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La Palizada: violencia y distinción social en Lima a inicios del siglo xx

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La Palizada: violencia y distinción social en Lima a inicios del siglo xx

Entre la violencia física, la diversión y el consumo de la prostitución, se encontró un grupo de jóvenes provenientes de la clase dominante, se les denominó “La Palizada”. Según José Gálvez:

“Era frecuente antaño que el caballero de aristocrática familia, acaudalado y rumboso, concurriera asiduamente a jaranas de medio pelo, en las que campeaba por sus respetos, su donaire, su gracia, la facilidad con que improvisaba una copla, bailaba una resbalosa y echaba a la calle con sus puños al primer atrevido que faltase el respeto a la comadre. Estos señoritos eran padrinos de nacimiento, bajaban a los reyes el 6 de enero, llevaban a la pila a más de un mulatito, sabían domar un potro, puntear airosamente una guitarra, se desmorecían (sic) por la sopa teóloga y la carapulca con rosquitas de manteca y no desdeñaban pasajeros amoríos con mulatas sandungueras y graciosas, de ropa almidonada y amplia, de cabellera rizosa, bien peinada y adornada con flores, ingeniosas en el decir y prontas y agudas en el responder”.

Es decir, La Palizada fue un grupo de jóvenes provenientes de la clase dominante limeña que, para demostrar su carácter dominante o simplemente por un acto de “rebeldía” familiar, frecuentaban los barrios populares de Lima, se relacionaban con mujeres y hombres que no eran de su misma condición social pero, el comportamiento de estos jóvenes copiaba las costumbres populares. Incluso practicaron la violencia en casos de defender a sus allegados. Eran los “jóvenes aristocráticos defensores” de sus amigos del pueblo. Esta palizada nació en Lima durante la Guerra contra Chile, pero se extendió en la historia hasta las primeras décadas del siglo XX. Gálvez agrega que:

“Entonces nació la era inacabable de los cabes, cabezazos, contrasuelazos, combos, banquitos, cargamontones, sistema este último empleado en casos de apuro, lanzándose todos contra el infortunado que había logrado golpear a alguno de los de la pandilla”.

La violencia era una constante entre estos jóvenes y sus peleas pasaron a formar parte de la tradición oral popular. El diario El Comercio en setiembre de 1905 comentó sobre este grupo que “No hubo jamás en el país, centro, asociación o club alguno, legítimamente organizado y respondiendo a fines sociales o morales, que gozara de los privilegios y las franquicias que este de “La Palizada”, conjunto híbrido de matones y faites, ociosos y despreocupados, que ponen en la fuerza de los puños y más que en ella, en la del número, todos sus derechos y su única razón de ser”.

Los constantes enfrentamientos violentos y desmanes que produjeron en los diferentes barrios de Lima, originaron el rechazo de ciertos sectores sociales a estos jóvenes. Abelardo Gamarra los describió como: “Badulaques…muchos de ellos de los llamados de familias decentes, vinculados a todo género de truhanes de la plebe… [dedicados]…a la vida completamente de jarana: no tenían más objeto que divertirse, enamorar, chupar y arreglar a trompadas cualquier cuenta”

La Palizada: violencia y distinción social en Lima a inicios del siglo xx

Gamarra los denominó “badulaques” o sea, personas de muy poca o escasa razón que se relacionaron con “truhanes” o delincuentes y estafadores, que a pesar de su “noble abolengo” se dedicaron a las actividades de la “plebe” o sectores populares. No eran jóvenes dignos de sus apellidos ni familias. Eudocio Carrera Vergara señala que entre los miembros más conocidos de las palizadas se encuentran:

“El Cabezón Helena, el Gordo Ballén, el Manco Dávila, el Blanco Mas, el Mono La Barrera, el Zambo Barata, el Cholo Mólgora, el Panamito Vivanco, el Charquicán Mariluz, el Pelotilla Calderón, los ChinchanitosMústiga y Moreno, Piana, Perret, Calvo, Capocci, Santa Cruz; y, si no me sobro, hasta escritores, militares y periodistas también (allí entro yo), que, aunque no se crea, supieron demostrar genio y entereza, y no ser cero a la izquierda en estas lides truculentas, sin haberse salido nunca de los límites de la moral y discreción, que conste”.

Estos jóvenes y otros más practicaban “la discreta y moral” forma de atacar a sus oponentes con “cabes, cabezazos, etc.”, formas violentas de agresión física pero, para algunos fueron parte de una “mozada” que alteró el orden de la ciudad y causaban desorden.

