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Especial

“La gente cree que fuimos unos románticos”

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Héctor Béjar, exguerrillero, doctor en Sociología, docente universitario y colaborador de diario UNO, nos entrega “Retorno a la guerrilla” (Achebé, 2015), libro que tiene como fin romper los mitos instalados en el imaginario social sobre las guerrillas del Perú y el mundo en los años 60. “Fuimos parte de un movimiento mundial”, afirma sobre el Ejército de Liberación Nacional que dirigió.

El título es tentador: “Retorno a la guerrilla”. Sin embargo, no es un regreso al pasado, sino un recorrido intelectual sobre el proceso de cambios mundiales: la gestación del movimiento mundial de izquierdas contra la derecha, en un relato que se encuentra enfocado en la primera mitad de la década del 60, cuando dirigía el ELN en el Perú, un grupo conformado primero por cuarenta hombres, de los cuales Béjar es el único sobreviviente.

—¿Qué sucede en ese período en el mundo?
—La guerra de Argelia, la de Vietnam, el surgimiento del movimiento de descolonización americana, las guerrillas de América Latina, la Revolución Cubana, la expulsión de Cuba de la OEA, la Conferencia de Costa Rica, la de Punta del Este, el Che, y todos los intentos que hubo donde murió muchísima gente, algunos conocidos y otros no, en Argentina, en Paraguay, en el Perú… varios intentos de los cuales nosotros fuimos uno de ellos (el Ejército de Liberación Nacional peruano)… Guatemala, Colombia, Venezuela…, pero yo no quiero aislarlo en América Latina. Es una especie de réplica de la guerra, porque la guerra es una guerra contra la derecha. Es la derecha la que te abre la guerra, la derecha fascista nazi. La izquierda surge a partir de la Unión Soviética, y eso es como una ola que se amplía por todo el mundo.

—¿Revela todo?
—Sí. Yo hice un libro hace años que se llama “Perú 1965. Una experiencia guerrillera”, donde narro la puntita del iceberg. “Retorno a la guerrilla” es todo. Y creo que debe ser conocido. La gente cree que fuimos unos románticos, pero no. Nosotros estuvimos en una escuela militar, formamos parte de un sistema de escuelas por el que pasaron muchos hombres que después gobernaron en África, Nicaragua, Colombia… No nos conocíamos, porque eran secretas. No sabíamos que había otra gente, nos enteramos después. Los amigos te dicen eso: “Compadre, la verdad que…”, como decirte idealista, utópico. Y los enemigos dicen “¡Estos son unos locos, meterse cuatro tipos contra un ejército!”. Este libro es una repuesta a eso: fuimos parte de un movimiento mundial. Es, también, un homenaje a la gente que murió, toda una generación que se sacrificó. No solamente fuimos nosotros, y esa es la otra intención del libro, desmitificar que estábamos solos. Ese fue un movimiento campesino, asentado en la parte campesina, y con nosotros mueren los compañeros campesinos. Todo está centrado en Javier Heraud, y otros nombres, y es una injusticia. No tengo nada contra Javier, pero hubo otra gente, los que ahora son anónimos. El libro describe a la gente tal cual es, con sus defectos, sus estupideces, sus errores.

—¿Cuánto tiempo estuvo en combate?
—-En total, toda esta experiencia suma, incluido entrenamiento, desde comienzos de 1962 hasta febrero de 1966. Esta vida de aventuras son cuatro años, que cubren una parte preliminar en el Perú; una parte de exploración muy fuerte que también el libro revela, que no es conocida; más una parte en Bolivia, que también es desconocida…

—¿Por qué decidió hacer de este libro una conversación entre el “indiferente”, el “revolucionario”, el “cristiano” y…
—Y alguien que ni siquiera es indiferente, porque le llega todo… Porque creo que son las grandes posiciones de todo esto, dentro de un campo vecino, porque la derecha a mí no me interesa. Estas son las posiciones más próximas a lo que fuimos.

—Ha pasado más o menos 50 años.
—Desde 1965, son 50 años exactos. Escribí la primera versión de este libro en 1989. Nunca me gustó. Después ha estado durmiendo y ya este último año se me dio por resolver este problema. No salió publicada y durmió desde 89. Durante esos 26 años he venido pensando, también investigando, descubriendo cosas. Además, una cosa es la vida a los 20 o 24 años y otra cosa es la vida a los 79.

