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Especial

Corredor minero: una bomba de tiempo

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Carretera de Las Bambas

¿Cómo así nació el hoy famoso corredor vial minero que conecta Las Bambas, en Apurímac, con el puerto de Matarani, en Arequipa? ¿Cómo así el mineroducto, que era el medio elegido inicialmente para el transporte de los concentrados mineros, fue reemplazado por una carretera que ya ha causado más de un conflicto?

Una revisión exhaustiva de los cambios ocurridos en los estudios ambientales de Las Bambas en lo referido al transporte de concentrados, nos permite entender muy claramente que son las debilidades de la institucionalidad ambiental, tanto en la certificación como en la fiscalización, el principal factor que actualmente propicia el surgimiento de los conflictos socioambientales en este caso.

HISTORIA

Para entenderlo, reconstruyamos la historia desde el inicio. Este artículo resume algunos de los principales elementos del informe “El transporte de concentrados e insumos de Las Bambas y sus problemas e irregularidades”, publicado por CooperAcción.

En el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) inicial del proyecto Las Bambas, aprobado el año 2011, se señalaba que el transporte de concentrados de molibdeno y cobre se haría por mineroducto y el transporte de los suministros se realizaría por carretera, la misma que iría paralela al mineroducto, teniendo como recorrido: Las Bambas (Apurímac) hasta la mina Tintaya (Cusco) donde se ubicarían las plantas de filtros y molibdeno las cuales se iban a utilizar para completar el procesamiento del mineral.

En el EIA se determina el área de influencia ambiental y social del mineroducto, se describe su línea de base ambiental: geomorfología, suelos y capacidad de uso mayor de tierras, hidrología, calidad de agua, calidad de aire, ruido, flora y fauna, comunidades, situación socio-económica.

A partir de ello, se identifica los impactos del transporte sobre cada uno de los componentes mencionados y las medidas de prevención y mitigación y compensación de daños, las que son incluidas en el plan de manejo y de monitoreo.

Camión de minería

CAMBIO INCONSULTO

El 29 de agosto de 2013 mediante R.D. 319-2013-MEM-AAM, se aprobó el Informe Técnico Sustentatorio (ITS) a través del cual se solicitó el traslado las plantas de filtros y molibdeno, de Tintaya (Cusco) a Apurímac (Las Bambas). El ITS tiene un procedimiento de evaluación de tan solo 15 días hábiles que fue regulado el año 2013, mediante D.S. 054-2013-PCM.

El cambio de ubicación de las plantas de filtros y de molibdeno implicaba en la práctica un cambio en el medio de transporte de los concentrados, puesto que en adelante todo el procesamiento de los minerales se llevaría a cabo en la zona de Las Bambas. Sin embargo, el uso del mineroducto se mantenía en suspenso.

En marzo del 2014 se presentó la solicitud para la segunda modificatoria al EIA. Tenía como objetivo adicionar componentes auxiliares, actualizar el sistema de manejo de aguas y la información de línea de base ambiental y social e identificar los impactos que pudieran ocasionar los cambios planteados. En el documento presentado inicialmente no se hizo mención al cambio de modalidad del transporte de concentrados. Por el contrario, en el resumen ejecutivo se señala que “el acceso regular al área de la mina del Proyecto se mantiene igual al propuesto en el EIA”.

Como inicialmente no se planteó un cambio en la forma y ruta del transporte de concentrados, esto llevó a que en las opiniones técnicas, no se incluyera la opinión del Ministerio de Transportes y Comunicaciones, y que tampoco este tema estuviera incluido en el proceso de participación ciudadana.

EL PROCESO

Sin embargo, posteriormente, en la etapa de formulación de observaciones, la autoridad ambiental (para el caso, el Ministerio de Energía y Minas, MINEM) pidió al titular minero que le informe sobre los cambios que haría en la forma del de transporte. De ello se da cuenta en la R.D.559-2014-MEM-DGAAM, del 17 de noviembre de 2014, que aprueba la segunda modificatoria del EIA, donde se señala que “el titular deberá detallar los posibles cambios o actualizaciones de la información en general (como el transporte, el plan de manejo, puntos de monitoreo entre otros) de las otras áreas aprobadas”.