Manuel Zanutelli Rosas rescato a Francisco Javier Fernando Valerio Soria Iribarren más conocido como “el cojo” Soria, nacido y muerto en Lima (1861-1911), quien “Al correr de los años, mozo ya, solía acudir a fiestas de medio pelo en casas de Abajo el Puente, los Barrios Altos y el Cercado, lugares en los que pronto se hizo una figura conocida”.

Hijo del civilista y exprefecto de Lima Fernando Soria Llanos y de la dama Francisca Iribarren, el cojo Soria se dedicó a la vida bohemia y a la palizada. Autor teatral que estrenó Mentiras y Candideces, De Medio Pelo, Carne Gorda y otras más. Soria “formó parte de un grupo de jaranistas que a principios de siglo [XX] dio mucho que hablar por sus logros artísticos y por su mal comportamiento. Eran amigos de trago, del juego, de la jarana y de las peleas. Uno de ellos, Alejandro Ayarza, compuso un vals: “LA PALIZADA”. Soria lo estimaba, como apreciaba también a José Teobaldo Ezeta y a Augusto Paz” (Zanutelli 1999).

Es Alejandro Ayarza el autor de las siguiente letra “Somos los niños más conocidos/ de esta bella y noble ciudad/ somos los niños más engreídos/ por nuestra gracia y sagacidad. / De las jaranas somos señores/ y hacemos flores con el cajón, / y si se ofrece tirar trompadas, / también tenemos disposición…”. La Palizada es el vals donde el mismo autor narra sus vicios y disposición a mantenerse en ellos. Alejandro Ayarza estrenó en 1912 su obra Música Peruana que le valió innumerables elogios de los medios de la época. Nacido en Lima en 1884 fue hijo del profesor de piano y cantante José Ayarza Gómez Flores (nacido en Arequipa) y de la distinguida dama de sociedad Rosa Morales. Además, su hermana Rosa Mercedes Ayarza Morales fue compositora y folklorista, alumna del italiano Claudio Rebagliatti.

Como se puede percibir, los miembros de La Palizada fueron integrantes de familias de la clase dominantes, jóvenes –y no tan jóvenes algunos- dedicados a las actividades artísticas pero, jóvenes bohemios y violentos. Inclusive, algunos cronistas y periodistas llegaron a extrañar La Palizada. Es el caso de Gonzalo Toledo quien en 1992 escribió: “No habrá más en Lima la travesura de “La Palizada”, no habrá esa ponderada marinera de Paz o de Ezeta, marinera que nació junto con ellos; no habrá más la jocundia de toda esa “tira” que conformaban periodistas, poetas y cantores que daban luz a la noche limeña, junto con sus pintorescos personajes como “Pichón de Pato”, “Masca Fierro”, “Pedrito Ureta”, “Manongazo”, “Pata e Lancha”, “Pelusa” y tantos otros que marcaron época y que renunciaron a llevar su bohemia fuera de Lima Cuadrada, prefiriendo los desveladeros de La Colmena, Pasaje Olaya o la esquina de Cailloma con Ocoña”.

La violencia es aceptada como una “palomillada”, como una “travesura” de un conjunto de “periodistas, poetas y cantores” que por provenir de la clase dominante limeña, son tomados como “personajes pintorescos” que con el tiempo formaron parte de la historia de la capital. Una forma de entender la relación entre música y violencia la explica Luis E. Valcárcel: “Música y danza en todos los componentes del pueblo son buenos conductores para la bacanal perseguida por él como desquite a sus estrecheces y miserias de todos los días. La “jarana” y el “jaranista” ocupan un lugar principal en la clase inferior. Danza y música no son objeto de delectaciones puras, sino simples medios de expansión vital, por el placer físico, por el momentáneo olvido de las “penas de la vida”.

Los sectores populares de la capital vivieron en callejones y cuartos de alquiler, en condiciones infrahumanas, donde la miseria se unía a la enfermedad y el hambre.

La fiesta era el momento en el cual la realidad se trastocó y, por unos momentos, se vivió la “alegría de la vida”. En este proceso de olvido por reemplazo de la realidad por la ficción, la violencia simbólica, verbal y física se hizo presente, degenerando las celebraciones. Las clases populares limeñas fueron actores de violencia en medio de las festividades. La Palizada fue una copia de esta violencia pero, por jóvenes de la clase dominante que eran violentos por diversión y “con protección” familiar y social.