—¿Cómo es un día en una guerrilla?
—Tranquilo. Lo menos que haces en una guerrilla es combatir. Ese es otro mito. Si te pones a caminar, alguien se da cuenta de que estás ahí. Te pasas todo el día pensando en las musarañas y caminas de noche. Es la vida no solamente de la guerrilla: el mayor tiempo de un grupo armado es el tiempo del no-combate. El desafío de una guerra está en cómo mantienes la moral de la tropa.

HÉCTOR BÉJAR, PALABRA DE GUERRILLERO

El catedrático de guerrillas
“Le pusimos Ejército de Liberación Nacional por el ELN argelino, y por eso también el Che le puso Ejército de Liberación Nacional. ¿Y por qué argelino?, porque el profesor que nos instruía en Cuba, cuyo nombre revelo por primera vez, fue un hombre que asesoró a los argelinos en la guerra contra Francia, un coronel español nacionalizado ruso que combatió en la Segunda Guerra Mundial, donde tomó Praga. No era cualquier cosa. Yo he venido a descubrir esto investigando después. Qué estúpido, todos los días este tipo iba a hablarnos y no sabía quién era”, dice Béjar.

—Era el instructor.
—Fidel Castro decía: “Él es un catedrático, nos hemos traído un catedrático de guerrillas” y tú lo veías chiquito, calvito, coloradito, puro músculo, y hablaba hasta dos horas, sobre la teoría de la guerrilla, que era una mezcla de las guerrillas de Vietnam y de Argelia. Por las charlas de ese han pasado todos los guerrilleros de América Latina y de África. Murió en La Habana.

HÉCTOR BÉJAR, PALABRA DE GUERRILLERO

Ingreso a la guerrilla
“El Partido Comunista y otras organizaciones de la izquierda peruana habían conversado con los cubanos para enviarles una promoción de chicos para recibir entrenamiento militar y entrar en un movimiento guerrillero. Le entregan este encargo a Alfonso Barrantes Lingán y este se lo entrega a la Federación Universitaria y esta abre un concurso en la Universidad de San Marcos. ¿Quiénes quieren ir a estudiar a Cuba? Todo el mundo quería.

”Llegan estos chicos y yo ya estaba en la escuela militar. Los alojan en un lugar de becados, en la esquina de la calle G y calle 25, en el Vedado, en el centro de La Habana. Es un edificio. Un día, llega Fidel Castro. ¿Qué hacía Fidel ahí? Reúnen a todo el grupo, un montón de chicos, casi niños muchos de ellos, recién salidos del colegio. Empieza a hablar Fidel: ‘Bueno, aquí hemos hecho la revolución porque hemos hecho la guerrilla’ y les explica todo. Y empieza a hablar de la guerra. ¿Por qué hablaba Fidel de la guerra? ‘Porque ahora que ustedes van a hacer una instrucción…’. ¿Instrucción?

”Entonces, un compañerito que era obrero de construcción civil, que se apellidaba Valiente, le dice: ‘Compañero, ¿pero no sería mejor que nosotros estudiemos para técnicos textiles?’. Y Fidel responde: ‘Chico, no te preocupes. Ustedes hacen la revolución y nosotros les mandamos los técnicos’. Se había equivocado Fidel. Le habían dicho que ese grupo ya sabía que iba a la escuela militar. Los peruanos, pues, puchamare. Entonces, en esas condiciones, deciden ellos mismos quién va y quién no. Algunos quieren estudiar. ‘Bueno, compañeros, aquí el que quiere estudiar tiene toda la garantía de la Revolución para estudiar, y los que quieren el entrenamiento militar, mañana vamos’, dijo Fidel. Al día siguiente, estaban vestidos de verde olivo, con su mochila militar y su fusil”.

HÉCTOR BÉJAR, "Retorno a la guerrilla"

Presentación de “Retorno a la guerrilla”
Fecha: Miércoles, 16 de setiembre de 2015

Hora: 6.30 p.m.

Lugar: Derrama Magisterial: Av. Gregorio Escobedo 598, Jesús María

Ponencia: Antonio Zapata (historiador):  “El Perú de los sesenta” Panel “La juventud ante el presente y futuro del Perú”, a cargo de Haydée Chamorro, Nelly Reyes, Víctor Aguirre, Marco Sipán, Federico Helfgott.

