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Especial

El golpe de Estado neoliberal en Bolivia

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Marchas conflictos en Bolivia, Jeanine Añez Chávez

Mientras se debate en muchos países si lo que hubo en Bolivia fue o no un golpe de Estado, en el terreno van sumando el número de muertos entre quienes se oponen a la autonombrada presidenta Jeanine Añez y el golpe de Estado alentado por Carlos Mesa y Fernando Camacho. En Cochabamba, este viernes 15 de noviembre murieron nueve personas, 115 resultaron heridas y otras 200 fueron detenidas tras enfrentamientos con el ejército y la policía.

Los datos que demuestran que se trata de un golpe de Estado que busca la restauración neoliberal en el país se encuentran en las primeras medidas adoptadas por las fuerzas políticas que ahora ocupan el Palacio Quemado.

El 14 de noviembre, el nuevo ministro de economía y finanzas públicas de Bolivia, José Luis Parada, quien hace parte de los sectores políticos en Santa Cruz que fueron los principales actores en la campaña separatista de 2008, declaró que buscará “liberar la economía, comenzar a abrirla porque estaba muy cerrada”, por ejemplo, por los “controles” y “cupos” de exportación. Según el periódico La Razón, Parada también señaló que otra tarea fundamental es buscar los mecanismos para atraer la inversión extranjera, señalando que “el plan es que las embajadas y los consulados se vuelvan gestores de inversiones y no gestores políticos.”

Tal como sucedió en enero de 2019 en el caso de Juan Guaidó, el autoproclamado presidente de Venezuela, Estados Unidos también reconoció el pasado 14 de noviembre a Jeanine Añez, quien, en acto similar, se autonombró presidenta de Bolivia.

Marchas conflictos en Bolivia

Tras ese reconocimiento, países alineados con Washington y gobiernos de derecha como la Argentina de Macri o Brasil no perdieron tiempo en reconocer a la improvisada mandataria.

Tanto en el caso de Venezuela como Bolivia, las propuestas de la oposición son de abrir los sectores de la economía nacionalizada a los intereses de las compañías transnacionales estadounidenses. Se trata específicamente del petróleo y del litio. Venezuela y Bolivia cuentan con las reservas más grandes del mundo de estas materias primas. Estados Unidos está empeñada, mediante métodos legales e ilegales, en impedir que esas reservas acaben bajo la influencia de rivales geopolíticos y económicos como Rusia y China.

En un artículo a propósito del litio en Bolivia, Vijay Prashad, de la organización Common Dreams, escribe que “las compañías Tesla (Estados Unidos) y Pure Energy Minerals (Canadá) mostraron un gran interés en explotar el litio boliviano. Pero no pudieron llegar a un acuerdo que respete los parámetros establecidos por el gobierno de Bolivia. El propio Morales era un obstáculo directo para obtener el control del litio. Por esta razón Morales tenía que salir. Después del golpe, las acciones de Tesla subieron astronómicamente”.

En su plataforma en materia económica, Carlos Mesa, candidato de Estados Unidos y cabeza de la formación opositora Comunidad Ciudadana, propone el reemplazo de un modelo de economía social y redistribución más justa de la riqueza nacional por otro en el que “se debe superar la discusión de estatismo versus libre empresa… este objetivo de cambio de modelo se logrará mediante una combinación de políticas macroeconómicas y políticas sectoriales, acuerdo público-privado y cualificación de la fuerza de trabajo… favoreceremos los clúster innovadores que permitan la industrialización de metales requeridos por la industria de punta, como el litio y el indio…”

El viernes 15 de noviembre, la prensa boliviana publicó en primera plana que el nuevo gobierno “decide liberar la economía”, mientras que los empresarios privados señalan que “es necesario hacer que el país sea atractivo para las inversiones extranjeras”, esto en momentos en que las reservas bolivianas han permitido llevar a cabo grandes inversiones de capital en el sector productivo, como plantas petroquímicas y de producción de insumos agrícolas. Es decir, que las necesidades de capital externo para la inversión no son necesariamente una prioridad dadas las reservas del Banco Central de Bolivia.

Marchas conflictos en Bolivia

Según el más reciente informe de la principal institución financiera en Bolivia, “al 30 de junio de 2019, las Reservas Internacionales Netas (RIN) del Banco Central de Bolivia (BCB) alcanzaron a USD 8.316,9 millones, con una reducción de USD 629,4 millones en el primer semestre de 2019. El ratio de Reservas Internacionales respecto al PIB para la gestión 2019 alcanza a 19%, uno de los más altos de la región.”

Para el 14 de noviembre, el sector empresarial expresó su apoyo a la autonombrada presidenta Añez, destacando que “la CEPB (Confederación de empresarios privados de Bolivia) expresó su beneplácito por el nombramiento y posesión de Jeanine Añez como presidenta del Estado Plurinacional de Bolivia, en el marco de la sucesión constitucional y el principio de continuidad institucional”, algo que, según la organización patronal, “garantiza la vigencia plena del sistema democrático y, sobre todo, genera las condiciones para la pacificación y normalización de las actividades en el país.”

