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Especial

Cruzada contra el maltrato a los niños

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Frente a la constante violencia de padres, padrastros y tutores a niños, que ha registrado en estos días extremos que llegan al asesinato, el Instituto de Formación de Adolescentes y Niños (Infant) realizará el próximo domingo 16 una jornada de concientización en la Plaza de Armas de Lima denominada “Un abrazo por la infancia” a la que esperan una asistencia masiva.

“Para ese día hacemos un llamado a los medios de comunicación, padres y población en general a que asistan, entre las 12 del día y 6 de la tarde, para que se informen de los daños que causan a los pequeños los golpes y castigos crueles: Llenaremos la plaza de pancartas, carteles y muñecones con diversos motivos, participarán igualmente artistas”, refiere el profesor Daniel Sangama responsable de la organización.

“No podemos permanecer indiferentes ante tanta crueldad hacia los pequeños, lo que pretendemos es que padres y tutores comprendan que la mejor manera de calmar las travesuras e inquietudes de los niños es con mucho cariño y comprensión, porque la violencia genera más violencia”.

El educador junto a otros voluntarios y adolescentes comprometidos con esta humanitaria tarea efectúan periódicamente reuniones en diversas zonas de Villa El Salvador, Villa María del Triunfo y Cantagallo en el cercado de Lima que denominan Casas de Ternura.

“Es lamentable que según un estudio solo el diez por ciento de padres peruanos brinden caricias a sus hijos, los otros en gran parte apelan a los castigos físicos y esa situación tiene que cambiar”, anota Sangama.

Luego recuerda cómo, de niño, sus hermanos, él y su madre eran maltratados con correa y ramas de pacae por su padre que tenía formación militar y que, a su vez, había sido víctima de un papá muy violento.

“Hasta que le hicimos comprender que no era la mejor forma de corregirnos, empezamos a hacerlo partícipe de caricias y juegos, hasta que logramos que varíe su comportamiento; entonces me di cuenta que un agresor puede variar su conducta, esa experiencia es la que tratamos de imponer en nuestras campañas denominadas ‘Infancia sin violencia’ desde hace ocho años, en algunos casos con ayuda psicológica, rehabilitación y analizando historias de vida”, manifiesta.

Dice también que en su experiencia ha sido testigo que muchos padrastros son repetidores de violencia y que les cuesta como figura masculina relacionarse con sus hijastros y mas aún evidenciar cariño.

PROYECTO DE LEY ESTANCADO
Añade que hace algún tiempo se encuentran en el Congreso proyectos de ley para que se sancione a los que castigan a los niños pero que hasta ahora la norma no se aprueba. “Sabemos que hay un dictamen en la comisión de la mujer pero no sé por qué demoran, qué esperan, acaso no es suficiente lo que vemos a diario en ese sentido. Lamentablemente los castigos físicos no están penados ni visibilizados mayormente. Falta voluntad política para aprobar un dispositivo tan importante”.

A su lado Joel Santos de 16 años y Marilyn Mori Cumapa, de 13 años, ambos de comunidades nativas de Pucallpa y que hoy viven en Cantagallo, acompañan a Sangama e intervienen en las conferencias o bien se informan sobre padres, madres, parientes o cuidadores de niños pegalones para actuar.

Ellos pertenecen a la organización de Niñas, Niños y adolescentes trabajadores shipibos de Cantagallo-Nasca. “Somos como 300 familias de esa etnia amazónica que vivimos de la artesanía, gastronomía y otros trabajos, en el lugar tenemos un parlante por donde informamos de actividades y otros hechos y también sirve para cuando un mayor golpea a un menor o su pareja entonces nos dirijamos a esa vivienda para llamar la atención al agresor”, explica Marylin.

Anota asimismo que donde viven existe una escuela shipiba para no olvidar su lengua y enseñarla a los más chicos y que seguirán luchando para que se haga realidad el proyecto de Susana Villarán, Río Verde, que significaría mayor desarrollo y calidad de vida para ellos.

Hay 9,000 denuncias
Según cifras de la Red de Investigación en Violencia de Género (Redin) del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP), en lo que va del año 2015 se han registrado más de 9,000 denuncias de castigo físico y humillante contra los niños en nuestro país.