Palabras de Héctor Béjar explicando el libro “Retorno a la guerrilla”.

Música:  Mariella Monzón, Margot Palomino, Daniel “Kiri” Escobar, Julio Humala y sikuris

Marco Fernández
Colaborador

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Especial

El golpe de Estado neoliberal en Bolivia

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Marchas conflictos en Bolivia, Jeanine Añez Chávez

Mientras se debate en muchos países si lo que hubo en Bolivia fue o no un golpe de Estado, en el terreno van sumando el número de muertos entre quienes se oponen a la autonombrada presidenta Jeanine Añez y el golpe de Estado alentado por Carlos Mesa y Fernando Camacho. En Cochabamba, este viernes 15 de noviembre murieron nueve personas, 115 resultaron heridas y otras 200 fueron detenidas tras enfrentamientos con el ejército y la policía.

Los datos que demuestran que se trata de un golpe de Estado que busca la restauración neoliberal en el país se encuentran en las primeras medidas adoptadas por las fuerzas políticas que ahora ocupan el Palacio Quemado.

El 14 de noviembre, el nuevo ministro de economía y finanzas públicas de Bolivia, José Luis Parada, quien hace parte de los sectores políticos en Santa Cruz que fueron los principales actores en la campaña separatista de 2008, declaró que buscará “liberar la economía, comenzar a abrirla porque estaba muy cerrada”, por ejemplo, por los “controles” y “cupos” de exportación. Según el periódico La Razón, Parada también señaló que otra tarea fundamental es buscar los mecanismos para atraer la inversión extranjera, señalando que “el plan es que las embajadas y los consulados se vuelvan gestores de inversiones y no gestores políticos.”

Tal como sucedió en enero de 2019 en el caso de Juan Guaidó, el autoproclamado presidente de Venezuela, Estados Unidos también reconoció el pasado 14 de noviembre a Jeanine Añez, quien, en acto similar, se autonombró presidenta de Bolivia.

Marchas conflictos en Bolivia

Tras ese reconocimiento, países alineados con Washington y gobiernos de derecha como la Argentina de Macri o Brasil no perdieron tiempo en reconocer a la improvisada mandataria.

Tanto en el caso de Venezuela como Bolivia, las propuestas de la oposición son de abrir los sectores de la economía nacionalizada a los intereses de las compañías transnacionales estadounidenses. Se trata específicamente del petróleo y del litio. Venezuela y Bolivia cuentan con las reservas más grandes del mundo de estas materias primas. Estados Unidos está empeñada, mediante métodos legales e ilegales, en impedir que esas reservas acaben bajo la influencia de rivales geopolíticos y económicos como Rusia y China.

En un artículo a propósito del litio en Bolivia, Vijay Prashad, de la organización Common Dreams, escribe que “las compañías Tesla (Estados Unidos) y Pure Energy Minerals (Canadá) mostraron un gran interés en explotar el litio boliviano. Pero no pudieron llegar a un acuerdo que respete los parámetros establecidos por el gobierno de Bolivia. El propio Morales era un obstáculo directo para obtener el control del litio. Por esta razón Morales tenía que salir. Después del golpe, las acciones de Tesla subieron astronómicamente”.

En su plataforma en materia económica, Carlos Mesa, candidato de Estados Unidos y cabeza de la formación opositora Comunidad Ciudadana, propone el reemplazo de un modelo de economía social y redistribución más justa de la riqueza nacional por otro en el que “se debe superar la discusión de estatismo versus libre empresa… este objetivo de cambio de modelo se logrará mediante una combinación de políticas macroeconómicas y políticas sectoriales, acuerdo público-privado y cualificación de la fuerza de trabajo… favoreceremos los clúster innovadores que permitan la industrialización de metales requeridos por la industria de punta, como el litio y el indio…”

El viernes 15 de noviembre, la prensa boliviana publicó en primera plana que el nuevo gobierno “decide liberar la economía”, mientras que los empresarios privados señalan que “es necesario hacer que el país sea atractivo para las inversiones extranjeras”, esto en momentos en que las reservas bolivianas han permitido llevar a cabo grandes inversiones de capital en el sector productivo, como plantas petroquímicas y de producción de insumos agrícolas. Es decir, que las necesidades de capital externo para la inversión no son necesariamente una prioridad dadas las reservas del Banco Central de Bolivia.