Por otro lado, los industriales del país también reportaron el 14 de noviembre una pérdida de al menos 1.100 millones de dólares por los conflictos en el país a raíz del “cambio de Gobierno”.

En Santa Cruz, el sector empresarial también decidió apoyar activamente las tareas de represión contra sectores de la población que resisten al golpe de Estado, mediante el apoyo logístico a un ejército nacional que “sugirió” la renuncia al presidente en ejercicio, Evo Morales, el pasado 10 de noviembre.

Según la revista boliviana de negocios Economy, Rómulo Calvo, vicepresidente del Comité Pro Santa Cruz, anunció entre el 14 y el 15 de noviembre que su institución decidió unirse a la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz (Cainco) en el apoyo a los efectivos policiales y militares que se encuentran “restaurando el orden” en Yapacaní, “mediante la recolección de insumos y diferentes requerimientos necesarios en los despliegues, tales como toldos, carpas para acampar, hidratantes, colchonetas, ventiladores, linternas, además de agua, raciones secas de comida, fruta y equipos de limpieza”.

Es notable que durante los 22 días de la asfixia institucional y gestación del golpe de Estado coordinadas por Carlos Mesa y Fernando Camacho, en nombre de la defensa de la democracia boliviana, ninguno de los sectores populares movilizados pidió específicamente una “liberación de la economía”. Sin embargo, esta es una de las primeras medidas que anuncian la restauración neoliberal en Bolivia.

Desde el golpe de Estado de septiembre de 1973 en Chile, la experiencia regional ha demostrado que, para mantenerse en el poder, un gobierno neoliberal necesita recurrir a la represión, la violencia militar y el terrorismo de Estado. Esto es exactamente lo que está llevando a cabo el régimen de la autonombrada mandataria Jeanine Añez en Bolivia, apoyada por los responsables y apologistas del golpe de Estado que incluyen a Carlos Mesa, Jorge Quiroga, Carlos Sánchez Berzaín, Branko Marinkovic, Marco Pumari, Jaime Paz Zamora y todas aquellas voces que defienden las viejas estructuras coloniales, discriminatorias y racistas en Bolivia.

Hasta el momento, la respuesta de los sectores que rechazan esta violenta arremetida neoliberal, desatada en Bolivia en nombre de la biblia y el sometimiento al imperio estadounidense, ha sido clara: no se acepta la renuncia de Evo Morales, no se acepta el golpe de Estado.

 

ALEJANDRO SARAVIA
bolpress.com

Especial

Neoliberalismo y América Latina

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Margareth Thatcher y Ronald Reagan

Realizando un apretado recuento de una suerte de historia del neoliberalismo, citaremos a Fernando Escalante Gonzalbo, quien sostiene que:

“El programa neoliberal se perfila en sus rasgos generales a fines de los años treinta, principios de los cuarenta, y siempre va a conservar algo del aire apocalíptico, de fin del mundo, de aquella época. Su momento de mayor vitalidad intelectual está en los años cincuenta, en los sesenta, cuando escriben lo fundamental de su obra Hayek, Friedman, Bruno Leoni, Buchanan, Gary Becker, cuando en Alemania se ensaya la “economía social de mercado”. No obstante, a lo largo de todo ese tiempo es prácticamente marginal en el espacio público. Salvo en Alemania, que tiene que reconstruirlo todo, de arriba abajo, la obsesión antiestatal del neoliberalismo parece cosa de otro tiempo. Cambian las tornas rápidamente en los años setenta”.

Es decir, durante casi 40 años, el programa neoliberal se desarrollo en el ambiente universitario, entre intelectuales ultra conservadores y anticomunistas que, al no encontrar un espacio político público, limitaron su trabajo intelectual al gabinete y a la elaboración de simples esquemas que no tenían posibilidad de ser contrastados con la realidad. Pero, los vertiginosos acontecimientos políticos de la década de 1970, así como la crisis de los modelos socialistas entre 1978-1990, determinaron que el programa neoliberal se implante a nivel del mundo capitalista como un modelo único y hegemónico.

Tal como lo reconoce Rodrigo F. Miranda:

“El neoliberalismo, gestado durante la Guerra Fría, tuvo una fuerte expansión a partir de la crisis del 73. Dos de los autores que contribuyeron a dar forma a las recetas neoliberales fueron Milton Friedman y Friedrich Hayek . A partir de estos y otros académicos, los patrocinadores de esta doctrina fueron creando en poco tiempo un sinfín de institutos de investigación y formación, organizaciones y fundaciones, publicaciones o especializaciones, con el objetivo de difundir estas ideas, insertarlas en el ámbito académico y construir el mayor consenso y aceptación social posibles. Cercano a los valores de la posmodernidad, el neoliberalismo ha estado relacionado desde su nacimiento con corrientes políticas “necons”, que planteaban la necesidad de eliminar la tutela social del Estado y los mecanismos para la redistribución de la renta”.