Es por ello que mientras los actos violentos del pueblo deben ser reprimidos policialmente, castigados jurídicamente y olvidados históricamente –para evitar su análisis e interpretación-; la violencia de La Palizada es llevada a la memoria colectiva como un aspecto distintivo de Lima a inicios del siglo XX, como un comportamiento “pintoresco” y, por lo tanto, digno de ser recordado y rememorado constantemente, llegando incluso a la reivindicación.

 

AUGUSTO LOSTAUNAU MOSCOL

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Sin DNI voy a vivir

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Sin DNI voy a vivir

Es el 2019 y Kishte sigue guardando una Libreta Electoral de tres cuerpos que le entregaron en 1984. A pesar de estar sucia y desgastada, la sigue guardando en una pequeña bolsa de plástico porque es la única evidencia de que ella posee una identidad como ciudadana peruana. Si bien el proceso de canje de la Libreta Electoral al Documento Nacional de Identidad (DNI) inició en las últimas décadas del siglo XX, Kishte no ha podido aún acceder a este último documento.

Por eso, aproximadamente en el año 2014, viajó desde donde vive, la Comunidad Nativa Chachibai, hacia la sede de Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (RENIEC) en la ciudad de Pucallpa.

Durante la época de verano amazónico, este viaje puede tardar hasta dos días, por lo que se requiere necesariamente pernoctar en un punto intermedio cerca al río Ucayali. Además, para realizar este viaje, se necesita contar con una movilidad fluvial disponible, así como poder afrontar los altos costos de combustible y permanencia (alojamiento y alimentación) en la ciudad de Pucallpa.

Kishte emprendió este viaje más de una vez junto a su esposo. Sin embargo, la primera vez que llegó a la oficina de RENIEC le dijeron que su Libreta Electoral ya había sido canjeada por el DNI hace dos años. Además, en posteriores visitas a la institución, constató que el DNI emitido tenía una fotografía, una firma y una huella dactilar de alguien que no era ella. Es decir, RENIEC no solo había emitido y entregado el DNI de Kishte a una tercera persona, sino también había permitido que alguien le robara su identidad.

Kishte es miembro de un pueblo indígena en contacto inicial compuesto por no más 100 personas y una de las últimas hablantes de una lengua en serio peligro de extinción [1]. Nació en el período previo al contacto que sostuvo el pueblo indígena iskonawa con representantes de la sociedad nacional (un grupo de misioneros evangélicos y miembros del pueblo shipibo-konibo) en 1959, evento denominado también como su “primer contacto”.

Este tuvo lugar entre los ríos Utuquinía y Abujao, cerca al hoy conocido cerro El Cono, ubicado al interior del Parque Nacional Sierra del Divisor (Ucayali). Los iskonawa habían llegado hasta ahí no solo por los desplazamientos que realizaban para abrir nuevas chacras, sino también motivados por las presiones de agentes externos que ejercían violencia contra las poblaciones indígenas de la zona.

El período del vivir huyendo es una etapa triste y violenta para los iskonawa, sobre todo porque esto afectó seriamente su demografía. En ese tiempo, nacer y seguir vivo era un privilegio al que pocos tuvieron acceso. Kishte nació durante uno de los tantos desplazamientos que emprendían los iskonawa. Era el tiempo en el que madura el zapote (fruta, N.C. Pouteria sapota), recuerda que así le dijo su mamá.

Su nombre en lengua iskonawa sigue una regla onomástica [2] a través de la cual los niños heredan los nombres de los abuelos, en algunos casos paternos o maternos. Sin embargo, con “abuelos”, no solo nos referimos a los padres de sus padres, sino también a los hermanos de estos, pues los iskonawa incluyen a ambos en la misma clasificación de parentesco. De tal modo, Kishte heredó el nombre de la hermana de su abuela materna.

Además de mostrar la operatividad de esta regla, el nombre de Kishte también ofrece evidencia de los contactos que los iskonawa sostuvieron con otros pueblos indígenas, incluso mucho antes del conocido “primer contacto”. Tanto la abuela de Kishte como la hermana de ella pertenecieron a otro pueblo indígena pero fueron incorporadas por los iskonawa tras un conflicto. A partir de esta incorporación al núcleo iskonawa, ellas recibieron nuevos nombres. No obstante, el nacimiento de Kishte permitió rememorar el antiguo nombre de la hermana de su abuela materna y continuar la regla onomástica tradicional.

