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Especial

El drama de los migrantes venezolanos

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Migrantes venezolanos

Presentamos una opinión diferente y polémica sobre el tema de la inmigración venezolana, el de un veterano izquierdista y abierto defensor del gobierno chavista de Venezuela, que somete sus argumentos al criterio de nuestros lectores.

En las últimas semanas algo más de 450 mil venezolanos ingresaron al Perú procedentes de Colombia y Ecuador. Se registró, de ese modo, la ola migratoria más grande conocida en el país, y la más diversa: hombres, mujeres y niños de distintas edades, arribaron a nuestra patria en busca –dijeron- de “un futuro mejor”. Hay quienes se empeñan en llamarlos “refugiados”. “Migrantes económicos”, les llamó Acnur.

Este fenómeno acaparó todos los medios de comunicación. La prensa escrita, la radio y la televisión, se ocuparon tarde, mañana y noche del acontecimiento, que adornaron desde muy distintas ópticas: en unos casos, mostraron a niños en cuna; en otros, a madres gestantes; en los más, a hombres empeñados en tramitar documentos que no siempre tenían a la mano.

Todos se desplazaban a pie por una carretera, y llegaban exhaustos a cualquier poblado, fatigados y hambrientos ¿El telón de fondo…?: Una Catilinaria contra Maduro y el proceso venezolano. Pero, además, un “olvido”: lo que dijo Mike Pence –el vicepresidente USA- a Julio Borges, el “líder” de la contra caraqueña: “hay abundante platica (dinero) para los refugiados”. Y sí, fueron 16 millones de dólares, los anunciados en esa circunstancia.

Para los marchantes, los entrevistadores demandaban “apoyo”, “comprensión”, “ayuda”. Esas fueron las tres palabras más usadas en una circunstancia en la que el tema de la Solidaridad fue invocado casi como un deber nacional, y un compromiso humano. Es bueno que, en este marco, formulemos algunas reflexiones puntuales.

Pence y opositor Borges

Pence y opositor Borges. EEUU invierte millones en venezolanos que migran mediante USAID.

“SE MUEREN DE HAMBRE”

Lo primero que hay que subrayar es el uso falso, abusivo y politiquero, que los medios de comunicación hicieron de esta ola migratoria. “Huyen de Venezuela porque allí se mueren de hambre” dijeron. Pero la respuesta, fue inmediata.

En las redes sociales se les dijo: En un país de 34 millones de habitantes, dos millones huyen porque se mueren de hambre ¿y los otros 32, por qué no huyen? ¿Ya se murieron y nadie lo supo; o más bien optaron por quedarse a morir allí?

Y es que no estaban famélicos los que llegaron a suelo peruano. Millones de peruanos podrían lucir mucho más desnutridos que estos visitantes, que arribaron portando maletas, víveres, ropa, dinero y otros objetos “para defenderse” y “sustentar su viaje”, según dijeron.

En otras palabras, no es el hambre el que los indujo; sino el afán de buscar “otras oportunidades” en estas tierras, lo que marcó su ruta. Y para dar consistencia a su arribo, las proclamas anti bolivarianas, caían como maná del cielo.

Lo curioso es que muchos de ellos –los que vinieron antes y pululan en distintos lugares y los que forman esa “nueva hornada” de migrantes- sostienen sin miramientos que ellos son profesionales, técnicos calificados, expertos en distintas áreas.

No dicen, sin embargo, quién les dio esas carreras ni cuánto les costó adquirirlas porque, en verdad, no les costó nada. La recibieron gratis y se las dio el gobierno bolivariano; y es que en Venezuela la educación es gratuita en todos los niveles; y la formación profesional se otorga sin costo alguno.

Entonces el tema parece más simple: adquirieron estudios y calificaciones allí, y ahora vienen aquí para ofrecer sus servicios y obtener un empleo mejor remunerado.

TIENEN DERECHO

¿Tienen derecho a ello? Claro que sí. No se les podría negar esa opción. Pero ella se inserta en un escenario concreto que hay que definir. Y es que los que vienen ocuparán un puesto de trabajo. Ya lo admiten los mismos que analizan el tema.