De esta forma, los máximos representantes del movimiento “necons”, Margaret Tatcher y Ronald Reagan, fueron los que impulsaron y aplicaron el neoliberalismo en el Reino Unido y Estados Unidos respectivamente.

Augusto Pinochet

En el caso latinoamericano, el Golpe de Estado ejecutado por Augusto Pinochet Palacios contra el gobierno democrático de Salvador Allende en Chile, el 11 de septiembre de 1973, significó la aplicación del modelo neoliberal en ese país, convirtiendo al pueblo chileno en una suerte de cobayos de experimento. Con el tiempo, la economía chilena se especializó en la exportación de materias primas y agroindustria, lo cual fue difundido a nivel de América latina como “el milagro chileno”. Fueron muchos los que se enamoraron del “milagro chileno” y lo tomaron como un modelo a seguir. El neoliberalismo necesitó de una dictadura militar violadora de Derechos Humanos para imponerse en Chile. Igual sucedió en Perú desde 1992. Aunque, en el caso peruano, las medidas neoliberales ya se aplicaban (sin llegar a ser hegemónicas) desde 1976. Finalmente fue el fujimorato el encargado de aplicarlas sin ninguna objeción. Dicho modelo para el caso peruano ha continuado desde 1992 hasta estos días (2019).

Para tener una idea de cómo se pretende contrabandear el modelo neoliberal en Cuba, tomemos la cita de Omar Pérez Salomón:

“Los emprendedores, según los teóricos y agentes al servicio del imperialismo, son solo los que acometen negocios particulares, a los cuales invitan a cuanto evento se organiza en Estados Unidos y en otros países. No falta por supuesto el financiamiento a varios de ellos. Un sector priorizado en la atención a los emprendedores es el de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC). Diariamente en los medios al servicio del capital se publicitan aplicaciones informáticas desarrolladas por estos, visitas a la sede de grandes corporaciones del sector en el vecino del norte, convocatorias a eventos y críticas a las empresas estatales cubanas del ramo”.

Es decir, se está utilizando la misma fraseología confrontacional que tuvo efecto en el resto del continente. “Emprendedores” como “exitosos” frente a los “fracasados” que esperan todo del Estado. Además, el apetito desmedido por el control de los medios de comunicación con el afán de re-ideologizar a los ciudadanos con sus apologías a la “libertad”.

Pedro Rodríguez Rojas, sostiene que en Venezuela:

“El discurso neoliberal fue acogido en Venezuela por pocas instituciones. Tanto Carlos Andrés Pérez como Rafael Caldera llegaron a sus segundos periodos de gobierno no sólo con un discurso moderado sino claramente antineoliberal, en contra del Fondo Monetario Internacional y de los vejámenes de la deuda externa, y a favor de mantener el peso del estado Venezolano. Sin embargo, al poco tiempo de asumir el poder ambos gobiernos cambian totalmente de discurso; en el caso de Pérez apenas en días”.

Como en el Perú de 1990, rechazar y no aplicar las medidas neoliberales fueron parte de la campaña de candidatos que, inmediatamente en el poder las ejecutaron sin más que firmar decretos de urgencia y dar golpes de Estado con sus actos de lesa humanidad. Pero, fue el comandante Hugo Chávez quien terminó con los catastróficos efectos del neoliberalismo en Venezuela. Iniciando un gobierno de orientación nacionalista y atención a los problemas nacionales por parte del Estado. Por ello, en el 2004 Chávez sentenció que:

“El modelo neoliberal prometió a los latinoamericanos mayor crecimiento económico, pero en los años neoliberales el crecimiento no ha alcanzado siquiera la mitad del que se obtuvo en la etapa 1945-1975 con políticas diferentes…El modelo recomendó la más estricta liberalización financiera y libertad cambiaria para lograr mayor ingreso de capitales extranjeros y mayor estabilidad, pero en los años neoliberales las crisis financieras han sido más intensas y frecuentes que nunca antes, la deuda externa regional que era inexistente al finalizar la Segunda Guerra Mundial, hoy alcanza en América Latina 750 mil millones de dólares, es la más elevada en términos per cápita en el mundo y en varios países equivale a más de la mitad del PIB”.

De esta forma, Venezuela inició un camino distante del neoliberalismo que significó mayores logros durante la bonanza internacional de los precios del petróleo y que, a pesar de la crisis presente a la que ha sido sometida por los especuladores de la ultraderecha venezolana y mundial, sigue resistiendo los ataques desde los medios de comunicación particulares y con intereses en el mercado.

Cuba y Venezuela son dos naciones que se han negado rotundamente a caer en las garras del modelo neoliberal porque eso significaría la pérdida de los derechos laborales para los miles de trabajadores; la venta de las empresas públicas con la pérdida de miles de puestos de trabajo; la contaminación de las tierras agrícolas por parte de las grandes transnacionales de la minería y el petróleo; la estupidización de los ciudadanos por la llamada televisión y prensa basura; el sometimiento a una economía que saquea las riquezas y el patrimonio de los pueblos; etc. Lo popular es ocultado mientras que lo burgués es popularizado. Creando de esta manera una sociedad del consumo y totalmente alienada, lo que significa que los individuos serán cada vez menos capaces de entender la realidad. Así, la realidad queda reducida a un vídeo clip o un vídeo juego; mientras que los problemas de la realidad serán entendidos a partir de un Reality o un Talk Show.

