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Especial

La conspiración de la Página 11

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Para varios gobiernos peruanos del siglo XX, el tema de la propiedad de los campos petrolíferos de La Brea y Pariñas más que una piedra, fue un rocón en el zapato que se fueron heredando del uno al otro. Desde finales del siglo XIX y hasta las primeras décadas del XX, la London Pacific Petroleum explotaba dichas zonas.

Desde 1914 entró en el negocio con los ingleses la Internacional Petroleum Company (IPC) —de propiedad del magnate americano Nelson Rockefeller—, subsidiara de la StandardOil de New Yersey. En 1924, Augusto B. Leguía, con su habitual entreguismo pro yanqui, da los campos del norte a la IPC, quien asume los derechos de concesión de la London Petroleum.

Poco tiempo antes, el Perú detectó que los ingleses explotaban mucho más de lo concesionado. La diferencia era abismal. Declaraban por 10 pertenencias, pero explotaban 41,614 pertenencias. El Perú solicitó entonces el pago de gran cantidad de impuestos que debían. Sin embargo, por presión de su majestad británica y de los Estados Unidos, el tema acabó en un Tribunal Arbitral internacional.

“Desde el comienzo de este negocio, estuvo en discusión la propiedad del recurso. En 1922, un laudo artibitral [se le conoció como el ‘laudo de París’] determinó que los propietarios tenían que pagar una serie de impuestos, pero no dejó resuelto el asunto de la pertenencia”, señala profesor Hernán Rodríguez Fisse en su texto ‘¿Presionar a los gobiernos para defender negocios internacionales privados?’.

MUCHOS ENEMIGOS
El asunto sin resolver de La Brea y Pariñas fue utilizado políticamente por gestiones sucesivas y enarbolado como bandera por diversas fuerzas políticas. El régimen de ‘la convivencia’, como se llamó al segundo periodo de Manuel Prado (1956 a 1962), afirmó que el tema fue aprovechado, entre otros, por movimientos rebeldes de inspiración cubana.

“El 4 de enero de 1961, Ricardo Elías Aparicio, ministro de Gobierno y Policía, y Alejandro Cuadra Ravines, ministro de Guerra, presentaron información adicional de la inteligencia peruana durante una tormentosa sesión del Senado. Allí dieron los nombres de quienes habían recibido estipendios y pagos mensuales del gobierno cubano a través de su embajada para que llevaran a cabo campañas políticas contra el gobierno peruano. Entre los operadores políticos izquierdistas pagados, los más prominentes eran conspicuos críticos de los arreglos con la IPC”, escribe Alfonso Quiroz en ‘Historia de la corrupción en el Perú’.

Poco antes de las elecciones de 1963, el general Pérez Godoy, quien presidía la junta militar que le dio un golpe a Manuel Prado, pretendió desconocer el ‘laudo de París’, pero fue atajado por el general Lindley, quien se hizo del mando de la junta y convoca a elecciones. No obstante, otros sectores militares querían fuera a la IPC, así como el diario ‘El Comercio’, quien presionaba al gobierno.

“La facción de línea dura en el Ejército, a favor de la nacionalización, la encabezaba el general Juan Velasco Alvarado, jefe del Comando Conjunto. Se comentaba que aquel le tenía un odio personal a la IPC, porque cuando fue capitán de infantería, durante la guerra con Ecuador, la compañía negó el uso de los vehículos de la refinería para trasladar tropas al frente. Además, Velasco, oriundo de Piura, cercano a Talara, conocía de cerca la influencia de ‘los gringos’ en los asuntos locales”, explica Rodríguez Fisse.

De acuerdo a Quiroz, para Velasco era una cuestión de “dignidad nacional” deshacerse de la IPC. Si bien “business son business”, la IPC se aprovechó de la ineptitud de los peruanos y “actuaron con pocas limitaciones institucionales para la extracción del petróleo” (Rodríguez) durante años, obteniendo inmensas utilidades, mucho mayores a las que obtenían en Canadá, EE. UU. y Europa.