Ante ello, el titular minero presenta un escueto levantamiento de observaciones en setiembre de 2014, en donde indica la ruta del transporte y el número de camiones que utilizará sin dar mayor detalle.

La autoridad ambiental minera mantiene la observación, por lo que la empresa tuvo que presentar “Información Complementaria” en octubre de 2014, un mes antes de que se apruebe la segunda modificación del EIA. En ella se señala que el transporte de concentrado de molibdeno y cobre será bimodal: se realizará por camiones desde Las Bambas hacia la estación de transferencia de Pillones (por un tercero) y desde allí, por vía férrea hasta el puerto de Matarani.

Se precisa que queda postergada la construcción del mineroducto por un plazo indeterminado y que la ruta a utilizar es de acceso público; se indica que la flota de camiones consistirá “en 125 camiones cargados por día y 125 camiones retornando sin carga, además de más de 60 vehículos que abastecerán insumos”. Los camiones serán de 52,8 toneladas de peso bruto cada uno y 34 toneladas de carga. También se precisa que el transporte de concentrado lo realizará un tercero bajo la aprobación de su respectivo instrumento de gestión ambiental.

Pobladores Las Bambas

INFORMACIÓN FALSA

En la información complementaria se adjunta un estudio de tráfico, que consiste en solo fichas indicando el lugar del punto de control y su fotografía. En el informe se señala que el estimado del tránsito de la ruta del transporte minero, durante el día, sería de 310 camiones.

El dato está muy alejado de la realidad, ya que solo el tráfico vehicular declarado por la propia empresa es mayor a ello (125 camiones de transporte de concentrados y 60 de insumos, que de ida y vuelta suman 370). No se tuvo en cuenta el número habitual de otros vehículos que transitan por la vía y los que realizan transporte minero para otras empresas.

Una de las cosas que más llama la atención es que se adjunta un informe de modelamiento de la dispersión de contaminantes provenientes del transporte que considera únicamente las emisiones producidas desde el tubo de escape de los camiones, sin tomar en cuenta el material particulado que se produce por la tracción vehicular, es decir, por el paso de las llantas sobre la vía afirmada. Lo que constituye, precisamente, uno de los impactos más sentidos y denunciados por la población.

Además, en la Segunda Modificatoria del EIA se reduce el área de influencia social, excluyendo a las comunidades del área del mineroducto. Deja fuera además, a la población que se ubica a lo largo de la vía que sería usada para el transporte minero terrestre, la misma que en varios tramos coincide con la ruta del mineroducto. Es decir, desde la perspectiva de la empresa los impactos sobre la población del transporte minero por mineroducto sí son su responsabilidad, pero los impactos del transporte minero por carretera, no lo son.

RESPONSABILIDAD DEL MINEM

Como no se identifican el área de influencia de la vía del transporte minero ni la línea de base de ella, tampoco se identifican sus impactos ni se establecen medidas para evitar, mitigar o compensar los daños que ahora están ocurriendo a quienes viven cerca de la carretera, salvo la existencia de un plan de contingencia para accidentes. En consecuencia, tampoco se han establecido puntos de monitoreo para controlar el polvo, el ruido y la vibración.

Nos parece que todo lo ocurrido es irregular, pues un cambio tan importante como es el medio de transporte se viabilizó a partir de la formulación de una observación. El MINEM no debió permitirlo, es más, debió exigir un nuevo estudio.

No solo porque en este momento es difícil incorporar la información necesaria, sino también porque el procedimiento de evaluación ya se encontraba avanzado. Ya había pasado el momento de opiniones técnicas de los entes especializados o ministerios sectoriales como es el caso del Ministerio de Transportes y Comunicaciones, y también había pasado la etapa de información y participación ciudadana.