Los investigadores y profesionales cubanos y venezolanos identificados con el desarrollo de sus naciones han estudiado el caso peruano y conocen muy bien los efectos que traerá imponer el modelo neoliberal en sus países. Ellos advierten a sus gobernantes de los efectos nefastos para el hombre y el medio ambiente. Y por ello se han convertido en el blanco del ataque de todos los medios de comunicación privados y con intereses en el mercado.

Por ello, Joseph Eugene Stiglitz ha sentenciado que:

“Ahora tenemos un tercio de siglo de resultados sobre este experimento [neoliberalismo] y francamente ha sido un desastre. El 90 por ciento inferior de la población de Estados Unidos de América no ha visto un incremento de sus ingresos en el último tercio del siglo. Esto para mí es una economía fracasada. El ingreso mediano está en menos de lo que era hace un cuarto de siglo, el ingreso mediano de un trabajador de tiempo completo masculino está en menos de lo que era hace cuarenta años. Los salarios en la parte inferior de la sociedad están como hace quince años”.

El neoliberalismo es un desastre y ha fracasado. En Latinoamérica los sabemos. Han experimentado con nosotros. Siguen experimentando con nosotros y los gobernantes de turno que –en la mayoría de los países- sólo representan los intereses de las clases dominantes y las transnacionales no harán nada por cambiar la situación. Es deber de los pueblos liberarse de esta opresión.

 

AUGUSTO LOSTAUNAU MOSCOL

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Especial

Nuestra América ante la arremetida del imperialismo y de las oligarquías

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Marcha conflictos protestas en Bolivia

Los más recientes acontecimientos en la región confirman al gobierno de Estados Unidos y a las oligarquías reaccionarias como los principales responsables de la peligrosa convulsión e inestabilidad política y social de América Latina y el Caribe.

Como anticipara el 1ro de enero de 2019, el Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, General de Ejército Raúl Castro Ruz: “Quienes se ilusionan con la restauración del dominio imperialista en nuestra región deberían comprender que América Latina y el Caribe han cambiado y el mundo también (…) La región se asemeja a una pradera en tiempos de sequía. Una chispa pudiera generar un incontrolable incendio que dañaría los intereses nacionales de todos”.

El presidente Donald Trump proclama la vigencia de la Doctrina Monroe y apela al Macartismo para preservar la dominación imperialista sobre los recursos naturales de la región, impedir el ejercicio de la soberanía nacional y las aspiraciones de integración y cooperación regional; tratar de restablecer su hegemonía unipolar a escala mundial y hemisférica; eliminar los modelos progresistas, revolucionarios y alternativos al capitalismo salvaje; revertir las conquistas políticas y sociales e imponer modelos neoliberales, sin importarle el Derecho Internacional, las reglas de juego de la democracia representativa, el medio ambiente ni el bienestar de los pueblos.

El secretario de Estado Mike Pompeo acusó amenazadoramente, este lunes 2 de diciembre, a Cuba y Venezuela de sacar provecho y ayudar a elevar la agitación en los países de la región. Tergiversa y manipula la realidad y oculta, como elemento central de la inestabilidad regional, la permanente intervención de los Estados Unidos en América Latina y el Caribe.

Marcha conflictos protestas en Chile

Las legítimas protestas y las masivas movilizaciones populares que se registran en el continente, en particular en el Estado Plurinacional de Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Brasil, son causadas por la pobreza y la creciente desigualdad en la distribución de la riqueza; la certeza de que las fórmulas neoliberales agravan la excluyente e insostenible situación de vulnerabilidad social; la ausencia o precariedad de los servicios de salud, educación y seguridad social; los abusos contra la dignidad humana; el desempleo y la restricción a los derechos laborales; la privatización, encarecimiento y cancelación de servicios públicos y el incremento de la inseguridad ciudadana.

Estados Unidos defiende y apoya la represión contra manifestantes con el pretexto de salvaguardar el supuesto “orden democrático”. El silencio encubridor de varios gobiernos, instituciones y personalidades muy activos y críticos contra la izquierda, es una vergüenza. La complicidad de los grandes medios corporativos de información es vergonzosa.

Los pueblos se preguntan con razón ¿dónde está la democracia y el Estado de derecho; qué hacen las instituciones supuestamente dedicadas a la protección de los derechos humanos; dónde está el sistema de justicia cuya independencia se pregona?

Repasemos algunos hechos. En marzo de 2015, el presidente Barack Obama firma una insólita Orden Ejecutiva que declara a la República Bolivariana de Venezuela “una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional, la economía y la política exterior” de la gran potencia. En noviembre de 2015, ocurre la costosa derrota electoral de la izquierda en Argentina.