Pero ese “puesto de trabajo” bien podría –y debiera- corresponder a un peruano que hoy está desempleado y que es, en efecto, ingeniero de sistemas, calculista, fisioterapista, o docente universitario…

Claro, no faltará nunca un Phillips Butters que, en esa circunstancia, diga: “si desplazan a un peruano, solo él tiene la culpa”. En otras palabras, perdió el puesto por incapaz, el venezolano estaba mejor preparado

Y sí, puede ser cierto: el venezolano estaba mejor preparado, pero ¿quién lo preparó mejor?, ¿quién le dio la capacitación indispensable para que sea “mejor que un peruano”?, ¿Chávez, o Maduro?

Venezolanos viven crisis

¿POR QUÉ AL PERÚ?

Lo que usualmente ocurre, es que la migración se produzca desde un país pobre, y se oriente hacia otro que luzca en mejor estado. Los peruanos que emigran, se van a Estados Unidos, o a España; y en América Latina, optan por Argentina, o Chile. No es lo más frecuente que busquen afincarse en países que muestren problemas más graves que los nuestros.

Y esa es casi una norma, que comprende a migrantes de diversas latitudes. En este caso, es al revés, los venezolanos buscan venir al Perú; como si alguien los hubiera alentado para eso. ¿Quién será? ¿Quién “les dio alas”? ¿Quién les dijo que aquí estarían mejor que en Venezuela?

En el Perú campea el empleo informal. Cuando una persona de 30 años o más pierde un puesto, es virtualmente expulsado del mercado de trabajo. La única alternativa que le queda es crear su propio empleo. Se hace taxista, vendedor ambulante o micro empresario; porque el Estado no le garantiza absolutamente nada. Y la empresa privada tampoco lo absorbe.

A lo más que puede aspirar un peruano desocupado es a conseguir un “contrato a plazo fijo”. Trabajar tres meses, con la esperanza que se lo renueven tres meses más.

Y, con mucha suerte y calificaciones excepcionales, logrará un contrato por un año; salvo que sea futbolista –como Paolo Guerrero, o el Oreja Flores- en cuyo caso ganará más; solo que a más largo plazo. Pero eso, habitualmente no ocurre en el Perú. El beneficiado tendrá que pisar otras tierras. Y si patea pelota, mejor.

Migración venezolana, vendedores ambulantes

EMPRENDEDORES

Sucede que el peruano “promedio” –no el profesional, ni el “alto funcionario”- desempeña funciones aleatorias. Chofer, transportista, maestro de escuela, vigilante, enfermero, vendedor de fruta, o de ropa; en general “mano de obra no calificada”.

Hay quienes han comenzado como “voceadores de combi”, y han hecho fortuna. Pero son los menos. Y hoy algunos están presos, o son investigados, como Antonio Camayo o Joaquín Ramírez. Pero, salvo estos, los demás viven modestamente, y se desenvuelven en casi virtual anonimato.

Ocurre, sin embargo, que hoy, esos peruanos, han desaparecido. Se han esfumado. Como si se los hubiera tragado la tierra o el viento.

Hoy, quienes asoman en esas tareas –y muchas otras- son venezolanos. Y lucen bien, porque son educados, modosos, simpáticos y serviciales. En suma, reúnen los requisitos necesarios para gozar de una suerte de “estabilidad plena” en el puesto que alcanzan. Pero los empresarios que los contratan, no les reconocen eso: las pagan menos que al peruano. En otras palabras, los sobre-explotan.

REALIDAD LABORAL

Eso ocurre también en otros sitios: En los años 80 del siglo pasado, un español en Ginebra ganaba cinco veces menos que un suizo en un puesto de trabajo. Pero lo que percibía en las orillas del Lago Leman, era cinco veces más que lo que recibía por el mismo trabajo ese mismo español, en Madrid, Valencia o Albacete. Obviamente el español prefería laborar en la ciudad alpina, y no en su lugar de origen.

