Y se les cayó la cortina

Y si pensábamos que el 2014 fue malo en casos de escándalos que siempre nuestra clase política está dispuesta a regalarnos, tal parece que el 2015 será mucho peor. ¡Que si es un prófugo! ¡Que si pidió asilo! ¡Que si solicitó refugio en Bolivia! ¡Que ya lo van a traer! ¡Que se escapó por la frontera! ¡Que el Ramos Heredia se pasó de boca floja! En fin. Qué no se ha dicho en estos últimos días de la situación legal de Martín Belaunde Lossio. Recordemos un poco. ¿No que el ministro Daniel Urresti no dormía porque vivía obsesionado con él? ¿No que lo estaban buscando por cielo mar y tierra? ¿No quería hasta “cogerlo”? ¿No que el presidente Ollanta Humala había dictado las medidas para capturarlo? ¿Qué pasó aquí entonces? ¿Quién miente ahora? En principio no se puede negar que el gobierno nos ha vendido gato por liebre. Tampoco se puede negar que mientras todos estábamos entretenidos con los audios que la exprocuradora Yeni Vilcatoma dosificaba a la prensa sobre la presunta interferencia del ministro Daniel Figallo en este caso, aparentemente otra era la realidad. ¡Pantomima en su máxima expresión! Nadie lo buscó. ¿Hasta cuándo pensaban el presidente Humala y sus ministros edecanes que podían mentirnos con este caso? El mismo cuento que nos pintaron en la época de Fujimori. El ciudadano japonés, hoy preso en la Diroes, fingía buscar a su ex asesor presidencial tras el escándalo de los Vladivideos. Luego de la caída del régimen fujimorista y ya en el gobierno de Alejandro Toledo, Montesinos fugó a Venezuela en el velero Karisma precisamente el mismo día en que nuestro hoy presidente Ollanta Humala junto a su reo hermano Antauro se levantaban en Locumba.

El fiscal de la Nación Carlos Ramos Heredia fue el encargado de lanzar la piedra el martes pasado 30 de diciembre, día en que el Consejo Nacional de la Magistratura CNM lo separó del cargo por los procesos que tiene abierto en el caso Ancash. Ramos, tras la decisión del CNM, soltó la bomba de fin de año cuando advirtió que el gobierno ya sabía hace 48 horas del paradero de Belaunde Lossio. El ministro del Interior Daniel Urresti, suelto de huesos, en conferencia de prensa linchaba mediáticamente a Ramos Heredia por soltar la primicia y evitar así la captura del siglo. Nada más falso. Belaunde estaba desde el 15 de diciembre en Bolivia. Se acercó a la Cancillería a solicitar el beneficio humanitario de refugiado. ¿Estuvo debajo de las piedras? ¿Fue de incógnito? ¿Se hizo pasar por otro? Nada de eso. Dejó hasta dirección del hotel en donde se hospedaba. Aquí por supuesto la figura era otra. O mejor dicho el discurso era otro. Sí ya se tenía pleno conocimiento del paradero de Martín Belaunde, ¿por qué el gobierno no lo dio a conocer? Por qué se nos seguía diciendo que todos estaban alerta ante cualquier información. ¿A qué le teme el gobierno? Recuerdo las palabras de Belaunde Lossio difundidas en un medio televisivo donde advertía contar la verdad sobre sus presuntos vínculos con aquellos que lo habían negado “como Pedro negó a Jesús”, entre ellos congresistas, ministros, empresarios y hasta la propia pareja presidencial.

¿Qué le conviene más a la gestión de Ollanta Humala? Tener por lo que resta de su gobierno a un prófugo empresario vinculado a presuntos actos de corrupción y vendernos el cuento que los están buscando y así entretenernos para no mirar todas las falencias que tiene su mandato como los paquetazos económicos y las repercusiones que trajo consigo la cuestionada “Ley Pulpín”? ¿Qué le conviene más al ministro Daniel Urresti? ¿Seguir realizando operativos, salir en conferencia de prensa anunciando las medidas que se ha dictado para detener a Belaunde y así nos descuidamos un poco de lo que está ocurriendo en el país con la terrible inseguridad ciudadana? Por qué no habla con tanto énfasis sobre los policías que lamentablemente han muerto a manos de delincuentes. O por qué no se pregunta cómo en la feroz balacera ocurrida en Santa Beatriz, un sujeto al mismo estilo de “Dyango” contaba hasta con armas de guerra. Por qué Urresti no dice lo mismo de todos los actos delictivos ocurridos en los últimos días que han cobrado la vida de inocentes y que echan por tierra su sacrificada y abnegada gestión como encargado de la seguridad interna del país ¡Qué mezquinos que somos!. Con esto no pretendo decir que el caso Martín Belaunde no sea importante, tampoco quiero decir que es inocente o culpable, finalmente si está o no vinculado al caso “La Centralita” eso lo decidirá únicamente la justicia, pero de que todos se han subido a este coche para hacer un verdadero cargamontón y escarnio de él y jalar agua para su molino y anotarse unos puntos como los héroes que luchan contra de la corrupción, eso a mi criterio es innegable. Alan García cuestionado por su primer y segundo gobierno y Keiko Fujimori recordada no por su excelente paso por el Congreso sino por ser la hija del primer presidente preso sentenciado por violar los derechos humanos, ambos se han llenado la boca hablando de este caso. Aquellos que fueron acusados de corruptos ahora levantan la voz para sentenciar a los demás. Cosas que ocurren en nuestro país. Bien se dice que la vaca no se acuerda cuando fue ternera. Juzgue usted.

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