De acuerdo a la información de este portal, se han registrado un total de 3,917 casos de violencia física y psicológica contra adolescentes, y 5,578 contra niños y niñas, desde enero hasta junio del presente año, con lo cual suman 9,495 casos denunciados.

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Por su parte, Santos puntualiza haber sido testigo de cómo un padrastro le pegaba todos los días a una niña de 12 años hasta que los vecinos cansados de escuchar los llantos e improperios intervinieron y amenazaron con denunciarlo, “lo que calmó al individuo”. También refiere el caso de un padre que se había acostumbrado a golpear a su hija causándole moretones hasta que intervino el hijo de 14 años y le dijo: “qué tal si te hacemos lo mismo cada vez que llegas a casa borracho”. “Creemos que los niños tienen que aprender a protegerse y ayudar a otros”, reflexiona.

Denis Merino
Diario UNO

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Especial

Las mujeres palestinas pagan el precio más alto

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Las mujeres palestinas pagan el precio más alto

Durante años Estados Unidos fue el mayor donante de ayuda para los palestinos. Con los fondos para los programas de salud, educación y saneamiento repentinamente paralizados, las mujeres y las niñas son las más afectadas.

Cuando el esposo de Nawal tuvo que dejar de trabajar hace dos años debido a fuertes dolores de estómago, ella se convirtió en la proveedora principal de la familia. Nawal, quien pidió usar solo su nombre, vive con sus siete hijos en el campamento de refugiados de Dheisheh, cerca de Belén. Nawal solía ser elegible para los estipendios de la UNRWA que la ayudarían a cubrir los costos médicos de la familia, pero recientemente le dijeron que esa asistencia ya no está disponible.

Zahya Al Mubasher es una viuda que lucha contra el cáncer en Gaza. A los 61 años, sigue siendo la proveedora de 17 personas, hijos, nietos y hermanos. Se gana la vida cultivando tomates en un invernadero del patio trasero que fue financiado por USAID, una agencia del Gobierno de los Estados Unidos responsable de administrar ayuda civil y asistencia para el desarrollo.

Nawal y Zahya son solo dos de las miles de mujeres palestinas que se ven directamente afectadas por la decisión del gobierno de Trump de desfinanciar la ayuda a los palestinos. Más recientemente, la administración cerró la misión de USAID en Cisjordania y Gaza, mientras que recortó en 2018 más de 500 millones de dólares en fondos para proyectos palestinos. Los críticos dicen que es solo el último intento de chantajear a la Autoridad Palestina para que llegue a un acuerdo de paz con Israel.

Según Susan Markham, excoordinadora principal de USAID para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres: “cuando la sociedad o las instituciones comienzan a romperse por falta de inversión, las mujeres se sienten aún más agobiadas por las responsabilidades domésticas con las que tradicionalmente están asociadas. La gestión del tiempo entre las responsabilidades profesionales y el trabajo doméstico, agrega, se convierte en un desafío aún mayor. Es algo que no se mide a menudo, pero tiene un impacto real en la vida cotidiana de las mujeres”.

En las mujeres, los efectos de tal ruptura son dobles: los programas centrados en el género financiados por los EE.UU. ahora se han eliminado, reduciendo el número de iniciativas que se centran exclusivamente en la promoción de los derechos y las oportunidades para las mujeres, mientras que los proyectos más grandes relacionados con la infraestructura -como en salud y saneamiento- quedan sin terminar. Esto puede tener un impacto perjudicial en los roles de las mujeres y las niñas en la sociedad.

En los últimos años cientos de miles de dólares en ayuda de los Estados Unidos se destinaron a los programas de defensa de los derechos de las mujeres palestinas. Entre los beneficiarios de la ayuda se encuentra Kayan, una organización feminista que protege los derechos y promueve el estatus de la mujer palestina en Israel, que recibió una subvención del Gobierno de los Estados Unidos para un proyecto que se esfuerza por poner fin al acoso sexual en el lugar de trabajo.

En Cisjordania y Gaza, el proyecto de “Tribunales de mujeres”, financiado por Estados Unidos, tuvo como objetivo reducir la violencia de género en las comunidades palestinas mediante reformas legislativas y cambios de políticas.

