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Especial

II Foro del Grupo de Puebla: “El cambio es el progresismo”

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II Foro del Grupo de Puebla: “El cambio es el progresismo”

Con el presidente electo Alberto Fernández como anfitrión, el segundo encuentro del Grupo de Puebla, ideado como “un grupo de reflexión, acción y articulación política transparente”, se realizó desde el viernes 8 hasta el domingo 10 Noviembre en Buenos Aires bajo el lema de “El cambio es el progresismo”.

Una nueva instancia multilateral comienza a cobrar fuerza con su segunda reunión, de la mano de líderes progresistas latinoamericanos. “Este encuentro es una invitación a reflexionar actuando, porque juntos ya estamos dando un paso fundamental hacia la integración y la unidad, porque no hay tiempo que perder es que nos reunimos hoy, el progresismo latinoamericano”, señala la convocatoria.

Entre el 12 y el 14 de julio, una treintena de dirigentes progresistas de la región se reunieron por primera vez en la ciudad de Puebla en México, constituyendo el Grupo Progresista Latinoamericano, “un espacio de reflexión y de intercambio político en América Latina”, como una necesidad de contener el “avance de la derecha conservadora”.

“Adueñarse del mañana, pero empezando hoy. El cambio no puede ser postergado, porque la paciencia se convierte en desprecio sentada frente a la injusticia. El Grupo de Puebla quiere integrar los sueños de los progresistas de Latinoamérica en uno grande. Hacer del continente un mejor lugar para todos y todas. Y quiere hacerlo ahora”, señala la convocatoria.

La misma resalta que “No es precipitación, es el ritmo de la urgencia que imprimen a nuestra causa las decisiones de los gobiernos neoliberales, que destruyen, al mismo tiempo que nuestros Estados, nuestra convivencia y nuestro buen vivir, persiguiendo a nuestros líderes y endeudando a nuestros pueblos. Por eso nos reunimos en este foro. Para buscar en nuestras diferencias aquello que nos une”.

Lo que une a los dirigentes progresistas “es la convicción que frente a este modelo que deviene en crisis permanentes -que ellos llaman ciclos- existe uno distinto, uno que sabe que es inherente a la política la reducción de la pobreza, la consolidación de las clases medias, el control de las reglas del juego de la economía, el fortalecimiento de la democracia, y, sobre todo, de eso que hace que nos hace confluir en un nosotros. Convivir”.

Alberto Fernández no asistió al primer encuentro, pero fueron Jorge Taiana, Felipe Solá, Carlos Tomada y Julián Domínguez en representación de la Argentina. Al primer encuentro también asistieron el candidato presidencial uruguayo Daniel Martínez (Frente Amplio); el expresidente colombiano Ernesto Samper, y el senador chileno y exsecretario general de la OEA, José Miguel Insulza.

En un momento de tensión e incertidumbre, luego de una repentina oleada de protestas multitudinarias y la celebración de elecciones generales en algunos países, el Grupo de Puebla, ya cuenta con la presencia de líderes de 12 países.

En una declaración de fines de octubre indicaba que los gobiernos neoliberales en Latinoamérica han demostrado que tienen una capacidad en común: transformar a sus países en naciones de enemigos y gobernar poniendo sus democracias entre paréntesis. En países como Argentina, Chile, Colombia y Ecuador, encontramos un común denominador: protestas sociales contra medidas de ajuste fiscal y su criminalización por parte de las autoridades.

Incluso antes de ganar las elecciones, Alberto Fernández ya había definido su prioridad en su política internacional: reforzar la integración regional al recrear un polo progresista en América Latina.

“Nuestra mayor obsesión es reconstruir la integración regional en América Latina, con México incluido, porque, desde la llegada de López Obrador, México ha vuelto a mirar a América del Sur”, expresó Fernández antes de viajar a México, la semana pasada, en su primera visita antes de asumir la presidencia el 10 de diciembre

“Existe en muchos de los gobiernos de América del Sur, el gobierno uruguayo, el mexicano, el de Bolivia, eventualmente el argentino, la idea de reconstruir la integración que alguna vez fue”, agregó. “La idea es empezar a hablar entre todos y recuperar la integración que se ha quebrado”, dijo Fernández, quien destacó que el planteo no apunta a confrontar con Estados Unidos, sino a ampliar el marco de alianzas.

“El propósito de la reunión en Buenos Aires es el de seguir construyendo, entre todos, una agenda progresista que nos identifique y reúna”, explicó Samper, ex presidente de Colombia y ex secretario de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

“No estamos hablando de generar una referencia ideológica que se enfrente a nadie, simplemente es un conjunto de dirigentes de toda América Latina, respetuosos de las institucionalidades y de la democracia”, aclaró el mandatario electo, quien remarcó que lo que se busca “son alternativas a lo que ha imperado en los últimos años, por ejemplo, en Argentina, y es la búsqueda de reencontrar un sistema político que devuelva la equidad perdida, el equilibrio y la igualdad social en América Latina, de eso hablamos”.

“El foro busca integrar canales de comunicación y de trabajo entre dirigentes de toda Latinoamérica con una mirada progresista y en respeto a la institucionalidad y a la democracia”, resumió.

