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Karl Marx y la Revolución Industrial. Vidas paralelas

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Karl Marx y la Revolución Industrial. Vidas paralelas

El escritor Franz Mehring ha escrito una de las biografías más minuciosas sobre la vida y la obra de Karl Marx. En su libro Carlos Marx El Fundador del Socialismo Científico logró hacer un recorrido entre la biobibliografía del Genio de Tréveris y el desarrollo académico de su época. Pero, las primeras líneas son un poco escuetas. En ellas dice:

“Carlos Enrique Marx nació en Tréveris el 5 de mayo de 1818. De sus antepasados es muy poco lo que sabemos, pues los años de tránsito del siglo XVIII al XIX fueron en el Rin años de azares guerreros que dejaron su huella en el desbarajuste y asolamiento de los registros civiles de aquella comarca. Todavía es hoy el día en que no ha podido llegarse a una conclusión clara respecto a la fecha de nacimiento de Enrique Heine”.

En el siglo XVIII, la región de Europa central es testigo de grandes guerras. Entre ellas tenemos: Las Tres Guerras de Silesia (La Primera entre 1740-1742; La Segunda entre 1744-1745; y la Tercera entre 1756-1763); La Guerra de la Sucesión de Baviera o Guerra de Sucesión Bávara (1778-1779); La Revolución Francesa (1789-1791); Las Guerras Napoleónicas (1799-1815). Es decir, la economía del viejo continente se encontraba al servicio de mantener los presupuestos militares; mientras que, regiones pasaban de un control estatal a otro control estatal, según lo estipulado por los tratados de paz.

Mehring señala que:

“Afortunadamente, Carlos Marx vino al mundo en un período de mayor calma y, por lo menos, el año de su nacimiento lo sabemos con certeza. Pero, como hace unos cincuenta años hubiese fallecido, dejando un testamento nulo, una hermana de su padre, no fue posible averiguar, a pesar de todas las indagaciones judiciales que se hicieron para encontrar los herederos legítimos, la fecha del nacimiento y la muerte de sus padres, o sea de los abuelos paternos de Carlos Marx. El abuelo se llamaba Marx Levi, nombre que luego redujo al de Marx, y fue rabino en Tréveris. Debió de morir hacia el año 1780; por lo menos, ya no vivía en 1810. Su mujer, Etfa Moses por su nombre natal, vivía todavía en 1810, y murió, por lo que puede conjeturarse, alrededor del año 1825”.

Son los primeros años del niño Karl Marx. Tiempos de cierta paz entre las nacientes Estados-Naciones que se estaban formando bajo el impulso de las jóvenes burguesías. Esta relativa calma internacional que vivió Europa central, permitió la consolidación los proyectos intelectuales y culturales de ciertos sectores sociales pertenecientes a las burguesías locales y clases medias urbanas. Entre ellas, la del joven Marx. Por ello, Lenin anota que:

“Carlos Marx nació el 5 de mayo (según el nuevo calendario) de 1818 en Tréveris (ciudad de la Prusia renana). Su padre era un abogado judío, convertido en 1824 al protestantismo. La familia de Marx era una familia acomodada, culta, pero no revolucionaria. Después de terminar en Tréveris sus estudios de bachillerato, Marx se inscribió en la universidad, primero en la de Bonn y luego en la de Berlín, estudiando jurisprudencia y, sobre todo, historia y filosofía. En 1841 terminó sus estudios universitarios, presentando una tesis sobre la filosofía de Epicuro. Por sus concepciones, Marx era entonces todavía un idealista hegeliano. En Berlín se adhirió al círculo de los “hegelianos de izquierda” (Bruno Bauer y otros), que se esforzaban por extraer de la filosofía de Hegel conclusiones ateas y revolucionarias”.

Karl Marx y la Revolución Industrial. Vidas paralelas

Además, Karl Marx formará su propia familia con Jenny Von Westphalen (Jenny De Wesfalia) en 1843. De ese periodo Lenin ha señalado que:

“En 1843, Marx se casó en Kreuznach con Jenny von Westphalen, amiga suya de la infancia, con la que se había comprometido cuando todavía era estudiante. Su esposa pertenecía a una reaccionaria familia aristocrática de Prusia. Su hermano mayor fue ministro del Interior en Prusia durante una de las épocas más reaccionarias, desde 1850 hasta 1858. En el otoño de 1843 Marx se trasladó a París con objeto de editar en el extranjero una revista de tendencia radical en colaboración con Arnold Ruge (1802-1880; hegeliano de izquierda, encarcelado de 1825 a 1830, emigrado desde 1848, y partidario de Bismarck entre 1866 y 1870). De esta revista, titulada Anales franco-alemanes, sólo llegó a ver la luz el primer fascículo. Las dificultades con que tropezaba la difusión clandestina de la revista en Alemania y las discrepancias surgidas entre Marx y Ruge hicieron que se suspendiera su publicación. En los artículos de Marx en los Anales vemos ya al revolucionario que proclama la necesidad de una “crítica implacable de todo lo existente”, y, en particular, de una “crítica de las armas” que apele a las masas y al proletariado”.