Palestina es el único país en Medio Oriente y África del Norte que se ha adherido a la Convención de las Naciones Unidas sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) sin reservas ni declaraciones. Las mujeres palestinas se encuentran entre las más educadas de la región, y mientras más mujeres que hace 10 años ingresan a la fuerza laboral en la actualidad, las tasas siguen siendo más bajas en comparación con los promedios regionales, según un informe del Banco Mundial de 2017.

“USAID realmente se enfocó en ayudar a las mujeres [palestinas] a obtener poder económico”, dice Markham. Implicó programas que llevaban a las niñas a la escuela secundaria, financió pasantías y tutorías y ayudó a las mujeres a crear sus propias empresas, creando un ciclo positivo en el que las mujeres “eran valoradas por la comunidad como propietarias de empresas o trabajadoras capaces de llevar dinero a casa, a la familia”. Estos proyectos, dice ella, ayudaron a cambiar las actitudes de género en la sociedad palestina.

En las últimas dos décadas, los fondos de los Estados Unidos han ayudado a más de 200.000 mujeres en Cisjordania y Gaza a obtener una mejor educación a través de inversiones en renovaciones y capacitación escolar. Estas iniciativas ahora repentinamente se han detenido.

Uno de los casos más graves es una escuela en el área de Belén que solo alcanza el décimo grado, dice Sean Carroll, director de Anera, una de las organizaciones no gubernamentales más grandes que brinda asistencia humanitaria a los palestinos.

Anera había estado trabajando en la rehabilitación y ampliación de la escuela para ofrecer a los estudiantes una educación secundaria. “Si querías continuar tus estudios, tenías que irte a 30 millas de distancia. Muchos de los niños no lo hicieron, especialmente las niñas, por lo que efectivamente la educación de las niñas en esa ciudad se detenía en el 10º grado”, explica.

El hecho de mantener a las niñas en la escuela es también una de las formas más efectivas de evitar el matrimonio infantil y sigue siendo un problema importante en Palestina, según una declaración conjunta del Centro de Mujeres para Asistencia Legal y Asesoría (WCLAC) y Human Rights Watch del pasado julio.

Según los datos publicados por la Oficina Central de Estadísticas de Palestina en 2016, el matrimonio infantil alcanzó el 20,5 por ciento entre las mujeres y el uno por ciento entre los hombres de la población total casada en Palestina.

Las mujeres palestinas pagan el precio más alto

Un factor importante que desalienta a las niñas a asistir a la escuela es la falta de acceso a instalaciones sanitarias adecuadas durante la menstruación, con carencia de agua e higiene adecuada. Por lo tanto, es probable que el abandono de inversiones en infraestructuras de agua, que conectan hogares con redes de agua limpia y alcantarillado, afecte desfavorablemente a mujeres y niñas.

Además, la escasez de agua agrega presión a las mujeres, que a menudo se encargan de las tareas domésticas, incluida la cocina y la limpieza, así como el cuidado de los niños que contraen enfermedades transmitidas por el agua.

En áreas que no están conectadas a las redes de agua, las mujeres y las niñas suelen ser responsables de encontrar y recolectar agua para sus familias, lo que puede impedirles asistir a la escuela o participar en trabajos remunerados, según EWASH, un grupo de más de 30 organizaciones que trabajan en el tema del agua, saneamiento e higiene en los territorios ocupados.

“La mayor cantidad de fondos de nuestro proyecto de USAID en los últimos 10 años ha estado en agua e higiene”, dice Carroll, “y con los recortes en este momento, sabemos que 57.000 palestinos no tendrán acceso a agua segura [a través de un proyecto] que fue planeado y se habría implementado para fines de año”.

El Gobierno de Israel sobre los palestinos restringe la entrada de bienes a los territorios ocupados, incluidos los medicamentos y el equipo médico. Como resultado, los servicios de salud que salvan vidas, como el tratamiento del cáncer y los cuidados intensivos neonatales, no están disponibles en Cisjordania y Gaza.

Muchos pacientes palestinos viajan a Jerusalén Este para recibir atención en uno de los seis hospitales que conforman la Red de Hospitales de Jerusalén Este. En setiembre pasado, la administración de Trump retiró 25 millones de dólares que había planeado entregar a la Red.