II Foro del Grupo de Puebla: “El cambio es el progresismo”

QUÉ ES EL GRUPO DE PUEBLA

“Nuestra región experimenta una nueva ola de gobiernos neoliberales, que insisten en promover los intereses y privilegios de una élite socioeconómica, a costillas del desarrollo de nuestros pueblos, frustrando sus posibilidades de desarrollo y bienestar social, a la vez que debilita nuestra soberanía, nuestras instituciones democráticas, el Estado de Derecho, la vigencia de los derechos humanos y el ambiente”, señalaron en un comunicado.

En el mismo, resaltaron “la inclusión y respeto de las diversidades, una mayor transparencia y la participación de la ciudadanía en la toma de decisiones”.

La propuesta del GP es la de “diseñar una nueva mirada, que se ajuste a los nuevos tiempos y convoque a todos los sectores de la sociedad a cuestionar el orden imperante, denunciando los intereses de la derecha, laboralizando la política a través de nuevos vínculos entre el mundo del trabajo y nuestros debates, y promoviendo las nuevas expresiones de organización social y ciudadana, que buscan la igualdad de los derechos entre hombres y mujeres, la protección del medio ambiente”.

El grupo integra a líderes políticos en forma personal y no a sus partidos o instituciones. Lo que los une, resaltó el excandidato a la presidencia chilena en 2009 y 2013, Marco Enríquez-Ominami, es la convicción de que “tanto el mercado como el capital son ineludibles en el debate”.

El primer encuentro culminó con varias declaraciones en las que se exaltaba la necesidad de que las fuerzas progresistas construyeran “un nuevo proyecto común” y defendía la necesidad de un diálogo en Venezuela, apareciendo en la práctica como contracara del Grupo de Lima, formado en 2017 a instancias de Estados Unidos, para forzar la salida de Nicolás Maduro, ante la crisis institucional y humanitaria en Venezuela.

El GP emitió el pasado 11 de septiembre una declaración para rechazar “cualquier intento de uso de la fuerza que quebrante el principio de solución pacífica de las controversias y que posibilite una intervención militar en Venezuela por parte de fuerzas extranjeras, incluida la invocación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), instrumento arcaico para intervenciones militares en países de América Latina durante la Guerra Fría”.

El 20 de octubre, el GP dio a conocer una declaración solicitando el fin de la violencia en Chile y la no criminalización de las protestas por parte del gobierno de Sebastián Piñera. Apoyó la manifestación pacífica del pueblo de Chile, que hace frente a las desigualdades y las injusticias que tienen en su raíz la profundización del modelo neoliberal del actual gobierno.

Indicó que en Chile, el llamado milagro económico latinoamericano, consiste en una sociedad que hizo de la deuda su contrato social del malestar, beneficiando en millones de dólares con reformas tributarias a los más ricos, fortaleciendo el negocio privado de las pensiones, desarmando los derechos conquistados en gratuidad en educación superior, entre varias otras medidas. Individuos que quieren vivir juntos, pero que viven en un modelo que los deja solos y que convierte en delincuente al que se atreve a reclamar.

Asimismo, repudió el llamado a la represión militar en contra de las manifestaciones y la declaración del Estado de Excepción como mecanismo de resguardo del orden público por un mal diseño e implementación de políticas del gobierno y urgió a Piñera el fin de la represión y de la barbarización de la ciudadanía movilizada y organizada.

 

RUBÉN ARMENDÁRIZ
Periodista y politólogo, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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Neoliberalismo y América Latina

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Margareth Thatcher y Ronald Reagan

Realizando un apretado recuento de una suerte de historia del neoliberalismo, citaremos a Fernando Escalante Gonzalbo, quien sostiene que:

“El programa neoliberal se perfila en sus rasgos generales a fines de los años treinta, principios de los cuarenta, y siempre va a conservar algo del aire apocalíptico, de fin del mundo, de aquella época. Su momento de mayor vitalidad intelectual está en los años cincuenta, en los sesenta, cuando escriben lo fundamental de su obra Hayek, Friedman, Bruno Leoni, Buchanan, Gary Becker, cuando en Alemania se ensaya la “economía social de mercado”. No obstante, a lo largo de todo ese tiempo es prácticamente marginal en el espacio público. Salvo en Alemania, que tiene que reconstruirlo todo, de arriba abajo, la obsesión antiestatal del neoliberalismo parece cosa de otro tiempo. Cambian las tornas rápidamente en los años setenta”.

Es decir, durante casi 40 años, el programa neoliberal se desarrollo en el ambiente universitario, entre intelectuales ultra conservadores y anticomunistas que, al no encontrar un espacio político público, limitaron su trabajo intelectual al gabinete y a la elaboración de simples esquemas que no tenían posibilidad de ser contrastados con la realidad. Pero, los vertiginosos acontecimientos políticos de la década de 1970, así como la crisis de los modelos socialistas entre 1978-1990, determinaron que el programa neoliberal se implante a nivel del mundo capitalista como un modelo único y hegemónico.