Pese a la extracción social de origen que detentó Karl Marx y su esposa, son las ideas filosóficas, económicas y políticas que empezó a esgrimir lo que dificultará su vida social y familiar. Así, para mantener la posición política adquirida, debe alejarse tanto de su propia familia como de la familia de su esposa. Debe sufrir estoicamente los destierros, las deudas y la vida en la pobreza. Pese a ello, siempre existió un tiempo invertido en el estudio y la escritura a favor de las grandes masas proletarias que surgían en las grandes ciudades industrializadas de Europa. Fue testigo presencial del surgimiento de los nuevos barrios obreros de las antiguas ciudades capitales más importantes del planeta. Recorrió y reconoció los niveles de insalubridad existentes en Berlín, París, Londres y otras capitales. Percibió las consecuencias sociales que estaba originando la Revolución Industrial. Interactuó con el movimiento obrero. Asistió a paros y huelgas. Pero, esa actividad diaria no significó que abandone el estudio; por el contrario, alentó sus lecturas y escritos a favor de la nueva clase a ala cual se encontraba adscrito por sus ideas.

El historiador inglés Eric Hobsbawm en su libro En Torno a los Orígenes de la Revolución Industrial, sostiene que:

“Si la industria algodonera de 1760 hubiese dependido íntegramente de la demanda real de piezas de tela en ese momento; los ferrocarriles, de la demanda real de 1830; la industria automotriz de la de 1900, ninguna de estas industrias habría atravesado una revolución técnica. En cambio, podrían haberse desarrollado como la industria de, la construcción, que fluctúa más o menos al mismo tiempo que la demanda real, estando a veces a la cabeza y a veces rezagada pero nunca, hasta el presente, impulsada al extremo de una verdadera conmoción técnica”.

Es decir, la denominada Revolución Industrial no se produjo para “nivelar la producción frente a la demanda”; por el contrario, aceleró y aumentó la producción a niveles inimaginados para su época, creando la necesidad de nuevos mercados más allá de las fronteras –o de las colonias-. La naciente producción industrial engendró a una clase burguesa que proyecta sus negocios –y ganancias- más allá de las áreas que controla; además, también dio nacimiento a la clase obrera, que en un principio se encontraba confinada a las cuatro paredes de la fábrica y del reducido hogar.

Hobsbawm agrega que:

“La producción capitalista, por lo tanto, hubo de encontrar las maneras de crear sus propios mercados de expansión. Excepto en casos raros y localizados, es esto precisamente lo que ella no podía hacer dentro de una estructura feudal. En un sentido muy amplio, puede decirse que logró sus fines mediante la transformación de la estructura social. Él mismo proceso que reorganizó la división social del trabajo, incrementó la proporción de trabajadores no agrícolas, diferenció al campesinado y creó las clases asalariadas, creó también hombres que dependían, para satisfacer sus necesidades, de las compras al contado. En una palabra, dio origen a los clientes para los productos”.

La burguesía entre fines del siglo XVIII e inicios del siglo XIX realizó las transformaciones políticas, sociales, económicas, ideológicas y culturales necesarias para garantizar su ascenso al poder. En algunas regiones mantiene cercanía con la vieja monarquía –que ahora se encuentra al servicio de los intereses burgueses- mientras que, en otras, liquidó al antiguo régimen con revoluciones sangrientas y dictaduras. Con el capitalismo industrial la realidad cambió radicalmente. Hobsbawm agrega que:

“Pero quien examina la cuestión en esta forma es el investigador, no el empresario que decide revolucionar o no su producción”.

Mejor dicho, la Revolución Industrial no sólo transformó la producción; también transformó la investigación dirigida a la demanda de nueva y mejor tecnología. Científicos y académicos son incorporados –en su trabajo y producción- como elementos fundamentales para el mantenimiento y la reproducción del sistema. Las universidades empezaron a incorporar en sus filas de alumnos, docentes y directivos, a elementos dispuestos a trabajar para la burguesía, en forma directa o indirecta. Los intelectuales, académicos e investigadores producen a favor de la burguesía. Cubren sus necesidades. Ya sea por extracción o por incorporación.

Esa “incorporación” de un intelectual e investigador como Karl Marx también le fue ofrecida por su viejo adversario Lotario Bucher. Menhring escribe que:

“Marx se encontraba con esta carta de Bucher: “¡Ante todo, el negocio! El periódico Staatsanzeiger quiere un resumen mensual acerca de la marcha del mercado del dinero (incluyendo, naturalmente, el de las mercancías, cuando no sea posible separarlos). Me han preguntado si podía recomendara alguien, y yo contesté que nadie podría hacerlo mejor que usted. En respuesta a ello, me pidieron que le escribiera, solicitándole esta colaboración. En cuanto a la extensión de los artículos, no se le ponen a usted límites; cuanto más extensos y rigurosos sean, mucho mejor. En lo que respecta al contenido, se sobreentiende que no tiene usted más norma que sus convicciones científicas; sin embargo, teniendo en cuenta quiénes son los lectores del periódico (fa haute finance), no sería aconsejable, en cuanto a la redacción, que tocara usted demasiado el núcleo de los problemas, como si se tratara de un público especializado, y que evitara toda polémica”.

Inmediatamente conocidas las principales indicaciones para la redacción de los artículos solicitados –a cambio de un salario- Marx la rechazó e inició una visita por la ciudad de Manchester, donde la clase obrera vivía abigarrada en pequeñas habitaciones que formaban parte de grandes edificios ubicados frente a las fábricas. Los barrios obreros nacían como guetos cerca de las fábricas y lejos del centro de la ciudad.