Tras el contacto, el pueblo iskonawa se desplazó a la cuenca del río Callería, donde comenzó a convivir junto a algunos misioneros evangélicos y un predominante grupo shipibo-konibo. Fue entonces cuando Kishte, así como el resto de miembros de su pueblo indígena, recibió un nombre y apellidos en castellano. Ella recuerda que los misioneros la llamaban Claudia y que le gustaba mucho ese nombre. También recuerda que recibió los apellidos Campos y Rodríguez de dos hombres shipibos que participaron directamente del “primer contacto”, quienes a su vez los habían recibido tiempo atrás de algún patrón.

No obstante, cuando inscribieron su acta extemporánea de nacimiento en la oficina de Registro Civil más cercana al río Callería, fueron otras personas quienes la llamaron Isabel y dispusieron el orden de los apellidos fijando cuál sería paterno y materno. Mientras la inscribían, pocos años después del “primer contacto” del pueblo iskonawa, Kishte no sabía que alguien estaba colocándole otro nombre diferente al que le gustaba, tampoco sabía que ese nombre escrito en un papel marcaría para siempre su identidad.

***

Rio de la amazonía selva

Si bien su nombre verdadero es Kishte, ella acepta los nombres que recibió en castellano porque son los que requiere emplear para relacionarse con otros miembros e instituciones de la sociedad peruana. Por ello, decidimos juntas dar solución a este problema que le impedía acceder a su derecho a la identidad en los términos que el Estado peruano le exigía. De tal modo, supimos que no solo se había formalizado, a través de una resolución en el 2018, la usurpación de la identidad de Kishte, sino también que RENIEC había cancelado la inscripción del DNI canjeado por terceros.

Lo siguiente consistía en solicitar su reinscripción, esta vez subsanando los datos de su identidad que habían sido usurpados. No obstante, en este proceso de nuevas idas y venidas a la sede de RENIEC en Pucallpa, cinco años después de que detectaran el problema con el DNI de Kishte, nos enfrentamos ante el gran desconocimiento de funcionarios y servidores sobre la situación de los iskonawa, así como de los otros seis pueblos indígenas en contacto inicial que tienen presencia en Ucayali.

Más de una vez recibimos comentarios que manifestaban pena por la complejidad del caso cuando nos veían nuevamente solicitando información para hallar una solución definitiva. En otras ocasiones, han evidenciado su curiosidad preguntándonos sobre el origen de los nombres y los apellidos en castellano de Kishte. También, personalmente, he recibido agradecimientos porque ellos consideraban que de otro modo nadie haría nada por ella. Lamentablemente, los funcionarios y servidores de RENIEC parecían no saber que ellos eran los que debían hacer algo por Kishte, no por buena voluntad sino porque las leyes así lo exigen.

RENIEC es el organismo que se encarga de registrar la identidad de los peruanos otorgando el DNI con el propósito de fortalecer la ciudadanía en el Perú. No obstante, RENIEC ha vulnerado no solo el derecho fundamental a la identidad a Kishte, sino también su derecho a identificarse con su propio nombre de acuerdo a su cultura y modo tradicional de vida.

Asimismo, la falta de un protocolo de atención específico elaborado por el Ministerio de Cultura para estos casos que enfrentan las poblaciones indígenas en contacto inicial ha permitido que RENIEC no brinde una atención adecuada, dejando a Kishte a su suerte en el complejo procedimiento que le implica movilizarse a la ciudad y recaudar documentos.

Finalmente, la ausencia de personal de RENIEC capacitado para atender a población hablante de una lengua indígena u originaria en su propia lengua ha dificultado el acceso y la comprensión de los procedimientos para que Kishte pueda obtener su DNI.

De tal modo, RENIEC ha violado sistemáticamente los derechos de Kishte, respaldados no solo por la Constitución del Perú, sino también por la normativa vigente que ampara los derechos de los pueblos indígenas en contacto inicial (Ley N° 28736 “Ley para la protección de pueblos indígenas u originarios en situación de aislamiento y en situación de contacto inicial”) y sus derechos lingüísticos (Ley N° 29735 “Ley que regula el uso, preservación, desarrollo, recuperación, fomento y difusión de las lenguas originarias del Perú”).