Tal como lo reconoce Rodrigo F. Miranda:

“El neoliberalismo, gestado durante la Guerra Fría, tuvo una fuerte expansión a partir de la crisis del 73. Dos de los autores que contribuyeron a dar forma a las recetas neoliberales fueron Milton Friedman y Friedrich Hayek . A partir de estos y otros académicos, los patrocinadores de esta doctrina fueron creando en poco tiempo un sinfín de institutos de investigación y formación, organizaciones y fundaciones, publicaciones o especializaciones, con el objetivo de difundir estas ideas, insertarlas en el ámbito académico y construir el mayor consenso y aceptación social posibles. Cercano a los valores de la posmodernidad, el neoliberalismo ha estado relacionado desde su nacimiento con corrientes políticas “necons”, que planteaban la necesidad de eliminar la tutela social del Estado y los mecanismos para la redistribución de la renta”.

De esta forma, los máximos representantes del movimiento “necons”, Margaret Tatcher y Ronald Reagan, fueron los que impulsaron y aplicaron el neoliberalismo en el Reino Unido y Estados Unidos respectivamente.

Augusto Pinochet

En el caso latinoamericano, el Golpe de Estado ejecutado por Augusto Pinochet Palacios contra el gobierno democrático de Salvador Allende en Chile, el 11 de septiembre de 1973, significó la aplicación del modelo neoliberal en ese país, convirtiendo al pueblo chileno en una suerte de cobayos de experimento. Con el tiempo, la economía chilena se especializó en la exportación de materias primas y agroindustria, lo cual fue difundido a nivel de América latina como “el milagro chileno”. Fueron muchos los que se enamoraron del “milagro chileno” y lo tomaron como un modelo a seguir. El neoliberalismo necesitó de una dictadura militar violadora de Derechos Humanos para imponerse en Chile. Igual sucedió en Perú desde 1992. Aunque, en el caso peruano, las medidas neoliberales ya se aplicaban (sin llegar a ser hegemónicas) desde 1976. Finalmente fue el fujimorato el encargado de aplicarlas sin ninguna objeción. Dicho modelo para el caso peruano ha continuado desde 1992 hasta estos días (2019).

Para tener una idea de cómo se pretende contrabandear el modelo neoliberal en Cuba, tomemos la cita de Omar Pérez Salomón:

“Los emprendedores, según los teóricos y agentes al servicio del imperialismo, son solo los que acometen negocios particulares, a los cuales invitan a cuanto evento se organiza en Estados Unidos y en otros países. No falta por supuesto el financiamiento a varios de ellos. Un sector priorizado en la atención a los emprendedores es el de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC). Diariamente en los medios al servicio del capital se publicitan aplicaciones informáticas desarrolladas por estos, visitas a la sede de grandes corporaciones del sector en el vecino del norte, convocatorias a eventos y críticas a las empresas estatales cubanas del ramo”.

Es decir, se está utilizando la misma fraseología confrontacional que tuvo efecto en el resto del continente. “Emprendedores” como “exitosos” frente a los “fracasados” que esperan todo del Estado. Además, el apetito desmedido por el control de los medios de comunicación con el afán de re-ideologizar a los ciudadanos con sus apologías a la “libertad”.

Pedro Rodríguez Rojas, sostiene que en Venezuela:

“El discurso neoliberal fue acogido en Venezuela por pocas instituciones. Tanto Carlos Andrés Pérez como Rafael Caldera llegaron a sus segundos periodos de gobierno no sólo con un discurso moderado sino claramente antineoliberal, en contra del Fondo Monetario Internacional y de los vejámenes de la deuda externa, y a favor de mantener el peso del estado Venezolano. Sin embargo, al poco tiempo de asumir el poder ambos gobiernos cambian totalmente de discurso; en el caso de Pérez apenas en días”.

Como en el Perú de 1990, rechazar y no aplicar las medidas neoliberales fueron parte de la campaña de candidatos que, inmediatamente en el poder las ejecutaron sin más que firmar decretos de urgencia y dar golpes de Estado con sus actos de lesa humanidad. Pero, fue el comandante Hugo Chávez quien terminó con los catastróficos efectos del neoliberalismo en Venezuela. Iniciando un gobierno de orientación nacionalista y atención a los problemas nacionales por parte del Estado. Por ello, en el 2004 Chávez sentenció que:

“El modelo neoliberal prometió a los latinoamericanos mayor crecimiento económico, pero en los años neoliberales el crecimiento no ha alcanzado siquiera la mitad del que se obtuvo en la etapa 1945-1975 con políticas diferentes…El modelo recomendó la más estricta liberalización financiera y libertad cambiaria para lograr mayor ingreso de capitales extranjeros y mayor estabilidad, pero en los años neoliberales las crisis financieras han sido más intensas y frecuentes que nunca antes, la deuda externa regional que era inexistente al finalizar la Segunda Guerra Mundial, hoy alcanza en América Latina 750 mil millones de dólares, es la más elevada en términos per cápita en el mundo y en varios países equivale a más de la mitad del PIB”.

De esta forma, Venezuela inició un camino distante del neoliberalismo que significó mayores logros durante la bonanza internacional de los precios del petróleo y que, a pesar de la crisis presente a la que ha sido sometida por los especuladores de la ultraderecha venezolana y mundial, sigue resistiendo los ataques desde los medios de comunicación particulares y con intereses en el mercado.