Según Bassem Abu Libdeh , director del Hospital Al Makassed, los fondos de los Estados Unidos solían cubrir el 40 por ciento de los costos para los seis hospitales. Junto con el recorte de la ayuda a la UNRWA en setiembre pasado -que representó un recorte presupuestario del 30 por ciento a la agencia de las Naciones Unidas encargada de brindar servicios a millones de refugiados palestinos en el Medio Oriente- muchos palestinos ya no pueden pagar la atención que necesitan.

Para las mujeres esto significa un acceso limitado al tratamiento del cáncer de mama o la atención para los embarazos de alto riesgo disponibles predominantemente en estos hospitales del este de Jerusalén.

Esta escasez de fondos ha socavado aún más el funcionamiento de las clínicas móviles, operadas por un grupo de ONG palestinas e internacionales bajo el nombre de Health Cluster, que brinda servicios de salud a más de 220.000 palestinos en Cisjordania.

Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios en los territorios ocupados, “las personas más vulnerables en estas comunidades son las mujeres durante el embarazo y el parto; niños y bebés enfermos; los ancianos y los enfermos crónicos o discapacitados”. Esto no solo tiene un efecto directo en los programas de salud para las mujeres, sino que también agrega presión a las mujeres que generalmente actúan como cuidadoras en la familia, como Nawal.

Según el Banco Mundial, la ocupación de Israel limita severamente la economía palestina. Las restricciones al movimiento de bienes y personas, la apropiación de tierras y el bloqueo de Gaza, entre otras cosas, ahogan el éxito de las políticas económicas establecidas por la Autoridad Palestina.

Como resultado, los donantes internacionales desempeñan un papel destacado en la implementación de reformas y la prestación de servicios en Palestina, Tanto las entidades gubernamentales como las organizaciones de la sociedad civil dependen en gran medida de la ayuda externa para operar.

“La economía nacional palestina no puede sostenerse a sí misma como resultado de la ocupación y sus políticas”, dice el doctor Sahar Qawasmi, quien fue elegido como miembro del Consejo Legislativo Palestino en 2006 y forma parte de la junta directiva de WCLAC. “Cuando una mujer es sometida a violencia, se le niegan las oportunidades económicas, y la agencia política afecta significativamente a las generaciones futuras”.

 

HENRIETTE CHACAR – 972mag

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Actualidad

Los carnavales en Lima y José Carlos Mariátegui

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Los carnavales en Lima y José Carlos Mariátegui

Lima es una ciudad donde todo acto público sirve para destacar la distinción social de quienes lo practican. Fue común en el siglo XIX e inicios del siglo XX, que las clases sociales mantengan ciertas distancias “invisibles” cuando celebraran en el espacio público. Como en la política y en las elecciones, el juego del carnaval, sirvió también para representar y resaltar el origen y la ubicación social del individuo.

En callejones y zonas populares, el carnaval era veraniego, se jugó con agua o algo de agresividad. En las mansiones, por el contrario, se guardó la elegancia de una clase social postiza. En 1928, José Carlos Mariátegui escribió que “El carnaval es, probablemente una fiesta en decadencia”.

Los carnavales siempre fueron una fiesta popular, ya en 1840, Manuel Atanacio Fuentes los había catalogado como un juego violento. Esa característica no cambió con el siglo XX. En los barrios populares, esquinas, callejones y solares, los transeúntes eran capturados por grupos de “carnavaleros” quienes los echaban en las acequias o tinas.

Además, se atacaba los carros de los tranvías que recorrían la ciudad. Inclusive, la clase aristocrática-oligárquica acostumbró jugar con agua y tinas en sus casas, entre guerritas de agua los jóvenes enamoraban a las niñas, terminando en un almuerzo donde las jóvenes parejas gozaban de la aceptación de los padres.

Los carnavales en Lima y José Carlos Mariátegui

Pero, como sostiene Mariátegui:

“La fiesta se aburguesó a costa de su carácter. Lo que no es popular no tiene estilo. La burguesía carece de imaginación creadora; la clase media -que no es propiamente una clase sino una zona de transición- mucho más. Entre nosotros, sin cuidarse de la estación ni la latitud, reemplazaron el carnaval criollo un poco brutal y grosero, pero espontáneo, instintivo, veraniego por un carnaval extranjero, invernal, para gente acatarrada”.

