de la constitución y revisión de los contratos mineros, entre otras.

Pero Humala estaba frente a un dilema histórico; tenía que definirse entre los compromisos de la campaña y un rumbo neoliberal que implicaría traicionar a su base social. Optó por lo segundo. Para ganar la segunda vuelta necesitaría también el voto de sectores de la derecha liderada intelectualmente por el escritor Mario Vargas Llosa.

LA HOJA DE RUTA
Para ello aceptó la elaboración de un nuevo plan de gobierno con el nombre de “Lineamientos centrales de política económica y social para un gobierno de concertación nacional”, conocido popularmente como “Hoja de Ruta”, que fue dado a conocer públicamente el 13 de mayo. En este documento, que contenía apenas cinco hojas de texto, desapareció por completo la crítica al modelo capitalista neoliberal y como objetivos a cumplir se señalaban generalidades que dejaban abierta la puerta a que las cosas se manejen como siempre se manejaron en el Perú, dando carta libre a los grandes poderes empresariales.

Días después, el 19 de mayo, Humala efectuó el juramento “Compromiso en defensa de la democracia” en la Casona de la Universidad de San Marcos, en presencia de destacados intelectuales, profesionales y artistas peruanos quienes le brindaron su apoyo. Vargas Llosa envió un video con un mensaje, donde decía: “Yo creo que este juramento y su plan de gobierno rectificado deberían desvanecer todas las dudas que aún persisten en quienes no han decidido su voto. Yo los exhorto a votar por Ollanta Humala para defender la democracia en el Perú y evitarnos el escarnio de una nueva dictadura”.

Llegó el 5 de junio, fecha pactada por el JNE para la segunda vuelta y Ollanta Humala obtuvo el 48.21% de los votos frente al 45.49% de Keiko Fujimori. Con un discurso mucho más moderado, dejando de ser confrontacional, usando un doble discurso y tras realizar giras al exterior, especialmente a Estados Unidos, Humala finalmente cambió.

Humala comenzó con polo rojo y terminó de blanco en los brazos de la Confiep. Uno de los primeros en alejarse fue el expremier Salomón Lerner.

Humala comenzó con polo rojo y terminó de blanco en los brazos de la Confiep. Uno de los primeros en alejarse fue el expremier Salomón Lerner.

Cambió muy rápidamente al son de los que antes criticó
Apenas asumió su mandato, nombró al empresario de izquierda Salomón Lerner Ghitis como presidente del Consejo de Ministros y comenzó una luna de miel con sus aliados. Pero duró poco tiempo.

LA GRAN TRANSFORMACIÓN DE OLLANTA
Sin percatarse todavía de ello, la izquierda peruana y la casi totalidad de organizaciones sociales, sintieron como suyo el triunfo de Ollanta al ser parte de la marea que arrastraba a la región hacia la izquierda, presentándonos mandatarios identificados con el socialismo.

Apenas asumió su mandato, nombró al empresario de izquierda Salomón Lerner Ghitis como presidente del Consejo de Ministros y comenzó una luna de miel con sus aliados. Sus decisiones en materia económica y el retiro de Lerner cuatro meses después, terminó dinamitando los puentes que lo unían con sus primeros socios.

Como si fuera poco, alineó detrás suyo a un líder histórico de izquierda como Javier Diez Canseco y a una joven figura como Verónika Mendoza. Un año después de ser elegidos congresistas, ambos renunciaron al PNP, criticando a Humala por no defender a la población de la provincia de Espinar (Cusco), que acusaba a la empresa minera Xstrata Tintaya de contaminar la tierra y los ríos. La protesta se tornó violenta y terminó con cuatro civiles muertos y varios policías heridos. Esa fue la génesis del ascenso de Mendoza, parlamentaria cusqueña reconvertida hoy en uno de los líderes más representativos de la izquierda.

LA VENIA DE LOS ESTADOS UNIDOS
Si en un principio la Embajada de Estados Unidos en Lima lo fichó como “el candidato ultranacionalista antisistema”, con el tiempo Ollanta pasó a ser conocido simplemente como “el líder del Partido Nacionalista”. Los cables diplomáticos revisados hasta el momento por un diario capitalino daban cuenta que Humala visitó la sede diplomática, al menos una vez al año, entre el 2006 y el 2009. De las cuatro reuniones registradas, tres fueron a pedido de la embajada y una a solicitud del propio Humala, quien expresó su deseo de desarrollar buenas relaciones con los Estados Unidos.

