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El nuevo museo nacional (MUNA): crónica de irregularidades

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El nuevo museo nacional (MUNA): crónica de irregularidades

La obra de construcción del Museo Nacional del Perú (MUNA) en el distrito de Lurín (Lima), fue presupuestada, al inicio, en S/ 516,952,273. En el 2017 esta cifra se incrementó a S/ 591,579,559.60, debido a obras adicionales que no estuvieron contempladas en el proyecto original. Dicho monto constituía un gran estímulo para cualquier constructora; tal es así que la buena pro fue otorgada al Consorcio Constructor MUNA, conformado por las empresas: Obrascon, Huarte y Lain (OHL) y Aldesa Construcciones, y supervisada por Graña y Montero. Estas empresas están, ahora, comprometidas en serias denuncias de corrupción e irregularidades en procesos de licitación y ejecución de obras en el Perú y el extranjero.

El Ministerio de Cultura empezó con “el pie izquierdo”, requiriendo la contratación de un profesional especialista en arqueología para la elaboración del sustento arqueológico que permita identificar la mejor ubicación del proyecto “Museo Nacional del Perú”, quien tuvo como único encargo entregar el “sustento arqueológico que posibilite la ubicación idónea del Proyecto del Museo Nacional en el Complejo Arqueológico de Pachacámac, distrito de Lurín”. En este documento solo contempló un estudio de alternativas para un proyecto que ya tenía ubicación desde su formulación. Llamó la atención que en los Términos de Referencia de la consultoría de mayo del 2014 se requirió, en sus objetivos, que la ubicación del MUNA sea en el Santuario de Pachacámac.

El estudio realizado por el arqueólogo Fujita, arrojó tres alternativas: 1. Complejo Maranga, 2. Club LawnTennis de la Exposición y el 3. Santuario de Pachacámac, concluyendo que la mejor opción (como estaba previsto) sería en el Santuario de Pachacámac (Lurín). Pero el informe de Fujita, a pesar de dejar claro que la alternativa del MUNA en Pachacámac era la más adecuada, da inicio a los cuestionamientos que en un futuro sonarían cada vez más fuerte entre los opositores de este megaproyecto. Tal es así que, en el mismo documento, se consigna lo siguiente: (…) se ha identificado estructuras de probable origen prehispánico, así como extensos conchales del mismo periodo (…) considerar en el proyecto la posibilidad de contar con un tsunami e inundaciones (…) es también un espacio polémico por estar inscrito a su vez en un espacio religioso que aún se sigue usando (…) proceso de inscripción de la totalidad del área intangible en los Registros Públicos.

Era evidente que la alternativa sugerida constituía un alto riesgo, entonces, ¿por qué no se consideró otras áreas para la ejecución del proyecto?; incluso, desde febrero del 2014 ya se contemplaba la ampliación del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú (MNAAHP). Sin embargo, no se tomó en cuenta la posibilidad de emplear dicho espacio como una alternativa, que contaba con más de 20 mil metros cuadrados en contraste con los 15 mil metros cuadrados del edificio destinado al MUNA en Lurín. Surge el cuestionamiento: ¿por qué se eligió la alternativa más riesgosa y costosa?

El MUNA en el Santuario de Pachacámac, una obra que se construye frente a otro (Museo de Sitio, galardonado internacionalmente), se ha convertido, a todas luces, en un doble símbolo:

• Para un sector de la población de Lurín y de los funcionarios públicos que lideran o lideraron el sector Cultura y los allegados a este, el proyecto significaría desarrollo y beneficio para la población, mejoras en las condiciones museológicas y gestión de colecciones, que mucha falta hace en nuestro país.

• Para otro sector, de patrimonialistas, Contraloría General de la República, entre otros, la obra sería un símbolo más de la corrupción enquistada en el sector público, que se alimenta de las grandes constructoras; ya que se ha evidenciado serios cuestionamientos, vacíos e irregularidades durante la formulación de los estudios y la ejecución del proyecto que hasta la fecha no ha podido ser esclarecido de manera transparente.

A fines del 2016, la Comisión de Cultura y Patrimonio Cultural del Congreso de la República, conformó el “Grupo de Trabajo encargado de evaluar y fiscalizar las presuntas irregularidades en la construcción del Museo Nacional de Arqueología del Perú en el Santuario de Pachacámac (MUNA)”. Se formaron mesas de trabajo, donde se expusieron y sustentaron las irregularidades durante la formulación del proyecto.