Fernando Belaunde Terry

LA JUGADA DEL ARQUITECTO
Así las circunstancias, llega al poder por elecciones en 1963—tumultuoso año en que Kennedy era asesinado en Dallas— el arquitecto Fernando Belaúnde. Escobita nueva barre bien, dicen; así que al asumir el mando prometió resolver el tema en 90 días. Envío un proyecto al Congreso para declarar nulo el ‘laudo de París’ y solicitó autorización para que La Brea y Pariñas pasen a manos del Estado: a la Empresa Petrolera Fiscal (EPF). Lo último no fue concedido. El Congreso emitió una ley, pero era media tibia, pues declaraba nulo el laudo, pero no resolvía el tema de la propiedad.

Los ánimos empezaron a encenderse, merced de los agitadores políticos. El temperamental Belaúnde quería resolver el tema cuanto antes. Los ejecutivos de la IPC se le pusieron pecho a pecho e intentaron crear una escasez artificial de petróleo. El arquitecto, que no entraba en vainas pese a todo, amenazó entrar a los campos norteños a la fuerza y puso contra las cuerdas a los gringos. Finalmente, el 13 de agosto se firmó la famosa Acta de Talara, que no era otra cosa que un borrador de contrato.

¿Y LA PÁGINA 11?
Por el Perú firmaba Carlos Loret de Mola, jefe de la EPF. Los hechos que sucedieron los días siguientes fueron tan rápidos como confusos, que aún resulta imposible saber qué realmente pasó con la famosa “pagina 11” del Acta de Talara. La IPC retendría la refinería de Talara, entre otras fases del negocio. Sin embargo, a casi un mes de la suscripción, Loret de Mola declaró públicamente que faltaba esa página, en la que supuestamente se pactaba el precio del barril con el que debía la IPC comprarle a la EPF, que asumía el complejo de La Brea y Pariñas.

Solo Loret de Mola sabe qué lo motivo a hacer tal acusación. El Acta solo era un borrador, en la página 11 solo estaba consignada la firma del funcionario peruano. La opinión pública tomó por cierta esa versión, y se creía que se estaba acordando un precio del barril muy por debajo del precio de mercado.

Como sea, esto motivó la caída de Belaúnde. En una jugada desesperada, el 2 de octubre de ese año el arquitecto cambia su gabinete, pero al día siguiente Velasco asesta el golpe y seis días después entran las tropas peruanas a La Brea y Pariñas.

Disipada la niebla del tiempo, muchos que vivieron e investigaron aquellos años aseguran que la “pagina 11” nunca existió y fue la excusa para darle el puntillazo final a Belaúnde. “Vargas Haya y otros han sostenido que la cuestión de la IPC y la página once solamente fue un pretexto para destruir la democracia peruana. Más aún, analistas políticos coinciden en que la dura postura ‘nacionalista’ contra la IPC fue usaba por Velasco y su facción para consolidar su control directo sobre el régimen y desplazar a otras facciones militares más moderadas”, explica Quiroz.

Entre los entretelones de esta especie de complot, se acusó a Pedro Pablo Kuczynski, en ese entonces joven funcionario del BCR, de haber transferido 17 millones a la IPC luego de la nacionalización. PPK y otros acabaron huyendo del Perú.

En honor a los hechos, aquella denuncia no está bien fundamentada, como si está el fuerte lobby que hizo en EE. UU. la IPC para que Washington le prestara al país 150 millones de dólares para que le paguen los bienes expropiados, como se hizo en 1974.

Según parece, el secreto de la desaparecida “pagina 11” se desvanece con el tiempo entre los vericuetos de la empantanada historia política peruana.