Si bien RENIEC define que su misión es lograr el registro de la identidad de los peruanos a través de un enfoque intercultural, ello se ha limitado a esfuerzos simbólicos como el Registro Civil Bilingüe y las publicaciones Tesoro de Nombres Originarios, ya que en la práctica la documentación de ciudadanos no implementa los complejos sistemas e historias de la antroponimia de los pueblos indígenas, en especial de los que se encuentran en situación de contacto inicial.

“Ya sin DNI voy a vivir”, dice Kishte luego de los días, meses y años que hemos pasado en esta lucha, que no es sino una de las tantas otras que enfrentan los pueblos indígenas en contacto inicial en su relacionamiento con la sociedad y el Estado peruano.

Por ello, decidimos presentar por escrito un oficio ante el Ministerio de Cultura, organismo rector sobre los derechos de los pueblos indígenas en general y de los pueblos indígenas en contacto inicial de manera particular, el cual sigue sin obtener una respuesta clara. A pesar de ello, hemos continuado buscando nuevas vías para devolverle a Kishte la identidad como ciudadana peruana que el Estado permitió que le robaran.

NOTAS:

[1] En el “II Censo de Comunidades Indígenas de la Amazonía Peruana 2007”, el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) no empadronó a los iskonawa, al igual que a otros ocho pueblos más, alegando que no formaban parte de comunidades, puesto que han sido absorbidos por otros pueblos indígenas y debido a que es muy difícil llegar hasta ellos por su situación de aislamiento. En el Censo del 2017, el tercero sobre comunidades indígenas, INEI registra que 22 personas respondieron que el iskonawa era su lengua materna. Sin embargo, se advierte que estas cifras deben tomarse con cautela debido a que solo incluyen información sobre los mayores de 12 años (Óscar Espinosa 2019, comunicación personal). En síntesis, el Estado peruano, a la actualidad, no tiene un censo claro de esta población que ha identificado como en situación de contacto inicial. La cifra aproximada que se ofrece parte de un censo comunitario que hemos venido elaborando y actualizando con los iskonawa desde el 2015.

[2] Con regla onomástica nos referimos al sistema empleado por los iskonawa para otorgar nombres a los nuevos descendientes, considerando su vínculo de parentesco con sus ascendientes. Si bien este sistema tradicional ha comenzado a debilitarse hace muchos años atrás, todavía coexiste en varios casos junto a los nombres en castellano.

 

CAROLINA RODRÍGUEZ ALZZA
IDEELE REVISTA Nº 285 | Lingüista y antropóloga. Docente de la especialidad de Antropología en la Pontificia Universidad Católica del Perú

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Argentina: A 25 años del atentado a la AMIA

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Argentina: A 25 años del atentado a la AMIA

Al cumplirse este jueves 25 años del atentado contra la AMIA, la investigación sigue dominada por la política internacional, no por las pruebas. La movida tuvo como eje remover a los fiscales que estaban en la Unidad AMIA y fueron logrando avances importantes en el expediente. En su reemplazo tomó las riendas un fiscal elegido por el gobierno, Sebastián Basso, que pasó a concentrarse en la pista internacional, más precisamente en Irán y Hezbollah.

Eso explica por qué la Unidad AMIA emitió este viernes un texto concentrado en eso que no aporta ningún elemento relacionado con el lugar donde se armó la camioneta en Buenos Aires, quién consiguió los explosivos, quién manejó el vehículo hasta la AMIA, con qué identidad entró al país quien supuestamente protagonizó el atentado. El objetivo es emitir un decreto alineando a la Argentina con Estados Unidos, Israel y el Reino Unido declarando que Hezbollah es una organización terrorista y que Irán financió los atentados de Buenos Aires.

Otro paso que intenta la administración Macri, aunque con controversias internas, es el de establecer el juicio en ausencia, o sea juzgar a los iraníes aunque no estén presentes. Por su parte, se dice que Basso viajó a Estados Unidos a tomarle declaración a un supuesto testigo clave.

ORGANIZADOR

Desde 2009 está en el centro de la escena un sujeto que supuestamente se llamaba Samuel Salman El Reda, que utilizando una partida de nacimiento falsa, en la isla de San Andrés, obtuvo pasaporte colombiano. El individuo, de origen libanés, se casó con Silvina Saín, la hermana de una secretaria del agregado cultural de Irán en la Argentina, Mohshen Rabbani. Durante años el prófugo era Samuel El Reda, pero en 2016, El Líbano y un par de familiares del prófugo proveyeron la verdadera identidad, revelando su verdadero nombre: Salman Salman.