Cuba y Venezuela son dos naciones que se han negado rotundamente a caer en las garras del modelo neoliberal porque eso significaría la pérdida de los derechos laborales para los miles de trabajadores; la venta de las empresas públicas con la pérdida de miles de puestos de trabajo; la contaminación de las tierras agrícolas por parte de las grandes transnacionales de la minería y el petróleo; la estupidización de los ciudadanos por la llamada televisión y prensa basura; el sometimiento a una economía que saquea las riquezas y el patrimonio de los pueblos; etc. Lo popular es ocultado mientras que lo burgués es popularizado. Creando de esta manera una sociedad del consumo y totalmente alienada, lo que significa que los individuos serán cada vez menos capaces de entender la realidad. Así, la realidad queda reducida a un vídeo clip o un vídeo juego; mientras que los problemas de la realidad serán entendidos a partir de un Reality o un Talk Show.

Los investigadores y profesionales cubanos y venezolanos identificados con el desarrollo de sus naciones han estudiado el caso peruano y conocen muy bien los efectos que traerá imponer el modelo neoliberal en sus países. Ellos advierten a sus gobernantes de los efectos nefastos para el hombre y el medio ambiente. Y por ello se han convertido en el blanco del ataque de todos los medios de comunicación privados y con intereses en el mercado.

Por ello, Joseph Eugene Stiglitz ha sentenciado que:

“Ahora tenemos un tercio de siglo de resultados sobre este experimento [neoliberalismo] y francamente ha sido un desastre. El 90 por ciento inferior de la población de Estados Unidos de América no ha visto un incremento de sus ingresos en el último tercio del siglo. Esto para mí es una economía fracasada. El ingreso mediano está en menos de lo que era hace un cuarto de siglo, el ingreso mediano de un trabajador de tiempo completo masculino está en menos de lo que era hace cuarenta años. Los salarios en la parte inferior de la sociedad están como hace quince años”.

El neoliberalismo es un desastre y ha fracasado. En Latinoamérica los sabemos. Han experimentado con nosotros. Siguen experimentando con nosotros y los gobernantes de turno que –en la mayoría de los países- sólo representan los intereses de las clases dominantes y las transnacionales no harán nada por cambiar la situación. Es deber de los pueblos liberarse de esta opresión.

 

AUGUSTO LOSTAUNAU MOSCOL

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Especial

Nuestra América ante la arremetida del imperialismo y de las oligarquías

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Marcha conflictos protestas en Bolivia

Los más recientes acontecimientos en la región confirman al gobierno de Estados Unidos y a las oligarquías reaccionarias como los principales responsables de la peligrosa convulsión e inestabilidad política y social de América Latina y el Caribe.

Como anticipara el 1ro de enero de 2019, el Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, General de Ejército Raúl Castro Ruz: “Quienes se ilusionan con la restauración del dominio imperialista en nuestra región deberían comprender que América Latina y el Caribe han cambiado y el mundo también (…) La región se asemeja a una pradera en tiempos de sequía. Una chispa pudiera generar un incontrolable incendio que dañaría los intereses nacionales de todos”.

El presidente Donald Trump proclama la vigencia de la Doctrina Monroe y apela al Macartismo para preservar la dominación imperialista sobre los recursos naturales de la región, impedir el ejercicio de la soberanía nacional y las aspiraciones de integración y cooperación regional; tratar de restablecer su hegemonía unipolar a escala mundial y hemisférica; eliminar los modelos progresistas, revolucionarios y alternativos al capitalismo salvaje; revertir las conquistas políticas y sociales e imponer modelos neoliberales, sin importarle el Derecho Internacional, las reglas de juego de la democracia representativa, el medio ambiente ni el bienestar de los pueblos.

El secretario de Estado Mike Pompeo acusó amenazadoramente, este lunes 2 de diciembre, a Cuba y Venezuela de sacar provecho y ayudar a elevar la agitación en los países de la región. Tergiversa y manipula la realidad y oculta, como elemento central de la inestabilidad regional, la permanente intervención de los Estados Unidos en América Latina y el Caribe.

Marcha conflictos protestas en Chile

Las legítimas protestas y las masivas movilizaciones populares que se registran en el continente, en particular en el Estado Plurinacional de Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Brasil, son causadas por la pobreza y la creciente desigualdad en la distribución de la riqueza; la certeza de que las fórmulas neoliberales agravan la excluyente e insostenible situación de vulnerabilidad social; la ausencia o precariedad de los servicios de salud, educación y seguridad social; los abusos contra la dignidad humana; el desempleo y la restricción a los derechos laborales; la privatización, encarecimiento y cancelación de servicios públicos y el incremento de la inseguridad ciudadana.

Estados Unidos defiende y apoya la represión contra manifestantes con el pretexto de salvaguardar el supuesto “orden democrático”. El silencio encubridor de varios gobiernos, instituciones y personalidades muy activos y críticos contra la izquierda, es una vergüenza. La complicidad de los grandes medios corporativos de información es vergonzosa.

Los pueblos se preguntan con razón ¿dónde está la democracia y el Estado de derecho; qué hacen las instituciones supuestamente dedicadas a la protección de los derechos humanos; dónde está el sistema de justicia cuya independencia se pregona?

