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La soledad de América Latina

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La soledad de América Latina

Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.

CABEZA DE VACA
Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonio más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los cronistas de Indias nos legaron otros incontables. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años, cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la Eterna Juventud, el mítico Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieron unos a otros y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado la misión alemana de estudiar la construcción de un ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro.

La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia. El general Antonio López de Santana, que fue tres veces dictador de México, hizo enterrar con funerales magníficos la pierna derecha que había perdido en la llamada Guerra de los Pasteles. El general García Moreno gobernó al Ecuador durante 16 años como un monarca absoluto, y su cadáver fue velado con su uniforme de gala y su coraza de condecoraciones sentado en la silla presidencial. El general Maximiliano Hernández Martínez, el déspota teósofo de El Salvador que hizo exterminar en una matanza bárbara a 30 mil campesinos, había inventado un péndulo para averiguar si los alimentos estaban envenenados, e hizo cubrir con papel rojo el alumbrado público para combatir una epidemia de escarlatina. El monumento al general Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en París en un depósito de esculturas usadas.

La soledad de América Latina

PABLO NERUDA
Hace once años, uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chileno Pablo Neruda, iluminó este ámbito con su palabra. En las buenas conciencias de Europa, y a veces también en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetus que nunca las noticias fantasmales de la América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda. No hemos tenido un instante de sosiego. Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas murió peleando solo contra todo un ejército, y dos desastres aéreos sospechosos y nunca esclarecidos segaron la vida de otro de corazón generoso, y la de un militar demócrata que había restaurado la dignidad de su pueblo. En este lapso ha habido 5 guerras y 17 golpes de estado, y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo. Mientras tanto 20 millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son más de cuantos han nacido en Europa occidental desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represión son casi los 120 mil, que es como si hoy no se supiera dónde están todos los habitantes de la ciudad de Upsala. Numerosas mujeres arrestadas encintas dieron a luz en cárceles argentinas, pero aún se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. Por no querer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y más de 100 mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos países de la América Central, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en los Estados Unidos, la cifra proporcional sería de un millón 600 mil muertes violentas en cuatro años.

De Chile, país de tradiciones hospitalarias, ha huido un millón de personas: el 10 por ciento de su población. El Uruguay, una nación minúscula de dos y medio millones de habitantes que se consideraba como el país más civilizado del continente, ha perdido en el destierro a uno de cada cinco ciudadanos. La guerra civil en El Salvador ha causado desde 1979 casi un refugiado cada 20 minutos. El país que se pudiera hacer con todos los exiliados y emigrados forzosos de América Latina, tendría una población más numerosa que Noruega.

Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no solo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de las Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual éste colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad.

Pues si estas dificultades nos entorpecen a nosotros, que somos de su esencia, no es difícil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en la contemplación de sus propias culturas, se hayan quedado sin un método válido para interpretarnos. Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos solo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado. Si recordara que Londres necesitó 300 años para construir su primera muralla y otros 300 para tener un obispo, que Roma se debatió en las tinieblas de incertidumbre durante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aún en el siglo XVI los pacíficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y sus relojes impávidos, ensangrentaron a Europa con soldados de fortuna. Aún en el apogeo del Renacimiento, 12 mil lansquenetes a sueldo de los ejércitos imperiales saquearon y devastaron a Roma, y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes.

No pretendo encarnar las ilusiones de Tonio Kröger, cuyos sueños de unión entre un norte casto y un sur apasionado exaltaba Thomas Mann hace 53 años en este lugar. Pero creo que los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patria grande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo.

América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental.

No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad.

Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay 74 millones más de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada año la población de Nueva York. La mayoría de ellos nacen en los países con menos recursos, y entre éstos, por supuesto, los de América Latina. En cambio, los países más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destrucción como para aniquilar cien veces no solo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios.

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La Revista

Los cósmicos avatares de la Serie B

Publicado

en

VÍCTOR HURTADO OVIEDO

Plutón es un planeta de la serie B. Como bien se sabe –aunque no tanto–, en la serie B yacen películas de bajo presupuesto, de bajas pretensiones, de bajas recaudaciones y de bajas recordaciones. Una superproducción se hace por todo lo alto, más las cintas de la serie B se hacían por lo bajo.