Las pruebas contra él son esencialmente telefónicas. Se supone que el atentado fue coordinado por un hombre que utilizó un celular a nombre de André Marques en la Triple Frontera. A ese teléfono llamó Salman Salman y se sabe que era él porque también se comunicó con su familia y luego habló con teléfonos de El Líbano que, según la CIA, son de Hezbollah.

Los dos familiares que testificaron en la causa confirmaron que Salman Salman estuvo en la Argentina, que incluso tiene una hija argentina y una brasileña, y que actualmente está con vida en El Líbano. Pero esos mismos familiares dijeron que no sabían nada de que tuviera que ver con el atentado o que integrara una agrupación como Hezbollah.

En todo caso el texto oficial de la Unidad AMIA no duda en adjudicarle la responsabilidad a Hezbollah y a Irán, argumentando que el ataque se decidió en una reunión del régimen de los atayatolas en la ciudad de Mashad, en 1993. La información sobre ese encuentro es muy dudosa y surgió de grupos opositores iraníes. También el texto menciona que hubo una reivindicación de un brazo de Hezbollah, algo que la organización desmintió innumerable cantidad de veces.

Es decir que la base de la acusación son informes de inteligencia extranjeros.

NUEVA PRUEBA

El informe oficial no menciona una prueba que se está trabajando de la mano de Estados Unidos. Aparentemente en el país del norte hay un detenido, sospechado de tener que ver con un atentado, que habría mencionado que Salman Salman era su jefe.

Habrá que ver qué datos aporta teniendo en cuenta que pasaron 25 años del atentado en Buenos Aires. Este diario le consultó al fiscal Basso si es cierto que viajó a Estados Unidos para hablar con ese detenido, pero el funcionario señaló que no podía hablar del tema. Según parece hay un convenio de confidencialidad con las autoridades norteamericanas.

AVANCES

Tras la muerte de Alberto Nisman se designó a tres fiscales en la Unidad Amia. La ahora jueza Sabrina Namer, junto con Roberto Salum y Patricio Sabadini, luego reemplazado por Leonardo Filippini. Más tarde entró Santiago Eyerhabide por Filippini. Ese equipo logró varios pasos adelante tomando medidas que Nisman no quería concretar por temor a que la evidencia le destruyera sus hipótesis, siempre alineadas con los servicios de inteligencia de Estados Unidos e Israel y también con la SIDE. Por de pronto se acreditó la existencia de la camioneta usada como coche bomba a través del uso de un microscopio de barrido electrónico que analizó las partecitas encontradas en los cuerpos de las víctimas durante la autopsia. Esos trozos metálicos se compararon, a través de los electrones, con los usados en las camionetas Trafic.

También se utilizó tecnología moderna genética para analizar todos los restos humanos que estaban sin identificar. Así se determinó que un cuerpo encontrado en el atentado correspondía a Augusto Jesús, hijo de una señora que estaba y murió en la mutual judía ese día. También ese trabajo permitió establecer que había restos que no se correspondían genéticamente con ningún familiar de las víctimas. Eso consolidó la hipótesis de la existencia de un suicida. Nisman incluso le había dado nombre y apellido a ese suicida, Ibrahim Berro. Sin embargo, los nuevos fiscales compararon el perfil genético de dos hermanos de Berro, Abbas y Hassan, uno de los cuales entregó sangre para hacer el estudio, y se demostró que los restos no se correspondían.

De manera que la conclusión que fue sacando la Unidad AMIA es que existió camioneta, existió suicida, pero que no se trató de Berro. Todo con la provisoriedad que daba una investigación en marcha.

Argentina: A 25 años del atentado a la AMIA

INTERNACIONAL

La Unidad AMIA post-Nisman no abandonó la llamada pista internacional, pero no se casó de forma definitiva con ninguna pista. Siguieron el rastro de Salman Salman y entablaron un diálogo con la fiscalía general de El Líbano: eso permitió el avance respecto de la identidad del sospechoso. Después de aquel contacto con las autoridades libanesas, el diálogo se cortó.

Pero con esa conformación de la Unidad Amia nunca hubo un pronunciamiento tan categórico respecto de Hezbollah como ahora, bajo la conducción de Basso. Siempre fue una hipótesis, se los consideró sospechosos e incluso se corrieron las órdenes de captura reemplazando El Reda por Salman Salman. Pero el límite fue que no podía haber definiciones a esa altura de la etapa procesal.