La nueva y joven burguesía prefirió los bailes, salones y vestidos de gala y trajes de etiqueta, demostrando una vez más a través de un acto de todos, su calidad, occidentalización, estilo de vida y poder adquisitivo. A pesar que los carnavales coinciden con los meses de verano, se vistió como en los salones europeos.

Por ello, Mariátegui indicó que:

“El carnaval limeño era también limeño, mulato, jaranero; pero no podía subsistir en una época de desarrollo urbano e industrial. En esta época tenía que imponerse el gusto europeizante y modernista de los nuevos ricos, de la clase media, de categorías sociales, en suma, que no podían dejar de avergonzarse de los gustos populares. La ciudad aristocrática podía tolerar, señorialmente, durante el carnaval, la ley del suburbio; la ciudad burguesa, aunque parezca paradójico, debía forzosamente atacar, en pleno proceso de democratización, este privilegio de la plebe”.

Así, en pleno verano limeño, para ser un “carnavalero” elegante se tenía que vestir con trajes elegantes. Por el contrario, la chusma o la plebe jugaría sus carnavales en forma violenta –casi “primitiva o salvaje”- entre grandes chorros de agua para combatir las altas temperaturas.

En su novela Vive y Padece el amor bajo el cielo de Lima, la escritora Mercedes Holguín, señaló que:

“Desde quince días atrás, las tiendas, almacenes, mercado y cuanto negocio de la calle existía, mostraba en sus escaparates toda la mercancía carnavalesca: disfraces, máscaras, antifaces, globos, chisguetes, papel picado, polos de colores, y cuanto elemento podía despertar y estimular la afición a los jugadores”.

Es decir, la costumbre del carnaval, también generó una producción y comercio de los productos utilizados durante su juego. Una actividad económica que movió el interés de los comerciantes.

 

AUGUSTO LOSTAUNAU MOSCOL

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Entrevista

Frontera Azul es un viaje que queremos regalarle a la gente

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El filme está narrado en dialecto esquimal yupik de Alaska.

Dicen que el mar tiene un poder sanador, y Jorge Carmona del Solar hoy lo sabe bien. Es una de las conclusiones inevitables luego de convivir durante siete años con este proyecto que al fin está listo para ver la luz. En Frontera Azul, filmada en Alaska, Namibia, Indonesia, Tahití y el norte del Perú, Carmona y Köster nos llevan a reencontrarnos con nuestra condición humana y con el planeta que nos acoge.

Jorge Carmona del Solar

—¿Cómo así se plantean hacer una película como Frontera Azul, filmada en escenarios remotos y en distintos idiomas?

—Nace a partir de la iniciativa de Jonathan Gubbins, que nos buscó a Tito Köster y a mí para realizar un proyecto relacionado al surf, y concluimos en esta película que muestra las cuatro mejores olas del mundo y a partir de ello contamos historias desde distintos lugares, lejanos entre sí y con distintos idiomas, pero con la misma fibra y con tantas cosas en común.

—¿Cómo deciden incluir Alaska entre las locaciones?

—Lo que pasa es que a Alaska la sentíamos como el origen del mar, al estar tan cerca del polo norte. En consecuencia, también la entendimos como el origen de estas historias y es por eso también que la narración omnipresente en la película está realizada en dialecto esquimal yupik.

—¿En la película hay una historia universal o un retrato de la condición humana, de pérdidas, búsquedas y reencuentros? ¿Qué aprendizaje te deja esta experiencia?

—Después de pasar por todo este proceso principalmente me confirma de que no importa dónde vivamos, ni qué idioma hablemos, todos tenemos los mismos sentimientos, las mismas angustias, y compartimos este mismo viaje llamado vida.

—¿Cuán complicado fue armar los equipos de trabajo en los lugares de rodaje?