Repasemos algunos hechos. En marzo de 2015, el presidente Barack Obama firma una insólita Orden Ejecutiva que declara a la República Bolivariana de Venezuela “una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional, la economía y la política exterior” de la gran potencia. En noviembre de 2015, ocurre la costosa derrota electoral de la izquierda en Argentina.

La ofensiva neoliberal tuvo un momento decisivo en agosto de 2016, con el golpe parlamentario-judicial en Brasil contra la presidenta Dilma Rousseff, la criminalización y el encarcelamiento de los líderes del Partido de los Trabajadores, y posteriormente del propio expresidente Luiz Inacio Lula Da Silva, con la temprana participación del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, mediante la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero, para instalar un gobierno dependiente, dispuesto a revertir importantes conquistas sociales mediante ajustes neoliberales, al cambio nefasto del modelo de desarrollo, a permitir la destrucción de la empresa nacional y la privatización expoliadora; a la venta barata de los recursos y la infraestructura del país a las trasnacionales norteamericanas.

A finales del 2017, se produjo en Honduras la protesta contra el resultado electoral y la terrible represión de esta.

En enero de 2018, Estados Unidos aborta la firma de un acuerdo entre el gobierno de Venezuela y la oposición manejada desde Washington. Un mes después, el Secretario de Estado proclama la vigencia de la Doctrina Monroe y llama al golpe militar contra la Revolución bolivariana y chavista.

En marzo de 2018, se produce el atroz asesinato de la concejal brasileña Marielle Franco, que levantó una ola de indignación en su país y el mundo y del que permanecen ocultas las oscuras implicaciones de grupos de poder. En abril, Lula es apresado mediante espurias maniobras jurídicas. Hay copiosa evidencia de la intervención de Estados Unidos en las elecciones brasileñas, a través de compañías especializadas que usan tecnologías de “big data” y polimetría para manipular individualmente la voluntad de los votantes, como las manejadas por el ultra-reaccionario Steve Bannon y otras israelíes.

En este periodo, se abren procesos judiciales contra los exPresidentes Cristina Fernández de Kirchner y Rafael Correa. En abril de 2018, intentan desestabilizar a Nicaragua mediante la injerencia externa y la aplicación de medidas coercitivas unilaterales.

El 4 de agosto de 2018, es el intento de magnicidio contra el presidente Nicolás Maduro Moros. En enero de 2019, se produce la autoproclamación del desconocido y corrupto Juan Guaidó, organizada en Washington. En marzo de 2019, el presidente Trump renueva la Orden Ejecutiva que considera una amenaza a Venezuela. El 30 de abril, es el intento de golpe militar en Caracas que fracasa de manera estrepitosa, y Estados Unidos, vengativamente, escala en su guerra no convencional contra la nación sudamericana que resiste tenaz y heroica desde la unión cívico-militar de su pueblo.

En todo el periodo, el gobierno estadounidense aplica salvajes políticas antiinmigrantes y una conducta agresiva, llena de odio, para alimentar el miedo y la división en los electores. Intenta el muro xenófobo en la frontera con México, amenaza a este y a Centroamérica con terribles aranceles y sanciones si no detienen a quienes huyen de la pobreza y la inseguridad, y multiplica las deportaciones. Separa cruelmente a miles de niños de sus padres, ha detenido a 69 mil menores y trata de expulsar a los hijos de inmigrantes nacidos y criados en territorio norteamericano.

El gobierno de Brasil ha intervenido en los asuntos internos de países vecinos como Venezuela, Argentina, Paraguay y Uruguay, y ha asumido posiciones hostiles hacia Cuba, violatorias del Derecho Internacional. Como publicó la prensa brasileña en abril de 2019, la Cancillería cursó instrucciones a 15 de sus Embajadas de coordinar con las estadounidenses para instar a los gobiernos receptores a condenar a Cuba en foros internacionales.

Por primera vez desde 1992, Brasil votó este año en contra, sólo acompañado de Estados Unidos e Israel, de la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas para pedir el fin del bloqueo económico, comercial y financiero, que ahora Estados Unidos arrecia contra Cuba, y el cese de la aplicación extraterritorial de sus leyes contra terceros Estados.

Paralelamente, el gobierno de Colombia, se abstuvo en la votación de la resolución que apoyó desde 1992 y que reclama, en momentos en que se recrudece, el cese del bloqueo genocida de Estados Unidos contra Cuba y el alcance extraterritorial de este. Para justificar esta censurable decisión, las autoridades de ese país acudieron a la manipulación, ingrata y políticamente motivada, sobre la altruista, consagrada, discreta e inobjetable contribución de Cuba a la paz en Colombia, un tema en el que la conducta de nuestro país es universalmente reconocida. Es conocido el amplio y crítico debate que este hecho generó en esa nación, a la que, pese a todo, seguiremos acompañando en sus esfuerzos para alcanzar la paz.