La ofensiva neoliberal tuvo un momento decisivo en agosto de 2016, con el golpe parlamentario-judicial en Brasil contra la presidenta Dilma Rousseff, la criminalización y el encarcelamiento de los líderes del Partido de los Trabajadores, y posteriormente del propio expresidente Luiz Inacio Lula Da Silva, con la temprana participación del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, mediante la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero, para instalar un gobierno dependiente, dispuesto a revertir importantes conquistas sociales mediante ajustes neoliberales, al cambio nefasto del modelo de desarrollo, a permitir la destrucción de la empresa nacional y la privatización expoliadora; a la venta barata de los recursos y la infraestructura del país a las trasnacionales norteamericanas.

A finales del 2017, se produjo en Honduras la protesta contra el resultado electoral y la terrible represión de esta.

En enero de 2018, Estados Unidos aborta la firma de un acuerdo entre el gobierno de Venezuela y la oposición manejada desde Washington. Un mes después, el Secretario de Estado proclama la vigencia de la Doctrina Monroe y llama al golpe militar contra la Revolución bolivariana y chavista.

En marzo de 2018, se produce el atroz asesinato de la concejal brasileña Marielle Franco, que levantó una ola de indignación en su país y el mundo y del que permanecen ocultas las oscuras implicaciones de grupos de poder. En abril, Lula es apresado mediante espurias maniobras jurídicas. Hay copiosa evidencia de la intervención de Estados Unidos en las elecciones brasileñas, a través de compañías especializadas que usan tecnologías de “big data” y polimetría para manipular individualmente la voluntad de los votantes, como las manejadas por el ultra-reaccionario Steve Bannon y otras israelíes.

En este periodo, se abren procesos judiciales contra los exPresidentes Cristina Fernández de Kirchner y Rafael Correa. En abril de 2018, intentan desestabilizar a Nicaragua mediante la injerencia externa y la aplicación de medidas coercitivas unilaterales.

El 4 de agosto de 2018, es el intento de magnicidio contra el presidente Nicolás Maduro Moros. En enero de 2019, se produce la autoproclamación del desconocido y corrupto Juan Guaidó, organizada en Washington. En marzo de 2019, el presidente Trump renueva la Orden Ejecutiva que considera una amenaza a Venezuela. El 30 de abril, es el intento de golpe militar en Caracas que fracasa de manera estrepitosa, y Estados Unidos, vengativamente, escala en su guerra no convencional contra la nación sudamericana que resiste tenaz y heroica desde la unión cívico-militar de su pueblo.

En todo el periodo, el gobierno estadounidense aplica salvajes políticas antiinmigrantes y una conducta agresiva, llena de odio, para alimentar el miedo y la división en los electores. Intenta el muro xenófobo en la frontera con México, amenaza a este y a Centroamérica con terribles aranceles y sanciones si no detienen a quienes huyen de la pobreza y la inseguridad, y multiplica las deportaciones. Separa cruelmente a miles de niños de sus padres, ha detenido a 69 mil menores y trata de expulsar a los hijos de inmigrantes nacidos y criados en territorio norteamericano.

El gobierno de Brasil ha intervenido en los asuntos internos de países vecinos como Venezuela, Argentina, Paraguay y Uruguay, y ha asumido posiciones hostiles hacia Cuba, violatorias del Derecho Internacional. Como publicó la prensa brasileña en abril de 2019, la Cancillería cursó instrucciones a 15 de sus Embajadas de coordinar con las estadounidenses para instar a los gobiernos receptores a condenar a Cuba en foros internacionales.

Por primera vez desde 1992, Brasil votó este año en contra, sólo acompañado de Estados Unidos e Israel, de la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas para pedir el fin del bloqueo económico, comercial y financiero, que ahora Estados Unidos arrecia contra Cuba, y el cese de la aplicación extraterritorial de sus leyes contra terceros Estados.

Paralelamente, el gobierno de Colombia, se abstuvo en la votación de la resolución que apoyó desde 1992 y que reclama, en momentos en que se recrudece, el cese del bloqueo genocida de Estados Unidos contra Cuba y el alcance extraterritorial de este. Para justificar esta censurable decisión, las autoridades de ese país acudieron a la manipulación, ingrata y políticamente motivada, sobre la altruista, consagrada, discreta e inobjetable contribución de Cuba a la paz en Colombia, un tema en el que la conducta de nuestro país es universalmente reconocida. Es conocido el amplio y crítico debate que este hecho generó en esa nación, a la que, pese a todo, seguiremos acompañando en sus esfuerzos para alcanzar la paz.

La calumnia norteamericana de atribuirle a Cuba supuestas responsabilidades en la organización de las movilizaciones populares contra el neoliberalismo en Sudamérica constituye una increíble excusa para justificar y endurecer el bloqueo y la política hostil contra nuestro pueblo. Igual, resulta inútil para esconder el fracaso del sistema capitalista, proteger gobiernos tambaleantes y represivos, ocultar golpes parlamentarios, judiciales, policiales; y agitar el fantasma del socialismo para amedrentar a los pueblos. Con ello, pretende también justificar la represión y la criminalización de la protesta social.