La conspiración de la Página 11

Petróleo sangriento
La animadversión contra la IPC era casi unánime. Aunque aún se puede discutir si los derechos de la petrolera en suelo peruano eran legítimos o no, las conductas de la transnacional estadounidense eran vistas por muchos y por los militares más “nacionalistas” como invasivas.

En tal contexto, a mediados de los 60, se levantan en armas los guerrilleros del MIR con Luis de la Puente Uceda a la cabeza, y también los del ELN guiados por Héctor Béjar, quienes se internan en la selva. El presidente Belaunde ordena acabarlos, así como a nativos rebeldes a las obras del gobierno.

“Pero no fueron los militares quienes decidieron ir a la lucha. Lo hicieron por que lo ordenó el gobierno, fue el parlamento el que aprobó la participación del Ejército, fueron los norteamericanos los que proporcionaron los elementos bélicos necesarios, fue la IPC (International Petroleum Company) la que instaló una fábrica de napalm (la más poderosa bomba incendiaria creada por el Ejército de Estados Unidos empleada en Vietnam), en la selva de Madre de Dios para incendiar los bosques y sembríos de los campesinos (…)”, escribe Alfonso Baella Tuesta en su libro ‘El poder invisible’.

La conspiración de la Página 11

Una del APRA: contrato o muerte
Es conocida la habilidad inmemorial del aprismo para navegar según soplan los vientos (“espacio- tiempo histórico”, le llaman). Así lo hizo también en 1947 respecto a la problemática IPC. “Con el fin estratégico de conservar sus buenas relaciones con los funcionarios e intereses de Estados Unidos, la dirigencia aprista apoyó el apresurado contrato ad referéndum de Bustamante para otorgarle a la IPC (…) una concesión perpetua de derechos de exploración petrolera en el desierto norteño de Sechura. Esta postura a favor de la IPC le ganó al APRA amigos influyentes en Washington. Sin embargo, conservadores y comunistas se opusieron por igual a este acuerdo. Estos opositores sostenían que el contrato debió darse después de la promulgación de una ley general de explotación petrolera, además de que los políticos apristas estaban implicados indebidamente en tal proyecto para su propio beneficio pecuniario”, relata Quiroz.

Uno de los medios más opositores a dicho contrato fue ‘La Prensa’. Como quiera que el acuerdo no se suscribió, Francisco Graña, presidente de la junta directiva del periódico, fue cogido a tiros por varios pistoleros el 7 de febrero de 1947 cuando salía de una de sus empresas. Aunque se acusó formalmente al parlamentario aprista Alfredo Tello por el crimen, el partido negó su autoría.

Eduardo Abusada Franco /@eabusad
Colaborador

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Especial

Cómo está matando gente el bloqueo a Venezuela

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Blister de pastillas

Isabella pasa los días sin saber que su vida depende de las pastillas de colores. Tiene 21 meses y un lenguaje inteligible solo para quien pasa con ella las horas eternas en el Hospital Italiano de Buenos Aires decidiendo qué color de qué pastilla toca.

Isabella nació con una enfermedad congénita y desde el principio los médicos fueron claros: necesita un trasplante hepático para seguir viviendo. Sus padres, Douglas y Yelibeth se pusieron a ello: donante, financiación, trasplante, dónde, cómo, cuándo.

No fue tan difícil. Yelibeth resultó ser compatible y se convirtió en la donante de su hija; y el tratamiento completo sería financiado por la Fundación Simón Bolívar a través del dinero de Citgo, la filial de Petróleos de Venezuela (PDVSA) en EEUU.

El convenio entre el Hospital Italiano de Argentina y Venezuela existe desde el año 2007 y hasta la fecha 109 niños venezolanos han sido trasplantados en el sur. Son especialistas en este tipo de casos y durante doce años el círculo ha sido virtuoso.