La calumnia norteamericana de atribuirle a Cuba supuestas responsabilidades en la organización de las movilizaciones populares contra el neoliberalismo en Sudamérica constituye una increíble excusa para justificar y endurecer el bloqueo y la política hostil contra nuestro pueblo. Igual, resulta inútil para esconder el fracaso del sistema capitalista, proteger gobiernos tambaleantes y represivos, ocultar golpes parlamentarios, judiciales, policiales; y agitar el fantasma del socialismo para amedrentar a los pueblos. Con ello, pretende también justificar la represión y la criminalización de la protesta social.

La única responsabilidad de Cuba es aquella que emana del ejemplo que ha brindado su heroico pueblo en la defensa de su soberanía, en la resistencia ante las más brutales y sistemáticas agresiones, en la práctica invariable de la solidaridad y la cooperación con las naciones hermanas de América Latina y el Caribe.

Duele al imperialismo que Cuba ha demostrado que sí hay otro mundo posible y que sí se puede construir un modelo alternativo al neoliberalismo, basado en la solidaridad, la cooperación, la dignidad, en la distribución justa de los ingresos, el acceso igualitario a la superación profesional, a la seguridad y protección ciudadanas y a la liberación plena de los seres humanos.

La Revolución cubana es asimismo evidencia de que un pueblo estrechamente unido, dueño de su país y sus instituciones, en permanente y profunda democracia, puede resistir victoriosamente y avanzar en su desarrollo, frente a la agresión y al bloqueo más largos de la historia.

El golpe de Estado en Bolivia, orquestado por los Estados Unidos, utilizando como instrumento a la OEA y a la oligarquía local, es una demostración de la agresividad de la acometida imperialista. Cuba reitera su condena al golpe de Estado, a la brutal represión desatada y expresa su solidaridad con el compañero Evo Morales Ayma y el pueblo boliviano.

Mientras el gobierno de Estados Unidos continúa su guerra no convencional para intentar derrocar al gobierno legítimamente constituido del Presidente Nicolás Maduro Moros e invoca el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), Cuba ratifica la voluntad inquebrantable de mantener la cooperación con el gobierno y el pueblo venezolanos.

Al gobierno y pueblo sandinistas de Nicaragua, liderados por el presidente Daniel Ortega, que enfrenta los intentos de desestabilización y medidas coercitivas unilaterales estadounidenses, reiteramos nuestra solidaridad.

El gobierno legítimo de la Mancomunidad de Dominica y su Primer Ministro Roosevelt Skerrit merecen la solidaridad internacional y tienen ya la del pueblo cubano, en momentos en que esa isla es víctima de la injerencia externa que ya ha provocado violencia y pretende frustrar el proceso electoral.

En este complejo escenario, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador en México enfrenta el neoliberalismo y defiende los principios de no intervención y respeto a la soberanía, mientras la elección de Alberto Fernández y Cristina Fernández como Presidente y Vicepresidente en Argentina, expresa el rechazo inequívoco de esa nación a las fórmulas neoliberales que la empobrecieron, endeudaron y dañaron seriamente a su pueblo. La liberación de Lula es un triunfo de los pueblos, y Cuba reitera su llamado a la movilización mundial por el reclamo de su plena libertad, la restitución de su inocencia y de sus derechos políticos.

En la dramática coyuntura que atraviesa la región y el mundo, Cuba reafirma los principios de soberanía, no intervención en los asuntos internos de otros Estados y el derecho de cada pueblo a elegir y construir libremente su sistema político, en un ambiente de paz, estabilidad y justicia; sin amenazas, agresiones ni medidas coercitivas unilaterales y llama a cumplir los postulados de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz.

Cuba seguirá trabajando en el camino de la integración de Nuestra América que incluye la realización de todos los esfuerzos para que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), pronto presidida por México, continúe promoviendo los intereses comunes de nuestras naciones mediante el fortalecimiento de la unidad dentro de la diversidad.

A la implacable arremetida de las fuerzas más reaccionarias del hemisferio, Cuba opone la inquebrantable resistencia de su pueblo junto a la voluntad de defender la unidad de la nación, sus conquistas sociales, su soberanía e independencia, y el socialismo al precio que sea necesario. Lo hacemos con el optimismo y la confianza inconmovible en la victoria que nos legara el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, con la conducción del Primer Secretario de nuestro Partido, General de Ejército Raúl Castro y el liderazgo del Presidente Miguel Díaz-Canel. (Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba).

La Habana, diciembre de 2019.

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Subir el precio de la gasolina en Francia es dejar a miles en la exclusión

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Christian Rodríguez

Christian Rodríguez es el responsable de Relaciones Internacionales para América Latina y el Caribe del movimiento Francia Insumisa de Jean Luc Melenchon. En esta entrevista, nos comparte algunas ideas de las protestas que sacudieron Francia y que pusieron en debate las políticas del Tratado de Maastricht.

—Una de las cosas que llama la atención en América Latina y en Perú en particular, es como en una de las economías más grandes de Europa y del mundo, surge un movimiento tan explosivo y contestatario como el de los “Chalecos Amarillos”, ¿cuál es su lectura sobre este tema?

—Lo primero que hay que tener en cuenta es que estamos en un contexto político de movilizaciones masivas en todo el mundo. Lo que era el fin de la historia, llamada por la derecha más dura que decía que se había acabado el ciclo progresista, pues deben estar mordiéndose los dedos porque la realidad está dando otro dato.