La Revolución Industrial no fue sólo un gran salto transformador de la industria y la tecnología que vivió Europa y los Estados Unidos de América entre los siglos XVIII y XIX. Fue también el factor económico que posibilitó la consolidación de la burguesía como clase social que luchó por el poder político en cada Estado-Nación del naciente sistema capitalista. Y significó la exacerbación de la explotación del hombre por el hombre. Karl Marx estudió la realidad inmediata que percibió en las regiones europeas que visitó y logró elaborar una teoría y un método que permiten estudiar e interpretar adecuadamente estos procesos y proponer una alternativa viable y humanista: el socialismo.

 

AUGUSTO LOSTAUNAU MOSCOL

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La Venezuela consumista llegó para quedarse: el fenómeno de la dolarización

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La Venezuela consumista llegó para quedarse: el fenómeno de la dolarización

La Navidad es sagrada en Venezuela y no solo por lo católico del asunto. En el país caribeño, las fiestas empiezan con tiempo para el protocolo (desde el 1 de noviembre se decretó de manera oficial la Navidad) y la dolarización de facto hace que surjan nuevos fenómenos de consumo irreversibles.

A Venezuela le gusta consumir. Y aunque es un país socialista antiimperialista, al menos en lo que a estatus político constitucional se refiere, el venezolano lleva en su ADN el gusto por recibir cosas que pueda tocar y disfrutar. Y si salen en la tele, mejor. Y si encima vienen publicitadas con acento del Tío Sam, el omnipresente oriundo de los Estados Unidos de América, se tornan irresistibles.

El Black Friday se ha convertido en un fenómeno mundial porque si algo sabe hacer bien EEUU es vender. El marketing norteamericano ha impregnado de deseos a un mundo multipolar pero que camina irremediablemente hacia un capitalismo globalizado que nunca tiene suficiente.

El Viernes Negro fue un invento de los centros comerciales estadounidenses que hicieron coincidir la fecha con el último viernes del mes de noviembre, justo un día después del famoso día de Acción de Gracias, otra fecha emblemática para los estadounidenses. Al día siguiente es el pistoletazo no oficial de las compras navideñas; se estableció la tradición de salir a comprar en familia, los comerciantes comenzaron a transformar sus números rojos a partir de ese bendito viernes y, con el paso del tiempo, la fecha se ha hecho viral.

Si atendemos a los primeros registros sobre el inicio del Viernes Negro, habría que remontarse a los años cincuenta a la ciudad de Filadelfia (EEUU), cuando, según la historia más fiable, los policías de turno se referían al black friday como el día en el que miles de carros se lanzaban a las calles para comenzar sus compras. Era un viernes negro por el tráfico insoportable que había en la ciudad aunque las tiendas lo celebraban con un buen balance de su caja registradora al final del día.

La Venezuela consumista llegó para quedarse: el fenómeno de la dolarización

Rebeca, estudiante de 24 años, pasando el día en el centro comercial Sambil de Caracas, que abrió sus puertas con horario especial con motivo del Black Friday.

EL BLACK FRIDAY LLEGÓ A VENEZUELA

Es la primera vez en Venezuela que los centros comerciales se suman a esta tradición estadounidense de celebrar su particular viernes negro de compras desenfrenadas prometiendo descuentos irresistibles. El centro comercial Sambil, uno de los más emblemáticos y grandes de Caracas, abrió sus puertas a las 8 de la mañana y las cerró a las 12 de la noche. Inédito en un país donde la seguridad preocupa y mucho a sus ciudadanos, y cuando cae el sol, a eso de las 6 de la tarde, los comercios comienzan a cerrar sus puertas y caminar por las calles de la ciudad te convierte en sospechoso.

Pero no hay nada que no pueda superar la promesa de ser más feliz comprando cosas (aparentemente) baratas. Las tiendas del Sambil, un edificio de cinco plantas, estacionamiento y otra planta superior dedicada a la feria de comida con todo tipo de manjares fast food patrios y extranjeros, anunciaron a bombo y platillo en sus escaparates descuentos del 10, 20, 30 y hasta el 50%. ¿Quién puede resistirse a algo así?

El venezolano, acostumbrado a años de abundancia durante la época de la Venezuela Saudita, con el precio del barril del petróleo por las nubes y un gobierno, el de Hugo Chávez, que regalaba regalías a mansalva, desde luego, no. La crisis es coyuntural y profunda pero el ADN tiene memoria.

Las colas para entrar al centro comercial antes de que abriese sus puertas ya eran kilométricas, y cuando abrieron se vivieron escenas de estupefacción. De esas que no sabes muy bien qué te provocan, si reír, abrir la boca, mantenerla abierta por estupefacción o llorar por el mundo que somos. Mujeres, niños, hombres, ancianos, personas con movilidad reducida entrando a galopadas sin saber muy bien hacia donde ir primero.

El tema es que el Black Friday es un tanto engañoso, o al menos eso sospecharon algunos alegres con sus ilusiones frustradas por momentos. “Me he comprado este par de zapatos por 30 dólares y la etiqueta dice que están rebajados en un 30%, pero no es cierto porque ya los había visto la semana pasada y costaban lo mismo”, explica a Sputnik Rebeca, una chica de 24 años estudiante de Comunicación Social. Son las 12 del mediodía y Rebeca decidió faltar a clase para pillar las mejores ofertas. Viste camiseta blanca y lleva unas gafas de sol oscuras dentro del centro comercial, aunque no hace sol.