Ante este panorama, el exministro Salvador del Solar informó de una modificación para el proyecto: reducir de 75 mil m2 a 63 mil m2; lo cual generaría un ahorro de entre 60 a 80 millones de soles[1]. Es por ello que, a través de una solicitud de acceso a la información pública, se requirió al Ministerio de Cultura una copia del expediente técnico de dicha modificación. Ante este requerimiento, la abogada de la Oficina de Proyectos Especiales Marlene Vizcarra Gallardo, respondió que su unidad ejecutora no cuenta con la información solicitada (…), denegando, de esta manera, el pedido de la documentación.

Sin embargo, Luis Jaime Castillo Butters, exviceministro de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales, habría tenido acceso a la documentación antes referida. En una declaración al diario La República[2], indicó que (…) el recorte, empero, encareció la obra y significó la anulación de una sala que iba a servir como “museo para niños (…).

A la fecha no se ha esclarecido de donde provendrán las colecciones que irán a exhibirse en el MUNA, pues, el Sistema Nacional de Museos (a cargo del Ministerio de Cultura) abarca 48 museos[3]. Sin embargo, se pretende desmantelar las colecciones prehispánicas del Museo Nacional de Historia Arqueología y Antropología del Perú, ubicado en Pueblo Libre, tal como lo ha señalado el exviceministro Luis Jaime Castillo:

“(…) las piezas arqueológicas estarán ubicadas en el Museo Nacional en Pachacámac, todas las piezas que datan desde la llegada de los españoles en 1532 hasta la República deben estar expuestas en la ampliación de este museo [MNAAHP] (…)”.[4]

Intervención de la Contraloría General de la República

La Contraloría General de la República (CGR) también participó en las mesas de trabajo organizadas por la Comisión de Cultura y Patrimonio Cultural del Congreso de la República. Mediante el Oficio N° 240-2015-CG/VC, alertó al Ministerio de Cultura sobre los riesgos en los que se incurriría al construir el Museo Nacional de Arqueología (MUNA) en el Santuario Arqueológico de Pachacámac.

En el 2016, mediante un informe de auditoría, la CGR refiere que el proyecto no cuenta con la aprobación de los órganos competentes del Ministerio de Cultura. Asimismo, advierte sobre la falta de documentación y aprobaciones de acuerdo con la tipología del proyecto, y sobre los resultados de las intervenciones arqueológicas que fueron ejecutadas posteriormente al otorgamiento de viabilidad del PIP por parte de la Oficina de Inversiones del Ministerio de Cultura. Acá resalta, nuevamente, que se pondría en riesgo la sostenibilidad del proyecto en sus fases de inversión y post-inversión [5].

El nuevo museo nacional (MUNA): crónica de irregularidades

El contralor recomendó al Ministro de Cultura que se valore los nuevos riesgos identificados (Oficio N° 274-2017-CG/DC):

1. No cuenta con opinión de los órganos competentes

2. El Proyecto Arquitectónico del Expediente Técnico del Museo Nacional del Perú – MUNA, no contempló el número total de estacionamientos acorde a la normativa.

3. En el esquema de diseño de conexión de agua y desagüe del expediente Técnico no se ha considerado ninguna de las alternativas señaladas por SEDAPAL para la aprobación respectiva, generando el riesgo de que no se cuente con el abastecimiento de agua potable requerido para las operaciones del Museo;

4. El Expediente Técnico considera solo el montaje de algunos equipos que forman parte del sistema de utilización en media tensión, sin embargo en el expediente de dicho sistema, aprobado por Luz del Sur y en el pago a realizar por derecho de conexión de media tensión, se podrían incluir partidas por duplicado o excluir otras[6]

Durante el 2018, la CGR ha emitido cinco Informes de Control Concurrente[7], desde el 12 de julio al 19 de diciembre del 2018, donde se muestran aspectos relevantes y situaciones adversas que generan los siguientes riesgos:

a. Abonar un pago injustificado al contratista, por partidas y metrados no ejecutados, de hasta S/ 14 millones.

b. Controversias y mayores costos de supervisión para el 60% de obra pendiente de ejecutar.

c. Incumplimiento de plazo contractual.

d. No cumplir oportunamente con los objetivos del proyecto.

e. Daños estructurales y afectación de la calidad del proyecto.

f. Inadecuada supervisión y no sancionar el incumplimiento contractual.

g. Falta de liquidez para la culminación del proyecto.

h. Afectación de la integridad física del personal de obra y terceros.

i. Afectación del control y transparencia del proyecto de inversión pública.

j. Incumplimiento en la finalidad del proyecto.

Cabe resaltar que, mediante el último Informe de Control Concurrente (Hito de Control N° 5), cuyo objetivo fue el “(…) determinar si el avance del proceso constructivo de la obra principal y las obras complementarias (sistema de abastecimiento de agua potable y alcantarillado y sistema de utilización de media tensión) (…)”, se solicitó al Ministerio de Cultura que brinde el diseño de ingeniería optimizado debidamente aprobado. Sin embargo, no fue otorgado.