Cabe indicar que la inacción del Estado ante los impactos del polvo, vibración y ruido que sufren las poblaciones que viven a lo largo de la carretera refleja además, la incoherencia y vacíos en materia de fiscalización ambiental. Ni OEFA, ni el MTC controlan los impactos de la actividad del transporte minero de concentrados y suministros, ni han establecido a la fecha medidas correctivas para que la situación de contaminación se controle.

MANIOBRA

Frente al estallido del conflicto social en torno a los impactos de la carretera, lo que ha hecho el Gobierno Nacional es reclasificar el nivel de la vía a nacional y celebrar un convenio con las empresas mineras que usan esa carretera y los gobiernos locales y regionales de esas jurisdicciones, para asfaltar.

Evidentemente, esta es una solución ad hoc que no enfrenta la existencia de una regulación que diluye la responsabilidad sobre los impactos ambientales y permite una ineficiente evaluación y la fiscalización ambiental de la actividad minera en lo que respecta al transporte minero, resultando como gran perjudicada con ello, la población que vive en el entorno.

Un problema adicional es que parte de la vía se encuentra en tierras comunales que fueron entregadas en servidumbre para la fase de construcción a la empresa minera y que luego, se convirtió en vía de acceso público por decisión del gobierno local, sin que haya habido venta de esas tierras ni un proceso de expropiación.

Ello ocurrió con la Ruta 954. En relación a este caso, en su momento, la Defensoría del Pueblo se pronunció a favor de que se garantice el derecho de propiedad de las tierras de las comunidades afectadas. Esta situación no resuelta fue una de las causas que ocasionó el estallido del conflicto en octubre del 2016, el mismo que tuvo como saldo un muerto.

Por otro lado, se está entendiendo que al ser la carretera del transporte minero una vía pública, su asfaltado y mantenimiento le compete al Estado. Esto genera ciertas preguntas en relación a si es justo que el Estado se responsabilice de los impactos del transporte minero, que por sus dimensiones son significativos y permanentes, y causan estragos en la propia vía y en el entorno. En todo caso, consideramos que mínimamente este tema debería ser materia de debate público.

MÁS MODIFICACIONES

Recientemente, en el marco de la Tercera Modificatoria de EIA que ha solicitado Las Bambas, el Senace (Servicio Nacional de Certificación Ambiental) ha informado que se ha incluido aspectos relacionados al transporte de concentrados de mineral de la mina al puerto, incluyendo la evaluación de tales impactos y las medidas de control. Esto se ha realizado, nuevamente, a partir de una observación y no fue incluido en los Términos de Referencia iniciales del estudio.

Si bien es un avance que el problema haya sido advertido, su inclusión tardía en la evaluación de la tercera MEIA impide que la ciudadanía y los organismos competentes puedan pronunciarse al respecto. Además, aún no queda claro si ello va a implicar una modificación del Área de Influencia Social del proyecto.

FOCO DE CONFLICTO

Hasta el momento, el principal foco de conflicto en torno al megaproyecto Las Bambas ha tenido que ver con los impactos causados por la carretera, una vía por donde transitan al menos 370 vehículos diariamente generando incesante polvareda, vibraciones y ruido. Como vemos, un adecuado proceso de certificación y evaluación ambiental hubiera permitido prevenir las razones que se encuentran detrás de estos conflictos, pero al parecer primó –una vez más- la lógica de acelerar procesos y acortar trámites para “promover” la inversión.

 

Ana Leyva V.
Cooperacción

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Especial

Las mujeres palestinas pagan el precio más alto

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Las mujeres palestinas pagan el precio más alto

Durante años Estados Unidos fue el mayor donante de ayuda para los palestinos. Con los fondos para los programas de salud, educación y saneamiento repentinamente paralizados, las mujeres y las niñas son las más afectadas.