A su lado hay una pareja que pasa los cincuenta. Ella se está probando unas zapatillas color rosa fosforito que cuestan 80 dólares. Él la mira y le da consejos. “Me gustan con esos pantalones, amor”. Ella decide comprarlas. “Es una locura. Hemos venido porque nunca habíamos visto algo así en Venezuela”, cuenta orgullosa, con sus zapatillas nuevas en la mano, mientras le dice a la chica que le atiende que se las lleva a casa.

“Es verdad que hay crisis en Venezuela, pero también es verdad que cada vez hay más dólares en la calle, y en todas partes puedes pagar con dólares así que es más fácil. Hay problemas, es verdad, pero uno vive acá y si uno trabaja, uno puede vivir. Esa es mi opinión”, sentencia el marido antes de sacar un billete de 100 dólares estadounidenses de su cartera. La dependienta llega diez minutos más tarde con el cambio. Un billete de 20 impoluto, porque en Venezuela, eso sí, no aceptan papel manchado, arrugado o con cualquier nimiedad que afecte a su estado original. Son escrupulosos, con toda la ironía del caso.

La Venezuela consumista llegó para quedarse: el fenómeno de la dolarización

Mujer venezolana descansa sentada en el suelo rodeada de las bolsas con las compras.

DOLARIZACIÓN EN VENEZUELA

La dolarización de facto en el país caribeño está pasando desde hace unos meses y es imparable. No es oficial, aunque el propio presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha reconocido hace poco en una entrevista con una televisión nacional que no le parece mal este fenómeno: “No lo veo mal […] ese proceso que llaman dolarización; puede servir para la recuperación y despliegue de las fuerzas productivas del país y el funcionamiento de la economía”, afirmó.

Al mismo tiempo, el Gobierno de Maduro lleva meses inyectando divisas en efectivo al mercado por la venta de oro y petróleo en el exterior. De esta manera, consigue evitar las sanciones impuestas por EEUU y rentabilizar los pagos en cash que recibe a través de transacciones internacionales.

Es un cambio de postura importante respecto a meses anteriores, cuando estaba prohibida la compraventa en dólares o su cambio en el mercado paralelo. El Gobierno se ha dado cuenta de la importancia que esta moneda extranjera tiene para su economía y el oxígeno que le da a su gestión, con una moneda nacional, el bolívar, cada vez más devaluada por la hiperinflación que sufre el país.

La dolarización en la calle se debe, sobre todo, a la creciente entrada de remesas en las fronteras venezolanas. Según las estimaciones de Ecoanalítica, una asesora financiera de renombre en el país caribeño, el envío de remesas desde el exterior ha aumentado en un 4.600% en tres años, pasando de 78 millones de dólares en 2016 a contabilizar entre 3.500 y 3.700 millones en la actualidad. Para 2020 esperan la entrada de 4.000 millones. Este fenómeno imparable está provocando que más del 50% de las transacciones en Venezuela se hagan en dólares según el economista Luis Vicente León, presidente de Datanálisis, la encuestadora más importante del país.

“Estoy mandándole vídeos del centro comercial a un amigo que vive fuera y me está preguntando si en Venezuela no nos moríamos de hambre”, dice a Sputnik Abraham, un venezolano entrenador de perros de profesión, que hace fila para entrar en una tienda de ropa deportiva en el citado Sambil. Le acompaña su madre, una señora mayor con poco oído pero encantada con la jornada. Es como una fiesta en familia.

“Aquí hay problemas, en todos los países hay problemas”, continúa el hijo. “Mira Colombia como está ahora, o Chile; pero si aquí estuviese la gente muriéndose de hambre esto estaría vacío. Hay colas en todas partes, entonces tú dices: ¿qué es verdad y qué es ficción?”.

Venezuela es como una novela de no ficción pero con guiones adulterados en Hollywood, nunca mejor dicho. La influencia norteamericana impregna a un país que reclama soberanía por injerencia pero que está lleno de contradicciones que se imponen como necesarias, a veces. El dólar ha traído alivio a una población incapaz de ahorrar en una moneda propia que no sirve. El Gobierno mira para otro lado; acepta de facto un fenómeno irreversible con un futuro incierto pero que ha llegado, seguro, para quedarse.

 

ESTHER YÁÑEZ ILLESCAS
SPUTNIK MUNDO

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Bolivia, laboratorio de una nueva estrategia de desestabilización

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Bolivia, laboratorio de una nueva estrategia de desestabilización

La prensa internacional nos relata con parsimonia los acontecimientos de Bolivia. Describe el derrocamiento del presidente Evo Morales, señala que es un enésimo golpe en la historia de ese país, pero no logra entender lo que realmente sucede. No percibe el surgimiento de una nueva fuerza política, hasta ahora desconocida en Latinoamérica. Thierry Meyssan señala que si las autoridades religiosas del continente no asumen inmediatamente sus responsabilidades, nada podrá impedir la propagación del caos.

El 14 de octubre de 2019, el presidente Evo Morales anunciaba, en entrevista concedida a la televisora GigaVisión, que tenía en su poder grabaciones que demostraban que personalidades de la extrema derecha y ex militares estaban preparando un golpe de Estado en previsión de que él volviera a ganar la elección presidencial.