—En realidad fue menos complicado de lo que parece, pues todo lo íbamos armando desde acá. Luego viajamos cuatro o cinco personas, contactamos al equipo local y luego trabajamos a distancia. No fue complicado porque trabajamos con gente que hablaba el mismo idioma de la producción. Luego, cuando había que rodar, viajábamos solo cinco o seis días antes porque todo ya estaba trabajado previamente.

Jonathan Gubbins, surfista nacional, es protagonista y también productor de la película.

Jonathan Gubbins, surfista nacional, es protagonista y también productor de la película.

—Hay algo que llama la atención sobre Frontera Azul, y es el tiempo que demandó la película. ¿Sientes que hay una coincidencia con el espíritu del protagonista, Jonathan Gubbins, que es un surfista que no compite?

—No me había puesto a pensar en ello pero sí, Jonathan es un ‘free surfer’ y nosotros también nos manejamos con un espíritu de libertad absoluto. Esta es una película autofinanciada y eso contribuye definitivamente a la libertad que hemos podido tener. Solo dimos por concluida la película cuando realmente sentimos que realmente estaba lista.

—¿En algún momento sintieron que se caía el proyecto?

—En realidad no, siempre ha sido un proyecto súper motivador. Claro que hemos tenido que lidiar bastante con nuestra propia impaciencia, pero siempre seguros de que lo íbamos a concluir. Ha sido una experiencia maravillosa y un aprendizaje único, pero nunca dudamos. Eso ha sido muy importante para poder concretar el proyecto.

—Frontera Azul es en cierto modo la antítesis de ese tipo de películas ultra comerciales en el sentido de producciones realizadas en poco tiempo y apelando a clichés vendedores…

—Yo respeto absolutamente el trabajo de mis colegas, creo que cada uno plantea lo que le nace hacer. Nosotros decidimos orientar la película hacia este camino de libertad, de plantear lo que teníamos dentro y tomándonos el tiempo necesario para hacerlo. Esta película no nació para ser comercial, sino para tener un punto de vista y plantear este mensaje de la condición humana, que es la misma en todos lados, y nuestra relación con la naturaleza y el mar, que es tan sanador y que debemos cuidar.

—Decías en alguna entrevista que el cine es una expresión de la libertad. ¿Cómo se hace para ser libre y a la vez seguir siendo sostenible?

—Es complicado. Yo sería la persona más feliz de poder hacer proyectos como este sin tener esa carga de la recuperación del capital invertido, pero está claro que también hay que vivir. Ahora, nosotros hacemos otros trabajos que generan ingresos y dan soporte a este proyecto. Porque en nuestro caso esta libertad está amarrada al sacrificio de tener que gestionar recursos económicos por otro lado.

—En general, ¿sientes que esta película sigue un camino de propuestas independientes en el cine nacional o más bien lo inicia?

—Creo que hay realizadores que están planteando un cine diferente. En nuestro caso, esta vez nos hemos inclinado hacia el cine de autor, pero tampoco le corro al cine comercial. Obviamente uno tiene mucho más libertad haciendo cine de autor, pero creo que ambos cines son necesarios para que exista una industria y que la gente pueda tener alternativas para elegir.

—Compartiste la dirección con Tito Köster. ¿Cómo es dirigir entre dos?

—A Tito lo conozco hace mucho, y nos hemos llevado bastante bien. Tito enfocado más en la dirección de arte y yo en la de fotografía. Hubo mucha comunicación para la dirección general y creo que ahí está la clave para un trabajo armonioso. Nosotros hemos sido siempre bastante sinceros, cuando algo no gustaba lo decíamos y no había problema en corregir.

—¿Cuál es la diferencia más importante entre esta película y tus otros trabajos en cine?

—Creo que el haber podido rodar en escenarios tan espectaculares. La gran diferencia que encuentro es esa posibilidad de viajar y conocer gente tan maravillosa, aunque igual cada película es una experiencia única y todos los proyectos tienen sus encantos particulares.

—¿Qué tendría que saber el espectador antes de ir a ver Frontera Azul?

—Lo primero que les diría es que borren el disco duro mental un ratito, que se relajen y vayan a conectarse de este viaje que les propone la película. Frontera Azul es un viaje motivacional que queremos compartir con el espectador, donde van a conocer historias que son parte de la historia de todos.

 

JOSÉ ALFREDO MADUEÑO

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