En los westerns de la serie B, el jefe cheroqui solía ser un irlandés maquillado de emergencia, y los granjeros muertos por los malos en el primer rollo, se parecían demasiado a los matones que repartían sillas voladoras en la bronca del saloon del grand finale.

En las cintas de vampiros de la serie B, los actores sí mordían ya que les pagaban sueldos de hambre. En las cintas futuristas de la serie B, confirmábamos que todo tiempo pasado fue mejor. En las cintas de zombis de la serie B, era divertido señalar al director.

En las cintas policiales de la serie B, el delito no estaba en el argumento, sino en la película. En las cintas románticas de la serie B, el único amor realmente traicionado era el amor al cine.

En las cintas musicales de la serie B, los bailarines tropezaban hasta con los diálogos. En las cintas de romanos de la serie B, los leones se limitaban inexplicablemente a comerse a los cristianos.

En las cintas de piratas de la serie B, el género rendía homenaje a los guionistas. En las cintas cómicas de la serie B, se reían de nosotros. En las cintas de la serie B, los cartones del decorado hacían un papelón.

En las cintas de la serie B, los actores parecían haberse aprendido solamente los parlamentos de los otros. En las cintas de la serie B, la dirección de los actores consistía en sus domicilios.

El luminotécnico de la serie B era un hombre de pocas luces. Para cualquier irresponsable, dirigir su primera película de la serie B era una forma de pedir una segunda oportunidad.

Empero, la serie B no se limita al cine: hay toda una serie de series B. Hay chocolates de la serie A (negros) y de la serie B (con leche), y habemos gente de la serie B, y se nos reconoce pues decimos “habemos” en vez de “hay”.

Entre los planetas existe una serie B: Plutón, Ceres, Eris, Makemake y Haumea. Hoy se los llama “planetas enanos” pues, aunque son redondos, son muy pequeños. Ninguno está entre los top ten, los que curiosamente son ocho.

La órbita de Plutón es más excéntrica que Salvador Dalí. Al fin, Plutón es otro de los millones de asteroides que orbitan alrededor del Sol, muy lejos, en el cinturón de Kuiper. Incluso, Ceres es más grande que Plutón, y la Luna es más grande que los dos.

En el año 2006, un congreso de astrónomos definió a Plutón como “planeta enano” (o sea, de la serie B). Plutón fue planeta de la serie A durante 76 años, pero él no cambió: cambió el afán de clasificar que impulsa a la ciencia.

La ciencia es la única mano que nos guía por entre la gigantesca selva del Sol –y por entre las selvas que imaginemos–. La ciencia es el cosmos en el caos.

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La Revista

Colombia: Una oportunidad perdida

Publicado

en

Atilio Boron
ALAI -AMLATINA

El resultado del plebiscito colombiano reveló la profundidad de la polarización que, desde el fondo de su historia, caracteriza a la sociedad colombiana.

También, la grave crisis de su arcaico sistema político incapaz de suscitar la participación ciudadana que ante un plebiscito fundacional -¡nada menos que para poner fin a una guerra de más de medio siglo!- que apenas si logró que una de cada tres personas habilitadas para votar acudiera a las urnas, una tasa de participación inferior a la ya de por sí habitualmente baja que caracteriza a la política colombiana.

La del domingo fue la mayor abstención en los últimos veintidós años y su resultado fue tan ajustado que hizo que la victoria del NO, como hubiera ocurrido ante un eventual triunfo del SI, sea más un dato estadístico que un rotundo hecho político.

NADIE LOGRÓ SU OBJETIVO
Los partidarios del SI habían dicho que lo que se necesitaba para consolidar la paz era una amplia victoria, que no bastaba simplemente con superar en votos a los partidarios del NO. Lo mismo cabe decir de sus oponentes.

Pero nadie logró ese objetivo, porque la diferencia de un 0.5 % a favor del NO podría sociológicamente ser considerada como un error estadístico que un nuevo recuento de votos podría eventualmente llegar a revertir.

Es prematuro brindar una explicación acabada de lo ocurrido. Habría que contar con información más pormenorizada que por el momento no está disponible.