Pero lo que sucedió no fue un golpe de Estado militar sino el derrocamiento del presidente constitucional. Nada permite pensar que el nuevo régimen sea capaz de estabilizar el país. Estamos viendo el inicio de un periodo de caos.

Los motines iniciados el 21 de octubre, y que llevaron al presidente y al vicepresidente de la República, a la presidente del Senado, al presidente de la Cámara de Diputados y al vicepresidente del Senado a dimitir uno tras otro, no cesaron con la entronización de Jeanine Áñez, la segunda vicepresidente del Senado, el 12 de noviembre. El partido político de la señora Áñez, el Movimiento Demócrata Social, sólo cuenta con 4 diputados y senadores de un total de 130. Y su decisión de instaurar un nuevo gobierno sin representantes de los pueblos originarios (pueblos que los occidentales llamarían “indígenas”) llevó a los miembros de esos grupos étnicos a lanzarse a las calles, en lugar de los grupos de matones que habían sacado del poder al gobierno del presidente Evo Morales.

Mientras la violencia interétnica se propaga por todo el país, la prensa boliviana publica relatos sobre las humillaciones públicas, las violaciones y el diario conteo de manifestantes muertos a manos de la policía y el ejército.

Si bien es evidente que el ejército está respaldando a la nueva “presidenta” Áñez, nadie sabe exactamente quién sacó del poder al presidente Evo Morales y se estima que pudo ser tanto una facción local como una transnacional o ambas. La reciente anulación de un megacontrato para la explotación del litio boliviano puede significar que algún competidor invirtió en el derrocamiento del presidente Evo Morales.

Lo único seguro es que Estados Unidos se alegra del giro que han tomado los acontecimientos, pero es posible que Washington no haya intervenido para provocarlos, aunque ciudadanos y funcionarios estadounidenses están probablemente implicados, como indicó el director del SVR ruso, Serguei Narichkin.

La publicación de una conversación entre la nueva ministra colombiana de Exteriores, Claudia Blum, y el embajador de Colombia en Estados Unidos, Francisco Santos –conversación grabada en un café de Washington– no deja lugar a dudas: el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, se opone actualmente a toda intervención en Latinoamérica; abandona al individuo que se autoproclamó presidente de Venezuela, Juan Guaidó, lo cual inquieta al antivenezolano gobierno de Colombia, y rechaza todo contacto con los numerosos aprendices golpistas latinoamericanos.

Esto nos muestra que la nominación de Elliot Abrams como representante especial de Estados Unidos en Latinoamérica no sólo fue una concesión a cambio del cierre de la investigación del fiscal Robert Mueller sobre la supuesta «trama rusa» sino también una astucia para acabar con la influencia de los neoconservadores en la administración estadounidense. El “diplomático” Abrams se portó tan mal y cometió tantos errores que destruyó en unos meses toda esperanza de intervención imperialista estadounidense en Latinoamérica.

En todo caso, el Departamento de Estado es actualmente una zona de desastre: los altos diplomáticos desfilan uno tras otro por el Capitolio para prestar testimonio contra el presidente Donald Trump ante la comisión de la Cámara de Representantes encargada de destituirlo.

Pero, si la administración Trump no está orquestando lo que sucede en Latinoamérica, ¿quién está haciéndolo? Todo indica que aún no han desaparecido las redes que la CIA instauró en ese continente en los años 1950-1970. Cuarenta años después, esas redes siguen existiendo en numerosos países latinoamericanos y logran actuar por sí mismas con un mínimo de respaldo externo.

LAS SOMBRAS DEL PASADO

Cuando Estados Unidos decidió iniciar contra la URSS su estrategia de containment, el primer director de la CIA, Allen Dulles, y su hermano, el secretario de Estado John Foster Dulles, reciclaron numerosos líderes de las milicias ultranacionalistas creadas por las potencias del Eje utilizándolos en la lucha contra los partidos comunistas. Esos elementos, previamente evacuados por Estados Unidos de los países donde habían perpetrado numerosos crímenes durante la Segunda Guerra Mundial, fueron agrupados en el seno de la Liga Anticomunista Mundial (WACL, siglas en inglés), la cual organizó en Latinoamérica el «Plan Cóndor», una estructura de cooperación entre los regímenes proestadounidenses de Latinoamérica para secuestrar y asesinar líderes revolucionarios en cualquier país donde buscaran refugio.

Fue así como, después de haber participado en el golpe militar que instaló en la presidencia de Bolivia al general René Barrientos, en 1964, el general Alfredo Ovando puso la búsqueda del Che Guevara, en 1966, en manos del nazi Klaus Barbie, quien había sido jefe de la Gestapo en la ciudad francesa de Lyon. Después de ser capturado por el ejército boliviano, Guevara fue asesinado a sangre fría, por orden del dictador Barrientos, en 1967.

Bajo las dictaduras de los generales bolivianos Hugo Banzer (1971-1978) y Luis García Meza (1980-1981), el nazi fugitivo Klaus Barbie –conocido en Francia como “el Carnicero de Lyon”– y el neofascista italiano Stefano Delle Chiaie –miembro del Gladio italiano que había organizado en 1970 el fallido golpe de Estado del príncipe Borghese en Italia– trabajaron juntos en la restructuración de la policía y de los servicios secretos bolivianos.