Douglas y Yelibeth lo dejaron todo en Venezuela, sus trabajos, su vida; y en setiembre de 2018 se instalaron en la capital argentina, todo a cuenta del petróleo venezolano sin los vaivenes de la política. Su otro hijo, Abraham, de 12 años de edad, se fue con ellos y comenzó la escuela en Buenos Aires. Un intento de vida normal dentro de la mala suerte que Isabella enfrentaba sin saberlo antes de sus pastillas de colores.

Todo fue bien. El 26 de noviembre se realizó con éxito la operación de trasplante de hígado e Isabella despertó con un poco más de Yelibeth en su cuerpo miniatura. Pasó un mes y medio en cuidados intensivos con varios inconvenientes y llegaron nuevas intervenciones.

El 9 de enero, finalmente, le dieron el alta. Salió del hospital con la promesa de un posoperatorio que no sería fácil. El nuevo órgano tenía que adaptarse y demostrar que funcionaba. Por delante tocaban entre seis meses y un año de tratamiento y ensayo. Prueba-error. Pastillas de colores.

Ayuda humanitaria para Venezuela

Pero la política marca calendarios y rompe trasplantes y deseos, así que el 28 de enero el Departamento del Tesoro de EEUU anunció nuevas y más sanciones contra Venezuela. En este caso contra Citgo, la caja de financiación de enfermedades de niños como Isabella. EEUU bloqueó sus fondos.

En total, 7.000 millones de dólares a día de hoy están en paradero desconocido. Por su parte, el asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, pronosticó que las sanciones supondrían una pérdida de 11.000 millones más durante el próximo año para la empresa venezolana de petróleo. Citgo no desaparecería. Seguiría operando en EEUU pero todos sus fondos ya no irían a parar a Venezuela o a fundaciones como la Simón Bolívar.

El dinero iría a “una cuenta especial bloqueada con el objetivo de traspasarlo eventualmente a un nuevo Gobierno” Son palabras del Secretario del Tesoro de EEUU, Steven Mnuchin. Un nuevo y eventual gobierno de Juan Guaidó, líder opositor autoproclamado presidente encargado.

Casi cuatro meses después no hay un nuevo Gobierno en Venezuela y tampoco hay fondos para Isabella ni para las otras siete familias venezolanas que se encuentran en Buenos Aires con casos similares.

El dinero ya no llega y el Hospital Italiano no puede trasplantar. La Embajada de Venezuela en Argentina ayuda como puede. “El Hospital nos ofrece alojamiento y la Embajada nos ayuda con la manutención, pero no sabemos cuánto tiempo podremos aguantar así”, cuenta Douglas en conversación telefónica con Sputnik desde Argentina.

Tiene 34 años y dejó su carrera como administrador en una empresa venezolana para dedicarse en cuerpo y alma a su hija y a esta aventura.

“Mi hija necesita unos controles muy delicados y terminar su tratamiento. Ahora mismo, de hecho, el órgano está presentando un pequeño rechazo y eso solo se puede controlar con medicamentos”.

Medicamentos que la Fundación les suministraba hasta que llegó el bloqueo a Citgo. Isabella necesita 16 fármacos y cada uno de ellos supera los 1.500 dólares por caja. Es sencillamente imposible que una familia normal pueda costearlo por su cuenta. En estos momentos, Douglas cuenta con tratamiento para un mes.

Ayuda humanitaria para Venezuela

¿Y después? “Si Isabella no cumple con todo el procedimiento podría perder el trasplante y habría que volver a operar”, cuenta. “Tendríamos que empezar de cero y sería más complicado porque mi mujer ya no podría ser la donante. No tenemos ese tiempo”.

El bloqueo se utiliza en Venezuela como arma de guerra. No es nuevo. Es una vieja táctica. Quien gane su batalla mediática determinará otras realidades. Un reciente informe del Centro de Investigación Política y Económica, con sede en Washington, aporta un dato demoledor: las sanciones y el bloqueo de EEUU a Venezuela son los responsables de 40.000 muertes en el país desde el 2017 hasta la fecha.