Cuando el esposo de Nawal tuvo que dejar de trabajar hace dos años debido a fuertes dolores de estómago, ella se convirtió en la proveedora principal de la familia. Nawal, quien pidió usar solo su nombre, vive con sus siete hijos en el campamento de refugiados de Dheisheh, cerca de Belén. Nawal solía ser elegible para los estipendios de la UNRWA que la ayudarían a cubrir los costos médicos de la familia, pero recientemente le dijeron que esa asistencia ya no está disponible.

Zahya Al Mubasher es una viuda que lucha contra el cáncer en Gaza. A los 61 años, sigue siendo la proveedora de 17 personas, hijos, nietos y hermanos. Se gana la vida cultivando tomates en un invernadero del patio trasero que fue financiado por USAID, una agencia del Gobierno de los Estados Unidos responsable de administrar ayuda civil y asistencia para el desarrollo.

Nawal y Zahya son solo dos de las miles de mujeres palestinas que se ven directamente afectadas por la decisión del gobierno de Trump de desfinanciar la ayuda a los palestinos. Más recientemente, la administración cerró la misión de USAID en Cisjordania y Gaza, mientras que recortó en 2018 más de 500 millones de dólares en fondos para proyectos palestinos. Los críticos dicen que es solo el último intento de chantajear a la Autoridad Palestina para que llegue a un acuerdo de paz con Israel.

Según Susan Markham, excoordinadora principal de USAID para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres: “cuando la sociedad o las instituciones comienzan a romperse por falta de inversión, las mujeres se sienten aún más agobiadas por las responsabilidades domésticas con las que tradicionalmente están asociadas. La gestión del tiempo entre las responsabilidades profesionales y el trabajo doméstico, agrega, se convierte en un desafío aún mayor. Es algo que no se mide a menudo, pero tiene un impacto real en la vida cotidiana de las mujeres”.

En las mujeres, los efectos de tal ruptura son dobles: los programas centrados en el género financiados por los EE.UU. ahora se han eliminado, reduciendo el número de iniciativas que se centran exclusivamente en la promoción de los derechos y las oportunidades para las mujeres, mientras que los proyectos más grandes relacionados con la infraestructura -como en salud y saneamiento- quedan sin terminar. Esto puede tener un impacto perjudicial en los roles de las mujeres y las niñas en la sociedad.

En los últimos años cientos de miles de dólares en ayuda de los Estados Unidos se destinaron a los programas de defensa de los derechos de las mujeres palestinas. Entre los beneficiarios de la ayuda se encuentra Kayan, una organización feminista que protege los derechos y promueve el estatus de la mujer palestina en Israel, que recibió una subvención del Gobierno de los Estados Unidos para un proyecto que se esfuerza por poner fin al acoso sexual en el lugar de trabajo.

En Cisjordania y Gaza, el proyecto de “Tribunales de mujeres”, financiado por Estados Unidos, tuvo como objetivo reducir la violencia de género en las comunidades palestinas mediante reformas legislativas y cambios de políticas.

Palestina es el único país en Medio Oriente y África del Norte que se ha adherido a la Convención de las Naciones Unidas sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) sin reservas ni declaraciones. Las mujeres palestinas se encuentran entre las más educadas de la región, y mientras más mujeres que hace 10 años ingresan a la fuerza laboral en la actualidad, las tasas siguen siendo más bajas en comparación con los promedios regionales, según un informe del Banco Mundial de 2017.

“USAID realmente se enfocó en ayudar a las mujeres [palestinas] a obtener poder económico”, dice Markham. Implicó programas que llevaban a las niñas a la escuela secundaria, financió pasantías y tutorías y ayudó a las mujeres a crear sus propias empresas, creando un ciclo positivo en el que las mujeres “eran valoradas por la comunidad como propietarias de empresas o trabajadoras capaces de llevar dinero a casa, a la familia”. Estos proyectos, dice ella, ayudaron a cambiar las actitudes de género en la sociedad palestina.