Finalmente, en su último Informe[8] da cuenta que no se ha cumplido con subsanar en su totalidad los riesgos advertidos en los Hitos de Control N° 1, 2 y 3; además, se verificó que no se ha tomado las acciones correctivas para las observaciones del Hito de Control N° 4, correspondientes a la presencia de fisuras y humedad en el techo de los ambientes del Sector 3 del MUNA, las mismas que generarían no solo un daño estructural en el edificio, sino también el deterioro al que se expondrán las colecciones prehispánicas debido al traslado hacia los sótanos del MUNA.

Anecdóticamente, el 11 de noviembre de 2018, la exjefa del Archivo General de la Nación, Luisa Vetter, declaraba sobre el riesgo constante de perder valiosos documentos en dicha entidad, ante posibles incendios, señalando: “Rezamos para que el incendio jamás ocurra”[9]. No nos sorprendería que, en breve plazo, la titular del sector Cultura siga implorando al “Señor de los Temblores”, para que no haya adversidades[10], en lugar de atender debidamente las observaciones estructurales, administrativas y financieras señaladas por la Contraloría General de la Republica.

Entonces, ¿se tomarán acciones inmediatas para las sanciones correspondientes a los funcionarios responsables de las irregularidades sobre la construcción de esta “carcasa de concreto”? ¿Acaso se permitirá el desmantelamiento desmedido del MNAAHP para trasladar sus colecciones prehispánicas a los sótanos sumergidos del MUNA, expandiéndolas al riesgo que representa la humedad proveniente de la napa freática, que aflora constantemente a través de las grietas que se extienden en las paredes del edificio?

Mientras el Santuario de Pachacámac se ve vulnerado, pues ni su propio Plan de Manejo es respetado, el espíritu de quienes lo habitaron y participaron en sus ceremonias y rituales sigue presente, quizás para que en un futuro cobre revancha telúricamente; por lo pronto ¿qué hacemos nosotros para defenderlo?

NOTAS:

[1] El 12 de abril del 2017. “Todo se Sabe”. Entrevista por Milagros Leiva.

[2] 26 de marzo del 2018. “El MUNA será la única obra para celebrar el Bicentenario”. Tomado de URL: https://larepublica.pe/cultural/1217167-el-muna-sera-la-unica-obra-para-celebrar-el-bicentenario

[3] Museos según Departamento, hasta Abril 2019. (http://www.infocultura.cultura.pe/infocultura/).

[4] Informe N° 003-2014-VMPCIC/MC, de fecha 19 de febrero del 2014.

[5] Nota de Prensa N° 68-2016-CG/COM, de fecha 7-setiembre-2016

[6] El subrayado es nuestro.

[7] CONTRALORÍA GENERAL DE LA REPÚBLICA

Informe de Control Concurrente N° 676-2018-CG/MPROY-CC; de fecha 12 de julio del 2018.

Informe de Control Concurrente N° 895-2018-CG/MPROY-CC; de fecha 24 de setiembre del 2018.

Informe de Control Concurrente N° 1065-2018-CG/MPROY-CC; de fecha 25 de octubre del 2018.

Informe de Control Concurrente N° 1179-2018-CG/MPROY-CC; de fecha 26 de noviembre del 2018.

Informe de Control Concurrente N° 1330-2018-CG/MPROY-CC; de fecha 19 de diciembre del 2018.

[8] Informe de Control Concurrente N° 1330-2018-CG/MPROY-CC; de fecha 19 de diciembre del 2018.

[9] https://elcomercio.pe/lima/patrimonio/luisa-vetter-rezamos-incendio-jamas-ocurra-noticia-576465 (11-11-2018).

[10] Tal como refiere en la entrevista del 30 de abril de 2019 ante el Diario El Comercio. (https://elcomercio.pe/luces/ulla-holmquist-nuestro-compromiso-recuperar-confianza-ministerio-noticia-ecpm-631111).

 

CELESTE ASURZA MATOS
IDEELE REVISTA Nº 285

Especial

II Foro del Grupo de Puebla: “El cambio es el progresismo”

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II Foro del Grupo de Puebla: “El cambio es el progresismo”

Con el presidente electo Alberto Fernández como anfitrión, el segundo encuentro del Grupo de Puebla, ideado como “un grupo de reflexión, acción y articulación política transparente”, se realizó desde el viernes 8 hasta el domingo 10 Noviembre en Buenos Aires bajo el lema de “El cambio es el progresismo”.

Una nueva instancia multilateral comienza a cobrar fuerza con su segunda reunión, de la mano de líderes progresistas latinoamericanos. “Este encuentro es una invitación a reflexionar actuando, porque juntos ya estamos dando un paso fundamental hacia la integración y la unidad, porque no hay tiempo que perder es que nos reunimos hoy, el progresismo latinoamericano”, señala la convocatoria.

