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Especial

Detener para investigar

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Martín Belaunde Lossio

La detención preventiva a sazón de la aplicación del nuevo Código Procesal Penal está sirviendo de peligrosa herramienta política de persecución de todos aquellos que por alguna razón son incómodos para el gobierno. Basta que algún periódico inicie una campaña de denuncias contra alguien para que el gobierno manifieste especial interés en detenerlo y someterlo a la justicia.

El desconocimiento social de las competencias de los poderes del Estado ha permitido que el Ministro del Interior, declare que el Presidente le ha ordenado capturar a tal o cual persona como manifestación de la imparcialidad del gobierno, sin darse cuenta que lo que están revelando es un interés inusual y fuera de la competencia del Presidente de la República, ordenar la captura de cualquier ciudadano al Ministro del Interior.

Del mismo modo las declaraciones públicas del Procurador Anticorrupción enfatizando el interés del Poder Ejecutivo en lograr como primer objetivo la expulsión de un ciudadano que solicita refugio en otro país y que como última opción se vería la extradición, cuando esta es de competencia del Poder Judicial, revela que ese ciudadano es objeto de persecución política, y que poco escrúpulo hay sobre las competencias de los poderes del Estado.

Una extradición que se ha tramitado con una celeridad digna de encomio, frente a las miles de extradiciones que no se realizan o se realizan tardíamente, perdiendo su eficacia, revela que el sistema judicial se está comportando por alguna razón excepcional con una diligencia que no corresponde a su realidad funcional ordinaria, revelándose que estamos ante un caso que por su naturaleza política y de amplia difusión en la prensa, obliga al sistema de justicia a darle una atención especial.

ALTERNATIVA JURÍDICA
Nada de eso sería tan peligroso para el ciudadano perseguido, si no fuera porque tanta diligencia, revela temor del sistema judicial, temor que estará presente en su eventual juzgamiento, en caso de concretarse la extradición. Un temor que hará que lo condenen así no existan pruebas, como sucede frecuentemente en el Perú, donde las acusaciones a veces contienen fábulas de los hechos, retorcidos para acusar y condenar.

En ese contexto, pedir refugio en otro país es una alternativa jurídica de garantía internacional de los derechos humanos del perseguido, que no tendrá la posibilidad de un juicio justo con fiscales y jueces imparciales en su propio país.

Si Martín Belaunde Lossio, a quien no conozco, me hubiera preguntado qué hacer frente a la persecución que se ha levantado en su contra, le habría recomendado lo mismo que su abogado, que se vaya del Perú, porque por lo visto en los medios, es imposible que asista a un juicio justo.

PRESIÓN
Más allá de las promesas del Fiscal de la Nación, Pablo Sánchez, magistrado intachable, de que dispondrá de una investigación imparcial, quien hará las investigaciones será un fiscal de primera instancia, quien no podrá desentenderse de la aplanadora de los medios de comunicación que todos los días persiguen a Belaunde Lossio con titulares imputadores de responsabilidad penal, que ya lo juzgaron y condenaron.

El temor a aparecer como un fiscal corrupto o cuestionable por no haber denunciado a determinada persona que ya fue condenada por los medios, hará que lo denuncien y lo acusen aunque no haya pruebas.

Las páginas de los diarios están llenas de notas que denigran a fiscales y jueces que se atrevieron a hacer justicia en contra de lo que la prensa dice, algunos fueron sancionados indebidamente por los órganos de control por la presión mediática, otros fueron destituidos, algunos han muerto porque no pudieron sufrir la injusticia de haber sido destituidos vergonzosamente como si fueran corruptos, habiendo cumplido con su deber de administrar justicia. No todos son tan heroicos, la mayoría tiene temor.

Un Presidente que “ordena la detención” de un ciudadano a un Ministro del Interior recién nombrado como su primera tarea, un ministro que declara “estar obsesionado con su detención”, luego que el Presidente le encargara de modo especial la detención de esa persona, un procurador anti corrupción que declara que el Poder Ejecutivo “está empeñado” en lograr la expulsión de esa persona del país donde ha solicitado refugio, un juez que ha dictado detención preventiva para investigar a esa persona, cuando por sus condiciones personales se advierte que no rehuirá la acción de la justicia y que no pone en peligro la investigación del caso, sino por el contrario, su libertad permitirá no solo el aporte de información para su propia defensa sino para el esclarecimiento de la responsabilidad de los demás involucrados, configuran actos claros de persecución política y uso indebido del sistema de justicia.