Según los documentos, los embajadores James Curtis Struble y Michael McKinley vieron en Ollanta a una persona con una ambigua y dual posición política que buscaba proyectar una imagen moderada, pero al mismo tiempo abría las puertas a grupos radicales. Esta apreciación consignada en el cable N° 230714 se complementa con las palabras de Nadine Heredia, quien según refiere la misma nota del 21 de octubre del 2009, aseguró que el PNP seguía teniendo “un pie dentro y otro afuera” del sistema político formal. De otro lado, el documento N° 65100 registra a un Humala que dice no creer en un eje de izquierda o derecha y que niega ser antichileno o antinorteamericano.

“HOMBRE DE IZQUIERDA”
En el 2013 la revista inglesa The Economist analizó el gobierno de Ollanta Humala, ya para entonces alejado de todo movimiento de izquierda y bajo la mirada desconfiada de los empresarios. La revista señaló: “Humala fue elegido como un hombre de izquierda, pero ha gobernado como un conservador. (…) Los líderes gremiales, que lo apoyaron en el 2011, ahora lo consideran como un traidor a su causa. Los empresarios, que ya habían asimilado su política económica, se desconcertaron por la desatinada –y rápidamente descartada– sugerencia presidencial de comprar una parte de los activos peruanos de Repsol para el gobierno”.

PARECIDO CON FUJIMORI
El cambio de Humala recuerda a más de uno las elecciones de 1990, cuando el entonces candidato Alberto Fujimori prometió que nunca iba a aplicar el “programa de shock” liberal que Mario Vargas Llosa y el Frente Democrático (Fredemo) encontraron como única salida a la crisis económica dejada por Alan García. Pocas semanas después de asumido el cargo, Fujimori debió aplicar el paquete de medidas económicas más salvaje de la historia, haciendo todo lo contrario a lo que prometió. Los analistas sostuvieron que el escritor cometió el enorme error de ser sincero cuando en política la verdad no siempre resulta apropiada decirla.

El periodista y analista Augusto Álvarez Rodrich considera que no podría decirse que Humala engañó al elector ya que si en la primera vuelta del 2011 proclamó la “Gran Trasformación” como su fuente de ideas y al darse cuenta de que ese esquema no le alcanzaba para pasar del 30% inicial al 50% necesario para ganar la presidencia, su candidatura introdujo una serie de cambios sustantivos. Así, la mitad del país que votó por él lo hizo con un conocimiento razonable de la mutación que se había producido.

“Es obvio, sin embargo, que al 30% que votó por Humala en la primera vuelta, ya puesto en el escenario de la segunda contra Keiko Fujimori, le era muy complicado dar el salto a elegirla frente al ‘nacionalista’ no obstante el cambio de plan”, sostuvo.

El historiador Antonio Zapata reconoce que el PNP fue una locomotora en marcha ya que Humala arrastró a fuerzas de izquierda que desconfiaban de su propia capacidad para levantar sus banderas y prefirieron “subirse a una locomotora en marcha”. También recuerda que tras destituir a Salomón Lerner como primer ministro, no le respondió el teléfono en cinco años. “Luego de este tiempo, la izquierda no lo reconoce como alguien de los suyos, porque se aprovechó de los sentimientos y esperanzas de mucha gente para llegar arriba y luego se olvidó de ellos completamente”, señaló.

Humala minimizó el diálogo para Conga y los comuneros cajamarquinos le dijeron: “Agua sí,oro no”.

Humala minimizó el diálogo para Conga y los comuneros cajamarquinos le dijeron: “Agua sí,oro no”.

“CONGA NO VA”: PRIMER DESENCUENTRO
“He visto un conjunto de lagunas y me dicen que las quieren vender. ¿Ustedes quieren vender su agua? (¡No!, le responden) Porque, ¿qué es más importante: el agua o el oro? (¡El agua!, le gritan) Porque ustedes no toman ni comen oro, pero nosotros tomamos agua. (…) Yo me comprometo a respetar la voluntad de Bambamarca y Hualgayoc con respecto a la minería. Se va a respetar la agricultura, la ganadería y el agua para los peruanos”. Esta fue la entusiasmada intervención del 5 de junio del 2011 en Cajamarca, a muy pocos días de la segunda vuelta.