Entre el 12 y el 14 de julio, una treintena de dirigentes progresistas de la región se reunieron por primera vez en la ciudad de Puebla en México, constituyendo el Grupo Progresista Latinoamericano, “un espacio de reflexión y de intercambio político en América Latina”, como una necesidad de contener el “avance de la derecha conservadora”.

“Adueñarse del mañana, pero empezando hoy. El cambio no puede ser postergado, porque la paciencia se convierte en desprecio sentada frente a la injusticia. El Grupo de Puebla quiere integrar los sueños de los progresistas de Latinoamérica en uno grande. Hacer del continente un mejor lugar para todos y todas. Y quiere hacerlo ahora”, señala la convocatoria.

La misma resalta que “No es precipitación, es el ritmo de la urgencia que imprimen a nuestra causa las decisiones de los gobiernos neoliberales, que destruyen, al mismo tiempo que nuestros Estados, nuestra convivencia y nuestro buen vivir, persiguiendo a nuestros líderes y endeudando a nuestros pueblos. Por eso nos reunimos en este foro. Para buscar en nuestras diferencias aquello que nos une”.

Lo que une a los dirigentes progresistas “es la convicción que frente a este modelo que deviene en crisis permanentes -que ellos llaman ciclos- existe uno distinto, uno que sabe que es inherente a la política la reducción de la pobreza, la consolidación de las clases medias, el control de las reglas del juego de la economía, el fortalecimiento de la democracia, y, sobre todo, de eso que hace que nos hace confluir en un nosotros. Convivir”.

Alberto Fernández no asistió al primer encuentro, pero fueron Jorge Taiana, Felipe Solá, Carlos Tomada y Julián Domínguez en representación de la Argentina. Al primer encuentro también asistieron el candidato presidencial uruguayo Daniel Martínez (Frente Amplio); el expresidente colombiano Ernesto Samper, y el senador chileno y exsecretario general de la OEA, José Miguel Insulza.

En un momento de tensión e incertidumbre, luego de una repentina oleada de protestas multitudinarias y la celebración de elecciones generales en algunos países, el Grupo de Puebla, ya cuenta con la presencia de líderes de 12 países.

En una declaración de fines de octubre indicaba que los gobiernos neoliberales en Latinoamérica han demostrado que tienen una capacidad en común: transformar a sus países en naciones de enemigos y gobernar poniendo sus democracias entre paréntesis. En países como Argentina, Chile, Colombia y Ecuador, encontramos un común denominador: protestas sociales contra medidas de ajuste fiscal y su criminalización por parte de las autoridades.

Incluso antes de ganar las elecciones, Alberto Fernández ya había definido su prioridad en su política internacional: reforzar la integración regional al recrear un polo progresista en América Latina.

“Nuestra mayor obsesión es reconstruir la integración regional en América Latina, con México incluido, porque, desde la llegada de López Obrador, México ha vuelto a mirar a América del Sur”, expresó Fernández antes de viajar a México, la semana pasada, en su primera visita antes de asumir la presidencia el 10 de diciembre

“Existe en muchos de los gobiernos de América del Sur, el gobierno uruguayo, el mexicano, el de Bolivia, eventualmente el argentino, la idea de reconstruir la integración que alguna vez fue”, agregó. “La idea es empezar a hablar entre todos y recuperar la integración que se ha quebrado”, dijo Fernández, quien destacó que el planteo no apunta a confrontar con Estados Unidos, sino a ampliar el marco de alianzas.

“El propósito de la reunión en Buenos Aires es el de seguir construyendo, entre todos, una agenda progresista que nos identifique y reúna”, explicó Samper, ex presidente de Colombia y ex secretario de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

“No estamos hablando de generar una referencia ideológica que se enfrente a nadie, simplemente es un conjunto de dirigentes de toda América Latina, respetuosos de las institucionalidades y de la democracia”, aclaró el mandatario electo, quien remarcó que lo que se busca “son alternativas a lo que ha imperado en los últimos años, por ejemplo, en Argentina, y es la búsqueda de reencontrar un sistema político que devuelva la equidad perdida, el equilibrio y la igualdad social en América Latina, de eso hablamos”.

“El foro busca integrar canales de comunicación y de trabajo entre dirigentes de toda Latinoamérica con una mirada progresista y en respeto a la institucionalidad y a la democracia”, resumió.

II Foro del Grupo de Puebla: “El cambio es el progresismo”

QUÉ ES EL GRUPO DE PUEBLA

“Nuestra región experimenta una nueva ola de gobiernos neoliberales, que insisten en promover los intereses y privilegios de una élite socioeconómica, a costillas del desarrollo de nuestros pueblos, frustrando sus posibilidades de desarrollo y bienestar social, a la vez que debilita nuestra soberanía, nuestras instituciones democráticas, el Estado de Derecho, la vigencia de los derechos humanos y el ambiente”, señalaron en un comunicado.