“Ha reducido la disponibilidad de alimentos y medicamentos, y aumentado las enfermedades y la mortalidad”, señala el documento bajo el nombre ‘Sanciones económicas como castigo colectivo: caso Venezuela’.

“80.000 personas con VIH, 16.000 con cáncer y 4 millones con diabetes e hipertensión” son víctimas de este bloqueo, que en dicho informe califican como “política despiadada, ilegal y fallida”.

Uno de los autores del estudio es Jeffrey Sachs, economista de referencia de los medios de comunicación estadounidenses. El observatorio es más que conocido y suele utilizarse por unos y otros. En esta ocasión, los medios hegemónicos de comunicación están cuidándose de revelar sus páginas. O poco a poco. Esa frase. Aquella. A cuentagotas. ‘Venezuela is different’.

Está siguiendo paso a paso el caso de Isabella y de otras familias como la suya. “Solo en Caracas”, cuenta a Sputnik, “hay 12 personas que ya estaban plenamente identificadas para un trasplante de médula ósea. Iban a viajar a Italia y no han podido irse por el bloqueo de facto”.

A todos ellos hay que sumarles el famoso caso de los 25 niños venezolanos en Italia de los que el canciller Jorge Arreaza habló en una reciente conferencia de prensa en las Naciones Unidas. También están esperando por un trasplante de médula ósea que no se dará.

¿Cuántos más casos de niños venezolanos como estos hay por el mundo? ¿Cuántos de ellos morirán esperando? Unos cuantos han muerto ya en Italia, en Venezuela y en otras partes del mundo. ¿De quién será la culpa?

Los detractores del Gobierno de Nicolás Maduro aseguran que el bloqueo no es la causa de la falta de alimentos y medicinas en Venezuela porque la situación de crisis ya existía antes de las sanciones de EEUU.

Sobre esto, Antony Moreno, médico y portavoz del Comité de Pacientes y Familiares de Víctimas del Bloqueo Financiero, asegura que es una falacia.

“Hemos hecho estudios y entre los años 2013 y 2015, con Maduro ya en el poder pero antes de las primeras sanciones, cada venezolano disponía de 20 tipos de medicamentos diferentes para ingerir en caso de contraer una enfermedad. Lo corroboran las Naciones Unidas y Venezuela logró alcanzar los Objetivos del Milenio”, asegura en conversación telefónica con Sputnik.

En 2015 llegó el famoso decreto de Barack Obama que declaraba a Venezuela como una “amenaza inusual y extraordinaria para los EEUU”. Fue el principio de este relato. “Ahora”, dice Antony, “cada venezolano no cuenta más que con cinco clases de medicamentos al año”.

“Imagínate. No te toca nada. El deterioro es brutal. Trabajo en una Unidad de Salud Laboral y he notado la diferencia desde el año 2015”, constata.

Venezuela importa todos los medicamentos “importantes”: tratamientos para el cáncer, para enfermedades cardiovasculares, hipertensión, VIH, etc. En Venezuela no hay laboratorios Tipo 1, es decir, los que conforman los principios activos a través de las materias primas.

La cuna de los medicamentos no puede nacer, por ahora, en esta parte del Caribe. Venezuela los ha importado siempre a laboratorios en el extranjero a través de las divisas que generaba la producción de su petróleo. “Con las divisas bloqueadas”, continúa el portavoz del Comité, “no se pueden pagar los medicamentos y por eso no llegan al país. Así de sencillo”.

La situación es insostenible. Dramática. El Comité de Víctimas está luchando, organizando protestas, organizándose para repartir los pocos medicamentos que consiguen o inventan. Douglas, Isabella y su familia continúan su camino, por ahora, gracias a la solidaridad de la Fundación Simón Bolívar y de diferentes movimientos sociales y organizaciones que les están apoyando en Argentina.

“El canciller Arreaza nos ha dicho que resistamos”, dice Douglas. Resistir. ¿Hasta cuándo?