Marchas conflictos en Bolivia

Según el más reciente informe de la principal institución financiera en Bolivia, “al 30 de junio de 2019, las Reservas Internacionales Netas (RIN) del Banco Central de Bolivia (BCB) alcanzaron a USD 8.316,9 millones, con una reducción de USD 629,4 millones en el primer semestre de 2019. El ratio de Reservas Internacionales respecto al PIB para la gestión 2019 alcanza a 19%, uno de los más altos de la región.”

Para el 14 de noviembre, el sector empresarial expresó su apoyo a la autonombrada presidenta Añez, destacando que “la CEPB (Confederación de empresarios privados de Bolivia) expresó su beneplácito por el nombramiento y posesión de Jeanine Añez como presidenta del Estado Plurinacional de Bolivia, en el marco de la sucesión constitucional y el principio de continuidad institucional”, algo que, según la organización patronal, “garantiza la vigencia plena del sistema democrático y, sobre todo, genera las condiciones para la pacificación y normalización de las actividades en el país.”

Por otro lado, los industriales del país también reportaron el 14 de noviembre una pérdida de al menos 1.100 millones de dólares por los conflictos en el país a raíz del “cambio de Gobierno”.

En Santa Cruz, el sector empresarial también decidió apoyar activamente las tareas de represión contra sectores de la población que resisten al golpe de Estado, mediante el apoyo logístico a un ejército nacional que “sugirió” la renuncia al presidente en ejercicio, Evo Morales, el pasado 10 de noviembre.

Según la revista boliviana de negocios Economy, Rómulo Calvo, vicepresidente del Comité Pro Santa Cruz, anunció entre el 14 y el 15 de noviembre que su institución decidió unirse a la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz (Cainco) en el apoyo a los efectivos policiales y militares que se encuentran “restaurando el orden” en Yapacaní, “mediante la recolección de insumos y diferentes requerimientos necesarios en los despliegues, tales como toldos, carpas para acampar, hidratantes, colchonetas, ventiladores, linternas, además de agua, raciones secas de comida, fruta y equipos de limpieza”.

Es notable que durante los 22 días de la asfixia institucional y gestación del golpe de Estado coordinadas por Carlos Mesa y Fernando Camacho, en nombre de la defensa de la democracia boliviana, ninguno de los sectores populares movilizados pidió específicamente una “liberación de la economía”. Sin embargo, esta es una de las primeras medidas que anuncian la restauración neoliberal en Bolivia.

Desde el golpe de Estado de septiembre de 1973 en Chile, la experiencia regional ha demostrado que, para mantenerse en el poder, un gobierno neoliberal necesita recurrir a la represión, la violencia militar y el terrorismo de Estado. Esto es exactamente lo que está llevando a cabo el régimen de la autonombrada mandataria Jeanine Añez en Bolivia, apoyada por los responsables y apologistas del golpe de Estado que incluyen a Carlos Mesa, Jorge Quiroga, Carlos Sánchez Berzaín, Branko Marinkovic, Marco Pumari, Jaime Paz Zamora y todas aquellas voces que defienden las viejas estructuras coloniales, discriminatorias y racistas en Bolivia.

Hasta el momento, la respuesta de los sectores que rechazan esta violenta arremetida neoliberal, desatada en Bolivia en nombre de la biblia y el sometimiento al imperio estadounidense, ha sido clara: no se acepta la renuncia de Evo Morales, no se acepta el golpe de Estado.

 

ALEJANDRO SARAVIA
bolpress.com

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Especial

El Alto, vanguardia de la revolución boliviana del siglo XXI

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Marchas protestas en Bolivia

Cuando las insurrecciones populares del 2003/2005 (que desarrollaron el derrocamiento de los presidentes Sánchez de Lozada y Carlos Mesa, respectivamente), además del importante rol de la CSUTCB (que comenzó la huelga contra el Maya Paya), la COB, cocaleros, y la determinante presencia del proletariado minero, fue el pueblo de El Alto, el que coadyuvó también, determinantemente, para el derrumbe de los gobiernos neoliberales, y que encumbraron a Evo Morales como el primer presidente indígena de Bolivia por la vía democrática burguesa.

