Una simple opinión

Tal como reza el epígrafe, nos permitimos lanzar una opinión sencilla, relacionada con nuestra selección nacional de fútbol, muy alejada del novísimo periodismo ligado a internet o terriblemente especulativo que llega al colmo de invadir el subconsciente de los protagonistas. No pretendemos leerle la cartilla al comando técnico, único conocedor real y planificador válido del futuro trance del 5 de Octubre.

Para nadie es un misterio que jugar frente al equipo argentino plagado de estrellas, no es como deglutir una perita en dulce o una papayita. El encuentro es sumamente duro y riesgoso, desde antes de ingresar a la cancha, razón suficiente para asegurar todos los recaudos posibles en pro de un buen resultado.

En efecto, obviando las condiciones de la concentración en Buenos Aires, alimentación controlada, descanso necesario y seguridad, etc., creemos que ante tan decisiva prueba, no podemos ser triunfalistas y menos confiados en un juego paritario. Debemos dar prioridad a evitar primero, que nos hagan daño; y en segundo término, estar atentos a las oportunidades de agredirlos. Hablando en jerga pelotera, diremos que “ratonear” no es mala práctica en casos como este, y salir a robarles el queso en la más pequeña oportunidad que se presente.

Pensamos en jugar con dos “6”: Tapia – Aquino o Tapia – Cartagena. Adelante con dos puntas: Guerrero – Ruidíaz, para evitar que la zaga contraria se vuelque en nuestro campo. El sacrificado a la banca sería “Orejitas” Flores, quien pese a sus goles providenciales es menos jugador que la “Pulga” del Morelia. Por otro lado, es cierto que Messi es un problema enorme; pero además de estar atentos a sus desplazamientos hábiles y veloces, tenemos que evitar que sus compañeros le entreguen la pelota.

Lo dicho anteriormente es simplemente el pensamiento aficionado y mini estratégico, basado solo en el deseo peruano de ir a Rusia 2018 y no de manera alguna, jugar a la sabiduría futbolística, tan variada y dispersa por tener sus cánones en la mente de cada uno de los aficionados.

Tal vez la mejor opinión que pueda emitirse en las actuales circunstancias, es recordar las últimas palabras de Ludovico Pío dichas a sus hijos en su lecho de muerte: “Ecuanimitas” (Ecuanimidad).

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