En el mismo, resaltaron “la inclusión y respeto de las diversidades, una mayor transparencia y la participación de la ciudadanía en la toma de decisiones”.

La propuesta del GP es la de “diseñar una nueva mirada, que se ajuste a los nuevos tiempos y convoque a todos los sectores de la sociedad a cuestionar el orden imperante, denunciando los intereses de la derecha, laboralizando la política a través de nuevos vínculos entre el mundo del trabajo y nuestros debates, y promoviendo las nuevas expresiones de organización social y ciudadana, que buscan la igualdad de los derechos entre hombres y mujeres, la protección del medio ambiente”.

El grupo integra a líderes políticos en forma personal y no a sus partidos o instituciones. Lo que los une, resaltó el excandidato a la presidencia chilena en 2009 y 2013, Marco Enríquez-Ominami, es la convicción de que “tanto el mercado como el capital son ineludibles en el debate”.

El primer encuentro culminó con varias declaraciones en las que se exaltaba la necesidad de que las fuerzas progresistas construyeran “un nuevo proyecto común” y defendía la necesidad de un diálogo en Venezuela, apareciendo en la práctica como contracara del Grupo de Lima, formado en 2017 a instancias de Estados Unidos, para forzar la salida de Nicolás Maduro, ante la crisis institucional y humanitaria en Venezuela.

El GP emitió el pasado 11 de septiembre una declaración para rechazar “cualquier intento de uso de la fuerza que quebrante el principio de solución pacífica de las controversias y que posibilite una intervención militar en Venezuela por parte de fuerzas extranjeras, incluida la invocación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), instrumento arcaico para intervenciones militares en países de América Latina durante la Guerra Fría”.

El 20 de octubre, el GP dio a conocer una declaración solicitando el fin de la violencia en Chile y la no criminalización de las protestas por parte del gobierno de Sebastián Piñera. Apoyó la manifestación pacífica del pueblo de Chile, que hace frente a las desigualdades y las injusticias que tienen en su raíz la profundización del modelo neoliberal del actual gobierno.

Indicó que en Chile, el llamado milagro económico latinoamericano, consiste en una sociedad que hizo de la deuda su contrato social del malestar, beneficiando en millones de dólares con reformas tributarias a los más ricos, fortaleciendo el negocio privado de las pensiones, desarmando los derechos conquistados en gratuidad en educación superior, entre varias otras medidas. Individuos que quieren vivir juntos, pero que viven en un modelo que los deja solos y que convierte en delincuente al que se atreve a reclamar.

Asimismo, repudió el llamado a la represión militar en contra de las manifestaciones y la declaración del Estado de Excepción como mecanismo de resguardo del orden público por un mal diseño e implementación de políticas del gobierno y urgió a Piñera el fin de la represión y de la barbarización de la ciudadanía movilizada y organizada.

 

RUBÉN ARMENDÁRIZ
Periodista y politólogo, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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El rol del historiador en la visión de Jorge Basadre Grohmann

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Jorge Basadre Grohmann

En los últimos años, los historiadores peruanos nos encontramos en una lucha permanente por el reconocimiento social de nuestro trabajo científico. Quedaron atrás los años en los cuales, cada vez que la sociedad peruana se encontraba en una encrucijada, inmediatamente se recurría a las interpretaciones de los historiadores.

Así, generaciones de peruanos vivieron atentas a los libros, artículos y entrevistas a José de la Riva Agüero; Raúl Porras Barrenechea, Jorge Basadre; Alberto Flores-Galindo Segura o Pablo Macera Dall´Orso. Además, en este debate, la propuesta de un Colegio Profesional de Historiadores del Perú, determinó que existan voces que aun sostienen que el rol del historiador es la de un simple “narrador” de hechos del pasado o de un “buscador” de datos históricos en archivos. Por ello, se hace necesario conocer la propuesta del Historiador de la República.

En septiembre de 1973 Jorge Basadre Grohmann publicó, en la revista Acta Herediana de la Universidad Cayetano Heredia de Lima, el artículo La Historiografía de Hoy, en el cual realizó una especie de balance de los caminos y los rumbos por donde se desarrollaba la producción historiográfica en Europa, América y el Perú. Pero, en dicho artículo, Basadre también se dio tiempo para realizar algunas reflexiones sobre el trabajo y el rol del historiador.