Pero no deja de ser sorprendente que el anhelo de la paz, que era algo que cualquiera que haya visitado Colombia podía percibir a flor de piel en la gran mayoría de su población, no se haya traducido en votos para ratificar esa voluntad pacifista y refundacional de un país sumido en un interminable baño de sangre.

POLÍTICOS SIN CREDIBILIDAD
En lugar de ello la ciudadanía reaccionó con irresponsable indiferencia ante la convocatoria para respaldar los acuerdos trabajosamente conseguidos en La Habana. ¿Por qué?

Algunas hipótesis deberían apuntar, en primer lugar, a la baja credibilidad que tienen en Colombia las instituciones políticas, corroídas desde largo tiempo por la tradición oligárquica, la penetración del narcotráfico y el papel del paramilitarismo.

Este déficit de credibilidad se expresa en una retracción del electorado, tanto más importante cuanto más alejadas se encontraran de las zonas calientes del conflicto armado las regiones en las cuales el NO triunfó con holgura.

En cambio, aquellos departamentos que fueron teatro de operaciones de los enfrentamientos se manifestaron mayoritariamente a favor del SI.

Para decirlo en otros términos: allí donde los horrores de la guerra eran experimentados sin mediaciones y en carne propia –principalmente las regiones agrarias y campesinas- la opción por el SI triunfó de manera aplastante.

Tal es el caso del Cauca, con el 68 % votando por el SI; el Chocó, con 80 % por el SI; Putumayo, 66 % por el SI; Vaupes, 78 % por el SI.

En cambio, en los distritos urbanos en donde la guerra era apenas una noticia que divulgaban los medios, satanizando de manera implacable a la insurgencia, quienes acudieron a las urnas lo hicieron para manifestar su rechazo a los acuerdos de paz.

DEBILIDAD DE CAMPAÑA
Lo anterior remite a una segunda consideración: la debilidad del esfuerzo educativo hecho por el gobierno colombiano para explicar los acuerdos y sus positivas consecuencias para el futuro del país. Esta falencia había sido señalada por diversos observadores y protagonistas de la vida política de ese país, pero su llamado de atención al presidente Juan M. Santos fue desoído.

El confiado optimismo que primaba en los círculos gubernamentales (y también en algunos sectores cercanos a las FARC-EP) unido a la imprudente confianza puesta en los pronósticos de las encuestas -que, una vez más, fracasaron escandalosamente- hizo que se subestimara la gravitación de los enemigos de la paz y la eficacia de la campaña basada en el visceral rechazo a los acuerdos promovida por el uribismo.

DERECHA Y MEDIOS
El papel desempeñado por la derecha vinculada al paramilitarismo y los medios de comunicación, mismos que reprodujeron sin cesar las acusaciones de “traición” dirigidas al presidente Santos, galvanizaron un núcleo duro opuesto a la ratificación de los acuerdos que pese a ser minoritario en el conjunto de la población logró prevalecer porque sus adherentes acudieron masivamente a las urnas, mientras que sólo una parte de los que sí la querían se atrevieron a desafiar las inclemencias del tiempo y fueron a votar.

Persuasiva resultó ser pues la “campaña de terror” orquestada por la derecha, que en sus ominosas caricaturas presentaba al comandante Timoshenko ya investido con la banda presidencial y presto a imponer la dictadura de los “terroristas” sobre una población indefensa y sumida en la ignorancia, misma que encontró en el voto por el NO el antídoto necesario para conjurar tan pavorosa amenaza.

FRUSTRACIÓN Y ESPERANZA
En suma: es imposible abstraerse de la sensación de frustración que provoca este resultado. Como se dijo una y mil veces, la paz en Colombia es la paz en América Latina. Tremenda responsabilidad le cabe a las FARC-EP ante este deplorable resultado electoral. La sensatez demostrada por la guerrilla en las arduas negociaciones de La Habana deberá ahora pasar por una nueva prueba de fuego.

Y es de esperar que la tentación de retomar la lucha armada ante el desaire electoral sea neutralizada por una actitud reflexiva y responsable que, desgraciadamente, no tuvo la ciudadanía colombiana.