Hay venezolanos que aquí trabajan esforzadamente sus 8 horas, y si les exigen un tiempo adicional, solicitan el pago de sobretiempo. Y es que, en su país, los derechos sociales de los trabajadores son sagrados.

Aquí, como se sabe, desde un obrero simple hasta un técnico calificado, se ve forzado a laborar diez, doce y hasta catorce horas, sin pagos adicionales. Si protesta, lo despiden. Y si eso ocurre,, tendrá que recurrir a un juez –como si fuese un reo- para demostrar que su despido, fue “injustificado”.

ALGO MÁS

Probablemente por eso –y otras cosas más- un contingente de “migrantes” ha optado por volver a su patria. Y ha contado, para el efecto, con la ayuda del gobierno bolivariano. En las próximas semanas, sin duda, se incrementará el número de retornantes. Sería esa, la más sensata opción.

 

Gustavo Espinoza M.

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Actualidad

Alianza Lima: 118 años forjando héroes del pueblo

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Equipo de Alianza Lima con Perico León

El 15 de febrero de 1901, un grupo de adolescentes fundó el Alianza Lima. Nacía el siglo XX y el fútbol ya empezaba a gozar del aprecio de las clases populares. El barrio de las Chacaritas fue testigo del entusiasmo de Chacaltana, Pedreschi, Carballo y otros por patear una pelota y gritar gol.

En esos años, el clásico entre el Club Sport Fernandino (de los estudiantes de medicina) y el Club Carolino (estudiantes de jurisprudencia) era observado por aficionados y curiosos. La Universidad de San Marcos concentraba a cientos de jóvenes provenientes de las familias más distinguidas de Lima y el Perú.

Estos jóvenes copiaban las modas llegadas desde Europa. París y Londres eran la “modernidad”. Así, el ‘football’ se convirtió en fútbol y ‘goal’ en gol. José Gálvez Barrenechea, “El Poeta de la Juventud”, escribió alegres y jugosas crónicas sobre los orígenes del fútbol en el Perú, que fueron reunidas en su texto Nuestra Pequeña Historia (1966), muy valioso para entender los orígenes aristocráticos del actual deporte más popular en nuestro país.

Los primeros partidos eran en el barrio. El campo de Santa Beatriz (actualmente en La Victoria) solo era utilizado por los equipos conformados por ingleses o los jóvenes peruanos descendientes de los anteriores. Pese a ello, la pasión por el nuevo deporte seguía creciendo y, muy pronto, otros equipos se formaron en los diferentes barrios de Lima.

El Jorge Chávez o el Carlos Tenaud serían los primeros rivales de los futuros íntimos de La Victoria. Resulta interesante observar que los adolescentes formaban clubes de fútbol tomando el nombre de aviadores jóvenes recientemente fallecidos. Una nueva generación que está identificándose con los personajes de su modernidad.

Para la década de 1920, Alianza Lima era un equipo de obreros con trabajadores de la Fábrica Textil La Victoria (ubicada donde hoy encontramos el Centro Comercial Polvos Azules). Poco a poco, los jugadores se empezaban a concentrar en el nuevo distrito. Ya empezaba a nacer el romance entre La Victoria y Alianza Lima. Todos los niños del barrio imitaban las jugadas de sus ídolos populares. Gritaban los goles y soñaban ponerse la blanquiazul.

José María Arguedas fue aliancista. Ernesto Toledo Bruckmann narra que la amistad entre Arguedas y el poeta Manuel Moreno Jimeno hizo que el gran escritor peruano desarrolle un amor muy especial por el “equipo del pueblo”. Esto fue testimoniado por Víctor Bustamante Moscoso, su sobrino político.

Se dice que en las tertulias entre Mariátegui y los obreros que llegaban a su casa, siempre preguntaba por los resultados de los partidos. Mariátegui sonreía cada vez que tenía noticias de un triunfo aliancista.

Este romance nació cuando Mariátegui asistía a La Fiesta de la Planta en Vitarte. Rafael Tapia en La Fiesta de la Planta en Vitarte (1992) destaca que en la revista Amauta siempre se informó sobre este acontecimiento obrero-popular y, en las fotos, destaca la presencia de varios integrantes de Alianza Lima jugando por los equipos de las fábricas textiles donde laboraban. El fútbol era aún amateur.

