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Especial

Edad laboral máxima en docentes universitarios

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Edad laboral máxima en docentes universitarios

He aquí algunos ejemplos:

Alemania: entre 67 y 70 años, según los lander.
España: 70 años.
Francia: 65 años, prorrogables a 68, de los cuales en los tres últimos el docente solo percibe su pensión de jubilación.
Italia: 70 años.
Argentina:: 70 años.
Brasil: 70 años.
Uruguay: 70 años.

Las causas del establecimiento de una edad máxima, que es por lo general 70 años como se ve, son:

a) cierta decadencia en la exposición de las clases y en la investigación a partir de esa edad;

b) permitir el acceso de los docentes de edad menor a la máxima a los niveles más elevados ocupados por docentes que cumplen la edad máxima;

c) promover una renovación en la enseñanza y la investigación, partiendo de la consideración de que es más probable que sea aportada por docentes más jóvenes.

Estas causas no tienen un carácter absoluto. Surgen como resultado de comprobaciones estadísticas, y de la necesidad de mantener la formación universitaria con el mayor dinamismo que, en promedio, brindan los docentes de edades inferiores a la máxima.

La nueva Ley Universitaria peruana, Nº 30220, del 8/7/2014, se alinea, en este aspecto, con la práctica general de la enseñanza universitaria en los demás países, tanto de Europa como de América Latina. Ha fijado la edad máxima para el ejercicio de la docencia universitaria en las universidades públicas en 70 años, salvo para los docentes eméritos y honorarios que pueden ser mayores. La edad máxima de los docentes de las universidades privadas es 70 años, salvo pacto en contrario, según el Decreto Legislativo 728, art. 21º.

Edad laboral máxima en docentes universitarios

Esta disposición no les ha agradado a los docentes ordinarios de las universidades públicas de más de 70 años que, por el efecto inmediato de la ley, cesan como tales.

La nueva Ley Universitaria no introduce, en realidad, un cambio en este aspecto. La edad máxima de los docentes universitarios desde la promulgación del Estatuto y Escalafón del Servicio Civil del Estado, Ley 11377 de 1951 (art. 35º-b), ha sido 70 años, disposición continuada por el Decreto Legislativo 276, de 1984 (art. 35º-a), leyes que comprendían a los docentes de las universidades públicas como empleados del Estado. La Ley del Servicio Civil, Nº 30057, de julio de 2013, dispone que los docentes de las universidades públicas se rigen por la Ley Universitaria, Nº 23733, cuyo art. 52º-g dispone que los profesores ordinarios tienen derecho a “los derechos y beneficios del servidor público”.

Hasta fines de la década del noventa el cese obligatorio de los docentes de las universidades públicas al llegar a los 70 años se cumplía regularmente. Esta situación comenzó a cambiar cuando un docente se negó a ser retirado e interpuso una acción de amparo para continuar enseñando. El Tribunal Constitucional, con la composición que tenía en ese momento por decisión de la mayoría fujimorista del Congreso de la República, le dio la razón sin fundamentarla en ninguna disposición constitucional y valiéndose de una falacia. De los cuatro magistrados que resolvieron, dos eran docentes de universidades públicas y habían pasado los 70 años. Luego vinieron otras sentencias en el mismo sentido. El resultado fue que en adelante, basándose en ellas, ningún docente fue cesado al cumplir 70 años, creándose un problema que contribuyó a postrar en la decadencia a las universidades públicas y a bloquear el ascenso de los docentes menores de esa edad. Hay ahora numerosos profesores con más de 80 años y muchos con visibles incapacidades mentales y físicas.

La sentencia a la que me refiero (Expte. 594-99-AA/TC, El Peruano, 16-6-2000, 0pág. 3122) dice en su parte considerativa: “Que si bien es cierto, de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 35º inciso a) del Decreto Legislativo Nº 276, Ley de Bases de la Carrera Administrativa, concordante con lo señalado con el inciso a) del artículo 186º del Decreto Supremo Nº 005-90-PCM, Reglamento de la citada Ley, una causa justificada para cesar definitivamente a un servidor público es cumplir los setenta años de edad, sin embargo se debe tener presente que dicha disposición no es aplicable a los docentes universitarios, ya que de acuerdo con lo establecido en el inciso g) del artículo 52º de la Ley Nº 23733, Ley Universitaria, solo le es aplicable a los docentes universitarios los derechos y beneficios de los servidores públicos sujetos al Decreto Legislativo Nº 276, por lo que no corresponde unilateralmente a la demandada cesar de su condición de docente al demandante por el solo hecho de haber alcanzado la edad de 70 años …”.