Sin embargo, después de la dimisión del presidente estadounidense Richard Nixon, en 1974, ya se había iniciado en Estados Unidos la ola de revelaciones de las comisiones Church, Pike y Rockefeller sobre las actividades secretas de la CIA. El público vio solamente la espuma de esa ola, pero hasta eso era demasiado. En 1977, el presidente James Carter nombraba director de la CIA al almirante Stansfield Turner, ordenándole sacar de la agencia a los colaboradores que habían trabajado para el Eje nazi-fascista y convertir las dictaduras proestadounidenses en «democracias». Así que cabe preguntarse, ¿cómo pudieron entonces el nazi alemán Klaus Barbie y el neofascista italiano Stefano Delle Chiaie convertirse en supervisores de la represión en Bolivia hasta agosto de 1981?

Es evidente que habían logrado organizar la sociedad boliviana de una manera que les permitía no depender del apoyo de Washington y de la CIA. Les bastaban el discreto respaldo de algunos funcionarios estadounidenses y el dinero de un grupo de transnacionales. Los golpistas de 2019 han actuado probablemente de la misma manera.

Durante el periodo de la lucha anticomunista, Klaus Barbie había facilitado la instalación en Bolivia de numerosos fugitivos croatas ustachis que antes lo habían ayudado a él a huir de Europa. Creada en 1929, la organización de los ustachis reivindicaba ante todo una identidad católica croata y contó con el apoyo del Vaticano para luchar contra la URSS. Después de la Primera Guerra Mundial y antes del inicio de la Segunda, los ustachis perpetraron numerosos asesinatos políticos, como el atentado que costó la vida al rey ortodoxo Alejandro I de Yugoslavia durante una visita en Francia. Durante la Segunda Guerra Mundial, los ustachis se aliaron a los fascistas y a los nazis y perpetraron masacres contra los cristianos ortodoxos pero enrolaron a musulmanes.

En total contradicción con el cristianismo original, los ustachis promovieron una visión racialista del mundo, según la cual los eslavos y los judíos no pueden ser considerados enteramente humanos.

Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, los ustachis huyeron de Europa hacia Argentina, donde fueron acogidos por el general Juan Domingo Perón. Pero algunos rechazaron el peronismo y prefirieron volver a emigrar. Fueron por consiguiente los más recalcitrantes los que emigraron a Bolivia.

Bolivia, laboratorio de una nueva estrategia de desestabilización

LOS USTACHIS EN BOLIVIA

Ya se sabe que las razones éticas no son motivo suficiente para que la CIA acepte renunciar a un arma. Así que no hay que sorprenderse de que los colaboradores que la administración Carter había expulsado de esa agencia estadounidense hayan colaborado después con el vicepresidente de Ronald Reagan y ex director de la CIA, George Bush padre. Algunos de ellos formaron el “Antibolchevik Bloc of Nations”. Esos elementos eran principalmente ucranianos e individuos provenientes de los países bálticos y de Croacia. Todos esos criminales de guerra están hoy en el poder.

Los ustachis bolivianos se han mantenido vinculados a sus correligionarios en Croacia, principalmente durante la guerra de 1991-1995, donde apoyaron al partido cristiano-demócrata (HDZ) de Franjo Tudman.

En Bolivia, esos elementos crearon la “Unión Juvenil Cruceñista”, una milicia conocida por sus incursiones violentas y asesinatos de miembros del pueblo originario aymara. Uno de los antiguos jefes de la Unión Juvenil Cruceñista, el abogado y hombre de negocios Luis Fernando Camacho, preside actualmente el Comité Cívico Pro Santa Cruz y dirige abiertamente a los matones que expulsaron del país al presidente Evo Morales, miembro de la etnia aymara.

Al mismo tiempo, parece que el nuevo comandante de las fuerzas terrestres de Bolivia, el general Iván Patricio Inchausti Rioja, es de origen croata. En todo caso, es ese general quien dirige actualmente la represión contra la resistencia de los pueblos originarios, luego de haber recibido lo que se ha denunciado como una «licencia para matar», concedida públicamente por la autoproclamada presidente Jeanine Áñez.

La fuerza de los ustachis bolivianos no reside en su número, ya que son sólo un grupúsculo. Si lograron derrocar al presidente Evo Morales es porque utilizan la religión para justificar sus crímenes y, en un país eminentemente católico, pocos se atreven a oponerse abiertamente a quien dice hablar en nombre de Dios.

Los cristianos racionales que leyeron u oyeron las declaraciones de la presidente autoproclamada cuando anunciaba el regreso de la Biblia al palacio de gobierno –en realidad eran los Cuatro Evangelios pero la señora Áñez no parece conocer la diferencia entre esos dos libros– y que recordaron las denuncias de la nueva jefa de Estado sobre los «ritos satánicos» que ella atribuye a los pueblos originarios quedaron estupefactos y creyeron, con desagrado, que esta señora proviene de alguna secta. No, es una ferviente católica.

Hace años que venimos denunciando a los responsables del Pentágono partidarios de la estrategia Rumsfeld/Cebrowski. Hemos advertido repetidamente que esos militares estadounidenses pretenden repetir en la Cuenca del Caribe lo que ya hicieron en el Medio Oriente ampliado.