HERRAMIENTA PELIGROSA
Hace unos días el ministro Urrresti declaró que debía ordenarse la detención de Salomón Lerner para investigarlo por las declaraciones de Carlos Tapia denunciando que le habría mostrado un file de seguimiento de inteligencia sobre su persona que provocó su renuncia como asesor de Ollanta Humala.

La afirmación del ministro, además de asumir como aceptable la detención de una persona para investigarla, revela algo muy grave, se ha convertido la detención preventiva en el Perú en una herramienta de sanción política y de peligrosa persecución que vulnera los derechos fundamentales de las personas a asistir a un juicio justo con plenas garantías judiciales, lo que nos ha hecho degradarnos al Estado policial que instituyó el fujimontesinismo.

La detención preventiva es arbitraria cuando no se justifica su ordenamiento, ninguno de los delitos de corrupción de funcionarios que se está investigando en el sistema anti corrupción ha ameritado un mandato de detención, y es en libertad como los funcionarios públicos han podido tener acceso a la documentación que les ha permitido defenderse.

De lo contrario, de haber estado sufriendo carcelería no habrían podido acceder a la información necesaria para su defensa, además de la lesión irreparable que significa sufrir carcelería para el inocente.

PROFUNDA CRISIS
La mal entendida severidad para dictar mandatos de detención preventiva a diestra y siniestra revela un empobrecimiento de la cultura judicial, una falta de preparación de los funcionarios judiciales en el uso terminal de los apremios coercitivos del Estado, una falta de respeto por la vida y la dignidad humana y una relativización del valor de la libertad.

Revela también la profunda crisis moral del país, que tiene su exponente en el sistema de justicia, lo que ha permitido la influencia del poder político y el dominio de la prensa sobre las conciencias y el temor a enfrentar ese poder aplastante que puede convertir lo malo en bueno y lo bueno en malo, haciéndonos creer a todos que es tal y como lo dicen.

Necesitamos más que nunca asistir a un proceso de conversión moral de nuestra nación, capaz de forjar gobernantes honestos, jueces y fiscales valientes y justos, y una prensa libre comprometida sólo con la verdad y el engrandecimiento del Perú.

Beatriz Mejía Mori
Ex Directora General del Centro de Investigaciones de la Corte Suprema y de la Academia de la Magistratura

Especial

Cultura popular y racismo intelectual en el Perú

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Muñequita Sally

El sábado 01 de marzo de 2014, los medios de comunicación radial y televisivo anunciaron la muerte de la cantante Edita Guerrero quiera era una de las voces del grupo Corazón Serrano. Inmediatamente los medios de comunicación aprovecharon esta sentida pérdida. Programas, entrevistas, homenajes, páginas completas de los diarios, etc. fueron dedicadas a esta agrupación y a su fallecida cantante. Pero, lo más interesante es que, grupos de “intelectuales” buscaron “entender” de dónde se originó este “fenómeno musical” de las “masas” seguían en forma “casi religiosa”.

El periodista Fernando Vivas publicó en El Comercio del martes 04 de marzo de 2014 su artículo Un Procurador Antirracista, en el cual señaló que “He soltado deliberadas frases racistas porque quiero desnudar la hipocresía con que medio Perú llora a Edita”. Pero, en su artículo no señala ¿cuál es ese medio Perú que llora en forma hipócrita? Y ¿cuál es ese otro medio Perú que no llora en forma hipócrita? Se contenta con decir que:

“En primer lugar, no fue Corazón Serrano el que se convirtió en “trending topic” semanas atrás, sino el que las chicas fueran remedadas en “Yo Soy”. No confundamos la eficiencia de los “community managers” de Frecuencia Latina con la creencia de que las redes nos han hermanado”.