En ese entonces, la represión del Estado capitalista para imponer la venta de gas a Chile (en lo que luego se denominó la Guerra del Gas), había producido el asesinato de aproximadamente 70 jóvenes, niños, mujeres y trabajadores, y El Alto reaccionó a través de la Federación de Juntas Vecinales (FEJUVEs), y el método de la huelga general indefinida convocada por la Central Obrera Bolivia (COB), convirtiéndose en el epicentro de la revolución boliviana. Según un Informe de DD.HH.“…La población ocupada industrial ha crecido en 80% en la ciudad de El Alto en los últimos 10 años, mientras que en La Paz este crecimiento solo llega al 19%…”, dice un informe del PNUD (2003, PNUD Bolivia, página 84).

La FEJUVE estaba organizada por distritos (barrios) y la composición social de El Alto era de una migración campesina indígena, a la ciudad, en busca de un futuro mejor para su familia. En esta migración, la clase campesina se convierte en trabajadora (centenas de fábricas textiles, obras de construcción civil, transporte, etc.), o cuentapropista. Se desarrolla así una “mutación cultural” quechua/aimara donde los campesinos no pierden los principios fundamentales de su cultura como la organización social del Ayllu o el símbolo ancestral de la Wiphala, y más al contrario, desarrollan una ciudad con sus principios culturales originarios, pero que durante las insurrecciones como las del 2003/2005, salen a la superficie como una especie de Comuna. Esta Comuna, ha originado un debate sobre su carácter y desarrollo.

Para algunos indianistas como Pablo Mamani el movimiento alteño fue un “levantamiento indígena popular” (“Levantamiento en El Alto: el rugir de la multitud”). Por su lado, algunos marxistas, señalaron, “… ¿de qué se trata la “forma comuna? A nuestro entender consiste en una forma social en la cual las clases sociales no se expresan directamente en sus relaciones de producción, sino indirectamente en el territorio en el cual viven como “vecinos” (Crítica del romanticismo “anticapitalista”, Roberto Sáenz, 11/10/04). Por su lado, para García Linera, “la ‘forma vecino’ (…) para condensar conceptualmente esta cualidad territorializada de la acción colectiva en El Alto y La Paz, a la vez indígena como mestiza, obrera como gremial (…). Ayuda a precisar la consistencia de las ‘células’ locales que permitieron construir (…) esa gigantesca y tupida red social con capacidad de paralizar al poder y de recuperar para sí la deliberación de lo que se va a entender por ‘lo común’ que une a la sociedad…” (García Linera, folleto “Una semana fundamental”, introducción, La Paz, Muela del Diablo, 2003).

Para algunos incluso, la “Comuna de El Alto”, tendría semejanzas con la Comuna de París de 1871 en el sentido “territorial”, pero a la vez, fue caracterizado por Marx como un “levantamiento obrero francés” por su composición social como trabajadores.

Es debido a las razones expuestas que, en el discurso de juramentación de Evo Morales como presidente de la República en el 2006, el mandatario mencionó a El Alto con mucho respeto. Y no es para menos. Si en el 2003, la insurrección alteña desarrolló la arenga de “guerra civil para que el gringo se vaya”, en el 2005, las juntas vecinales, salieron de forma organizada por decenas de miles. Mujeres (con sus niñas), jóvenes, varones y veteranos de la guerra del Chaco (con Paraguay), marcharon hacia la Paz, con picos, palas, palos, hondas y fusiles artesanales y máuser de la guerra de El Chaco (con Paraguay), respectivamente, demostrando la determinación que tenían para ir a la guerra civil, a la vez que desarrollaron la Asamblea Popular Nacional y Originaria de Bolivia (APNO-B).

Esta Asamblea, con la participación de 150 dirigentes y más de 60 organizaciones representativas del pueblo, decidió, en el 2005, “… constituir a la ciudad de El Alto como el cuartel general de la revolución boliviana en el siglo XXI, dirección única de la asamblea popular nacional originaria como instrumento de poder, y conformar Comités de autoabastecimiento, autodefensa, prensa y política, con la finalidad de garantizar el éxito de las organizaciones populares organizadas, luchar por la nacionalización del gas…”.