Douglas no habla de política porque la situación a la que se enfrentan él y otros cientos como él y su familia no es cuestión de chavismo o antichavismo, de Revolución o marketing político.

“El bloqueo no es una cuestión política. El bloqueo es contra nosotros. Con el bloqueo nos hacen daño a nosotros, en este caso a mi hija, no a Nicolás Maduro ni a los funcionarios del gobierno. Yo tengo miedo de lo que pueda pasar. ¿Qué va a pasar si mi hija pierde el órgano?”.

 

ESTHER YÁÑEZ ILLESCAS
SPUTNIK MUNDO

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Especial

El homenaje de Chabuca Granda a Javier Heraud

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Chabuca Granda

Milcíades Ruiz ha

recordado que:

“Hace 56 años el calendario era como el actual. El día 12 de mayo de 1963 se celebró el Día de la Madre, pero ese día la mamá de Javier Heraud como de muchos jóvenes becarios que fueron a estudiar a Cuba, no recibieron el abrazo ni la llamada telefónica que toda madre espera. Todas se preguntaban ¿Qué habrá pasado?”

Ese domingo 12 de mayo de 1963 el poeta Javier Heraud saltó de la gloria a la inmortalidad. Quienes lo asesinaron hoy son eternos anónimos. Por el contrario, él será recordado por siempre. Incluso, estamos seguros que el Centenario de su muerte será un gran motivo para hacer un balance de la poesía en el Perú y de la Realidad Peruana. Después de César Vallejo, Heraud es el poeta que logró sintetizar la poesía con la realidad social.

Javier Heraud murió persiguiendo un anhelo social: hacer del Perú una sociedad verdaderamente justa, sin explotados ni explotadores. Se hizo guerrillero porque no temía morir entre pájaros y árboles. Porque sabía que era su destino. 21 años le pesaban. Otros desertaron y después han querido manchar su imagen con mitos. No nos detendremos en ellos.

La muerte de Javier Heraud marcó a la sociedad peruana. Los intelectuales y artistas de su época sintieron profundamente su desaparición física. Una de ellas fue Isabel Granda Larco. Simplemente Chabuca Granda. Compositora de valses y marineras de reconocimiento mundial, dedicó un conjunto de canciones al poeta guerrillero de justos sueños. Edgardo de Noriega anota que:

“En 1967, la cantautora fue invitada a Argentina. Avilés no pudo ir y allí conoció a Lucho González, otro excepcional guitarrista quien comenzó a acompañarla en sus presentaciones. Se abría una nueva etapa para ella, la fase política con sus canciones de ese corte y en eso se metió a fondo durante ocho años, entre 1965 y 1973… Composiciones de este corte son: “El fusil del poeta es una rosa”, “Desde el techo vecino”, “Un bosque armado”, “En la Margen Opuesta”, “Un cuento silencioso” y “Silencio para ser cantado”. (Pertenecen al ciclo de canciones a Javier Heraud). “María Sueños” (1967), dedicada por entero a la mujer”.

Así es. La muerte de Heraud impactó en Chabuca Granda. Un joven de 21 años que gozaba de una posición social más que cómoda y de reconocimiento a nivel nacional e internacional moría con un fusil en la mano en el camino al socialismo. Dejó todo y marchó a luchar por los más pobres. Por quienes jamás conoció. Un sueño hermoso que valía la pena vivir. Es por ello que le dedicó una serie de interpretaciones donde manifiesta la profundidad de la pregunta: ¿Por qué Javier partió?