El cambio salta a la vista; el 16 noviembre de ese mismo año y ya en el Gobierno dijo: “El proyecto Conga es un proyecto importante para el Perú, porque le va a permitir realizar la gran transformación. Rechazamos posiciones extremas: el agua o el oro. Nosotros planteamos una posición sensata: el agua y el oro”. Frente a este cambio radical de postura la mayoría de la población cajamarquina entró en una justificada situación de indignación y rechazo al líder que lo llevó a la victoria.

El proyecto minero Conga contempla la construcción de dos tajos sobre una laguna, ubicada en las provincias de Cajamarca y Celendín (Región Cajamarca). La mina contendría más de 6 millones de onzas de oro, cuya inversión se estima en unos US$ 4.800 millones. La administración del proyecto Conga está a cargo de la sociedad anónima Minera Yanacocha constituida por las empresas: Newmont Mining Corporation, Compañía de Minas Buenaventura y Corporación Financiera Internacional, cuya participación en la sociedad es de un 51.35%, 43.63% y 5% de las acciones, respectivamente.

Pero la población cajamarquina rechazaba la explotación minera en esas localidades. En el 2012, una encuesta realizada en Cajamarca por Ipsos Apoyo mostró a un 78% de lugareños en contra de ejecutar el proyecto Conga. La presión popular obligó al presidente a recurrir a un peritaje internacional, el mismo que arrojó que la ejecución del proyecto contaminaría los recursos acuíferos de Cajamarca. En el 2012 el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA) sancionó a la minera Yanacocha por vulnerar la normativa ambiental e incumplir el Estudio de Impacto Ambiental Semi detallado del proyecto Conga.

Las movilizaciones en contra del gobierno de Humala y de la presencia de la empresa minera representan hasta hoy un referente de resistencia. Ante los ojos del mundo, Cajamarca se volvió en un bastión para la lucha comunitaria en contra de la depredación del medio ambiente. Las luchas se centralizaron por el propio Gobierno Regional, además del Frente de Defensa Ambiental, las Rondas Campesinas, gremios laborales y la propia iglesia.

Santos y Humala, quién pretendió imponer el proyecto Conga.

Santos y Humala, quién pretendió imponer el proyecto Conga.

Aunque en un inicio el propio presidente regional de Cajamarca Gregorio Santos Guerrero dijo que Ollanta Humala estaba siendo secuestrado por los grupos de poder, como negando su voluntad de favorecer a las empresas mineras, posteriormente en Cajamarca no les cabía duda que el mandatario se volvió su peor enemigo, peor aún cuando decretó el estado de emergencia en toda la región, a fin de controlar las medidas de lucha contra el proyecto minero.

Pretendiendo dar imagen de respeto a su autoridad, el 23 de junio del 2012 dijo en tono enérgico: “Podemos y vamos a hacer que la empresa garantice el abastecimiento de agua. Lo vital es el agua. Pero no puedo exponer al Perú al incumplimiento del estado de derecho. Mi gobierno no permitirá el desarrollo de ningún proyecto extractivo que exponga a la población al desabastecimiento de agua o que no tenga los estándares de calidad permitidos para el consumo humano”.

A todo esto, Nadine Heredia tenía algo que decir; “El mensaje del presidente ha sido claro, ahora le toca a la empresa ganarse la confianza de la población. También el Estado, históricamente tiene que comenzar a recuperar ese tejido social y confianza que necesitan los cajamarquinos”, manifestó, luego que en junio del 2012 su esposo diera luz verde al proyecto Conga. De esta manera, los esposos asumieron en común la defensa de la empresa privada en Cajamarca.

GESTOS QUE INDIGNAN
El giro hacia la derecha tuvo un gesto que llenó de indignación a sectores identificados con la izquierda; en noviembre del 2011 Humala condecoró con la Orden del Sol del Perú en el grado de Gran Cruz al líder histórico del Partido Popular Cristiano (PPC), Luis Bedoya Reyes. “Como diría Simón Bolívar, hoy le corresponde a usted el honor y la gloria”, dijo Humala.