Ahora, si analizamos la situación social y política con los esquemas tradicionales de izquierda y derecha para interpretar estos fenómenos, entonces nos vamos a encontrar con dificultades en el análisis; y por lo tanto, a mal diagnóstico malas soluciones, y necesitamos intervenir y ser capaces de aportar una alternativa para modificar la durísima realidad que viven nuestros pueblos, en el caso particular de Francia, nadie se puede imaginar que la quinta potencia mundial viva hoy con más de 9 millones de pobres.

Nosotros tenemos otra matriz de análisis que se explica a través de lo que hemos llamado la teoría de la era del pueblo y de las revoluciones ciudadanas. Lo que llamamos revoluciones ciudadanas es en el fondo una reivindicación de soberanía del pueblo que se extiende en todos sus niveles.

En ese contexto resurge un sujeto social llamado pueblo, que no es otra cosa que una alianza de las clases populares y las clases medias que se unen con mucha fuerza en torno a reivindicaciones comunes que tienen que ver, casi todas, con la urgencia de recuperar el control sobre el uso del ecosistema por parte de las mayorías.

Cuando me preguntas sobre los Chalecos Amarillos y su irrupción en la escena política pues te digo que ellos revientan a partir del alza de los combustibles que es una reivindicación inicial, pero que da cuenta de un hartazgo grande de la gente por no poder llegar al fin de mes y con salarios que solo sirven para la sobrevivencia.

El combustible es en la ciudad y en las periferias cercanas a Paris, sinónimo de movilización social, por eso, subir el precio de la gasolina es dejar a miles en la exclusión, porque hoy para trabajar te desplazas de periferia en periferia y esto hace que en algún momento movilizarse ya sea imposible.

En Francia, la movilización por el combustible fue un detonador, la chispa que prendió fuego y encendió la pradera a otros temas como el de la jubilación, el derecho a la salud, a la universidad pública, entre otros temas.

La llegada de Macron al gobierno ha sido sólo para vender Francia al mejor postor. Y Francia que es un país maravilloso en cuanto servicios públicos porque tiene trenes de lujo que fueron del Estado, tiene sanidad pública, educación gratuita, universidades y ahora llegan los privados y ¿qué hacen?, la compran, pero no para crear beneficio, no para ayudar a la gente a acceder a servicios básicos, sino para privatizarlas y obtener rápidamente utilidades. Entonces, es interesante lo que está pasando con los Chalecos Amarillos porque son hijos de la propia construcción de este modelo de privatización, del lucro y del enriquecimiento a cualquier precio que se ha generado en todos estos años.

—Es esencialmente entonces, un movimiento de rechazo a las políticas económicas neoliberales

—Con la llegada del último gobierno del Partido Socialista con Hollande, todos los modelos que se han aplicado en Francia tenían el mismo objetivo, la implementación de políticas neoliberales. Fue una vergüenza desde el punto de vista de la izquierda, y en la práctica, Hollande ha logrado la casi desaparición del Partido Socialista.

Podemos afirmar que Hollande fue el mejor presidente de derechas que ha tenido Francia, ya que en su gobierno se abrieron todas las puertas para pavimentar la aplicación de políticas económicas neoliberales de forma agresiva y sin ningún interés por el consenso social.

A partir de esto estamos hablando de nueve millones de personas en estado de pobreza, cerca del 11% de jóvenes que no pueden acceder a la universidad por el acelerado proceso de privatización al que están siendo sometidos los centros de enseñanza superior y una sanidad pública cada día en peores condiciones.

Este país tiene las mismas condiciones para estar montada en cólera como en Chile, Haití o el Líbano, pero pasa que es más difuso el mensaje, y por otro lado, no hay que olvidar que Macron ha implementado una agresiva política represiva que hasta hoy lleva tres mil personas enjuiciadas o en prisión por el movimiento de los Chalecos Amarillos, además de 176 personas sin ojo, producto de una brutal represión.

Pero estos modelos sólo se pueden sostener en base al rol de los medios de comunicación y de las fuerzas represivas que actuando con la complacencia de los aparatos judiciales, han logrado instrumentalizar la justicia para sus fines

Marchas protestas conflictos en Chile

—¿Y cuál es el rol que han jugado los partidos de izquierda? Al parecer han desaparecido en estas luchas

—Primero decir que los sindicatos han mirado con mucha desconfianza. Los partidos de izquierda tradicionales con una clásica lectura, de que si no vas a la vanguardia o no eres quien lleva el proceso, entonces no eres de los nuestros.

De forma particular creo que hay un fracaso de la izquierda tradicional al leer estos procesos sociales, pero además, hay una lectura muy antigua que tiene que ver con la vieja concepción de lo que entendemos como la vanguardia, las masas, el pueblo y la construcción política.

Para nosotros ese esquema está muerto. Los Chalecos Amarillos eran masas amorfas que al parecer no esperaron la llegada de esa denominada “vanguardia” para ser concientizada o ser dirigida. Ese esquema de entender la construcción del nuevo sujeto político está roto, primero porque no estuvieron nunca ahí. Incluso nosotros, los de Francia Insumisa tuvimos muchos inconvenientes para relacionarnos con el movimiento, había desconfianza, rechazo a los partidos y organizaciones políticas y no se entendía que la tarea prioritaria era sumarnos y ponernos a disposición. En ese escenario, se hace difícil crear relaciones de confianza con la gente y el pueblo, ya que están en una fase de rechazarlo todo, del ¡que se vayan todos!, incluidos los partidos políticos.