Las declaraciones del comandante Timoshenko ratificando que ahora las armas de la insurgencia son las palabras permiten albergar una semilla de esperanza. Lo mismo las manifestaciones de la dirigencia del ELN y la alocución del presidente Santos poco después de conocidos los resultados del plebiscito.

HABRÁ OTRA OPORTUNIDAD
Ojalá que así sea y que esta guerra de más de medio siglo, que a lo largo de estos años tuvo un costo equivalente a casi la mitad del PBI actual de Colombia; que despojó de sus tierras y desplazó de sus hogares a casi siete millones de campesinos; que produjo 265.000 muertes oficialmente registradas; que victimizó por la vía indirecta a dos millones y medio de menores de edad; que esa pesadilla, en suma, que ha enlutado a la entrañable Colombia pueda hundirse definitivamente en el pasado para abrir esas grandes alamedas evocadas por el heroico presidente Salvador Allende por donde habrán de pasar los hombres y las mujeres de Colombia para construir una sociedad mejor.

Ayer se perdió una inmejorable oportunidad para avanzar por el camino de la paz. Habrá otras, sin duda alguna.

*Director del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (PLED), Buenos Aires, Argentina.

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La Revista

Petroperú frente a Repsol

Publicado

en

JORGE MANCO ZACONETTI*

En la meca del capitalismo mundial, el estado norteamericano consideraba la exportación de hidrocarburos un asunto estratégico ligado a la seguridad nacional

Dice el bolero que recordar es volver a vivir. En el caso de las privatizaciones de las empresas estatales vendidas en la década del fujimorismo sería para volver a llorar, por los precios de ocasión al cual se transfirieron o mejor aún se remataron rentables empresas públicas, en especial las unidades de PetroPerú S.A. como la Refinería La Pampilla, los grifos, Solgás, Transoceánica, los lotes petroleros, lubricantes Petrolube, terminales etc.

La petrolera estatal reducida a las actividades de refino y distribución mayorista está siendo duramente cuestionada, por la derecha económica y sus sicarios ideológicos, después de estar durante casi 20 años en el limbo, en el corredor de la muerte respecto a su futuro como afirma el ex presidente de su directorio H. Campodónico.

Aparentemente hoy habría un consenso político de los diversos grupos políticos incluido el moderno fujimorismo para fortalecer a Petroperú como empresa pública, lo cual estaría en contradicción con su posible retorno al Fonafe como pretende el actual ministro de economía y finanzas. Ello significaría un retroceso en el gobierno en relación a tener una empresa petrolera moderna que debiera ser eficiente y rentable.

Sin embargo, en la realidad su destino es incierto, pues la petrolera estatal no participa en los grandes negocios en el sector de hidrocarburos que han permitido la valorización de empresas privadas, gracias a la explotación de nuestros recursos naturales como el petróleo, gas y condensados. La lista sería larga pero vale la pena para no olvidar a las empresas que se han enriquecido con la venta de los activos, filiales de Petroperú, tales como: Repsol, Pluspetrol, Petrotech ahora Savia, Graña y Montero, Pecsa, Sapet, Eléctrica de Piura entre otras.

 Este artículo constituye un homenaje y reconocimiento a un gran peruano como Raúl Wiener.

ESTADOS FINANCIEROS COMPARADOS DE PETROPERÚ Y REFINERÍA LA PAMPILLA  (RELAPASA)

SIN INTEGRACIÓN VERTICAL
Petroperú, al no tener acceso en la integración vertical, es decir sin contar con la producción propia de petróleo, al no tener grifos propios, pues la cadena Petrored está constituida por capitales privados que mantienen contratos de abastecimiento con la petrolera estatal, es decir, la misma no participa en los márgenes de distribución minorista, que superan el 20 por ciento de la rentabilidad neta.

Igualmente no tiene acceso al negocio del envasado, ni distribución minorista del gas licuado de petróleo (GLP) ni en la explotación, transporte ni masificación del gas natural; es pues una empresa destinada a languidecer, sin tener mayores excedentes económicos, utilidades que le permitan su valorización, ni repagar en el largo plazo el financiamiento de las inversiones que supone la modernización de la refinería de Talara.