Javier Heraud

Silencio para ser cantado (o La camisa)

¿Quién recogió mi camisa del agua
labrada de Patria, guerrilla
y canoa?
La agité muriendo a la orilla
De mi vida abierta en hoguera.
¿Quién vino hasta el río
para recogerla?
Mi sangre antigua cuando
me moría
volvía tan dulce mientras
se marchaba
que olvidé el recuerdo y la muerte,
olvidé de donde venía.
Tendí mi camisa a morir conmigo.
Al recogerla con tu bayoneta
ondeó en mi camisa tu
bandera nueva.
Y mi sangre antigua en el
limo del río
lavó la camisa, lavó la memoria.
Era una garganta de luz en
el agua.
Y yo sé soldado que usas mi camisa
labrada de Patria, guerrilla
y canoa.
Yo sigo viviendo dentro tu camisa
vestido de limo debajo de un río.

El bosque armado (o La canoa)
Una canoa en Puerto Maldonado
En la canoa un grito
Y un disparo
Una ribera sorda
Más disparos
Un guerrillero muerto
Y un remero
Una canoa en Puerto Maldonado
Un largo viaje vuelve
Con el río
Una campana estalla
Bajo el agua
Voy a dormir el resto
De mi asombro
Para llegar temprano todavía
Que hay un camino abierto
Y una estrella
Un bosque armado un lirio
Y una huella
Una canoa en Puerto Maldonado
Un largo viaje vuelve
Con el río
Una campana estalla
Bajo el agua
Voy a dormir el resto
De mi asombro
Para llegar temprano
Todavía
Que hay un camino abierto
Y una estrella
Un bosque armado un lirio
Y una huella
Una canoa en Puerto Maldonado
Un guerrillero muerto
Y un remero.

Las flores buenas de Javier
Óyeme, hermano,
contesta hasta mi sombra
qué piensas de la muerte que te dimos y el frío.
La sangre que entregaste nos ahoga
desde el fondo del tiempo y tu canoa.
Ay, hermano, si pudiera suplicarte,
suplicarte tan fuerte que volvieras
desde un triste tañer, joven ausente.
Alerta estoy a tu costado abierto,
inmolada paloma solitaria,
deja mirar tu río cuando vuelva
aquel que me prometen tus flores de poeta
las sombras, los silencios, los dolores
lloran aún más hondo al recordarte
haciendo guerra con tus flores buenas.

El fusil del poeta es una rosa
Mientras jugó la guerra de los niños
con un fusil hecho de cualquier cosa
quizá de arroz, quién sabe de una rosa
envejeció de amor cargando furias.
Y se enroló a morir donde antes quiso
simplemente sucede y como dijo
ese día el fusil era una rosa
rastrillada en el aire, peligrosa.
Ese día era el sol más sol al río,
más río el río y más la guerra era
y más la muerte desde la ribera
contra el leve fusil que era ese día
solamente una rosa.
Ese día era el sol más sol al río
más río el río y más la guerra era
y más la muerte desde la ribera
y una granada el verso detonado.
Abierta está la rosa colorada
en la margen del río enraizada.
Quedó al rocío que llovió de un río aquel
hundido río en sus venas rotas,
abierta está, alerta como entonces
al hombro del poeta.
Va ganando la guerra con su rosa
la boca desde el río, sus pájaros, sus árboles.
Y es que jugó la guerra de los hombres
haciéndose un fusil de cada cosa
que no fuera un fusil.
Ese día se armaba de una rosa
El fusil del poeta es una rosa.

Estas cuatro canciones son solo un ejemplo de la forma como Chabuca Granda rindió un sentido y merecido homenaje a Javier Heraud. Por motivos políticos y “comerciales” son quizás –junto a otras- los temas menos difundidos por los medios de comunicación radiales. Una lástima que solo se valore un aspecto de la cultura peruana y se trate de borrar la poesía de Heraud, las sentidas letras de Chabuca Granda y la muerte del poeta guerrillero entre pájaros y árboles.

 

AUGUSTO LOSTAUNAU MOSCOL

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Actualidad

La Biblioteca Nacional y Jorge Basadre Grohmann

Publicado

en

La Biblioteca Nacional

El historiador de la República, Jorge Basadre Grohmann, mantuvo una doble relación con la Biblioteca Nacional. En primer lugar, fue el espacio académico-intelectual donde encontró gran cantidad de la información histórica que utilizó para redactar las miles de hojas que publicó en forma de artículos y libros dedicados a esclarecer los hechos históricos sucedidos, principalmente, desde la independencia de 1821.