Bedoya respondió sin escatimar halagos: “Es usted una caja de sorpresas, pero de sorpresas gratas: cada vez más firme y cada vez más sereno”. También saludó su “reajuste” (cambio) político ya en el poder: “Como políticos sabemos perfectamente que una cosa es desde el llano, otra cosa es de la galería de la competencia y otra desde el poder (…) Uno se da cuenta de que se es candidato y de repente se tiene que cambiar a ser gobernante”.

La reacción de los empresarios también se dejó notar. Representantes de la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (confiep), el principal gremio empresarial, salieron a apoyar la iniciativa del presidente Humala Tasso, de promover “la minería responsable”.

SU PROPIO PADRE
Uno de sus más encarnizados críticos es su propio padre Isaac Humala, quien indicó que su hijo traicionó la ideología nacionalista.

“Aparentemente mi hijo nos ha traicionado. Si no, no sería presidente. Si no hubiera firmado todas estas cosas, si no hubiera entregado al enemigo y a la oposición el manejo del tesoro nacional y si no hubiera aceptado tener un gabinete enemigo, no sería presidente”, indicó.

Asimismo manifestó que “los traidores del Perú son los defensores de la Constitución y de esta ley de minería. Son los que han puesto las condiciones. Pero ya no da más”. Añadió que “los pro Conga son traidores. No tienen dignidad”. En los siguientes años Isaac acusará a su nuera Nadine de controlar a su hijo.

Si el 28 de julio del 2011 Ollanta y Nadine generaron expectativa, un par de días después terminarían por definirse.

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Actualidad

El poder de la fuerza y de la ley según Benito Laso

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Benito Laso

El 20 de mayo de 1780 nació en Arequipa José Benedicto Laso de la Vega y Quijano, quien posteriormente firmó solo como Benito Laso. Es reconocido como uno de los fundadores del pensamiento liberal en el Perú del siglo XIX. Abogado (1807) ocupó varios cargos en el gobierno colonial hasta que se unió a la causa patriota de los criollos y mestizos de las provincias del sur del Perú.

Lo cual, posteriormente, determinó que forme parte del Poder Judicial, del Poder Legislativo (Diputado) y del Poder Ejecutivo (Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores -1838-; y de Instrucción y Negocios Eclesiásticos del Perú 1842 a 1843 ).

Colaboró con los medios escritos de Lima y Arequipa. En El Constituyente, entre los meses de mayo y julio de 1858, publicó su columna El Poder de la Fuerza y El Poder de La Ley, la cual –en conjunto- es un ensayo liberal sobre las relaciones de poder en el Perú de su época.

En sus textos, Laso sostiene que:

“La historia del hombre no es otra cosa que la pintura de la esclavitud de los más, y de la ambición de unos cuantos, y del estado perpetuo de guerra en que se ven los pueblos entre oprimidos y opresores. Largo, inmenso, sería el trabajo de recorrer la vida de las naciones de la tierra, y de su estudio no sacaríamos más que esta desconsolante sentencia: El mundo siempre ha sido víctima de la fuerza y del error”.

Lo que Laso quiere denunciar es la existencia de un discurso político e ideológico que ha instrumentalizado las ideas de libertad para, precisamente, imponer lo contrario.

En ese sentido, la religión jugó un rol muy importante en el mundo occidental, cuando fue tomada por los elementos del alto clero para elaborar un discurso que naturalizó las formas de explotación como parte de un “sufrimiento” que se debería aceptar para lograr un eterno bienestar más allá de este mundo.

Laso utiliza la idea que las religiones han aterrado la imaginación del ser humano para someterlo a las peores formas de dominación y explotación. Estos elementos sociales son los “conservadores”.

Sobre ellos, Laso escribió:

“Conservadores son los que no reconocen en las sociedades sino el principio de autoridad, es decir, que los pueblos no tienen derecho para pensar ni menos para arreglar y fijar la verdad de sus respectivos gobiernos. Son los que limitan el pensamiento a solo los mandones, no dejando ni permitiendo a los individuos asociados discurrir, reflexionar, y mucho menos censurar los actos y disposiciones de los que bien o mal se han colocado en el trono del gobierno. Los que tienen por máxima absoluta que los mandatarios son la cabeza del cuerpo político, a quienes únicamente pertenece discurrir, y el resto los miembros pasivos a quienes les incumbe sólo obedecer”.