En las últimas dos décadas, los fondos de los Estados Unidos han ayudado a más de 200.000 mujeres en Cisjordania y Gaza a obtener una mejor educación a través de inversiones en renovaciones y capacitación escolar. Estas iniciativas ahora repentinamente se han detenido.

Uno de los casos más graves es una escuela en el área de Belén que solo alcanza el décimo grado, dice Sean Carroll, director de Anera, una de las organizaciones no gubernamentales más grandes que brinda asistencia humanitaria a los palestinos.

Anera había estado trabajando en la rehabilitación y ampliación de la escuela para ofrecer a los estudiantes una educación secundaria. “Si querías continuar tus estudios, tenías que irte a 30 millas de distancia. Muchos de los niños no lo hicieron, especialmente las niñas, por lo que efectivamente la educación de las niñas en esa ciudad se detenía en el 10º grado”, explica.

El hecho de mantener a las niñas en la escuela es también una de las formas más efectivas de evitar el matrimonio infantil y sigue siendo un problema importante en Palestina, según una declaración conjunta del Centro de Mujeres para Asistencia Legal y Asesoría (WCLAC) y Human Rights Watch del pasado julio.

Según los datos publicados por la Oficina Central de Estadísticas de Palestina en 2016, el matrimonio infantil alcanzó el 20,5 por ciento entre las mujeres y el uno por ciento entre los hombres de la población total casada en Palestina.

Las mujeres palestinas pagan el precio más alto

Un factor importante que desalienta a las niñas a asistir a la escuela es la falta de acceso a instalaciones sanitarias adecuadas durante la menstruación, con carencia de agua e higiene adecuada. Por lo tanto, es probable que el abandono de inversiones en infraestructuras de agua, que conectan hogares con redes de agua limpia y alcantarillado, afecte desfavorablemente a mujeres y niñas.

Además, la escasez de agua agrega presión a las mujeres, que a menudo se encargan de las tareas domésticas, incluida la cocina y la limpieza, así como el cuidado de los niños que contraen enfermedades transmitidas por el agua.

En áreas que no están conectadas a las redes de agua, las mujeres y las niñas suelen ser responsables de encontrar y recolectar agua para sus familias, lo que puede impedirles asistir a la escuela o participar en trabajos remunerados, según EWASH, un grupo de más de 30 organizaciones que trabajan en el tema del agua, saneamiento e higiene en los territorios ocupados.

“La mayor cantidad de fondos de nuestro proyecto de USAID en los últimos 10 años ha estado en agua e higiene”, dice Carroll, “y con los recortes en este momento, sabemos que 57.000 palestinos no tendrán acceso a agua segura [a través de un proyecto] que fue planeado y se habría implementado para fines de año”.

El Gobierno de Israel sobre los palestinos restringe la entrada de bienes a los territorios ocupados, incluidos los medicamentos y el equipo médico. Como resultado, los servicios de salud que salvan vidas, como el tratamiento del cáncer y los cuidados intensivos neonatales, no están disponibles en Cisjordania y Gaza.

Muchos pacientes palestinos viajan a Jerusalén Este para recibir atención en uno de los seis hospitales que conforman la Red de Hospitales de Jerusalén Este. En setiembre pasado, la administración de Trump retiró 25 millones de dólares que había planeado entregar a la Red.

Según Bassem Abu Libdeh , director del Hospital Al Makassed, los fondos de los Estados Unidos solían cubrir el 40 por ciento de los costos para los seis hospitales. Junto con el recorte de la ayuda a la UNRWA en setiembre pasado -que representó un recorte presupuestario del 30 por ciento a la agencia de las Naciones Unidas encargada de brindar servicios a millones de refugiados palestinos en el Medio Oriente- muchos palestinos ya no pueden pagar la atención que necesitan.

Para las mujeres esto significa un acceso limitado al tratamiento del cáncer de mama o la atención para los embarazos de alto riesgo disponibles predominantemente en estos hospitales del este de Jerusalén.