Ninguna cita ni alusión a algún artículo de la Constitución.

Edad laboral máxima en docentes universitarios

Esta sentencia se centra en la frase: “solo le es aplicable a los docentes universitarios los derechos y beneficios de los servidores públicos sujetos al Decreto Legislativo Nº 276”. De la lectura del inc. g) del artículo 52º de la Ley Universitaria 23733 no se puede concluir, sin embargo, que los docentes de universidades públicas no hubieran podido ser cesados al cumplir 70 años. Al contrario, sí podían serlo, aplicándoles el artículo 27º de la Constitución que dispone: “La ley otorga al trabajador adecuada protección contra el despido arbitrario.” Esta protección la asumía la Ley Universitaria al acordarles a los docentes de las universidades públicas la garantía (derecho y beneficio) de la estabilidad hasta los 70 años, y no después de alcanzar esta edad, como sucedía con los demás empleados públicos. Por lo tanto, la acción de amparo hubiera procedido si el docente de una universidad pública hubiera sido cesado sin causa justificada antes de cumplir los 70 años.

Tan anómala situación, de la cual se han prevalido los docentes que iban cumpliendo 70 años para quedarse enseñando, pertenece ahora al pasado. El embalse provocado con su actitud ha sido desatascado con la nueva Ley Universitaria Nº 30220.

En efecto, según el art. 84º de esta, los docentes universitarios ordinarios cesan al cumplir 70 años, disposición que se aplica a quienes lleguen a esa edad en el futuro y a quienes ya la hayan alcanzado. Esta norma se ajusta al artículo 41º de la Constitución que dispone: “La ley establece la responsabilidad de los funcionarios y servidores públicos, así como el plazo de inhabilitación para la función pública.” Los docentes de las universidades públicas ejercen una función pública y son empleados públicos, y una ley pertinente a ellos ha fijado en 70 años la edad a partir de la cual quedan inhabilitados legalmente para continuar en tal calidad, otra forma de decir, en concordancia con el art. 27º de la Constitución, que antes de llegar a los 70 años el despido de un docente universitario sin causa justificada es arbitrario, puesto que está habilitado para continuar en su función docente. Después, ya no.

En algunas universidades públicas se observa cierta resistencia a acatar la norma sobre la edad máxima en la docencia universitaria. Cierto número de docentes de más de 70 años no quieren irse, y las autoridades universitarias docentes, de más de 70 años igualmente, lo admiten. Algunos jueces han hecho lugar en primera instancia a las acciones de amparo presentadas por esos docentes, otra manifestación de la crisis del Poder Judicial. Supongo que la Oficina de Control del Poder Judicial y el Consejo Nacional de la Magistratura tendrán que abrirles proceso administrativo por prevaricato.

Un docente de derecho de más de 80 años (cesado como magistrado judicial a los 70) habría dicho que la nueva Ley Universitaria no lo comprendería, porque él ingresó a la carrera docente universitaria con la ley anterior. Se debería entender, por lo tanto, según su singular punto de vista, que él seguiría rigiéndose por la Ley 23733, no solo en el aspecto que le conviene (que no lo ampara precisamente, como se ha visto), sino también en los demás.

Esto equivale a decir que la nueva Ley Universitaria no entraría en vigencia para él ni para sus colegas mayores de 70 años (¿?). El docente en cuestión enseña Derecho Civil y es probable que en alguna de sus clases haya explicado “el efecto inmediato de la ley”, previsto en el artículo III del Título Preliminar del Código Civil, cuya fórmula es la siguiente: “La ley se aplica a las consecuencias de las relaciones y situaciones jurídicas existentes.”

El artículo 103º de la Constitución fue modificado, en noviembre de 2004, para darle un texto similar, pero más preciso: “La ley, desde su entrada en vigencia, se aplica a las consecuencias de las relaciones y situaciones jurídicas existentes”, modificación que fue parte de la reforma constitucional de ese año para terminar con la nivelación automática de las pensiones del D. Ley 20530, dispuesta por esa reforma, y que, en virtud del “efecto inmediato de la ley”, se aplicó en seguida a “los regímenes pensionarios a cargo del Estado”.