Eso quiere decir que, para que una expresión artística popular sea tal, necesariamente debe ser transmitida por los medios de comunicación. ¿Verdad? Es decir, sólo los medios de comunicación tienen la capacidad de determinar y guiar los gustos de las personas. ¿Verdad? O sea, todo lo que se transmite en los medios de comunicación será aceptado como bueno o extraordinario por la sociedad. Otra vez ¿verdad? Quizás, lo que no sabe el señor Vivas –o deliberadamente lo olvida- es que, para que una agrupación musical llegue a ser imitada por un conjunto de personas en un programa concurso de imitaciones, dicha agrupación debe ser ya aceptada por un sector de la sociedad (aquella mitad del Perú que lloró sin hipocresía), con lo cual, otro sector de la sociedad (los que lloran con hipocresía) recién tomaban conocimiento de la existencia de este hecho musical cultural de carácter popular. Es que, el asunto está ahí, Corazón Serrano, como la mayoría de las agrupaciones que cultivan los géneros musicales de la Chicha y la Cumbia, está conformada por cantantes y músicos de extracción popular. Peruanos nacidos en el “Perú Real”. Y tienen historias muy parecidas: empezaron a tocar con instrumentos prestados o alquilados, con la misma ropa, en polladas, fiestas de barrio, locales improvisados e incluso velatorios y entierros. Porque, hasta en la muerte el “Perú Real” es diferente y difícil de entender para los intelectuales del “Perú Irreal”.

Mientras en el “Perú Real” los asistentes lloran y comparten licor durante la madrugada; en el “Perú Irreal” se contrata un velatorio hasta cierta hora de la noche y luego, todos a seguir en sus ocupaciones. Mientras en el “Perú Real” al difunto se le lleva al cementerio en los hombros de amigos y familiares acompañados de música de banda u orquesta chicha (por ejemplo Chacalín); en el “Perú Irreal”, contratan cargadores (varones negros con terno negro) porque los asistentes al entierro no pueden cargar al amigo (o quizás, el muerto no tuvo amigos sólo adulones, “franeleros” o “ayayeros”). Por ello es tan difícil para estos intelectuales de los interese del “Perú Irreal” entender a la gran parte de nuestro país que conformamos el “Perú Real”.

Pero, sigamos con Vivas, quien luego señala que: “En segundo lugar, la muerte de Edita, aunque se debió a un aneurisma que ataca a cualquiera, nos recuerda la fragilidad de estas famas que se desbarrancan en las carreteras, chocan con extorsionadores, son invadidas en su privacidad, maltratadas en los programas de espectáculos y confundidas con vedettes viperinas”.

La gran interrogante que surge en forma inmediata es ¿cómo hizo para enlazar la muerte por aneurisma con la muerte producida por un accidente de carretera?, ¿cómo hizo para relacionar un aneurisma con una extorsión?, ¿cómo hizo para conectar un aneurisma con la invasión de la privacidad a la cual nos tienen acostumbrados los medios de comunicación?, ¿cómo hizo para unir un aneurisma con una vedette viperina?

Resulta interesante que desde el “Perú Irreal” se pretenda engarzar las enfermedades que deterioran el estado de la salud con problemas sociales. Hubiese sido más interesante que, a partir de este aneurisma que determinó la muerte de la cantante de Corazón Serrano, empecemos a entender de la importancia de una política de salud preventiva, es decir, el Estado debería imponerse e imponer que, antes de matricular a un alumno (ya sea en edad escolar, universitaria o de otro tipo de instituciones), se realice un examen médico de rigurosidad, por parte de médicos del MINSA. Que todos los profesores deberíamos pasar, obligatoriamente, un examen de salud general antes de iniciar los periodos académicos. Que las empresas manden a sus trabajadores a realizarse exámenes médicos (incluyendo oncológicos), en una sección especializada del MINSA. Un aneurisma no tiene relación alguna con un accidente automovilístico pero, está más relacionado con una política de salud preventiva que, con el tiempo, se convertirá en una cultura de salud preventiva. Con esta política de salud preventiva (que con el tiempo se convertiría en una cultura de salud preventiva), los varones adultos no le tendríamos tanto temor a un examen de próstata mientras que, las mujeres tampoco temerían tanto a un examen de Papanicolaou.

Pero, sigamos con Fernando Vivas quien sostiene que: “En tercer lugar, la fama póstuma de Edita confirma el divorcio entre la música popular y la música promovida, que suele ser la criolla y la andina tradicional. Por suerte, el dial sí recoge la diversidad de sonidos y orejas”.