Tampoco podía descartarse la pista siria, basada en una llamada del argentino de origen sirio-libanés Alberto Kanoore Edul al armador de autos truchos Carlos Telleldín, último tenedor de la camioneta que estalló en la AMIA. Esa comunicación se produjo el 10 de julio de 1994, ocho días antes del atentado. Sin embargo, los fiscales no pudieron encontrar pruebas sólidas contra Kanoore y tampoco aparecieron en el extenso juicio por encubrimiento. Kanoore cuenta con una falta de mérito en la causa judicial, pero los fiscales nunca abandonaron esa pista.

NECESIDADES

El alineamiento de Macri con Trump, el “favor” que le hace el FMI por influencia norteamericana con la provisión de fondos al gobierno de Cambiemos, le dan un marco a lo que pasa con la causa Amia. El diario La Nación publicó esta semana que Macri prepara un decreto por el cual la Argentina declararía que todo Hezbollah es una organización terrorista. Ese paso lo dio este año el Reino Unido siguiendo a Estados Unidos e Israel, pero fue rechazado por el resto de Europa, que considera terrorista únicamente a su rama militar. Sucede que Hezbollah es un partido parlamentario en El Líbano, con el diez por ciento de los votos. Y además es clave para sostener al gobierno actual de ese país y juega un papel de importancia en la lucha contra el Estado Islámico.

En línea con el decreto que prepara la Casa Rosada, la Unidad AMIA se lanzó a afirmar, sin que le tiemble el pulso, que el atentado fue cometido por Hezbollah y financiado por Irán. Lo sostiene de forma taxativa, como nunca lo había hecho antes, justamente porque buena parte de las supuestas evidencias provienen de fuentes más que dudosas: la oposición iraní, los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Israel y la ex SIDE.

En la misma sintonía, parte del gobierno prepara el llamado “juicio en ausencia”, o sea juzgar a los iraníes aunque no estén presentes en el supuesto juicio. Es algo que no se usó ni siquiera con los represores porque la legislación argentina pone el acento en el derecho a la defensa, es decir que no puede hacerse un juicio sin que estén presentes los acusados y sin que ellos mismos hayan elegido a sus abogados. Además, muchos juristas cuestionan que se intente aplicar una norma procesal nueva a un hecho ocurrido hace 25 años.

Todas estas jugadas político-judiciales tienen como objetivo darle una justificación más a Washington y a Jerusalén para su ofensiva bélica contra el régimen de Teherán. La Argentina se involucraría otra vez en los eventuales bombardeos, en lugar de estar del lado neutral y pacifista.

Para colmo, la jugada política oscurece las orfandades probatorias. Porque el punto clave es que resulta difícil afirmar una culpabilidad internacional cuando la investigación fue un fracaso.

A 25 años del atentado no se saben las cuestiones esenciales:

¿Cuál fue realmente la carrocería que se usó en el atentado? ¿De dónde salieron los explosivos? ¿Dónde estuvo la camioneta en los días posteriores a que saliera de las manos de Telleldín? ¿Quién armó el coche-bomba? ¿Quién ingresó al país para cometer el atentado? ¿Con qué identidad? ¿Quién dejó la camioneta lista con los explosivos en el estacionamiento ubicado al lado de la Facultad de Medicina? ¿Quién retiró la camioneta de ese estacionamiento y la manejó hasta incrustarla en el edificio de la calle Pasteur? ¿Quién se fue del país después del atentado? ¿Cómo salió? ¿A dónde fue?

Son datos elementales. El atentado de las Torres Gemelas se pudo investigar a partir de los datos sobre los 19 hombres que subieron a los aviones, dónde habían estado, cómo ingresaron a Estados Unidos, cómo aprendieron a pilotar aviones y muchísimos otros detalles. Esa es una base para armar el posible origen del ataque. En la investigación del caso AMIA, ni las policías ni los servicios de inteligencia, ni el gobierno de aquel momento, el de Carlos Menem, produjeron reales avances en la investigación.

 

RAÚL KOLLMANN
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Aduanas, comercio y estado en el Perú pos independencia

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Aduanas, comercio y estado en el Perú pos independencia

Luego de la Independencia, el país se enfrentó a una suerte de vacío de poder. Al no existir una clase dirigente, surgieron una suerte de caudillo que agruparon sectores regionales detrás de él siendo el objetivo: el control del naciente Estado y de sus fuentes de control económico. Alberto Flores Galindo (1985) indicó que:

“En 1824 existían en el Perú 36 casas comerciales inglesas, de las cuales 20 tenían su sede en Lima y 16 en Arequipa. Los comerciantes ingleses, algunos de los cuales vinieron atraídos por la fama de la minería colonial peruana se dedicaron con prioridad a la importación de productos textiles y su posterior venta en las ciudades y áreas del interior”.