Jorge Rendón Vásquez
Colaborador 

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Especial

Guerra contra Huawei o la muerte del libre mercado

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Donald Trump - Xi Jinping - Estados Unidos - China

El adalid del libre mercado global pasó de la retórica a la acción. A la hora de sepultar lo que llaman libre competencia, el magnate presidente Donald Trump es el primero en la fila que trae el pico y la pala con su llamado proteccionismo económico, una sugerencia de que los tiempos del neoliberalismo están en entredicho. Por lo menos en Norteamérica.

Con las últimas medidas de los Estados Unidos, Huawei Technologies pasó de la lista negra al veto de facto de los servicios y aplicaciones que provee Google, bajo petición y acuerdo con Washington.

Desde el punto de vista de la Casa Blanca, la acción está fundamentada en la seguridad nacional, sin embargo cualquiera con dos dedos de frente sabe que la trama se debe a la ventaja tecnológica que tiene China sobre su principal competidor.

Huawei

Supone, entonces, dar por terminada la carrera del libre mercado antes de llegar a la meta. Toda vez que los Estados Unidos siempre se ufanaron de mantenerse en la primera línea del concurso, con un presidente que conoce los intríngulis comerciales, uno que se supone es el negociador por excelencia y aventajado en materias mercantiles.

Pero Donald Trump tiene una agenda que traiciona el espíritu primario del liberalismo. El filósofo italiano Domenico Losurdo explica que esa corriente ideológica y de la praxis ya tiene sus contradicciones inherentes si se revisa históricamente: los mismos “padres fundadores”, con George Washington a la cabeza, combinaban el gamonalismo ilustrado, la esclavitud negrera, el genocidio indígena y la retórica de la libertad con una simplicidad pasmosa.

El liberalismo encuentra en el ser blanco, propietario (de tierras y esclavos) y capitalista el ideal material de su piedra filosofal. Por ello la libertad se tiñó de la racialidad con que se fundó los Estados Unidos. El libre mercado era una entelequia nueva que venía de Europa, específicamente de los Países Bajos, Inglaterra y Francia, pero que se insertó posteriormente en la psiquis colectiva de los estadounidenses por una prosperidad bien cantada por Walt Whitman en sus Hojas de hierba.

Que la Administración Trump se ampare en el ejemplo de los “padres fundadores” como guías personales tiene sentido, entonces, desde este punto de vista, en el que la libre competencia de la producción y comercialización capitalistas son motivos para otros momentos históricos y políticos. No para hacer de “Americagreatagain”.

Huawei - Google

La imagen que los Estados Unidos se construyó para sí desde finales del siglo XIX ante el mundo se derrumba en pleno siglo XXI con la guerra comercial y tecnológica que desató contra China, que ahora se erige como el principal defensor de la globalización (“inclusiva”, dice el presidente Xi Jinping), el libre mercado y la producción capitalista in extremis. Parafraseando al economista e historiador Giovanni Arrighi: Adam Smith cambió de residencia a Pekín.

El intercambio de papeles entre potencias dice más de lo que los reseñistas en medios corporativos quieren enunciar.

No es solo la impronta china que ya no solo exporta los cachivaches de bajo costo que los estadounidenses (aunque no solo, es claro) gustaban devorar con gusto, sino también el cambio de ruta de los Estados Unidos como agente capitalista, tal vez de manera definitiva en los próximos años.

Todos vemos el miedo que le tiene Washington al libre mercado, en vista de que Huawei tiene hijos pródigos más destacados que los de Sillicon Valley y Wall Street.

La solución era, valga la cacofonía, esta disolución del matrimonio neoliberal que tenían las grandes compañías como Google con el gigante asiático.

Lo que da una autopista mucho más amplia a China para desarrollar su sistema 5G con un mercado que deja la Casa Blanca a disposición de la Iniciativa del Cinturón y la Ruta.

La política aislacionista de los Estados Unidos beneficia a los chinos en su afán de hacer negocios con todo el mundo bajo el modelo win/win.

¿Quién lo diría? Donald Trump no será el sepulturero del imperialismo norteamericano, pero sus acciones entierran el libre mercado que tanto dinero y capital cayeron en manos de sus amistades de clase.