Fernando Ampuero - El enano - Historia de una enemistad

Tendríamos que indicarle al señor Vivas que, Edita Guerrero y la agrupación Corazón Serrano –así como Pascualillo Coronado, Carlos Ramírez y Centeno, José María Palacio Chacalón Jr., Toño y su Grupo Centella, el Chino Paly, Los Nenes de la Cumbia, etc.- gozaron de mucho reconocimiento y fama entre los sectores populares, en el “Perú Real”: no necesitaron que los medios de comunicación los acepten para “recién” ser reconocidos.

Aquí no existe ninguna fama póstuma. Es diferente a los casos de –salvando las distancias- Ciro Castillo o Walter Oyarce, cuyas muertes fueron noticia permanente en los medios de comunicación y, recién por ello, las grandes mayorías los conocieron. Quizás será que, como Fernando Vivas no conocía la música de Corazón Serrano hace 10 años, ¿no eran populares?, es decir, ¿todo debe pasar por la pluma de Vivas para ser famoso antes de la muerte? ¿Es Fernando Vivas en nuevo censor o Catón? ¿Es Fernando el actual Abraham Valdelomar? o ¿Escribir en El Comercio lo hace dueño de la verdad y traductor de esa verdad a quienes no tenemos su óptima capacidad intelectual que lo ha llevado a escribir en El Comercio? Pero, en su argumento “a favor de la música popular” también miente. En la actualidad, la música criolla –que es de raíces urbano populares- se encuentra en peor situación que la cumbia o la chicha, ya que en la televisión, prácticamente no existen programas que la difundan, mientras que en las estaciones radiales, prácticamente está desaparecida. Mientras la música andina tradicional es relegada a programas televisivos que se transmiten al amanecer. Quizás por ello, las cantantes folklóricas prefieren subir sus videos al You Tube o al Facebook, donde encuentran mayor difusión que en la radio o televisión.

Fernando Vivas por ello, exige un Procurador antirracismo, ya que esta marginalidad que sufre el “Perú Real” por parte del “Perú Irreal” se transmitió en frases como “música para muchachas” es decir, trabajadoras del hogar o, “música para ambulantes”. Pero, este Procurador Antirracismo también debería intervenir en cierta literatura que transmite ideas racistas o de discriminación.

Es el caso de Fernando Ampuero, quien en su libro El Enano. Historia de una Enemistad (Mosca Azul Editores. 2001. Lima-Perú), recuerda que su enemistad con Hache, un periodista, se inició desde el colegio ya que:

“Él, en el colegio, era el más bajo de su salón, y yo era el más alto. Puestos uno al lado del otro, me imagino, le llevaría entonces dos cabezas, diferencia que, según me informan, se mantuvo inalterable a lo largo de la secundaria: Hache rozaba a duras penas el 1.40, mientras yo, que aún no terminaba el desarrollo, alcanzaba el 1.86 (más tarde, en la universidad, me estabilicé en 1.90)”.

Es decir, Ampuero, en su novela, sostiene que Hache lo envidiaba porque era mucho más alto que él. ¿Es la estatura de la persona una manifestación de superioridad o inferioridad? ¿Por la estatura de una persona se le puede catalogar de superior o de inferior? ¿La estatura te hace “civilizado” o “incivilizado”? Entonces, este Procurador Antirracismo ya tiene un trabajo muy arduo. Porque, no se trata sólo del color de la piel sino, de una forma ideológica de dividir a las personas según características “positivas” o “negativas”. El problema del “Nosotros” y del “Otro” en nuestro país es el problema del “Perú Irreal” y del “Perú Real”. En ese orden. Según estos intelectuales el “Perú Irreal” es el “Nosotros”. Es decir, con características positivas y “modernas” mientras que, el “Perú Real” es el “Otro”, con características negativas y “atrasadas”. Así no podemos hacer una interpretación del país. Eso es enfrentarnos a nuestros fantasmas.

 

AUGUSTO LOSTAUNAU MOSCOL

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Especial

Rebelión popular en Colombia: rechazo a un mayor ajuste neoliberal

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Marcha protesta Colombia

El modelo económico colombiano, que durante décadas fue puesto como referencia regional, está en crisis. Una inmensa movilización popular dejó al descubierto la debilidad de un sistema que ha agudizado la desigualdad. Lo mismo sucede en Ecuador y en Chile.