Pero en Latinoamérica, su plan encontraba una importante dificultad: la ausencia de una fuerza regional comparable a la Hermandad Musulmana y al-Qaeda. En Latinoamérica, todas las manipulaciones terminaban volviendo a la tradicional oposición entre «capitalistas liberales» y «socialistas del siglo XXI». Ya no es así. Ahora existe dentro del catolicismo una corriente política que predica la violencia en nombre de Dios. Esa corriente hace posible el caos. Los católicos latinoamericanos se ven ahora ante la misma situación que los sunnitas árabes: tendrán que condenar urgentemente a esos fundamentalistas o serán arrastrados por la violencia que estos predican.

 

THIERRY MEYSSAN
RED VOLTAIRE

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Cultura popular y racismo intelectual en el Perú

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Muñequita Sally

El sábado 01 de marzo de 2014, los medios de comunicación radial y televisivo anunciaron la muerte de la cantante Edita Guerrero quiera era una de las voces del grupo Corazón Serrano. Inmediatamente los medios de comunicación aprovecharon esta sentida pérdida. Programas, entrevistas, homenajes, páginas completas de los diarios, etc. fueron dedicadas a esta agrupación y a su fallecida cantante. Pero, lo más interesante es que, grupos de “intelectuales” buscaron “entender” de dónde se originó este “fenómeno musical” de las “masas” seguían en forma “casi religiosa”.

El periodista Fernando Vivas publicó en El Comercio del martes 04 de marzo de 2014 su artículo Un Procurador Antirracista, en el cual señaló que “He soltado deliberadas frases racistas porque quiero desnudar la hipocresía con que medio Perú llora a Edita”. Pero, en su artículo no señala ¿cuál es ese medio Perú que llora en forma hipócrita? Y ¿cuál es ese otro medio Perú que no llora en forma hipócrita? Se contenta con decir que:

“En primer lugar, no fue Corazón Serrano el que se convirtió en “trending topic” semanas atrás, sino el que las chicas fueran remedadas en “Yo Soy”. No confundamos la eficiencia de los “community managers” de Frecuencia Latina con la creencia de que las redes nos han hermanado”.

Eso quiere decir que, para que una expresión artística popular sea tal, necesariamente debe ser transmitida por los medios de comunicación. ¿Verdad? Es decir, sólo los medios de comunicación tienen la capacidad de determinar y guiar los gustos de las personas. ¿Verdad? O sea, todo lo que se transmite en los medios de comunicación será aceptado como bueno o extraordinario por la sociedad. Otra vez ¿verdad? Quizás, lo que no sabe el señor Vivas –o deliberadamente lo olvida- es que, para que una agrupación musical llegue a ser imitada por un conjunto de personas en un programa concurso de imitaciones, dicha agrupación debe ser ya aceptada por un sector de la sociedad (aquella mitad del Perú que lloró sin hipocresía), con lo cual, otro sector de la sociedad (los que lloran con hipocresía) recién tomaban conocimiento de la existencia de este hecho musical cultural de carácter popular. Es que, el asunto está ahí, Corazón Serrano, como la mayoría de las agrupaciones que cultivan los géneros musicales de la Chicha y la Cumbia, está conformada por cantantes y músicos de extracción popular. Peruanos nacidos en el “Perú Real”. Y tienen historias muy parecidas: empezaron a tocar con instrumentos prestados o alquilados, con la misma ropa, en polladas, fiestas de barrio, locales improvisados e incluso velatorios y entierros. Porque, hasta en la muerte el “Perú Real” es diferente y difícil de entender para los intelectuales del “Perú Irreal”.

Mientras en el “Perú Real” los asistentes lloran y comparten licor durante la madrugada; en el “Perú Irreal” se contrata un velatorio hasta cierta hora de la noche y luego, todos a seguir en sus ocupaciones. Mientras en el “Perú Real” al difunto se le lleva al cementerio en los hombros de amigos y familiares acompañados de música de banda u orquesta chicha (por ejemplo Chacalín); en el “Perú Irreal”, contratan cargadores (varones negros con terno negro) porque los asistentes al entierro no pueden cargar al amigo (o quizás, el muerto no tuvo amigos sólo adulones, “franeleros” o “ayayeros”). Por ello es tan difícil para estos intelectuales de los interese del “Perú Irreal” entender a la gran parte de nuestro país que conformamos el “Perú Real”.

Pero, sigamos con Vivas, quien luego señala que: “En segundo lugar, la muerte de Edita, aunque se debió a un aneurisma que ataca a cualquiera, nos recuerda la fragilidad de estas famas que se desbarrancan en las carreteras, chocan con extorsionadores, son invadidas en su privacidad, maltratadas en los programas de espectáculos y confundidas con vedettes viperinas”.

La gran interrogante que surge en forma inmediata es ¿cómo hizo para enlazar la muerte por aneurisma con la muerte producida por un accidente de carretera?, ¿cómo hizo para relacionar un aneurisma con una extorsión?, ¿cómo hizo para conectar un aneurisma con la invasión de la privacidad a la cual nos tienen acostumbrados los medios de comunicación?, ¿cómo hizo para unir un aneurisma con una vedette viperina?