En ese círculo acaudalado también están sus enemigos, pero ya no hablan tanto inglés como mandarín.

 

ERNESTO CAZAL
MISIÓN VERDAD

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Especial

Venezuela: Amnistía Internacional al servicio del Imperio

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Violencia en Venezuela

El tío Sam tiene un problema en su “Sudamericano patio trasero” con esos venezolanos engreídos que insistieron en elegir democráticamente a Nicolás Maduro como su presidente en lugar de sin pasar por el proceso electoral y la instalación del no electo de EE.UU. Juan Guaidó. No importa, Amnistía Internacional ha acudido al rescate con una defensa total del imperialismo estadounidense:

“Ante las graves violaciones de los derechos humanos, la escasez de medicamentos y alimentos y la violencia generalizada en Venezuela, hay un hambre urgente de justicia. Los crímenes de lesa humanidad probablemente cometidos por las autoridades no deben quedar impunes”, manifestó Erika Guevara-Rosas, directora para América de Amnistía Internacional

Amnistía Internacional fracasa en su posición de poner sus reclamos contra el gobierno de Maduro en el contexto de una campaña concertada de cambio de régimen, que equivale a una guerra, por parte del acosador del norte.

Los Estados Unidos están librando una guerra ilegal contra Venezuela y el lado general de Amnistía Internacional omite este hecho inconveniente, incluso omitiendo cualquier mención de sanciones. Como señaló el activista de derechos humanos Chuck Kaufman de la Alianza por la Justicia Global sobre Amnistía Internacional (AI): “Parece que a ellos ni siquiera les importa su credibilidad”.

Un informe más creíble y honesto de lo que se está desarrollando en Venezuela, que el de crítica feroz que presenta el de AI el 14 de mayo sobre Venezuela: “los crímenes contra la humanidad requieren una respuesta vigorosa del sistema de justicia internacional, también habría observado junto con las supuestas transgresiones del gobierno de Maduro:

•Graves violaciones de derechos humanos

Los economistas Mark Weisbrot, del Centro de Investigación Económica y Política, y Jeffrey Sachs, de la Universidad de Columbia, informaron recientemente que las sanciones de los Estados Unidos contra Venezuela son responsables de decenas de miles de muertes. Este es el precio que se está imponiendo en Venezuela, con una predicción de que será peor, por el cambio de régimen que AI está promoviendo implícitamente.

•Escasez de medicamentos y alimentos

Desde 2015, cuando el presidente Obama de Estados Unidos los instituyó, EEUU ha impuesto cada vez más sanciones ilegales para Venezuela, expresamente para crear miseria para la población con la esperanza de que se vuelva contra su propio gobierno elegido democráticamente. Las sanciones están diseñadas específicamente para asfixiar la economía para que Venezuela no pueda abordar sus problemas.

El gobierno de los Estados Unidos se jacta de los impactos de las sanciones. Jugando al policía bueno para el papel de Estados Unidos y como policía malo, AI lamenta las mismas condiciones que están promoviendo tácitamente en pedir cada vez mayores “castigos”. Nuevas sanciones estadounidenses en Venezuela se impusieron el 10 de mayo.

•Violencia generalizada

El gobierno de los Estados Unidos ha amenazado repetidamente y sin pedir disculpas la intervención militar en Venezuela si el gobierno electo no renuncia. Aparte de atacar militarmente, EE. UU. ha librado una guerra contra Venezuela por medios económicos y diplomáticos, por no mencionar la guerra de baja intensidad, como los ciberataques.

La extrema derecha de la oposición ha pedido el derrocamiento extra-legal del gobierno y ha evitado los medios electorales para efectuar un cambio político.

AI tiene razón al señalar que desde 2017 se ha infligido nueva violencia al pueblo venezolano, pero no toma nota del papel de la oposición al provocar esa violencia con sus guarimbas y otras acciones.

Violencia en Venezuela

Mientras tanto, Guaidó, cuyo apoyo popular en Venezuela está tocando fondo, se informa que envía a su enviado a reunirse con el Comando Sur de los Estados Unidos para “coordinar”.

¿Cómo es posible que una organización que pretenda defender los derechos humanos y la justicia global pueda ignorar alegremente los hechos que no encajan en su narrativa y que, por tanto, repiten los puntos de discusión de Trump-Pompeo-Bolton-Abrams? ¿Por qué iría AI a reunirse con el autodenominado Guaidó y luego, en unos días, emitir un informe de condena al gobierno de Maduro, sin investigar también a la otra parte en el conflicto?