La rebelión reunió a diversos sectores, desde centrales de trabajadores, movimientos sociales, artistas, partidos de oposición y miles de personas que se convocaron a través de las redes sociales.

Existen diversas motivaciones para entender esta masiva reacción social, que analistas colombianos estiman como la más importante desde 1977. Todas ellas se resumen en el hastío de la mayoría de la población a una política neoliberal que propone seguir reduciendo derechos sociales y económicos.

El presidente Iván Duque, que ganó las elecciones con el 54% de los votos a mediados de junio del año pasado, acumula el desgaste de la fuerza de centroderecha que está desde hace muchos años en el poder. Ahora, con el Partido Centro Democrático, fundado por Álvaro Uribe; antes, con el Partido de la U del expresidente Juan Manuel Santos.

Esta corriente política es dominante de la realidad colombiana desde hace varias décadas. El rechazo social que ahora se manifiesta no es solo contra medidas impulsadas por el Gobierno de Duque, sino contra un modelo económico que no brinda respuestas en términos de mejorar el bienestar social.

Las últimas encuestas revelan que Duque ha venido perdiendo apoyo de forma acelerada, puesto que la aprobación a su gestión es del 26% y la imagen negativa del 69%.

REFORMAS

Las demandas sociales se concentran en el rechazo del neoliberalismo, contra la corrupción, el deficiente sistema de salud y la precarización laboral.

Duque presentó dos proyectos de reforma. El primero, en materia de pensiones, con el objetivo de establecer un sistema previsional único de ahorro individual, debilitando el actual régimen de solidaridad intergeneracional.

Si prosperara, sería eliminar el fondo estatal de jubilaciones (Colpensiones); además, el plan propone aumentar la edad para jubilarse.

Es un proyecto similar al del modelo jubilatorio chileno, que hoy está en crisis por las deficientes prestaciones que entrega a los trabajadores al momento del retiro.

El segundo proyecto es el laboral, profundizando la precarización, al permitir el contrato por horas o por días, como también la cobertura del servicio de salud y pensiones por días. Plantea también la posibilidad de pagar el 75% del salario mínimo a jóvenes menores de 28 años, mujeres mayores de 57 años y hombres mayores de 62 años.

MOTIVOS

Esta reforma puso en guardia al movimiento sindical, que representa a apenas el 4,5 % de los trabajadores y también provocó el rechazo de la población joven y de mediana edad.

La reacción se produjo porque lo que se propone desde el Gobierno es eliminar los pocos derechos laborales que aún están vigentes.

Son reformas recomendadas en documentos públicos por organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional y la OCDE.

El director de la Revista Sur de Colombia, Pedro Santana Rodríguez, señala que sobran motivos para la protesta. Indica que el desempleo, la precarización de las condiciones laborales y la pérdida del poder adquisitivo de los salarios se profundizaron en los primeros 15 meses del Gobierno de Duque.

Esto, en un contexto de continuos asesinatos de líderes sociales, que ya superan los 800 desde noviembre de 2016, y de excombatientes de las FARC, que ya suman 168 desde la firma de los acuerdos de paz en noviembre de 2016.

Santana Rodríguez apunta que el incumplimiento de los acuerdos suscritos con las guerrillas y los anuncios de profundización del modelo neoliberal “son motivos más que suficientes para salir a protestar”.

EL PLAN DUQUE

La inesperada reacción, teniendo en cuenta las características de la sociedad colombiana, cruzada por décadas de guerra interna, tiene el contexto del Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022, presentado en el Congreso por el presidente Iván Duque, en febrero pasado.

El Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) publicó el documento Seis tesis sobre ese plan, de Diego Carrero Barón.

De ese informe se extrae las siguientes conclusiones, en base al contenido del plan:

Recorte del gasto público y transformación institucional para la austeridad fiscal. Más reformas tributarias regresivas y privatizaciones. Crecimiento económico y balanza de pagos basados en la promoción de la inversión extranjera y el modelo extractivista. Ampliación de la precarización laboral y recorte de derechos de los trabajadores.

Incumplimiento y desconocimiento sistemático al Acuerdo de Paz y las víctimas.

La represión como eje del control territorial.

Carrero Barón apunta a que el Plan Duque, lejos de fomentar la equidad, se estructura sobre una lógica en la que la organización de las finanzas públicas privilegian el cumplimiento de la regla fiscal para el pago de rentas al sistema financiero.