Entre noviembre y diciembre de 1935, Alianza Lima realizó la famosa gira por Chile. Ganó la mayoría de los partidos. La prensa limeña informaba de los resultados.

Los estragos de la Guerra de 1879 aún estaban muy presentes en la memoria popular. Cada victoria aliancista era celebrada en todo el Perú. El maestro Felipe Pinglo Alva (gran aliancista) les dedicó varias canciones.

En Los 3 Ases, Pinglo hace una crónica, en estilo polka, de los principales acontecimientos de la gira de 1935. No cabe duda que la canción nació producto de la lectura de las notas periodísticas. Lo que nos permite percibir que la afición peruana estaba muy atenta a los resultados de la gira.

En el valse “Alejandro Villanueva”, realiza la descripción del futbolista peruano más importante de nuestra historia. Imaginamos que los barrios populares de Lima, en quintas y callejones, los viejos bohemios hacían suyas las letras de Pinglo y, con variantes en sus melodías, rendían culto a los nuevos héroes del pueblo.

Pero, Alianza Lima no solo ha merecido hermosas canciones de Felipe Pinglo Alva y otros reconocidos compositores. Muchos son los intelectuales de gran valía que se han rendido a la tentación de escribir sobre el equipo de sus amores. El corazón blanquiazul late más fuerte cuando el pueblo vibra con cada gol de los “Potrillos”.

César Miró publicó Los Íntimos de La Victoria (1958), libro donde hace un recorrido histórico de los primeros 50 años del club más popular del fútbol peruano. El reconocido poeta Arturo Corcuera escribió La Gran jugada. Crónica deportiva que trata de Teófilo Cubillas y el Alianza Lima (1997), texto donde la poesía escenifica las glorias del equipo grone. Y la tragedia de Ventanilla también ha sido llevada a la literatura por Cucho Sarmiento en su Fokker, Balas y Goles (1995), novela breve donde recoge la versión popular que recorrió los barrios victorianos sobre la causa de la caída del Fokker en Ventanilla y la desaparición física de un cuadro íntimo lleno de grandes promesas para el fútbol peruano.

Son 118 de gloria. 118 años de historia. 118 de alegría del pueblo.

Y “la caldera” sigue cantando…

AUGUSTO LOSTAUNAU MOSCOL
Historiador peruano (La Victoria 1969) a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú

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Especial

Las mujeres palestinas pagan el precio más alto

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Las mujeres palestinas pagan el precio más alto

Durante años Estados Unidos fue el mayor donante de ayuda para los palestinos. Con los fondos para los programas de salud, educación y saneamiento repentinamente paralizados, las mujeres y las niñas son las más afectadas.

Cuando el esposo de Nawal tuvo que dejar de trabajar hace dos años debido a fuertes dolores de estómago, ella se convirtió en la proveedora principal de la familia. Nawal, quien pidió usar solo su nombre, vive con sus siete hijos en el campamento de refugiados de Dheisheh, cerca de Belén. Nawal solía ser elegible para los estipendios de la UNRWA que la ayudarían a cubrir los costos médicos de la familia, pero recientemente le dijeron que esa asistencia ya no está disponible.

Zahya Al Mubasher es una viuda que lucha contra el cáncer en Gaza. A los 61 años, sigue siendo la proveedora de 17 personas, hijos, nietos y hermanos. Se gana la vida cultivando tomates en un invernadero del patio trasero que fue financiado por USAID, una agencia del Gobierno de los Estados Unidos responsable de administrar ayuda civil y asistencia para el desarrollo.

Nawal y Zahya son solo dos de las miles de mujeres palestinas que se ven directamente afectadas por la decisión del gobierno de Trump de desfinanciar la ayuda a los palestinos. Más recientemente, la administración cerró la misión de USAID en Cisjordania y Gaza, mientras que recortó en 2018 más de 500 millones de dólares en fondos para proyectos palestinos. Los críticos dicen que es solo el último intento de chantajear a la Autoridad Palestina para que llegue a un acuerdo de paz con Israel.