Esta escasez de fondos ha socavado aún más el funcionamiento de las clínicas móviles, operadas por un grupo de ONG palestinas e internacionales bajo el nombre de Health Cluster, que brinda servicios de salud a más de 220.000 palestinos en Cisjordania.

Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios en los territorios ocupados, “las personas más vulnerables en estas comunidades son las mujeres durante el embarazo y el parto; niños y bebés enfermos; los ancianos y los enfermos crónicos o discapacitados”. Esto no solo tiene un efecto directo en los programas de salud para las mujeres, sino que también agrega presión a las mujeres que generalmente actúan como cuidadoras en la familia, como Nawal.

Según el Banco Mundial, la ocupación de Israel limita severamente la economía palestina. Las restricciones al movimiento de bienes y personas, la apropiación de tierras y el bloqueo de Gaza, entre otras cosas, ahogan el éxito de las políticas económicas establecidas por la Autoridad Palestina.

Como resultado, los donantes internacionales desempeñan un papel destacado en la implementación de reformas y la prestación de servicios en Palestina, Tanto las entidades gubernamentales como las organizaciones de la sociedad civil dependen en gran medida de la ayuda externa para operar.

“La economía nacional palestina no puede sostenerse a sí misma como resultado de la ocupación y sus políticas”, dice el doctor Sahar Qawasmi, quien fue elegido como miembro del Consejo Legislativo Palestino en 2006 y forma parte de la junta directiva de WCLAC. “Cuando una mujer es sometida a violencia, se le niegan las oportunidades económicas, y la agencia política afecta significativamente a las generaciones futuras”.

 

HENRIETTE CHACAR – 972mag

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Actualidad

Los carnavales en Lima y José Carlos Mariátegui

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Los carnavales en Lima y José Carlos Mariátegui

Lima es una ciudad donde todo acto público sirve para destacar la distinción social de quienes lo practican. Fue común en el siglo XIX e inicios del siglo XX, que las clases sociales mantengan ciertas distancias “invisibles” cuando celebraran en el espacio público. Como en la política y en las elecciones, el juego del carnaval, sirvió también para representar y resaltar el origen y la ubicación social del individuo.

En callejones y zonas populares, el carnaval era veraniego, se jugó con agua o algo de agresividad. En las mansiones, por el contrario, se guardó la elegancia de una clase social postiza. En 1928, José Carlos Mariátegui escribió que “El carnaval es, probablemente una fiesta en decadencia”.

Los carnavales siempre fueron una fiesta popular, ya en 1840, Manuel Atanacio Fuentes los había catalogado como un juego violento. Esa característica no cambió con el siglo XX. En los barrios populares, esquinas, callejones y solares, los transeúntes eran capturados por grupos de “carnavaleros” quienes los echaban en las acequias o tinas.

Además, se atacaba los carros de los tranvías que recorrían la ciudad. Inclusive, la clase aristocrática-oligárquica acostumbró jugar con agua y tinas en sus casas, entre guerritas de agua los jóvenes enamoraban a las niñas, terminando en un almuerzo donde las jóvenes parejas gozaban de la aceptación de los padres.

Los carnavales en Lima y José Carlos Mariátegui

Pero, como sostiene Mariátegui:

“La fiesta se aburguesó a costa de su carácter. Lo que no es popular no tiene estilo. La burguesía carece de imaginación creadora; la clase media -que no es propiamente una clase sino una zona de transición- mucho más. Entre nosotros, sin cuidarse de la estación ni la latitud, reemplazaron el carnaval criollo un poco brutal y grosero, pero espontáneo, instintivo, veraniego por un carnaval extranjero, invernal, para gente acatarrada”.

La nueva y joven burguesía prefirió los bailes, salones y vestidos de gala y trajes de etiqueta, demostrando una vez más a través de un acto de todos, su calidad, occidentalización, estilo de vida y poder adquisitivo. A pesar que los carnavales coinciden con los meses de verano, se vistió como en los salones europeos.