Resulta interesante que desde el “Perú Irreal” se pretenda engarzar las enfermedades que deterioran el estado de la salud con problemas sociales. Hubiese sido más interesante que, a partir de este aneurisma que determinó la muerte de la cantante de Corazón Serrano, empecemos a entender de la importancia de una política de salud preventiva, es decir, el Estado debería imponerse e imponer que, antes de matricular a un alumno (ya sea en edad escolar, universitaria o de otro tipo de instituciones), se realice un examen médico de rigurosidad, por parte de médicos del MINSA. Que todos los profesores deberíamos pasar, obligatoriamente, un examen de salud general antes de iniciar los periodos académicos. Que las empresas manden a sus trabajadores a realizarse exámenes médicos (incluyendo oncológicos), en una sección especializada del MINSA. Un aneurisma no tiene relación alguna con un accidente automovilístico pero, está más relacionado con una política de salud preventiva que, con el tiempo, se convertirá en una cultura de salud preventiva. Con esta política de salud preventiva (que con el tiempo se convertiría en una cultura de salud preventiva), los varones adultos no le tendríamos tanto temor a un examen de próstata mientras que, las mujeres tampoco temerían tanto a un examen de Papanicolaou.

Pero, sigamos con Fernando Vivas quien sostiene que: “En tercer lugar, la fama póstuma de Edita confirma el divorcio entre la música popular y la música promovida, que suele ser la criolla y la andina tradicional. Por suerte, el dial sí recoge la diversidad de sonidos y orejas”.

Fernando Ampuero - El enano - Historia de una enemistad

Tendríamos que indicarle al señor Vivas que, Edita Guerrero y la agrupación Corazón Serrano –así como Pascualillo Coronado, Carlos Ramírez y Centeno, José María Palacio Chacalón Jr., Toño y su Grupo Centella, el Chino Paly, Los Nenes de la Cumbia, etc.- gozaron de mucho reconocimiento y fama entre los sectores populares, en el “Perú Real”: no necesitaron que los medios de comunicación los acepten para “recién” ser reconocidos.

Aquí no existe ninguna fama póstuma. Es diferente a los casos de –salvando las distancias- Ciro Castillo o Walter Oyarce, cuyas muertes fueron noticia permanente en los medios de comunicación y, recién por ello, las grandes mayorías los conocieron. Quizás será que, como Fernando Vivas no conocía la música de Corazón Serrano hace 10 años, ¿no eran populares?, es decir, ¿todo debe pasar por la pluma de Vivas para ser famoso antes de la muerte? ¿Es Fernando Vivas en nuevo censor o Catón? ¿Es Fernando el actual Abraham Valdelomar? o ¿Escribir en El Comercio lo hace dueño de la verdad y traductor de esa verdad a quienes no tenemos su óptima capacidad intelectual que lo ha llevado a escribir en El Comercio? Pero, en su argumento “a favor de la música popular” también miente. En la actualidad, la música criolla –que es de raíces urbano populares- se encuentra en peor situación que la cumbia o la chicha, ya que en la televisión, prácticamente no existen programas que la difundan, mientras que en las estaciones radiales, prácticamente está desaparecida. Mientras la música andina tradicional es relegada a programas televisivos que se transmiten al amanecer. Quizás por ello, las cantantes folklóricas prefieren subir sus videos al You Tube o al Facebook, donde encuentran mayor difusión que en la radio o televisión.

Fernando Vivas por ello, exige un Procurador antirracismo, ya que esta marginalidad que sufre el “Perú Real” por parte del “Perú Irreal” se transmitió en frases como “música para muchachas” es decir, trabajadoras del hogar o, “música para ambulantes”. Pero, este Procurador Antirracismo también debería intervenir en cierta literatura que transmite ideas racistas o de discriminación.

Es el caso de Fernando Ampuero, quien en su libro El Enano. Historia de una Enemistad (Mosca Azul Editores. 2001. Lima-Perú), recuerda que su enemistad con Hache, un periodista, se inició desde el colegio ya que:

“Él, en el colegio, era el más bajo de su salón, y yo era el más alto. Puestos uno al lado del otro, me imagino, le llevaría entonces dos cabezas, diferencia que, según me informan, se mantuvo inalterable a lo largo de la secundaria: Hache rozaba a duras penas el 1.40, mientras yo, que aún no terminaba el desarrollo, alcanzaba el 1.86 (más tarde, en la universidad, me estabilicé en 1.90)”.

Es decir, Ampuero, en su novela, sostiene que Hache lo envidiaba porque era mucho más alto que él. ¿Es la estatura de la persona una manifestación de superioridad o inferioridad? ¿Por la estatura de una persona se le puede catalogar de superior o de inferior? ¿La estatura te hace “civilizado” o “incivilizado”? Entonces, este Procurador Antirracismo ya tiene un trabajo muy arduo. Porque, no se trata sólo del color de la piel sino, de una forma ideológica de dividir a las personas según características “positivas” o “negativas”. El problema del “Nosotros” y del “Otro” en nuestro país es el problema del “Perú Irreal” y del “Perú Real”. En ese orden. Según estos intelectuales el “Perú Irreal” es el “Nosotros”. Es decir, con características positivas y “modernas” mientras que, el “Perú Real” es el “Otro”, con características negativas y “atrasadas”. Así no podemos hacer una interpretación del país. Eso es enfrentarnos a nuestros fantasmas.

 

AUGUSTO LOSTAUNAU MOSCOL

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