Esto, en un contexto de focalización del gasto público, promoción de reformas tributarias regresivas y recorte de derechos sociales y laborales, así como desfinanciación del Acuerdo de Paz.

EDUCACIÓN

Otra fuente de resistencia social estuvo originada en el ámbito de la educación.

En las manifestaciones hubo una presencia masiva de estudiantes de las universidades públicas y privadas. En el último año, estos jóvenes han estado en las calles reclamando más inversión para el área.

Después de dos meses de protestas, Duque se comprometió a destinar el equivalente a 1.300 millones de dólares adicionales a las universidades.

Esos fondos quedaron solo en promesas y los estudiantes estallaron. No hubo giro de esos recursos.

La movilización consolidó formas de protesta festivas, con bailes y canciones, con una participación mayoritaria de jóvenes. Existen cuatro líneas de la demanda social: el rechazo al oficialismo, el reclamo de mejorar la situación económica sin ajuste, el respaldo a la paz como estrategia dominante en lugar de la guerra, y una abierta resistencia a las violaciones estatales a los derechos humanos.

No es solo la oposición al modelo económico, sino a un proyecto neoliberal que involucra la cuestión política, el cuadro social y la intervención sobre la subjetividad de la población.

El aspecto distintivo de este movimiento para la historia moderna colombiana es que es transversal y masivo.

Marcha protesta Colombia

VULNERABLE

Un reciente estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) exhibe resultados “particularmente deficientes” en términos de empleo vulnerable, desigualdad y confianza en las instituciones en Colombia.

El país tiene uno de los porcentajes de la población con trabajo precario más elevado de América Latina, al alcanzar el 46,8% de las personas empleadas. Solo Perú tiene un porcentaje más elevado, del 49,7%. Es un indicador que refleja el alto grado de fragilidad de los trabajadores.

El reporte señala que, pese a que en años recientes se han logrado mejoras, el índice de Gini se mantiene alto (50.8), apenas más bajo que Brasil (51.3).

El coeficiente Gini es una medida de la desigualdad de ingresos entre las personas: el valor se mide entre 0 y 100; siendo cero la máxima igualdad (todas las personas tienen los mismos ingresos) y 100, la máxima desigualdad (todos los ingresos los tiene una sola persona).

Otro dato contundente es que 86% de la población considera que la corrupción es generalizada, cifra mayor que el promedio de América Latina y el Caribe (74,5%) y de la OCDE (54,0%).

DESIGUALDAD

La raíz de la insatisfacción social es la marcada desigualdad en los ingresos predominantes en la sociedad colombiana.

El Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE) reveló en un informe que la pobreza multidimensional, a nivel nacional, alcanza al 19,6%.

El Banco Mundial estima que el 20% de la población rica concentra 55,7% del ingreso nacional, mientras que el 20% pobre solo recibe el 3,9%.

Es una estructura inequitativa en el reparto de los ingresos que no ha cambiado sustancialmente en casi 30 años. Con datos de 1992, los porcentajes son casi idénticos:

el sector acaudalado retenía el 56,7% y el grupo social más pobre, el 3,7%.

La consolidación de una estructura socioeconómica desigual tiene que ver con la permanencia de una matriz productiva basada en la primarización y explotación de los recursos naturales.

Las propuestas económicas de Duque no alteran esa tendencia; por el contrario, las reafirma. Postula la necesidad de eliminar impuestos a las empresas extractivistas e imponer más tributos a los trabajadores.

Es un modelo de reducción del consumo popular, que no genera empleo y no pretende retirar a Colombia del ranking de los países con la peor desigualdad del mundo.

Javier Calderón Castillo, sociólogo y miembro del Grupo de Pensamiento Crítico Colombiano del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe, explica que la cuestión de la desigualdad extrema no es un punto menor en Colombia.

En el artículo 21N: calles, cacerolas y una advertencia al Gobierno de Duque, indica que apenas un 22% de los trabajadores cotiza al sistema de pensiones en forma regular, conformando así una sociedad en la que los mayores de 65 años están sin trabajo y sin jubilación y solo dos de cada 10 colombianos pueden jubilarse.