Por ello, Mariátegui indicó que:

“El carnaval limeño era también limeño, mulato, jaranero; pero no podía subsistir en una época de desarrollo urbano e industrial. En esta época tenía que imponerse el gusto europeizante y modernista de los nuevos ricos, de la clase media, de categorías sociales, en suma, que no podían dejar de avergonzarse de los gustos populares. La ciudad aristocrática podía tolerar, señorialmente, durante el carnaval, la ley del suburbio; la ciudad burguesa, aunque parezca paradójico, debía forzosamente atacar, en pleno proceso de democratización, este privilegio de la plebe”.

Así, en pleno verano limeño, para ser un “carnavalero” elegante se tenía que vestir con trajes elegantes. Por el contrario, la chusma o la plebe jugaría sus carnavales en forma violenta –casi “primitiva o salvaje”- entre grandes chorros de agua para combatir las altas temperaturas.

En su novela Vive y Padece el amor bajo el cielo de Lima, la escritora Mercedes Holguín, señaló que:

“Desde quince días atrás, las tiendas, almacenes, mercado y cuanto negocio de la calle existía, mostraba en sus escaparates toda la mercancía carnavalesca: disfraces, máscaras, antifaces, globos, chisguetes, papel picado, polos de colores, y cuanto elemento podía despertar y estimular la afición a los jugadores”.

Es decir, la costumbre del carnaval, también generó una producción y comercio de los productos utilizados durante su juego. Una actividad económica que movió el interés de los comerciantes.

 

AUGUSTO LOSTAUNAU MOSCOL

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Entrevista

Frontera Azul es un viaje que queremos regalarle a la gente

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El filme está narrado en dialecto esquimal yupik de Alaska.

Dicen que el mar tiene un poder sanador, y Jorge Carmona del Solar hoy lo sabe bien. Es una de las conclusiones inevitables luego de convivir durante siete años con este proyecto que al fin está listo para ver la luz. En Frontera Azul, filmada en Alaska, Namibia, Indonesia, Tahití y el norte del Perú, Carmona y Köster nos llevan a reencontrarnos con nuestra condición humana y con el planeta que nos acoge.

Jorge Carmona del Solar

—¿Cómo así se plantean hacer una película como Frontera Azul, filmada en escenarios remotos y en distintos idiomas?

—Nace a partir de la iniciativa de Jonathan Gubbins, que nos buscó a Tito Köster y a mí para realizar un proyecto relacionado al surf, y concluimos en esta película que muestra las cuatro mejores olas del mundo y a partir de ello contamos historias desde distintos lugares, lejanos entre sí y con distintos idiomas, pero con la misma fibra y con tantas cosas en común.

—¿Cómo deciden incluir Alaska entre las locaciones?

—Lo que pasa es que a Alaska la sentíamos como el origen del mar, al estar tan cerca del polo norte. En consecuencia, también la entendimos como el origen de estas historias y es por eso también que la narración omnipresente en la película está realizada en dialecto esquimal yupik.

—¿En la película hay una historia universal o un retrato de la condición humana, de pérdidas, búsquedas y reencuentros? ¿Qué aprendizaje te deja esta experiencia?

—Después de pasar por todo este proceso principalmente me confirma de que no importa dónde vivamos, ni qué idioma hablemos, todos tenemos los mismos sentimientos, las mismas angustias, y compartimos este mismo viaje llamado vida.

—¿Cuán complicado fue armar los equipos de trabajo en los lugares de rodaje?

—En realidad fue menos complicado de lo que parece, pues todo lo íbamos armando desde acá. Luego viajamos cuatro o cinco personas, contactamos al equipo local y luego trabajamos a distancia. No fue complicado porque trabajamos con gente que hablaba el mismo idioma de la producción. Luego, cuando había que rodar, viajábamos solo cinco o seis días antes porque todo ya estaba trabajado previamente.

Jonathan Gubbins, surfista nacional, es protagonista y también productor de la película.