Y, en segundo lugar, fue un espacio laboral donde el historiador y bibliotecario logró preservar los libros y documentos necesarios para el trabajo histórico. Se puede afirmar entonces que, la Biblioteca Nacional fue prácticamente el segundo hogar de Basadre Grohmann.

Jorge Basadre Grohmann indica que la Biblioteca Nacional fue creada por el Decreto del 28 de agosto de 1821 firmado por José de San Martín y Juan García del Río. Luego, el 8 de febrero de 1822, se determinó que, ocupase el local del antiguo Colegio del Príncipe para Indígenas (que se empezó a llamar Colegio de La Libertad).

Finalmente, el 17 de setiembre de 1822 se inauguró la Biblioteca Nacional con los fondos bibliográficos de la biblioteca particular de José de San Martín, todos los libros de la Universidad de San Marcos y muchos otros donantes. Mariano José de Arce y Joaquín Paredes fueron los primeros bibliotecarios.

Señaló, además, que la Biblioteca Nacional fue saqueada por los ejércitos españoles que ocuparon Lima entre 1823 y 1824. Durante este primer oscuro pasaje de tiempo, la institución se mantuvo gracias a los quince mil libros que se lograron preservar. Asimismo, como ya es conocido, la Biblioteca Nacional fue saqueada por segunda vez, por los ejércitos chilenos que ocuparon Lima durante la Guerra contra Chile (1879-1883). Y, el 10 de mayo de 1943, la Biblioteca Nacional sufrió un voraz incendio que prácticamente la destruyó en su totalidad. Después del incendio, se formó una comisión para la reconstrucción de la institución. Para una mejor labor, esta comisión se subdividió en subcomisiones.

Basadre señala que “Una de ellas, integrada por José Gálvez, Honorio Delgado y Luis Alayza y Paz Soldán, hizo un estudio del posible origen del incendio y su dictamen constituyó luego un documento sensacional, pues negó que la causa del siniestro hubiera sido un cortocircuito y consideró evidente su origen intencional”. Intelectuales peruanos como Gálvez, Delgado y Alayza determinaron que la Biblioteca Nacional fue incendiada intencionalmente.

Basadre recuerda que “En la mañana en que visitamos la Biblioteca con el doctor Solf y Muro, el espectáculo desconsolador no provenía únicamente del incendio. Nada enérgico y cuidadoso se había hecho para rescatar del lodo y las cenizas aún humeantes lo que todavía hubiese podido tal vez salvarse. Empleados acuciosos se dedicaban, por cierto, a esa labor; pero su número era corto y actuaban sin elementos auxiliares, sin plan, sin comando”.

Lamentable el recuerdo que escribe Basadre sobre el día siguiente del incendio, ya que, demuestra que somos una sociedad donde la cultura no recibe el mismo trato preferencial que tienen otras actividades lejanas a la ciencia y el conocimiento útil.

Jorge Basadre Grohmann manifestó que, siendo estudiante del primer año en San Marcos, junto a Raúl Porras Barrenechea, Jorge Guillermo Leguía, Ricardo Vegas García, José León Bueno, Eloy Espinosa Saldaña y Jorge Cantuarias organizaron el estante de “Papeles Varios” de la Biblioteca Nacional. Esta labor de voluntario fue dirigida por el doctor Arturo García Salazar, responsable de la cátedra de Historia del Derecho Peruano.

De esta forma, desde 1919, la vida de Basadre quedó ligada a la Historia de la Biblioteca Nacional. Muchos de estos momentos donde la vida y la historia se unen, son recordados por Basadre en su texto de memorias así como, en la Biblioteca Nacional y en materiales para otra morada.

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