Casi quince años después, el pueblo de El Alto, vuelve a irrumpir en la crítica situación boliviana con un “Estado disgregado” (entre los militares que no se animan todavía a intervenir violentamente en La Paz, pero sí en Santa Cruz y donde los golpistas tienen relativa hegemonía), y Evo Morales refugiado en México. Esta vez producto de la quema y humillación (por parte de Camacho y sus agentes policiales), a su símbolo ancestral: La Wiphala; y contra el golpe de Estado. Y bajo un nuevo escenario golpista, agita, “ahora sí, guerra civil”, como si el subconsciente colectivo volviera a la superficie para terminar una “guerra civil” que estaba pendiente y que no pudo realizarse porque la “rabia popular” fue canalizada entonces a través de las elecciones que auparon en Palacio Quemado a Evo Morales.

Marchas protestas en Bolivia

Acompañados de los Ponchos Rojos (otro símbolo de resistencia), decenas de miles, se movilizaron hacia La Paz, el día lunes, para hacer respetar su cultura milenaria. Los “vecinos” organizados por distritos empezaron a organizar su autodefensa frente a bandas de saqueadores y la represión contrarrevolucionaria. Las consignas más agitadas son, “ahora sí, guerra civil”, “fusil, metralla, El Alto no se calla”, “siempre de pie, nunca de rodillas”, “Camacho, carajo, respeta la Wiphala”, “Mesa y Camacho, queremos su cabeza”, etc.

Fue esta movilización la que produjo el miedo de los policías, poniéndose a rezar ya que habían sido desbordados por los sublevados alteños en varias zonas de El Alto, Cochabamba y del país. Y logrando a la vez que el golpismo no pueda juramentar a su nueva presidenta el día lunes. Y es la intervención de El Alto, la que ha “motorizado” para que otros sectores como los cocaleros o Maestros se sumen al combate convocando marchas para el jueves y viernes, respectivamente.

No obstante, la COB, sigue asumiendo una posición pragmática y desmoralizante de llamar “al gobierno a que imponga el orden en un plazo de 24 hrs”. En el Cabildo del día lunes se decidió que, “…se debe restituir la Wiphala en Palacio de Gobierno, así como pedir las respectivas disculpas, el cerco a Plaza Murillo, el rechazo a la presidenta Jeanine Áñez, la renuncia de la alcaldesa alteña Soledad Chapetón y la libertad para los detenidos…”.

Inmediatamente, el golpista Luis Camacho, difundió un vídeo “pidiendo disculpas” por la humillación a la Wiphala. La presidenta del Beni y de derechas acaba de asumir como presidenta de Bolivia, a la vez que la policía y francotiradores están disparando a los protestantes. Ya hay varios heridos de bala.

“…Sin embargo, pese a la posesión de la nueva presidenta del Estado, cuya responsabilidad recayó en la senadora opositora, Jeanine Áñez, los vecinos de La Paz y El Alto mantienen sus esquinas protegidas con barricadas, con la finalidad de evitar más hechos vandálicos e inseguridad…”, redactó El Diario (13/11/19).

La contrarrevolución ha utilizado astutamente la “biblia y el diálogo a la vez que la represión”. Y sabe que El Alto va a ser “una piedra en su zapato”. Por ahora, bajan la guardia, pero a la vez van a realizar una campaña de aniquilamiento selectivo de los dirigentes (https://www.bolpress.com/2019/11/11/miles-llegan-a-la-paz-al-grito-de-ahora-si-guerra-civil/).

Un punto a favor de los movimientos sociales indígenas y obreros es que el golpismo está dividido (entre un sector ultra como el de Camacho que quiere imponer su liderazgo –y es respaldado por la Media Luna y Bolsonaro- y el de Mesa que quedó segundo en las elecciones). Pero, contradictoriamente, un punto flaco del pueblo indígena es que también está dividido. El respeto a la Wiphala los está uniendo.

Pero como en Ecuador, donde la CONAIE deslindó de Rafael Correa, en Bolivia, un destacable sector de la población no quiere ser vinculado con el gobierno del MAS por las políticas pragmáticas que han ejecutado (como sucede en Potosí donde la concesión de Litio por 70 años a un consorcio alemán con pocos ingresos para el departamento, generó protestas contra Evo desde antes del 20 de octubre).