Basadre escribió que: “El historiador trata de restaurar el tiempo. Busca su continuidad y su totalidad. Ejerce una tarea de regulador al convertirse en depositario oficial o extraoficial de la memoria colectiva o al crear ese cargo para él mismo. Su camino está en la búsqueda de las huellas que conduzca a los orígenes, próximos o lejanos. Es un hombre cuya meta sería tener a su alcance las raíces. Cada generación obtiene de él la idea de sus antecedentes y de los linderos dentro de los que ha de ubicarse”.

Para Basadre, el historiador es un investigador en el tiempo, lugar donde no existen barreras ni murallas entre el pasado y el presente, por el contrario, es un solo espacio porque los problemas del presente tienen necesariamente su origen en un pasado –ya sea inmediato o lejano-.

Además, su labor lo convierte en un administrador de la memoria colectiva y, es en este aspecto donde radica otro de sus problemas de profesión porque, siempre van a existir individuos o clases sociales interesadas en olvidar u omitir actos del pasado que no resultan cómodos para su labor actual y, por el contrario, también existen individuos o clases sociales deseosas de conocer mejor el pasado. Los historiadores somos seres de carne y hueso, hechura de nuestro tiempo. Somos parte de las generaciones de intelectuales que se forman bajo condiciones objetivas y subjetivas. De tal manera que, se hace necesaria siempre una definición ideológica. Dicha definición ideológica determinará la objetividad del análisis científico-histórico.

Así que, la labor del historiador necesariamente es objetiva pero, esto no significa imparcialidad porque, objetividad e imparcialidad son dos aspectos de problemas muy distintos y no, del mismo problema. Es por ello que, Basadre sostiene que frente a la llamada prosopografía (estudia las filiaciones y desarrollos de los “grandes personajes” el historiador puede estudiar la llamada “prosopografía elitista” o la llamada de las masas.

Frente a las llamadas fuentes de la historia y, principalmente, el documento escrito, Basadre propone que:

“Ya no basta exhumar uno o más papeles viejos. El historiador a la altura de esta época quiere trabajar en el interior de su material, vasto y heterogéneo como es; organizarlo; describirlo en su sentido intrínseco y no sólo en sus aspectos formales; distribuirlo; repartirlo dentro de distintos niveles; organizarlo; discriminar aquello que en él es pertinente y lo que no lo es; hallar en el tejido documental sus más profundas unidades y relaciones”.

Es decir, el historiador ya dejó de ser una especie de coleccionista o de cazador de documentos, que visitaba archivos y depósitos con la idea de encontrar el documento más antiguo, que contenga la información “fidedigna” y que lo lanzaría a la fama y al reconocimiento nacional y mundial.

Todo lo contrario, actualmente el historiador se ha convertido inclusive en un hacedor de fuentes porque debe tener presente que todos los documentos pueden contener información de importancia como también, documentos importantes no contienen información valiosa o simplemente la información que contienen ha sido intencionalmente sesgada o alterada por quien la produjo, buscando de esta forma ocultar o desviar la verdad histórica.

Biblioteca - Jorge Basadre Grohmann

Así, un diario o un periódico debe ser analizado no solamente en la información, sino también, cómo presenta esta información, que tipo de lenguaje utiliza, a qué le da más importancia, cómo acompaña la información (fotos, entrevistas, documentos, etc.), es decir, el historiador es consciente que su trabajo no es el fruto de una acción personal o individual sino, por el contrario, es un trabajo colectivo y que responde a los intereses y deseos de un colectivo.

Hoy, existen historiadores que se refugian en el documento escrito, haciendo de él, la deidad de la información. Incluso, han llegado a sostener que, por ejemplo, Túpac Amaru “jamás” se sublevó contra los españoles porque, en sus proclamas, siempre utilizó las palabras “godos y chapetones”. El tráfico histórico llega a niveles delirantes e increíbles.

Por ello, Basadre escribió que “La primera virtud del historiador es el espíritu crítico. Desde cierto punto de vista, historia científica es historia crítica. Toda ciencia busca la verdad y la historia la del pasado tal como existió. El historiador ha de escudriñar en sus fuentes el error, la mentira, la deformación peyorativa o laudatoria, las lagunas voluntarias o no. Y ha de cuidarse no sólo de quienes lo informan sino también de sí mismo. No debe ser ni un panfletario ni un panegirista al servicio de sus convicciones, sus prejuicios, sus doctrinas o sus intereses. Ha de esforzarse no tanto en ser imparcial (esta palabra no implica una indiferencia completa e imposible ante los valores en juego) pero sí de dialogar con el ayer en un tono sereno para que la voz tenue de éste no sea acallada por el tumulto subjetivo”.