Calderón Castilla afirma que “así, la juventud no tiene futuro con la actual estructura laboral y los adultos mayores están condenados a terminar sus días en la pobreza”.

 

ALFREDdO ZAIAT
SPUTNIK MUNDO

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Especial

Tiempos recios, letras muertas

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Mario Vargas Llosa

Dejé de leer nuevas ficciones de Mario Vargas Llosa hace mucho tiempo. No lo hice por antipatía personal o por animadversión política. Lo hice por pena.

Los primeros libros de Vargas Llosa fueron un descubrimiento crucial de mi adolescencia; me revelaron el poder de la novela, su capacidad para interrogar el mundo, su potencia vital y crítica, y contribuyeron grandemente a despertar en mí una pasión infatigable por la literatura. Desde entonces, nunca han estado demasiado ausentes. Vuelvo a ellos con fruición y con frecuencia (en particular a Conversación en La Catedral, una obra cada vez más maestra), y estoy completamente convencido de sus merecimientos.

Sin embargo, hace buen tiempo que aquellos admirables atributos dejaron de manifestarse. Al contrario, lo que empecé a encontrar en las publicaciones de Vargas Llosa desde finales de los años 80 fue cansancio creativo, un paulatino vaciamiento de los recursos y los gestos, un cúmulo de letras muertas. Eso me entristeció de una manera muy personal, y para evitar esa tristeza dejé de leerlas.

Sin embargo, luego de que varias personas en cuyo juicio tiendo a confiar me la recomendaran como el retorno de un gran narrador a su mejor forma, decidí enfrascarme en Tiempos recios, la nueva entrega de Vargas Llosa, llegada a librerías este octubre.

Esperaba encontrar en ella quizás dos o tres agradables sorpresas, algunos atisbos de la vieja brillantez técnica, los destellos —aunque fuera breves— de una sapiencia destilada y madura, pero debo decir, lamentablemente, que incluso esa moderada expectativa ha quedado insatisfecha.

Centrada en el derrocamiento del gobierno reformista de Jacobo Árbenz en Guatemala, ocurrido en 1954, y en sucesos aledaños, Tiempos recios quiere ser a la vez un thriller político y una novela de tesis, y en ambas dimensiones falla.

La tesis es banal: si los Estados Unidos hubieran aceptado el esfuerzo democratizador y modernizante de Árbenz en vez de armar y apoyar un golpe de ultraderecha, Fidel Castro no se habría radicalizado y no habría habido una revolución comunista en Cuba cinco años después; sin la Cuba castrista, no se habría “popularizado el mito de la revolución armada y el socialismo” en América Latina ni habrían proliferado las dictaduras anticomunistas, el continente se habría democratizado de manera rápida y efectiva, y otra sería nuestra historia. La banalidad de este postulado, que simplifica las dinámicas sociales y políticas de la región hasta la (mala) caricatura, no es sin embargo el problema. El problema es el andamiaje que Vargas Llosa construye para llegar a él, sin cumplir su cometido.

Aunque la novela, como dije, se enfoca en los sucesos alrededor de la caída de Árbenz y la dictadura de Carlos Castillo Armas que lo sucedió, sus dos personajes mejor desarrollados están bastante al margen de esa historia. No permiten una comprensión cabal de los eventos ni ofrecen claridad sobre las ideas expuestas. El primero de estos personajes es Marta Borrero Parra, apodada “Miss Guatemala”, amante de Castillo Armas y luego de su asesino; el segundo es este asesino, Johnny Abbes García, el espantoso jefe de la inteligencia militar de República Dominicana bajo el dictador Rafael Leónidas Trujillo. Abbes García (lo reconocerán los lectores de La fiesta del Chivo) es un personaje histórico, como lo son Árbenz, Castillo Armas y casi todos los demás participantes de la trama; Marta Borrero Parra es una versión apenas ficcionalizada de Zoila Gloria Bolaños Pons, una grotesca activista del anticomunismo centroamericano, propagandista de las dictaduras de la región y posible agente de la CIA (aún vive; se puede ver su delirante web aquí).

Mario Vargas Llosa - Tiempos recios

Borrero y Abbes son las dos figuras menos unidimensionales en Tiempos recios, las más vivas, las más complejas, y la novela les sigue los pasos con bastante más atención que al resto. Pero ninguno de los dos está realmente al centro de la historia que Vargas Llosa necesita contar para apuntalar su tesis, y terminan dominando largas porciones de una narrativa desconectada de ella. Ninguno de los dos tiene que ver con el ascenso y caída de Árbenz.