Desafortunadamente, esta no es la primera vez que AI muestra un sesgo imperial como lo ha hecho con respecto a los proyectos de cambio de régimen respaldados por Estados Unidos en Irak, Libia, Siria y Nicaragua.

De construir de manera objetiva las numerosas denuncias (por ejemplo, “más de 8,000 ejecuciones extrajudiciales de las fuerzas de seguridad”) hechas contra Venezuela en el lado de Amnistía Internacional y el informe que lo acompaña queda por hacer.

Desafortunadamente, el Imperio tiene una gran cantidad de recursos para producir propaganda en comparación con la capacidad de contrarrestarlo con auténticos grupos humanitarios. Solo AI tiene un presupuesto anual de más de $ 300 millones. Según las fuentes citadas por Wikipedia, AI recibe subvenciones del Departamento de Estado de los EE. UU., la Comisión Europea y otros gobiernos, junto con la Fundación Rockefeller.

Para concluir, el lado amplio de AI pide justicia con la frecuencia con la que exige el castigo con el subtexto de que el castigo de las víctimas del Imperio es la justicia. Si AI realmente estuviera preocupado por la justicia, en lugar de justificar otra operación de cambio de régimen de los Estados Unidos, defenderían lo siguiente:

Poner fin a las sanciones unilaterales de los Estados Unidos contra Venezuela, que son ilegales según las cartas de las Naciones Unidas y la Organización de los Estados Americanos.

Apoyando el diálogo entre el gobierno electo y la oposición, como lo han promovido México, Uruguay, el papa Francisco y, más recientemente, Noruega.

Condenar las actividades de cambio de régimen y la injerencia en los asuntos internos de Venezuela y rechazar activamente la postura agresiva del gobierno de EE.UU. Tal como lo expresó el vicepresidente de los EE.UU., Pence: “No es momento para el diálogo. Este es el momento para la acción”.

Respetar la soberanía de Venezuela y restablecer las relaciones diplomáticas normales entre los Estados Unidos y Venezuela.

 

ROGER D. HARRIS
MINTPRES SNEWS

Roger Harris, miembro de la AP, es miembro del Grupo de Trabajo sobre las Américas, una organización de derechos humanos de 33 años, y participa activamente en la campaña para poner fin a las sanciones de Estados Unidos y Canadá contra Venezuela.

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Especial

Tenía apenas 42 años

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José Martí

Cuando cayó en Dos Ríos había cumplido obra de gigante. Poeta visionario, se echó sobre los hombros del cuerpo frágil la tarea de hacer patria. Desde el dolor compartido aprendió a conocer con profundidad las contradicciones de los seres humanos concretos.

Descubrió lágrimas en los ojos de Don Mariano, su padre, el soldado, ante el cuerpo del hijo desgarrado por los grillos en el trabajo de las canteras y la brutal violencia ejercida por el poder de sus coterráneos. Separados por la política, nacería entre ambos una complicidad secreta y la comprensión silenciosa del padre ante la entrega del hijo a una causa que, a pesar de todo, no era la suya.

Antes, en los días del Hanábana, José Martí había contemplado con espanto el castigo impuesto al negro esclavo. Desterrado en España, prosiguió el aprendizaje de la historia. Comprendió los rejuegos políticos de liberales y conservadores que en nada se diferenciaban respecto a la necesidad de preservar su dominio sobre la Isla.

Descubrió también la naturaleza del país profundo, por lo cual llegada la independencia, los cubanos no guardarían rencor a los peninsulares que optaran por permanecer en Cuba, modestos trabajadores muchos de ellos. Examinó al detalle la historia viviente de las repúblicas latinoamericanas recién liberadas, para detectar las causas que obstaculizaron la plena realización del proyecto emancipatorio.

José Martí

Al instalarse en Estados Unidos valoró los avances de la nación en desarrollo en relación con Europa, donde prevalecían regímenes autocráticos, pero descubrió muy pronto el peligro latente en el país que emergía para el futuro de la América Latina.

Su saber enciclopédico e integrador y su preclara visión de la naturaleza de los fenómenos financieros le permitieron detectar los peligros que se cernían con la Conferencia Monetaria Panamericana. Su pensamiento de entonces conserva plena vigencia.