Según Susan Markham, excoordinadora principal de USAID para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres: “cuando la sociedad o las instituciones comienzan a romperse por falta de inversión, las mujeres se sienten aún más agobiadas por las responsabilidades domésticas con las que tradicionalmente están asociadas. La gestión del tiempo entre las responsabilidades profesionales y el trabajo doméstico, agrega, se convierte en un desafío aún mayor. Es algo que no se mide a menudo, pero tiene un impacto real en la vida cotidiana de las mujeres”.

En las mujeres, los efectos de tal ruptura son dobles: los programas centrados en el género financiados por los EE.UU. ahora se han eliminado, reduciendo el número de iniciativas que se centran exclusivamente en la promoción de los derechos y las oportunidades para las mujeres, mientras que los proyectos más grandes relacionados con la infraestructura -como en salud y saneamiento- quedan sin terminar. Esto puede tener un impacto perjudicial en los roles de las mujeres y las niñas en la sociedad.

En los últimos años cientos de miles de dólares en ayuda de los Estados Unidos se destinaron a los programas de defensa de los derechos de las mujeres palestinas. Entre los beneficiarios de la ayuda se encuentra Kayan, una organización feminista que protege los derechos y promueve el estatus de la mujer palestina en Israel, que recibió una subvención del Gobierno de los Estados Unidos para un proyecto que se esfuerza por poner fin al acoso sexual en el lugar de trabajo.

En Cisjordania y Gaza, el proyecto de “Tribunales de mujeres”, financiado por Estados Unidos, tuvo como objetivo reducir la violencia de género en las comunidades palestinas mediante reformas legislativas y cambios de políticas.

Palestina es el único país en Medio Oriente y África del Norte que se ha adherido a la Convención de las Naciones Unidas sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) sin reservas ni declaraciones. Las mujeres palestinas se encuentran entre las más educadas de la región, y mientras más mujeres que hace 10 años ingresan a la fuerza laboral en la actualidad, las tasas siguen siendo más bajas en comparación con los promedios regionales, según un informe del Banco Mundial de 2017.

“USAID realmente se enfocó en ayudar a las mujeres [palestinas] a obtener poder económico”, dice Markham. Implicó programas que llevaban a las niñas a la escuela secundaria, financió pasantías y tutorías y ayudó a las mujeres a crear sus propias empresas, creando un ciclo positivo en el que las mujeres “eran valoradas por la comunidad como propietarias de empresas o trabajadoras capaces de llevar dinero a casa, a la familia”. Estos proyectos, dice ella, ayudaron a cambiar las actitudes de género en la sociedad palestina.

En las últimas dos décadas, los fondos de los Estados Unidos han ayudado a más de 200.000 mujeres en Cisjordania y Gaza a obtener una mejor educación a través de inversiones en renovaciones y capacitación escolar. Estas iniciativas ahora repentinamente se han detenido.

Uno de los casos más graves es una escuela en el área de Belén que solo alcanza el décimo grado, dice Sean Carroll, director de Anera, una de las organizaciones no gubernamentales más grandes que brinda asistencia humanitaria a los palestinos.

Anera había estado trabajando en la rehabilitación y ampliación de la escuela para ofrecer a los estudiantes una educación secundaria. “Si querías continuar tus estudios, tenías que irte a 30 millas de distancia. Muchos de los niños no lo hicieron, especialmente las niñas, por lo que efectivamente la educación de las niñas en esa ciudad se detenía en el 10º grado”, explica.

El hecho de mantener a las niñas en la escuela es también una de las formas más efectivas de evitar el matrimonio infantil y sigue siendo un problema importante en Palestina, según una declaración conjunta del Centro de Mujeres para Asistencia Legal y Asesoría (WCLAC) y Human Rights Watch del pasado julio.

Según los datos publicados por la Oficina Central de Estadísticas de Palestina en 2016, el matrimonio infantil alcanzó el 20,5 por ciento entre las mujeres y el uno por ciento entre los hombres de la población total casada en Palestina.