La presencia de Marta Borrero en la alta política guatemalteca de esos años, según se narra aquí, es incidental e inconsecuente, por interesante o inusual que sea el personaje. Las acciones de Abbes, comandadas por Trujillo, son extrañamente desideologizadas y apolíticas, y logran decir poco sobre las relaciones entre los Estados Unidos y la región, o sobre la historia de Guatemala, o sobre sus realidades sociales. Estos personajes están, en suma, desprendidos de la tesis que Tiempos recios promueve, y quedan desasidos de su materia.

Por supuesto, este sería un problema relativamente menor si Vargas Llosa hubiera encontrado mecanismos para recentrar el relato. Pero no los encontró. Para proveer contexto e información a sus lectores, recurre a largas parrafadas expositivas en las que los hechos históricos se suceden como en un apretado libro de texto, creando una superficie densa en datos sin alcanzar nunca ninguna profundidad.

Muchas de estas secciones, además, están escritas con descuido, en un estilo áspero y acartonado, burocrático y al mismo tiempo impreciso, que con frecuencia se desliza ociosamente hacia el cliché, y esa tendencia empaña también las partes más narrativas de la novela. Este es un mundo de mujeres “lindas y elegantes” que también saben ser “inteligentes y sensibles”; hay “muertes trágicas” que dejan a la familia “en difícil situación económica”; hay “masas indias” que “languidecen en la pobreza”; Guatemala es un país con “un serio problema de desigualdades”, de lo cual Jacobo Árbenz “tomó conocimiento desde temprana edad”; y así sucesivamente.

Más aún, estos clichés con no poca frecuencia se contradicen entre sí. Esa temprana “toma de conocimiento” de Árbenz sobre la pobreza en Guatemala está en el capítulo III, donde también se afirma que no es cierto lo que luego se dijo sobre él, que “sólo gracias a su mujer, la salvadoreña María Cristina Vilanova”, se le despertó la conciencia. En el capítulo IX, sin embargo, Vargas Llosa nos cuenta que fue precisamente María Vilanova quien “le hizo descubrir” al futuro presidente “todo lo que él no sabía”, abriéndole los ojos a “un mundo de injusticias seculares, prejuicios y racismo” y quitándole “la venda que él y tantos otros tenían sobre los ojos en lo relativo al problema social”.

De Marta Borrero, entretanto, se dice en el capítulo XIX que había sentido, “acaso por primera vez”, un “miedo pánico, un terror que le calaba los huesos, que humedecía toda su piel” la noche que mataron a Castillo Armas; en el capítulo XXIII, años más tarde, resulta que el mismo personaje “no conocía el miedo”; y así sucesivamente.

Por último, la escritura a ratos se desliza hasta el absurdo: “…los grandes finqueros vivían como los encomenderos en la colonia, gozando de todos los beneficios de la modernidad”; “Era el 15 de marzo de 1951 y todavía tenía el vaso de whisky en la mano”; etcétera. Estos son solo algunos ejemplos entre muchos de lo que me parece un notable descuido en la edición de este texto, por momentos tan torpe y desangelado que uno tiene la sensación —al menos, la tuve yo—de estar leyendo un manuscrito a medio procesar.

Estaría de más incidir en la visión de la historia política y social de América Latina que Vargas Llosa propugna en Tiempos recios: en ese terreno, todos los lectores sabrán qué esperar, y cada quien tendrá juicios propios al respecto. Por lo demás, no es necesario compartir los puntos de vista de un escritor para disfrutar de su literatura; incluso si uno los encuentra aborrecibles o tachonados de tergiversaciones, puede apreciar un relato bien hecho.

Lo que me interesa notar aquí —una vez más, con pena— es que esta novela está insistentemente mal escrita. Su tratamiento del material es pobre; su lenguaje, opaco y rígido; su arquitectura, endeble. Mario Vargas Llosa será para siempre uno de los grandes narradores de la literatura contemporánea, pero este libro inerte e inane no se acerca siquiera a su antigua talla.

 

JORGE FRISANCHO
Poeta y periodista | NOTICIAS SER

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