Aun con estas contradicciones, el golpe de Estado está uniendo a todos los Alteños y bolivianos. Acaban de llegar a El Alto, campesinos del histórico pueblo de Omasuyos y los cocaleros, y El Mallku (Felipe Quispe) también ha convocado a marchas para el jueves y viernes, respectivamente. A diferencia de la contrarrevolución, el pueblo revolucionario boliviano tiene varias victorias políticas/morales como las del 2003/2005, que produjo luego el encumbramiento de Morales como mandatario. Y si no tomaron el poder en el 2003/2005, como en la revolución de 1952, es porque no tenían su propio partido revolucionario.

Si se reactivaran la APNO y sus resoluciones, serían un paso trascendental en camino a la derrota de la contrarrevolución y la conquista del socialismo revolucionario andino y amazónico.

Y es que como decía el viejo Marx, “algunas veces la revolución necesita el látigo de la contrarrevolución”.

 

CÉSAR ZELADA
REBELIÓN.ORG

César Zelada. Director de la revista La Abeja y miembro del Comité de Autoabastecimiento de víveres y garrafas de gas de la APNO-B.

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Especial

Algo se pudre en América del Sur

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Marchas protestas en Bolivia

Mientras la Real Audiencia de Charcas (1785), la de Quito (1563) y la Intendencia de Santiago (1786) arden convulsionadas por diversas consideraciones, el centro del Virreinato del Perú con sede en Lima mantiene una insegura estabilidad social y económica, particularmente en la costa agro industrial.

Lo que pareciera ser una descripción de los intentos independentistas de finales del siglo XVIII, en realidad ocurren en la segunda década del siglo XXI y el rol de Madrid ha sido reemplazado por nuevas superpotencias que pretenden retornar el statu quo. En realidad, se repite la oscilación entre progresismo y neoliberalismo en circunstancias que América Latina observa la repetición de las tensiones entre políticas sociales y libre mercado en medio de una profunda crisis de carácter ambiental en la Amazonía.

Los resultados de la elección del 20 de octubre que le otorgaron el triunfo en primera vuelta al hermano presidente Evo Morales Ayma, a pesar de las irregularidades ocurridas en el proceso de escrutinio identificadas por la auditoría de la OEA, pese a la intromisión de sus funcionarios en los asuntos internos de Bolivia. Pero ni siquiera el anuncio de próximas elecciones, lograron impedir su caída, lo que llevo a su posterior renuncia y novelesca salida a México, para evitar todo derramamiento de sangre.

La discusión si se trata de un tradicional golpe de Estado perpetrado contra el gobierno del Presidente Evo Morales, con la directa injerencia de los mandos militares de Bolivia, y el apoyo por parte movimientos opositores, grupos cívicos y evangélicos de índole fascista, racistas y discriminadores, aún no termina.

Queda por determinar el apoyo político, mediático y logístico de gobiernos reaccionarios sudamericanos y del propio gobierno de Donald Trump, que han hecho todos los esfuerzos necesarios para debilitar, arrinconar y finalmente defenestrar el gobierno de Morales.

Todo lo anterior es parte de la nueva estrategia de desmantelamiento, agresión y sustitución del progresismo en América Latina en el marco de la nueva doctrina sobre la Seguridad Hemisférica que se enseña en las escuelas militares procedentes del Comando Sur. Es lamentable la pérdida de vidas y los heridos en estas tres semanas de enfrentamientos: 10 muertos en Ecuador, 20 muertos en Chile y 10 en Bolivia.

Todo ello hace urgente el inmediato cese del enfrentamiento y toda forma de violencia entre ciudadanos -cualquiera sea su tendencia política-, que impiden hasta la fecha resolver los problemas de la transición democrática en la región o de la continuidad del modelo neoliberal, que amenazan la estabilidad y gobernanza del sur de la región.

Es evidente y preocupante el uso de cualquier medio de injerencia o de presión externa, ataques a la ciudadanía y otros actos de clara naturaleza racista y discriminadora, como los que ocurren en Bolivia, o los que han sido denunciados en los sucesos de Ecuador o Chile.

En realidad estamos viviendo una oleada de agresión contra los gobiernos progresistas de América Latina que van desde golpes de estado, sanciones, embargos, azuzamiento, y en particular a un gobierno democrático, como el de Evo Morales, que ha respondido con creces a las demandas de la población mayoritariamente indígena.

 

RICARDO SOBERÓN
Abogado peruano, ex Presidente Ejecutivo de DEVIDA, Director del Centro de Investigación Drogas y Derechos Humanos, CIDDH | NOTICIAS SER

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