Las mujeres palestinas pagan el precio más alto

Un factor importante que desalienta a las niñas a asistir a la escuela es la falta de acceso a instalaciones sanitarias adecuadas durante la menstruación, con carencia de agua e higiene adecuada. Por lo tanto, es probable que el abandono de inversiones en infraestructuras de agua, que conectan hogares con redes de agua limpia y alcantarillado, afecte desfavorablemente a mujeres y niñas.

Además, la escasez de agua agrega presión a las mujeres, que a menudo se encargan de las tareas domésticas, incluida la cocina y la limpieza, así como el cuidado de los niños que contraen enfermedades transmitidas por el agua.

En áreas que no están conectadas a las redes de agua, las mujeres y las niñas suelen ser responsables de encontrar y recolectar agua para sus familias, lo que puede impedirles asistir a la escuela o participar en trabajos remunerados, según EWASH, un grupo de más de 30 organizaciones que trabajan en el tema del agua, saneamiento e higiene en los territorios ocupados.

“La mayor cantidad de fondos de nuestro proyecto de USAID en los últimos 10 años ha estado en agua e higiene”, dice Carroll, “y con los recortes en este momento, sabemos que 57.000 palestinos no tendrán acceso a agua segura [a través de un proyecto] que fue planeado y se habría implementado para fines de año”.

El Gobierno de Israel sobre los palestinos restringe la entrada de bienes a los territorios ocupados, incluidos los medicamentos y el equipo médico. Como resultado, los servicios de salud que salvan vidas, como el tratamiento del cáncer y los cuidados intensivos neonatales, no están disponibles en Cisjordania y Gaza.

Muchos pacientes palestinos viajan a Jerusalén Este para recibir atención en uno de los seis hospitales que conforman la Red de Hospitales de Jerusalén Este. En setiembre pasado, la administración de Trump retiró 25 millones de dólares que había planeado entregar a la Red.

Según Bassem Abu Libdeh , director del Hospital Al Makassed, los fondos de los Estados Unidos solían cubrir el 40 por ciento de los costos para los seis hospitales. Junto con el recorte de la ayuda a la UNRWA en setiembre pasado -que representó un recorte presupuestario del 30 por ciento a la agencia de las Naciones Unidas encargada de brindar servicios a millones de refugiados palestinos en el Medio Oriente- muchos palestinos ya no pueden pagar la atención que necesitan.

Para las mujeres esto significa un acceso limitado al tratamiento del cáncer de mama o la atención para los embarazos de alto riesgo disponibles predominantemente en estos hospitales del este de Jerusalén.

Esta escasez de fondos ha socavado aún más el funcionamiento de las clínicas móviles, operadas por un grupo de ONG palestinas e internacionales bajo el nombre de Health Cluster, que brinda servicios de salud a más de 220.000 palestinos en Cisjordania.

Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios en los territorios ocupados, “las personas más vulnerables en estas comunidades son las mujeres durante el embarazo y el parto; niños y bebés enfermos; los ancianos y los enfermos crónicos o discapacitados”. Esto no solo tiene un efecto directo en los programas de salud para las mujeres, sino que también agrega presión a las mujeres que generalmente actúan como cuidadoras en la familia, como Nawal.

Según el Banco Mundial, la ocupación de Israel limita severamente la economía palestina. Las restricciones al movimiento de bienes y personas, la apropiación de tierras y el bloqueo de Gaza, entre otras cosas, ahogan el éxito de las políticas económicas establecidas por la Autoridad Palestina.

Como resultado, los donantes internacionales desempeñan un papel destacado en la implementación de reformas y la prestación de servicios en Palestina, Tanto las entidades gubernamentales como las organizaciones de la sociedad civil dependen en gran medida de la ayuda externa para operar.

“La economía nacional palestina no puede sostenerse a sí misma como resultado de la ocupación y sus políticas”, dice el doctor Sahar Qawasmi, quien fue elegido como miembro del Consejo Legislativo Palestino en 2006 y forma parte de la junta directiva de WCLAC. “Cuando una mujer es sometida a violencia, se le niegan las oportunidades económicas, y la agencia política afecta significativamente a las generaciones futuras”.