En ese mismo sentido, Basadre llega a una primera conclusión sobre el historiador y su oficio, “Espíritu crítico y don de simpatía han de ser, pues, no antagónicos sino complementarios, convergentes en el historiador. Sobre todo ha de primar en él la integridad de su conciencia, la autenticidad de su vocación, la fidelidad para obedecer a ella, la sinceridad esencial que le impida decir lo que, a solas consigo mismo, no crea cierto. Al fin y al cabo sus escritos implican un acto de fe en sus fuentes y en su propia aptitud para interpretarlas”.

Los historiadores tenemos primero que analizar críticamente nuestras fuentes, y luego confiar en ellas para nuestras interpretaciones, porque aquí no es verdad que el historiador hace la historia y por ello, existen tantas historias como historiadores, esa es una falacia inventada por aquellos que practican y prefieren una historia no ciencia, y que las corrientes autodenominadas posmodernas han hecho suya para desacreditar la labor científica y objetiva del historiador; todo lo contrario, existe una sola historia y una sola verdad cinética de la historia, y la labor nuestra es acercarnos a la verdad histórica en lo más que podamos, y para ello son necesarias las interpretaciones, pero no cualquier interpretación, porque de estas existen muchas, inclusiva de lo más antojadizas y subjetivas, sino de aquellas interpretaciones elaboradas a partir de un trabajo de investigación serio y metodológicamente válido. La historia es ciencia. La historia no es mera narrativa antojadiza. Los vacios en el conocimiento histórico no se pueden cubrir con “inventos” o supuestos.

Por ello, Jorge Basadre afirma en forma categórica que: “El libro final y completo de historia no existe”. Entonces, cada aspecto estudiado por los historiadores no es finito sino por el contrario, necesita ser revisado una y otra vez, porque de esta manera nos acercamos más a la verdad histórica.

No existe el historiador que haya demostrado la verdad histórica absoluta, es el conjunto de historiadores los que permiten la posibilidad de alcanzar esa verdad histórica absoluta, pero siempre y cuando las interpretaciones tengan el doble carácter de científicas y objetivas.

Existen historiadores como Jorge Basadre Grohmann que realizaron el máximo esfuerzo científico por encontrar la verdad de los hechos. Para ello, parten de los mismos hechos. Sabiendo que, los hechos históricos son producto de la actividad humana de carácter social. Todo hecho histórico es un hecho social. Sólo el ser humano es hacedor de historia. Por ello, el estudio histórico busca, principalmente, conocer al ser social que realizó el hecho. Y, el conocimiento histórico, permite conocer al ser humano en su totalidad.

 

AUGUSTO LOSTAUNAU MOSCOL

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La Arequipa de hoy la cultura

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La Arequipa de hoy la cultura

Unos días en Arequipa, a fines de octubre, bastaron para tomarle el pulso a ciertas manifestaciones culturales en esta ciudad. Suelo hacerlo, en verdad un poco al desgaire, cada vez que la visito desde que me alejé de ella cuando tenía veinte años.

Encuentro tres referentes para este examen: las librerías, las bibliotecas y las ferias de libros.

No hay teatro, ni exhibiciones pictóricas, ni conciertos.

Las viejas casonas de sillar, liberadas del revestimiento exterior gracias a la iniciativa del alcalde Villalobos hace ya varias décadas, se yerguen altaneras proclamando su rancia estirpe hispánica y virreinal de “blanca ciudad” a los centenares de turistas que llegan para ver si es cierto que sus pobladores conviven amigablemente con los tres volcanes que la anidan.

Busco las librerías y sólo hallo cuatro: una en la calle San Francisco y otra en la calle Mercaderes, pertenecientes al mismo dueño, con algunas novelas traducidas (thrillers) que se esfuerzan por asomarse tras el material de escritorio ofrecido; otra en la calle Puente Bolognesi de literatura menor para estudiantes de primaria; y otra en la calle Ayacucho con media docena de libros en el zaguán de una casa.

Mi nostalgia me traslada entonces a los años cincuenta, cuando cursaba Letras en la Universidad de San Agustín. La librería más completa y actualizada estaba en la calle San José, frente al Correo Central. Se denominaba Simiente y pertenecía al intelectual comunista Juan Cuentas Zavala. Allí nos surtíamos los estudiantes universitarios, profesionales, artesanos y obreros que ansiábamos ilustrarnos. Importaba los libros de Buenos Aires, México y Santiago de Chile. Allí adquirí casi todas las novelas francesas del siglo XIX traducidas y publicadas por las editoriales Sopena, Tor y Losada de Buenos Aires, que habían creado algunos españoles exiliados en esta ciudad. Había otra librería en la primera cuadra de la calle San Juan de Dios perteneciente a un joven desprovisto de toda pretensión intelectual que traía libros y, sobre todo, revistas de Buenos Aires. Gracias a este librero, en mi hogar como en muchos otros, nos deleitábamos y formábamos con el prodigioso material que constituían las revistas El Tony, El Gorrión, Espinaca, Billiken, Leoplán, Intervalo, Rico Tipo, Para tí y Marivel.