—¿El movimiento ha logrado asumir una posición de cuestionamiento consciente al modelo o crees que recién es un proceso que está empezando?

—Es un proceso evidentemente, pero los ciudadanos empiezan a cuestionarse y preguntarse, ¿quiénes le están mintiendo?, ¿quiénes le están quitando la plata del bolsillo?, ¿quiénes le están perjudicando la vida de familia?, entonces, hay un proceso lento de toma de conciencia.

En estas luchas la gente ha aprendido que la televisión miente, que los medios de comunicación no están al servicio de la verdad sino de sus intereses particulares y este es un factor nuevo. Mucho se creía en lo que la televisión decía, pero como ahora han participado de la marcha de los Chalecos Amarillos y han visto quienes son los que golpean, entonces, la gente ha ido asumiendo un nivel de conciencia política. Se ha aprendido que la policía es manipulada políticamente por este gobierno. Se pensaba que una policía republicana jamás iba a golpear, pero ahí están los hechos.

Los procesos de aprendizaje y concientización de nuestro pueblo han sido rápidos y muy acelerados, pero de ahí a decirte que estamos a las puertas de que la gente asuma que esto es producto del modelo neoliberal, bueno, reconocemos que aún falta, pero están dadas todas las condiciones para que esto ocurra.

Lo otro es el rol de los partidos y de las organizaciones sociales o sindicales. Ha quedado en evidencia una completa desvinculación del pueblo con sus organizaciones ya que éstas no responden a la realidad concreta de lo que vive la gente en la calle.

—¿Y cuál es la autocrítica de los partidos y movimientos que tienen representación parlamentaria, como Francia Insumisa?

—Parte de la autocrítica tiene que ver con que no nos vinculamos más al pueblo, necesitamos ir con más intensidad a trabajar y relacionarnos con el mundo sindical o los movimientos estudiantiles. Ahora, Francia tiene una particularidad, que es que está atravesada por el tema de las religiones y esto es una trampa porque en el mundo popular, que está en los barrios, el tema de la identidad religiosa es un tema en disputa.

Decir por ejemplo, que si trabajas mucho con los sectores populares es porque estás ayudando al islamismo radical es una gran mentira, porque en este país puedes profesar la religión que quieras. Lo de la religión no es un asunto público, es un asunto privado, y en el trabajo social no se pregunta si eres musulmán, judío, católico o ateo, para trabajar políticamente.

Tenemos que superar esto porque hay ahí un freno en el tema del comunitarismo que nos impide trabajar de igual a igual con nuestro pueblo. Superado eso, creo que podemos tener otro escenario.

La extrema derecha juega mucho con esos temas de identidad cultural, de identidad religiosa y son éstas las trampas que deben de sortear aún los procesos de concientización, lo que implica desde luego, un doble esfuerzo, un doble trabajo.

—Sorprende que Marine Le Pen y los partidos de ultraderecha tengan tanta aceptación y representación en el parlamento francés

—Sí, y es que la desesperanza busca cualquier salida. En este país hay dos proyectos que están en disputa, hacia la extrema derecha con Marine Le Pen o está la corriente de Jean Luc Melenchon, representante del ecologismo, del humanismo y que responde a la necesidad de una sexta República. Nosotros queremos refundar la república a través de un proceso constituyente. Bueno, estos dos proyectos están en juego.

Que la extrema derecha esté presente en el panorama político francés, es algo que debemos combatir en todos los frentes. Ahora, pasa también que esa extrema derecha se mueve solapadamente y tiene mucho apoyo de los medios de comunicación y del gobierno que están abiertamente a favor del Frente Nacional. Macron, intenta avivar más ese fuego porque es la única manera de que pueda mantenerse en el gobierno. Azuzar el miedo para aparecer como el salvador. Ese fue el juego electoral pasado y vemos que no ha cambiado nada el libreto, el que repiten una y otra vez.

Ahora acompañados de los medios de comunicación, el Poder Judicial y la Policía, que están completamente manipulados en función de los intereses del gobierno, no en función de las tareas del Estado, como era antes. Macron ha politizado al Poder Judicial y a la Policía y esto es lo que explica la violencia inusitada que desataron en las calles en contra de los manifestantes de los Chalecos Amarillos.

—Lo que llaman ahora el Law Fare, que es la creación de casos o la apertura de procesos judiciales para anularte políticamente

—A Jean Luc Melenchon le han hecho eso. El 9 de diciembre tenemos la audiencia del primer juicio, pero tenemos otros más. Acabamos de volver de una larga gira por América Latina y hemos aprendido de estos casos conversando con Lula, con Cristina, con Pepe Mujica. Incluso en Perú, el caso de Verónica Mendoza, la líder de izquierda a quien seguramente también tratarán de involucrarla judicialmente para sacarla de la carrera política.

 

CESAR ROBLES

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