Se puede percibir que Benito Laso es un liberal radical que se opone a toda idea o acto político que limite la capacidad de libertad política que debe tener la sociedad para elegir sus destinos.

Considera que los “conservadores” son los mayores enemigos que tiene una sociedad que busca autodeterminarse, ya que son los “conservadores” los que prefieren un gobierno absolutista donde la razón siempre la tengan quienes gobiernan o controlan el gobierno, reprimiendo los deseos de las grandes mayorías.

Por ello, Laso es mucho más firme cuando indica que:

“El empleo de la fuerza armada, la ignorancia general en el pueblo, y la desmoralización en la gente de proporciones; he aquí los tres medios que son la base firme sobre la que se levanta el gobierno despótico; y esto es lo que se hallan poniendo en planta los tiranos de nuestra época. La fuerza sirve para infundir temor; la ignorancia del pueblo para que desconozca los derechos que le dio la naturaleza, y que debe proteger la sociedad; y la inmoralidad para que aun los hombres que saben algo o mucho de sus derechos, los abandonen al imperio de la fuerza, y solo se contraigan a la satisfacción de sus pasiones según el espíritu que reina en el siglo que viven”.

Resulta interesante reconocer que Laso denunció la existencia de tres elementos que utilizan quienes tratan de imponer un orden económico, político y social que las grandes mayorías sociales no comparten. Estos elementos son: la violencia, la ignorancia y la corrupción. La violencia para reprimir; la ignorancia para controlar y la corrupción para generar aliados en el poder.

Las palabras de Benito Laso son vigentes en el Perú, país donde las noticias políticas siempre están relacionadas a represión de las manifestaciones populares; la farandulización de los Poderes del Estado y la existencia de corrupción en niveles insospechados.

 

AUGUSTO LOSTAUNAU MOSCOL

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Especial

¿Por qué la lucha por la transparencia se dirige a determinados objetivos políticos y no a otros?

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Julian Assange

El problema de la transparencia, como el de la lucha contra la corrupción, es la opacidad de su selectividad. Quienes quizás vivan más directamente este problema son los periodistas de todo el mundo que todavía insisten en hacer periodismo de investigación.

Todos temblaron el pasado 11 de abril, cualquiera que haya sido la línea editorial de sus periódicos, ante la detención de Julian Assange, sacado a la fuerza de la embajada de Ecuador en Londres para ser entregado a las autoridades estadounidenses que contra él habían emitido una solicitud de extradición.

Las acusaciones que hasta ahora se han vertido contra Assange se refieren a acciones que solo pretendían garantizar el anonimato de la denunciante de irregularidades Chelsea Manning, es decir, garantizar el anonimato de la fuente de información, una garantía sin la cual el periodismo de investigación no es posible.

Si los periodistas son quienes viven más directamente la selectividad de la transparencia, quienes más sufren las consecuencias de ello son la calidad de la democracia y la credibilidad del deber de rendición de cuentas a la que los gobiernos democráticos están obligados.

¿Por qué la lucha por la transparencia se dirige a determinados objetivos políticos y no a otros? ¿Por qué las revelaciones en algunos casos son celebradas y tienen consecuencias mientras que, en otros, se impiden y, si llegan a ver la luz, se ignoran?

De ahí la necesidad de conocer mejor los criterios que presiden la selectividad. Por supuesto, el otro lado de la selectividad de la transparencia es la selectividad de la lucha contra la transparencia.

Tal vez no sabríamos de las perturbaciones reveladas por WikiLeaks en 2010 (videos militares sobre el asesinato en Irak de civiles desarmados, dos de los cuales trabajaban para Reuters), si no hubiesen sido divulgadas ampliamente por los medios de comunicación de referencia de todo el mundo. ¿Por qué toda la saña persecutoria se desató contra el fundador de WikiLeaks y no sobre esos medios, algunos de los cuales ganaron mucho dinero que nunca retornó adecuadamente para Assange?

¿Por qué entonces los editoriales del New York Times vitoreaban a Assange como el campeón de la libertad de expresión y celebraron las revelaciones como el triunfo de la democracia, mientras que el editorial de la semana pasada considera su prisión como el triunfo de la rule of law? ¿Por qué el Gobierno de Ecuador protegió “los derechos humanos de Assange durante seis años y 10 meses”, en palabras del presidente Lenín Moreno, y lo entregó repentina e informalmente, violando el derecho internacional de asilo?