Jonathan Gubbins, surfista nacional, es protagonista y también productor de la película.

—Hay algo que llama la atención sobre Frontera Azul, y es el tiempo que demandó la película. ¿Sientes que hay una coincidencia con el espíritu del protagonista, Jonathan Gubbins, que es un surfista que no compite?

—No me había puesto a pensar en ello pero sí, Jonathan es un ‘free surfer’ y nosotros también nos manejamos con un espíritu de libertad absoluto. Esta es una película autofinanciada y eso contribuye definitivamente a la libertad que hemos podido tener. Solo dimos por concluida la película cuando realmente sentimos que realmente estaba lista.

—¿En algún momento sintieron que se caía el proyecto?

—En realidad no, siempre ha sido un proyecto súper motivador. Claro que hemos tenido que lidiar bastante con nuestra propia impaciencia, pero siempre seguros de que lo íbamos a concluir. Ha sido una experiencia maravillosa y un aprendizaje único, pero nunca dudamos. Eso ha sido muy importante para poder concretar el proyecto.

—Frontera Azul es en cierto modo la antítesis de ese tipo de películas ultra comerciales en el sentido de producciones realizadas en poco tiempo y apelando a clichés vendedores…

—Yo respeto absolutamente el trabajo de mis colegas, creo que cada uno plantea lo que le nace hacer. Nosotros decidimos orientar la película hacia este camino de libertad, de plantear lo que teníamos dentro y tomándonos el tiempo necesario para hacerlo. Esta película no nació para ser comercial, sino para tener un punto de vista y plantear este mensaje de la condición humana, que es la misma en todos lados, y nuestra relación con la naturaleza y el mar, que es tan sanador y que debemos cuidar.

—Decías en alguna entrevista que el cine es una expresión de la libertad. ¿Cómo se hace para ser libre y a la vez seguir siendo sostenible?

—Es complicado. Yo sería la persona más feliz de poder hacer proyectos como este sin tener esa carga de la recuperación del capital invertido, pero está claro que también hay que vivir. Ahora, nosotros hacemos otros trabajos que generan ingresos y dan soporte a este proyecto. Porque en nuestro caso esta libertad está amarrada al sacrificio de tener que gestionar recursos económicos por otro lado.

—En general, ¿sientes que esta película sigue un camino de propuestas independientes en el cine nacional o más bien lo inicia?

—Creo que hay realizadores que están planteando un cine diferente. En nuestro caso, esta vez nos hemos inclinado hacia el cine de autor, pero tampoco le corro al cine comercial. Obviamente uno tiene mucho más libertad haciendo cine de autor, pero creo que ambos cines son necesarios para que exista una industria y que la gente pueda tener alternativas para elegir.

—Compartiste la dirección con Tito Köster. ¿Cómo es dirigir entre dos?

—A Tito lo conozco hace mucho, y nos hemos llevado bastante bien. Tito enfocado más en la dirección de arte y yo en la de fotografía. Hubo mucha comunicación para la dirección general y creo que ahí está la clave para un trabajo armonioso. Nosotros hemos sido siempre bastante sinceros, cuando algo no gustaba lo decíamos y no había problema en corregir.

—¿Cuál es la diferencia más importante entre esta película y tus otros trabajos en cine?

—Creo que el haber podido rodar en escenarios tan espectaculares. La gran diferencia que encuentro es esa posibilidad de viajar y conocer gente tan maravillosa, aunque igual cada película es una experiencia única y todos los proyectos tienen sus encantos particulares.

—¿Qué tendría que saber el espectador antes de ir a ver Frontera Azul?

—Lo primero que les diría es que borren el disco duro mental un ratito, que se relajen y vayan a conectarse de este viaje que les propone la película. Frontera Azul es un viaje motivacional que queremos compartir con el espectador, donde van a conocer historias que son parte de la historia de todos.

 

JOSÉ ALFREDO MADUEÑO

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