La única responsabilidad de Cuba es aquella que emana del ejemplo que ha brindado su heroico pueblo en la defensa de su soberanía, en la resistencia ante las más brutales y sistemáticas agresiones, en la práctica invariable de la solidaridad y la cooperación con las naciones hermanas de América Latina y el Caribe.

Duele al imperialismo que Cuba ha demostrado que sí hay otro mundo posible y que sí se puede construir un modelo alternativo al neoliberalismo, basado en la solidaridad, la cooperación, la dignidad, en la distribución justa de los ingresos, el acceso igualitario a la superación profesional, a la seguridad y protección ciudadanas y a la liberación plena de los seres humanos.

La Revolución cubana es asimismo evidencia de que un pueblo estrechamente unido, dueño de su país y sus instituciones, en permanente y profunda democracia, puede resistir victoriosamente y avanzar en su desarrollo, frente a la agresión y al bloqueo más largos de la historia.

El golpe de Estado en Bolivia, orquestado por los Estados Unidos, utilizando como instrumento a la OEA y a la oligarquía local, es una demostración de la agresividad de la acometida imperialista. Cuba reitera su condena al golpe de Estado, a la brutal represión desatada y expresa su solidaridad con el compañero Evo Morales Ayma y el pueblo boliviano.

Mientras el gobierno de Estados Unidos continúa su guerra no convencional para intentar derrocar al gobierno legítimamente constituido del Presidente Nicolás Maduro Moros e invoca el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), Cuba ratifica la voluntad inquebrantable de mantener la cooperación con el gobierno y el pueblo venezolanos.

Al gobierno y pueblo sandinistas de Nicaragua, liderados por el presidente Daniel Ortega, que enfrenta los intentos de desestabilización y medidas coercitivas unilaterales estadounidenses, reiteramos nuestra solidaridad.

El gobierno legítimo de la Mancomunidad de Dominica y su Primer Ministro Roosevelt Skerrit merecen la solidaridad internacional y tienen ya la del pueblo cubano, en momentos en que esa isla es víctima de la injerencia externa que ya ha provocado violencia y pretende frustrar el proceso electoral.

En este complejo escenario, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador en México enfrenta el neoliberalismo y defiende los principios de no intervención y respeto a la soberanía, mientras la elección de Alberto Fernández y Cristina Fernández como Presidente y Vicepresidente en Argentina, expresa el rechazo inequívoco de esa nación a las fórmulas neoliberales que la empobrecieron, endeudaron y dañaron seriamente a su pueblo. La liberación de Lula es un triunfo de los pueblos, y Cuba reitera su llamado a la movilización mundial por el reclamo de su plena libertad, la restitución de su inocencia y de sus derechos políticos.

En la dramática coyuntura que atraviesa la región y el mundo, Cuba reafirma los principios de soberanía, no intervención en los asuntos internos de otros Estados y el derecho de cada pueblo a elegir y construir libremente su sistema político, en un ambiente de paz, estabilidad y justicia; sin amenazas, agresiones ni medidas coercitivas unilaterales y llama a cumplir los postulados de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz.

Cuba seguirá trabajando en el camino de la integración de Nuestra América que incluye la realización de todos los esfuerzos para que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), pronto presidida por México, continúe promoviendo los intereses comunes de nuestras naciones mediante el fortalecimiento de la unidad dentro de la diversidad.

A la implacable arremetida de las fuerzas más reaccionarias del hemisferio, Cuba opone la inquebrantable resistencia de su pueblo junto a la voluntad de defender la unidad de la nación, sus conquistas sociales, su soberanía e independencia, y el socialismo al precio que sea necesario. Lo hacemos con el optimismo y la confianza inconmovible en la victoria que nos legara el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, con la conducción del Primer Secretario de nuestro Partido, General de Ejército Raúl Castro y el liderazgo del Presidente Miguel Díaz-Canel. (Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba).

La Habana, diciembre de 2019.

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Especial

Subir el precio de la gasolina en Francia es dejar a miles en la exclusión

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Christian Rodríguez

Christian Rodríguez es el responsable de Relaciones Internacionales para América Latina y el Caribe del movimiento Francia Insumisa de Jean Luc Melenchon. En esta entrevista, nos comparte algunas ideas de las protestas que sacudieron Francia y que pusieron en debate las políticas del Tratado de Maastricht.

—Una de las cosas que llama la atención en América Latina y en Perú en particular, es como en una de las economías más grandes de Europa y del mundo, surge un movimiento tan explosivo y contestatario como el de los “Chalecos Amarillos”, ¿cuál es su lectura sobre este tema?

—Lo primero que hay que tener en cuenta es que estamos en un contexto político de movilizaciones masivas en todo el mundo. Lo que era el fin de la historia, llamada por la derecha más dura que decía que se había acabado el ciclo progresista, pues deben estar mordiéndose los dedos porque la realidad está dando otro dato.