¿Será porque, según The New York Times, el nuevo préstamo del FMI a Ecuador por valor de unos 4000 millones de dólares habría sido aprobado por EE.UU. a condición de que Ecuador entregara a Julian Assange? ¿Será porque WikiLeaks reveló recientemente que Moreno podría ser acusado de corrupción por dos supuestas cuentas offshore, de titularidad de su hermano, una en Belice y otra en Panamá, donde supuestamente se depositaron comisiones ilegales?

En cuanto a la selectividad de la lucha por la transparencia, hay que distinguir entre los que luchan desde fuera del sistema político y los que luchan desde dentro. En cuanto a los primeros, su lucha tiene, en general, un efecto democratizador porque denuncia el modo despótico, ilegal e impune en que el poder formalmente democrático y legal se ejerce en la práctica para neutralizar resistencias a su ejercicio.

En el caso de WikiLeaks habrá que reconocer que ha publicado informaciones que afectan a gobiernos y actores políticos de diferentes colores políticos, y este es quizás su mayor pecado en un mundo de rivalidades geopolíticas.

La suerte de WikiLeaks cambió cuando en 2016 reveló las prácticas ilegales que manipularon las elecciones primarias en el Partido Demócrata de EE.UU. para que Hillary Clinton, y no Bernie Sanders, fuera la candidata presidencial; y más aún después de haber mostrado que Hilary Clinton fue la principal responsable de la invasión de Libia, una atrocidad por la que el pueblo libio sigue sangrando.

Se puede objetar que WikiLeaks se ha restringido, en general, a los gobiernos más o menos democráticos de dicho mundo eurocéntrico o nortecéntrico. Es posible, pero también es verdad que las revelaciones que se han hecho más allá de ese mundo cosechan muy poca atención de los medios dominantes.

La selectividad de la lucha por parte de los que dominan el sistema político es la que más daño puede causar a la democracia, pues quien protagoniza la lucha, si tuviese éxito, puede aumentar su poder por vías no democráticas.

El sistema jurídico-judiciario es hoy el instrumento privilegiado de esa lucha. Asistimos en los últimos días a intentos desesperados por justificar la anulación del asilo de Assange y su consecuente prisión a la luz del derecho internacional y del derecho interno de los varios países involucrados.

Empero, nadie ignora el hecho de que se trató de un barniz legal para cubrir una conveniencia política ilegal, si acaso no directamente una exigencia por parte de Estados Unidos.

Luiz Inazio Lula Da Silva

Pero sin duda el estudio de caso del abuso del derecho para encubrir intereses políticos internos e imperiales es la prisión del expresidente Lula da Silva. El ejecutor de tal abuso es el juez Sergio Moro, acusador, juez en causa propia, ministro de Justicia del Gobierno que conquistó el poder gracias a la prisión del líder del PT.

Lula fue procesado mediante sórdidos dislates procesales y la violación de la jerarquía judicial, se lo condenó por un crimen que nunca fue probado, y es mantenido en prisión a pesar de que el proceso no ha sido transitado en juzgado.

De aquí a cincuenta años, si todavía hubiera democracia, este caso será estudiado como ejemplo del modo en que la democracia puede ser destruida por el ejercicio abusivo del sistema judicial. Es también el caso que mejor ilustra la falta de transparencia en la selectividad de la lucha por la transparencia.

No es preciso insistir en que la práctica de promiscuidad entre el poder económico y el poder político viene de lejos en Brasil y que cubre todo el espectro político. Ni tampoco que el expresidente Michel Temer pudo terminar el mandato para el cual no fue electo a pesar de los desórdenes financieros en los que habría estado involucrado.

Lo importante es saber que la prisión de Lula da Silva fue fundamental para elegir un Gobierno que entregase los recursos naturales a las empresas multinacionales, privatizase el sistema de pensiones, redujese al máximo las políticas sociales y acabase con la tradicional autonomía de la política internacional de Brasil, rindiéndose a un alineamiento incondicional con Estados Unidos en tiempos de rivalidad geopolítica con China.

Objetivamente, quien más se beneficia con estas medidas es Estados Unidos. No sorprende por ello que intereses norteamericanos hayan estado tan implicados en las últimas elecciones generales. Es sabido también que las informaciones que sirvieron de base para la investigación de la Operación Lava Jato resultaran de una íntima colaboración con el Departamento de Justicia estadounidense.