¿Qué leen las chicas y los chicos de ahora, aparte de lo que encuentran en las pantallitas de sus celulares?

“Cómo, a nuestro parecer, cualquier tiempo pasado fue mejor.” (Jorge Manrique).

Y luego siempre estaba el recurso de proveernos de libros de mano en mano, clandestinamente, para burlar la vigilancia de los soplones de la dictadura de Odría que se les encontraba hasta en la sopa

A los jóvenes inquietos de ese tiempo, el destino, la historia o lo que fuera, nos dio la oportunidad de nuestro bautismo de fuego en la revuelta popular de junio de 1950. (He contado esta epopeya en mi libro Esos días de junio de Arequipa, cuando la historia tocó las puertas de los vecindarios, 2014).

La Arequipa de hoy la cultura

La biblioteca más publicitada es la denominada Mario Vargas Llosa. Está en una antigua casa de la calle San Francisco que perteneció a un español de la conquista y fue por un tiempo sede del gobierno regional. Recorro sus estantes colmados de libros. Todos han sido donados por el insigne marqués español nacido en Arequipa en 1936 y donde tuvo la dicha de residir unos pocos meses. Reviso los autores, títulos y temas, y me percato que es la clase de lectura que el donante, uno de los cuadros más destacados de la oligarquía blanca y del neoliberalismo, estima que debe alimentar el espíritu de los arequipeños.

Por supuesto, no hay entre esos volúmenes ninguno crítico del sistema capitalista y, menos aún, expresivo del afán contestatario de las mayorías sociales de esta ciudad. Son libros del mismo jaez que los artículos de este benefactor que con su premio Nobel es para los últimos cenáculos de la oligarquía local tan grande y omnipresente como el volcán Misti. A nadie parece importarle averiguar por qué le dieron ese premio. Alguien me dijo que en la catedral ya le han designado una hornacina donde colocarán su efigie.

Pasé a la biblioteca el Ateneo, perteneciente a la Municipalidad. Está como era cuando la frecuentaba en mis años universitarios, para aprender en los libros supervivientes del pillaje practicado por la dictadura de entonces. Me fijé en sus ficheros. Poco realmente importante. ¿Le compran nuevos libros? Hace algunos años intenté una entrevista con su director. Llevaba una colección de mis libros y algunos otros de mi especialidad profesional para obsequiarlos. No me recibió, pero la secretaria me indicó que se los entregase al director de cultura, o algo así, del concejo municipal de la ciudad. Sin perder las esperanzas me trasladé a su oficina en el portal de la Municipalidad. Era un hombrecito de rostro aleve que apenas se dignó escucharme y terminó por decirme que no aceptaban donaciones de libros.

Pertenecía al equipo del partido Aprista que acababa de ganar las elecciones municipales. Arequipa tampoco se halla exenta de equivocaciones tan garrafales. No por casualidad unos días después, un grupo de trabajadores del municipio retiró el busto del gran pintor arequipeño Manuel Domingo Pantigoso de la plazuela Colón y, tal vez por descuido, no lo destruyeron. Años después, otra administración desagravió a este pintor, colocando su busto en el salón de las grandes personalidades arequipeñas de la casa El Fierro en la plaza San Francisco, donde está ahora.

Las ferias de libros son en todas partes grandes emprendimientos promovidos por las editoriales transnacionales para comercializar la cultura que tratan de meterle a los pueblos escogidos como mercados: literatura pulp y sus parientes cercanos. Hay Festival es otra de esas ferias que ha sido aclimatada en Arequipa. La publicidad que la acompaña es, por supuesto, ilimitada, y sus escenarios se pueblan de autores extranjeros de talante ideológico compatible con los fines perseguidos por sus organizadores y patrocinadores. Ningún escritor crítico puede ingresar a esos feudos alegremente iluminados, ni a sus editores se les dará jamás allí un stand o un espacio de exposición.

Y mientras Hay Festival pasa sus días de ensueño, multitudes aguerridas de estudiantes, campesinos, obreros, artesanos e ínfimos comerciantes desfilan por calles y plazas con carteles, oponiéndose a la amenaza de la contaminación del agua en el valle de Tambo por una empresa minera que recibió una concesión de algún gobierno corrompido.

Dos caras del dios Jano, se diría.

Se trata, como se ve, de una ofensiva cultural del neoliberalismo para tentar la alienación de la mayor parte de este pueblo mestizo y rebelde que hace ya algunos años mira esperanzado hacia el levante, situado allí a la izquierda, y tentar hacer de él un conjunto dócil y manipulable.

 

JORGE RENDÓN VÁSQUEZ

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