Ahora, si analizamos la situación social y política con los esquemas tradicionales de izquierda y derecha para interpretar estos fenómenos, entonces nos vamos a encontrar con dificultades en el análisis; y por lo tanto, a mal diagnóstico malas soluciones, y necesitamos intervenir y ser capaces de aportar una alternativa para modificar la durísima realidad que viven nuestros pueblos, en el caso particular de Francia, nadie se puede imaginar que la quinta potencia mundial viva hoy con más de 9 millones de pobres.

Nosotros tenemos otra matriz de análisis que se explica a través de lo que hemos llamado la teoría de la era del pueblo y de las revoluciones ciudadanas. Lo que llamamos revoluciones ciudadanas es en el fondo una reivindicación de soberanía del pueblo que se extiende en todos sus niveles.

En ese contexto resurge un sujeto social llamado pueblo, que no es otra cosa que una alianza de las clases populares y las clases medias que se unen con mucha fuerza en torno a reivindicaciones comunes que tienen que ver, casi todas, con la urgencia de recuperar el control sobre el uso del ecosistema por parte de las mayorías.

Cuando me preguntas sobre los Chalecos Amarillos y su irrupción en la escena política pues te digo que ellos revientan a partir del alza de los combustibles que es una reivindicación inicial, pero que da cuenta de un hartazgo grande de la gente por no poder llegar al fin de mes y con salarios que solo sirven para la sobrevivencia.

El combustible es en la ciudad y en las periferias cercanas a Paris, sinónimo de movilización social, por eso, subir el precio de la gasolina es dejar a miles en la exclusión, porque hoy para trabajar te desplazas de periferia en periferia y esto hace que en algún momento movilizarse ya sea imposible.

En Francia, la movilización por el combustible fue un detonador, la chispa que prendió fuego y encendió la pradera a otros temas como el de la jubilación, el derecho a la salud, a la universidad pública, entre otros temas.

La llegada de Macron al gobierno ha sido sólo para vender Francia al mejor postor. Y Francia que es un país maravilloso en cuanto servicios públicos porque tiene trenes de lujo que fueron del Estado, tiene sanidad pública, educación gratuita, universidades y ahora llegan los privados y ¿qué hacen?, la compran, pero no para crear beneficio, no para ayudar a la gente a acceder a servicios básicos, sino para privatizarlas y obtener rápidamente utilidades. Entonces, es interesante lo que está pasando con los Chalecos Amarillos porque son hijos de la propia construcción de este modelo de privatización, del lucro y del enriquecimiento a cualquier precio que se ha generado en todos estos años.

—Es esencialmente entonces, un movimiento de rechazo a las políticas económicas neoliberales

—Con la llegada del último gobierno del Partido Socialista con Hollande, todos los modelos que se han aplicado en Francia tenían el mismo objetivo, la implementación de políticas neoliberales. Fue una vergüenza desde el punto de vista de la izquierda, y en la práctica, Hollande ha logrado la casi desaparición del Partido Socialista.

Podemos afirmar que Hollande fue el mejor presidente de derechas que ha tenido Francia, ya que en su gobierno se abrieron todas las puertas para pavimentar la aplicación de políticas económicas neoliberales de forma agresiva y sin ningún interés por el consenso social.

A partir de esto estamos hablando de nueve millones de personas en estado de pobreza, cerca del 11% de jóvenes que no pueden acceder a la universidad por el acelerado proceso de privatización al que están siendo sometidos los centros de enseñanza superior y una sanidad pública cada día en peores condiciones.

Este país tiene las mismas condiciones para estar montada en cólera como en Chile, Haití o el Líbano, pero pasa que es más difuso el mensaje, y por otro lado, no hay que olvidar que Macron ha implementado una agresiva política represiva que hasta hoy lleva tres mil personas enjuiciadas o en prisión por el movimiento de los Chalecos Amarillos, además de 176 personas sin ojo, producto de una brutal represión.

Pero estos modelos sólo se pueden sostener en base al rol de los medios de comunicación y de las fuerzas represivas que actuando con la complacencia de los aparatos judiciales, han logrado instrumentalizar la justicia para sus fines

Marchas protestas conflictos en Chile

—¿Y cuál es el rol que han jugado los partidos de izquierda? Al parecer han desaparecido en estas luchas

—Primero decir que los sindicatos han mirado con mucha desconfianza. Los partidos de izquierda tradicionales con una clásica lectura, de que si no vas a la vanguardia o no eres quien lleva el proceso, entonces no eres de los nuestros.

De forma particular creo que hay un fracaso de la izquierda tradicional al leer estos procesos sociales, pero además, hay una lectura muy antigua que tiene que ver con la vieja concepción de lo que entendemos como la vanguardia, las masas, el pueblo y la construcción política.

Para nosotros ese esquema está muerto. Los Chalecos Amarillos eran masas amorfas que al parecer no esperaron la llegada de esa denominada “vanguardia” para ser concientizada o ser dirigida. Ese esquema de entender la construcción del nuevo sujeto político está roto, primero porque no estuvieron nunca ahí. Incluso nosotros, los de Francia Insumisa tuvimos muchos inconvenientes para relacionarnos con el movimiento, había desconfianza, rechazo a los partidos y organizaciones políticas y no se entendía que la tarea prioritaria era sumarnos y ponernos a disposición. En ese escenario, se hace difícil crear relaciones de confianza con la gente y el pueblo, ya que están en una fase de rechazarlo todo, del ¡que se vayan todos!, incluidos los partidos políticos.