Es más, a pesar que por su carácter estatal Petroperú sigue subsidiando la venta de combustibles en la Amazonía; también es sometida a contratos lesivos que ninguna empresa privada aceptaría como es el caso de los terminales marítimos y del transporte de crudo contratando a los mismos buques cargueros que antes le pertenecían, abonando tarifas superiores al promedio de mercado.

Tampoco puede aplicar tarifas de mercado por el alquiler de las plataformas marinas en el lote Z-2B, tarifas que se fijaron cuando el precio del crudo era de 20 dólares el barril, y que se mantuvieron invariables cuando el precio del crudo arribó a los 100 dólares el barril, y permanecen constante con los precios actuales que bordean los 48 dólares, con una clamorosa falta de inversiones en mantenimiento en los equipos, barcazas y plataformas cuya propiedad corresponde a PetroPerú.

También es manejada como agencia de empleo y caja chica por los gobiernos de turno, lo cual la pervierte como una empresa atractiva en la Bolsa de Valores. Sin embargo, con todas estas cargas, pasivos, partidas inusuales, manejo burocrático sigue siendo una empresa rentable.

MAYOR RENTABILIDAD FRENTE A LA COMPETENCIA
A pesar de la leyenda negra frente a la rentabilidad de Petroperú sirva la comparación con la competencia en el mercado de combustibles identificada con la Refinería La Pampilla cuyo mayor accionista es la transnacional española Repsol. Ambas en conjunto determinan aproximadamente el 86 por ciento de las ventas de combustibles en el mercado interno, con la salvedad que Repsol participa en los negocios de Camisea tanto en la explotación de los lotes 88, 56, y 57.

Si se tiene presente que en junio de 1996 se vendió el 60 por ciento de las acciones de la Refinería La Pampilla en el proceso privatizador por un valor de 180.5 millones de dólares, al Consorcio refinadores del Perú S.A., donde 38 millones de dólares correspondían a títulos, papeles de deuda externa que fueron comprados a precios de “huevo roto”, y reconocidos al 100 por ciento de su valor por la COPRI, hoy Proinversión, el organismo responsable de promover las privatizaciones.

Al tipo de cambio promedio vigente a la venta al sector privado de la mayoría accionaria de la Refinería La Pampilla los 180.5 millones de dólares resultaban equivalentes en esa época a un valor en soles de 443.4 millones, con mínimos compromisos de inversiones de 10 millones de dólares por año durante cinco años, es decir un total 50 millones de dólares. ¡Es decir todo un regalo!

Como se puede observar en el cuadro respectivo de los “Estados Financieros Comparados de Petroperú y Refinería La Pampilla” entre 1997 al 2015, es claramente evidente que la petrolera estatal con la Refinería de Talara con una capacidad de refino de 65 mil barriles diarios y Ref. Conchán con una capacidad de 13 mil barriles diarios, pese a una distancia geográfica de 1,200 kilómetros del principal mercado determinado por la demanda de la ciudad capital, es más importante en cuanto a la generación de ingresos y rentabilidad, en relación a la Refinería La Pampilla, que siendo más moderna tiene una mayor capacidad de refinación de 102 mil barriles diarios.

Al primer año de la privatización, 1997 Petroperú generó ingresos del orden de 3,484 millones de soles, con una rentabilidad operativa de 418 millones de soles y una utilidad neta de 266 millones de soles.

En cambio, Refinería La Pampilla, obtuvo ingresos del orden de 2,061 millones de soles, utilidades operativas es decir las utilidades antes de participaciones e impuestos por un valor de 241 millones de soles, y las utilidades residuales es decir las netas fueron equivalentes a 144 millones de soles.

A sabiendas que los estados financieros auditados no reflejan la verdadera utilidad pues existen una serie de mecanismos contables y tributarios para escamotear la real utilidad. Con los datos oficiales presentados por la propia empresa en sus memorias, se podría decir que el monto pagado de 443.4 millones de soles por la mayoría accionaria en junio de 1996, prácticamente se recuperó en los primeros cuatro años, si se suman las utilidades netas que hacen un total de 442 millones.

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