En ese contexto, José Martí tenía pendiente la asignatura Cuba. Había que despejar a fondo las razones del fracaso de la Guerra Grande. No se conocía entonces el patético diario de Francisco Vicente Aguilera, uno de los más poderosos terratenientes de la zona oriental del país. Entregó la fortuna toda a la causa mayor.

Por sus contradicciones insalvables con Céspedes y Quesada, fue enviado a representar los intereses de Cuba en el exterior. De una honestidad impoluta, llevaba al detalle las cuentas de los gastos incurridos. Nada guardaba para sí. Se privaba de las atenciones médicas elementales.

A pesar de los bienes heredados, Vicente Aguilera no había completado su aprendizaje en otros países. Desconocía los rejuegos de la alta política. Se vio atrapado en las maniobras de los Aldama, que mucho ofrecían y nada entregaban.

Invirtió esfuerzos inútiles con políticos norteamericanos sin desentrañar los intereses reales de los vecinos del norte, nunca dispuestos a reconocer la República en Armas en espera de que la fruta madura cayera en sus manos. Enviado luego a Europa, desconocedor de sus lenguas y culturas, menos pudo hacer. Murió solo, en atroz agonía, devorado por el cáncer.

Martí se dio a la tarea de juntar voluntades, de devolver la fe a quienes la habían perdido. Para ganar la confianza de los veteranos sabía que habría de vencer obstáculos de toda índole. Para los antiguos combatientes era un intelectual inexperto, un improvisado sin experiencia alguna en las armas.

Se dedicó a una incansable labor persuasiva. Inmerso en el dominio de la realidad concreta, en Nueva York, en Cayo Hueso, en Tampa, se volvió hacia los de abajo. Contó con la generosidad extrema de quienes entregaban, sin pedir nada a cambio, los escasos ahorros y ofrecían alojamiento y comida al peregrino de la levita raída.

Centavo a centavo, obtuvo los recursos necesarios. Evitó contraer compromisos que lastraran el futuro de la nación. Trabajaba con sigilo, porque se sabía sometido a una vigilancia permanente. La traición de La Fernandina corroboró sus sospechas. Pero la suerte estaba echada. Había que iniciar la lucha con las manos vacías.

Para hacer patria era indispensable ganar la guerra con esfuerzo propio, libre de intromisiones y compromisos. Parejamente, era impostergable construir conciencia y nutrir el imaginario de la nación. Su palabra fue incansable, para liberarnos del lastre perverso del racismo.

Teníamos que librarnos. No hay razas. El combate y la lucha por la supervivencia en la manigua sería un crisol. La frontera del color era un instrumento del dominio hegemónico que horadaba desde la conciencia prejuiciada la unidad de la nación.

Martí fue reseñando las obras de nuestros escritores y artistas, aunque lo fundamental se revela en su creación personal, en su poesía y en su prosa, desbordante como los grandes ríos del continente, siempre seductora, aunque con frecuencia utilitaria. En sus últimos diarios accede a lo más alto de las letras hispanas.

El recorrido de Playita a Dos Ríos, trazado con prisa en los momentos robados al descanso, encuentro tangible con el suelo añorado, con la naturaleza y el escalar montañas que hermana hombres, expresa la plenitud del ser en la fusión del sueño y la realidad.

José Martí - Obras Completas

En lo más profundo del desamparo de la República neocolonial, los intelectuales de la vanguardia iniciaron el rescate de su inmensa obra dispersa. Con el triunfo de la Revolución el trabajo se sistematizó; fueron saliendo sus Obras Completas.

Es un capital que no podemos desperdiciar en la reiteración de las mismas citas reducidas a axiomas descontextualizados. Como hiciera en vida, tiene que seguir enseñándonos a pensar, con la pasión que animó su existencia gigante.

Sobrecoge contemplar cómo pudo hacer tanto en vida tan breve. Ante la áspera orilla de Playita de Cajobabo, me sobrevino la imagen del cuerpo endeble, remero inexperto, con las manos ampolladas, que se mantenía impulsando la embarcación al ritmo de sus compañeros de viaje.

La férrea voluntad se sobreponía al dolor. Debió sentir una felicidad suprema. En la oscuridad de la noche, percibía la patria cercana.

 

GRAZIELLA POGOLOTTI
JUVENTUD REBELDE

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