—¿El movimiento ha logrado asumir una posición de cuestionamiento consciente al modelo o crees que recién es un proceso que está empezando?

—Es un proceso evidentemente, pero los ciudadanos empiezan a cuestionarse y preguntarse, ¿quiénes le están mintiendo?, ¿quiénes le están quitando la plata del bolsillo?, ¿quiénes le están perjudicando la vida de familia?, entonces, hay un proceso lento de toma de conciencia.

En estas luchas la gente ha aprendido que la televisión miente, que los medios de comunicación no están al servicio de la verdad sino de sus intereses particulares y este es un factor nuevo. Mucho se creía en lo que la televisión decía, pero como ahora han participado de la marcha de los Chalecos Amarillos y han visto quienes son los que golpean, entonces, la gente ha ido asumiendo un nivel de conciencia política. Se ha aprendido que la policía es manipulada políticamente por este gobierno. Se pensaba que una policía republicana jamás iba a golpear, pero ahí están los hechos.

Los procesos de aprendizaje y concientización de nuestro pueblo han sido rápidos y muy acelerados, pero de ahí a decirte que estamos a las puertas de que la gente asuma que esto es producto del modelo neoliberal, bueno, reconocemos que aún falta, pero están dadas todas las condiciones para que esto ocurra.

Lo otro es el rol de los partidos y de las organizaciones sociales o sindicales. Ha quedado en evidencia una completa desvinculación del pueblo con sus organizaciones ya que éstas no responden a la realidad concreta de lo que vive la gente en la calle.

—¿Y cuál es la autocrítica de los partidos y movimientos que tienen representación parlamentaria, como Francia Insumisa?

—Parte de la autocrítica tiene que ver con que no nos vinculamos más al pueblo, necesitamos ir con más intensidad a trabajar y relacionarnos con el mundo sindical o los movimientos estudiantiles. Ahora, Francia tiene una particularidad, que es que está atravesada por el tema de las religiones y esto es una trampa porque en el mundo popular, que está en los barrios, el tema de la identidad religiosa es un tema en disputa.

Decir por ejemplo, que si trabajas mucho con los sectores populares es porque estás ayudando al islamismo radical es una gran mentira, porque en este país puedes profesar la religión que quieras. Lo de la religión no es un asunto público, es un asunto privado, y en el trabajo social no se pregunta si eres musulmán, judío, católico o ateo, para trabajar políticamente.

Tenemos que superar esto porque hay ahí un freno en el tema del comunitarismo que nos impide trabajar de igual a igual con nuestro pueblo. Superado eso, creo que podemos tener otro escenario.

La extrema derecha juega mucho con esos temas de identidad cultural, de identidad religiosa y son éstas las trampas que deben de sortear aún los procesos de concientización, lo que implica desde luego, un doble esfuerzo, un doble trabajo.

—Sorprende que Marine Le Pen y los partidos de ultraderecha tengan tanta aceptación y representación en el parlamento francés

—Sí, y es que la desesperanza busca cualquier salida. En este país hay dos proyectos que están en disputa, hacia la extrema derecha con Marine Le Pen o está la corriente de Jean Luc Melenchon, representante del ecologismo, del humanismo y que responde a la necesidad de una sexta República. Nosotros queremos refundar la república a través de un proceso constituyente. Bueno, estos dos proyectos están en juego.

Que la extrema derecha esté presente en el panorama político francés, es algo que debemos combatir en todos los frentes. Ahora, pasa también que esa extrema derecha se mueve solapadamente y tiene mucho apoyo de los medios de comunicación y del gobierno que están abiertamente a favor del Frente Nacional. Macron, intenta avivar más ese fuego porque es la única manera de que pueda mantenerse en el gobierno. Azuzar el miedo para aparecer como el salvador. Ese fue el juego electoral pasado y vemos que no ha cambiado nada el libreto, el que repiten una y otra vez.

Ahora acompañados de los medios de comunicación, el Poder Judicial y la Policía, que están completamente manipulados en función de los intereses del gobierno, no en función de las tareas del Estado, como era antes. Macron ha politizado al Poder Judicial y a la Policía y esto es lo que explica la violencia inusitada que desataron en las calles en contra de los manifestantes de los Chalecos Amarillos.

—Lo que llaman ahora el Law Fare, que es la creación de casos o la apertura de procesos judiciales para anularte políticamente

—A Jean Luc Melenchon le han hecho eso. El 9 de diciembre tenemos la audiencia del primer juicio, pero tenemos otros más. Acabamos de volver de una larga gira por América Latina y hemos aprendido de estos casos conversando con Lula, con Cristina, con Pepe Mujica. Incluso en Perú, el caso de Verónica Mendoza, la líder de izquierda a quien seguramente también tratarán de involucrarla judicialmente para sacarla de la carrera política.

 

CESAR ROBLES

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