 

HENRIETTE CHACAR – 972mag

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Actualidad

Los carnavales en Lima y José Carlos Mariátegui

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Los carnavales en Lima y José Carlos Mariátegui

Lima es una ciudad donde todo acto público sirve para destacar la distinción social de quienes lo practican. Fue común en el siglo XIX e inicios del siglo XX, que las clases sociales mantengan ciertas distancias “invisibles” cuando celebraran en el espacio público. Como en la política y en las elecciones, el juego del carnaval, sirvió también para representar y resaltar el origen y la ubicación social del individuo.

En callejones y zonas populares, el carnaval era veraniego, se jugó con agua o algo de agresividad. En las mansiones, por el contrario, se guardó la elegancia de una clase social postiza. En 1928, José Carlos Mariátegui escribió que “El carnaval es, probablemente una fiesta en decadencia”.

Los carnavales siempre fueron una fiesta popular, ya en 1840, Manuel Atanacio Fuentes los había catalogado como un juego violento. Esa característica no cambió con el siglo XX. En los barrios populares, esquinas, callejones y solares, los transeúntes eran capturados por grupos de “carnavaleros” quienes los echaban en las acequias o tinas.

Además, se atacaba los carros de los tranvías que recorrían la ciudad. Inclusive, la clase aristocrática-oligárquica acostumbró jugar con agua y tinas en sus casas, entre guerritas de agua los jóvenes enamoraban a las niñas, terminando en un almuerzo donde las jóvenes parejas gozaban de la aceptación de los padres.

Los carnavales en Lima y José Carlos Mariátegui

Pero, como sostiene Mariátegui:

“La fiesta se aburguesó a costa de su carácter. Lo que no es popular no tiene estilo. La burguesía carece de imaginación creadora; la clase media -que no es propiamente una clase sino una zona de transición- mucho más. Entre nosotros, sin cuidarse de la estación ni la latitud, reemplazaron el carnaval criollo un poco brutal y grosero, pero espontáneo, instintivo, veraniego por un carnaval extranjero, invernal, para gente acatarrada”.

La nueva y joven burguesía prefirió los bailes, salones y vestidos de gala y trajes de etiqueta, demostrando una vez más a través de un acto de todos, su calidad, occidentalización, estilo de vida y poder adquisitivo. A pesar que los carnavales coinciden con los meses de verano, se vistió como en los salones europeos.

Por ello, Mariátegui indicó que:

“El carnaval limeño era también limeño, mulato, jaranero; pero no podía subsistir en una época de desarrollo urbano e industrial. En esta época tenía que imponerse el gusto europeizante y modernista de los nuevos ricos, de la clase media, de categorías sociales, en suma, que no podían dejar de avergonzarse de los gustos populares. La ciudad aristocrática podía tolerar, señorialmente, durante el carnaval, la ley del suburbio; la ciudad burguesa, aunque parezca paradójico, debía forzosamente atacar, en pleno proceso de democratización, este privilegio de la plebe”.

Así, en pleno verano limeño, para ser un “carnavalero” elegante se tenía que vestir con trajes elegantes. Por el contrario, la chusma o la plebe jugaría sus carnavales en forma violenta –casi “primitiva o salvaje”- entre grandes chorros de agua para combatir las altas temperaturas.

En su novela Vive y Padece el amor bajo el cielo de Lima, la escritora Mercedes Holguín, señaló que:

“Desde quince días atrás, las tiendas, almacenes, mercado y cuanto negocio de la calle existía, mostraba en sus escaparates toda la mercancía carnavalesca: disfraces, máscaras, antifaces, globos, chisguetes, papel picado, polos de colores, y cuanto elemento podía despertar y estimular la afición a los jugadores”.

Es decir, la costumbre del carnaval, también generó una producción y comercio de los productos utilizados durante su juego. Una actividad económica que movió el interés de los comerciantes.

 

AUGUSTO LOSTAUNAU MOSCOL

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