La economía del naciente Perú se convirtió en forma muy rápida en un polo de atracción para los comerciantes extranjeros, principalmente los ingleses, quienes se convirtieron en un sector económico dinámico que, a su vez, generó una alta actividad de importaciones y exportaciones, con lo cual, los puertos se convirtieron en puntos de desarrollo, y las aduanas en apreciadas instituciones.

Carlos Contreras (2000) anota que:

“Durante las primeras décadas de vida independiente sobrevino un grave caos político por el control del Estado. Las élites del norte y del sur se enfrentaron en guerras civiles por el afán de conquistar el “botín de la independencia”. Este estaba representado por numerosas haciendas, residencias urbanas y minas de metales preciosos expropiadas a la corona española o a los súbditos peninsulares, quienes fueron expulsados o emigraron por propia iniciativa durante el proceso de lucha emancipadora. También contendían por el control de las aduanas claves para el comercio con el exterior: Paita, Callao y Arica, y era por la segunda que salían los metales preciosos para Europa, único bien exportable del país en esos momentos. La aduana del Callao era el principal sostén de las finanzas públicas, por lo que el control de ese puerto, prácticamente unido a la ciudad de Lima, resultaba vital para los planes de los caudillos”.

Así, las aduanas de Paita (norte); Callao (centro) y Arica (sur) fueron una suerte de “cerezas sobre el pastel” ya que, los diferentes gobiernos se encargaron de controlarlas por los importantes flujos de dinero que generaron las actividades comerciales en ellas realizadas. Las importaciones y las exportaciones realizadas por estos primeros comerciantes extranjeros afincados en el Perú, determinó que el Estado peruano se interese en los mismos. El comercio se convirtió en la primera actividad económica del país. El Estado encontró en el comercio la actividad generadora de ingresos que le permitió cubrir con sus obligaciones presupuestales.

Aduanas, comercio y estado en el Perú pos independencia

Pero, el ingreso del guano a nuestra economía trastocó totalmente esta situación. Heraclio Bonilla ha escrito que:

“Fue en 1840 que el Perú empieza a despertar de su letargo, otra vez (como antes y como después) bajo el acicate del mercado y de la demanda externa. Para un país identificado en el universo entero con el oro y con la plata, era una suprema ironía empezar a fundar su prosperidad en torno a la exportación del mal oliente guano de las islas del litoral”.

Ese “mal oliente guano” trastocó totalmente al país. De una economía desordenada se cambió a una economía planificada; de una casi ausencia de dinero al interior del país se pasó a la acumulación de fortunas que devinieron en grandes haciendas y bancos. Carlos Contreras (2000) ha indicado que:

“En el marco de una economía débil como la peruana, el dinero del guano tuvo efectos sustanciales. El Estado pudo gozar de una renta regular y abundante, con lo que pudo prescindir de la contribución indígena y de otros impuestos recaudados internamente. Los derechos de aduana se redujeron al mínimo, así como los impuestos a las ganancias derivadas de la propiedad territorial y la industrial”.

Con el guano, el Estado peruano adquirió importancia mayor en la región. Los ingresos económicos que generó son incalculables. Los puertos vivieron un auge que permitió su modernización. Era necesario contar con muelles más grandes que permitieran una mayor actividad comercial. Los depósitos fueron considerados un negocio muy rentable. El horizonte marino estaba copado de embarcaciones de diferentes banderas, aunque en su mayoría eran inglesas. Finalmente, la derrota en la Guerra contra Chile determinó la necesidad de refundar el país. En esta necesaria refundación las aduanas jugaron un rol muy importante.

Además, los comerciantes extranjeros avecindados en el país, también reclamaron su cuota de poder. Por ello, Marcial Rubio Correa (2003) indica que

“A partir de la Constitución de 1839, se establecerán en todas las constituciones, ciertas normas regulatorias sobre la adquisición de propiedades por los extranjeros en el Perú. La de 1839 no fue restrictiva sino que, más bien, pretendió igualar la condición de los propietarios extranjeros con la de los nacionales”.

 

AUGUSTO LOSTAUNAU MOSCOL

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