Pero quizás sea sorprendente la rapidez con la que, en este caso, el hechizo puede volverse en contra del hechicero. WikiLeaks reveló que Sergio Moro fue uno de los magistrados entrenados en Estados Unidos para la llamada “lucha contra el terrorismo”. Se trató de un entrenamiento orientado al uso robusto y manipulativo de las instituciones jurídicas y judiciarias existentes, así como para el recurso a innovaciones procesales, como la delación premiada, con el objetivo de obtener condenas rápidas y drásticas.

Fue esa formación que enseñó a los juristas a tratar algunos ciudadanos como enemigos y no como adversarios, esto es, como seres privados de los derechos y de las garantías constitucionales y procesales y de los derechos humanos supuestamente universales.

El concepto de enemigo interno, originalmente desarrollado por la jurisprudencia nazi, buscó precisamente crear una licencia para condenar con una lógica de estado de excepción, a pesar de ser ejercida en una supuesta normalidad democrática y constitucional.

Moro fue así escogido para ser el malabarista jurídico-político al servicio de causas que no pueden ser avaladas democráticamente. Lo que une a Assange, Lula y Moro es ser peones del mismo sistema de poder imperial: Assange y Lula como víctimas, Moro en tanto verdugo útil y por eso descartable cuando haya cumplido su misión o cuando, por cualquier motivo, se transforme en un obstáculo para que la misión sea cumplida.

 

BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS
Página|12 – Traducción: ANTONI AGUILÓ y JOSÉ LUIS EXENI RODRÍGUEZ.

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Actualidad

El calvario de los hinchas en los estadios

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HInchas de Universitario revisados por la Policía

Imagine que usted va con su familia a un espectáculo cualquiera y, al ingresar, descubre que existe una larga lista de accesorios y objetos que están prohibidos de ingresar. Para empezar, le piden que se quite la correa, los aretes si es mujer, el gorro si es que lo usa y los lentes para el sol.

También le quitan cigarrillos y encendedores, en caso sea un fumador, y si lleva una vestimenta con capucha, deberá buscar dónde dejar la prenda para poder ingresar a ver el espectáculo por el cual pagó.

Lo anterior es el resumen de una experiencia habitual en los estadios de fútbol limeños, donde se ha perdido el respeto más elemental que se debe tener por quien sostiene toda la actividad comercial: el hincha cliente.

Facebook Twitter de Club Universitario de Deportes

Ayer, en la previa del encuentro entre Universitario y Sport Boys por el torneo local, los hinchas que acudieron al Estadio Monumental se dieron con la sorpresa de que los efectivos de la Policía Nacional del Perú (PNP) destacados en el lugar, habían dispuesto el decomiso de gorros y lentes de sol a pesar de que la administración del club había informado en sus redes sociales que dichos accesorios sí estaban permitidos.

Así lo informó el medio partidario La Tribu en su cuenta de Twitter, donde además publicó una fotografía de efectivos policiales junto a un balde adonde iban a parar los objetos decomisados. Dicha denuncia generó la indignación tanto de hinchas como de algunos periodistas que cuestionaron el hecho.

Policía en caballo controlan a hinchas de Universitario

Aunque finalmente la irregular situación se pudo resolver, el decomiso indebido existió, y sirve como recordatorio de la ingrata experiencia de acudir a un estadio de fútbol en el Perú, específicamente cuando en un afán de prevenir la violencia, los responsables de cuidar el orden público terminan quebrantándolo y excediéndose en sus funciones.

A los decomisos mencionados se suman las revisiones corporales habitualmente vejatorias -tocamientos de genitales, órdenes de descalzarse y de mostrar todo el contenido de las billeteras- y el riesgo permanente de ser víctima de maltrato verbal cuando no de una represión desmedida,

Tal cual sucedió a inicios de año cuando un policía pisó y rompió una tarola en los exteriores del Monumental, o en meses anteriores cuando efectivos policiales agredieron a mujeres hinchas de Sport Boys y de Alianza Lima. Los casos de violencia contra los espectadores son reiterativos y configuran un escenario que merece una debida atención por parte de las autoridades.

 

YÁSSER GÓMEZ CARBAJAL

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