Una mujer contra las sombras

Alberto Fujimori - Pilar Tello

Un día del espantable Perú de los 90,  la vereda de la  casa de María del Pilar Tello se convirtió en la playa de una docena de vehículos policiales y el objetivo fotográfico de puñados de periodistas mermeleros a quienes se les había comisionado para no dejar en paz, mañana, tarde y noche, a la escritora.

A la mañana siguiente, 15 de Junio de 1997, “Expreso”, el papel a sueldo del régimen de entonces publicó una primera página con el título de “Los descubrimos”. Los carros de los peruanos que se reunían en la casa así como sus rostros, sus nombres y hasta la moto que había traído las pizzas aparecían allí con la acusación de que  Tello y sus amigos estaban preparando un supuesto complot contra el régimen.

Se trataba en efecto de una reunión de personas de orígenes políticos diversos que buscaban una salida democrática a un régimen que se había tornado inconstitucional e interminable.

Bajo el pretexto de luchar contra la subversión, el gobierno y las fuerzas armadas habían asumido poderes que los colocaban por encima de la ley y, de otro lado, el sistema judicial estaba intervenido. En esas condiciones, centenares de personas habían pasado bajo el escrutinio de los jueces sin nombre. Su juicio penal no había durado más de una hora.

Como es sabido ahora y cada día se comprueba aún más, aparte de los insurrectos, miles de personas  que no tenían nada que ver en el conflicto sufrieron ese trato. Centenares murieron víctimas de la tortura. Los juicios penales veloces carecían del debido proceso. Por fin, culpables e inocentes fueron a parar en cárceles en las que estaban condenados a pasar largos años en la misma situación de un enterrado vivo.

Era de verdad como la autora lo califica un “imperio de sombras”. Un juicio sumario y algunos jueces enmascarados podían hallar en minutos todas las pruebas para fabricar una conspiración “terrorista” contra el Estado.

Como ella misma lo señala: “En el reino de la acusación sin pruebas que fue la década fujimorista, de la revelación oficial, de la propaganda uniforme, quedaba poco espacio para la disidencia democrática siempre sospechosa de conspiración. Contados periodistas ponían el pecho y la pluma día a día.

Todo esto lo sabía María del Pilar Tello y, sin embargo, se arriesgaba. Escritora y periodista así como profesora universitaria, esta mujer admirable había logrado reunir a un grupo de gente de los más diferentes sectores políticos a los cuales les había dicho que debían posponer las disputas y pensar primero en el camino de retorno a la democracia.

Acaba de publicar “Alberto Fujimori, el emperador de las sombras”. La autora declara en este libro su intención de escribir un reportaje acerca de esos diez años nefastos que además le da nombre a este libro que será presentado en noviembre.

Señala que, en circunstancias como las de entonces, era imposible ser neutral o imparcial. Se tenía que asumir la oposición y militar en ella.

¿Termina la perversidad al finalizar la dictadura? En Alemania, se desarrolló durante décadas un proceso de desnazificación. En países con tan distinto signo ideológico como Chile, Guatemala y Argentina, los antiguos torturadores — algunos octogenarios— van a la cárcel. En el Perú, el terrorista de estado Fujimori recibe un trato diferente, y cada vez se endurece más el tratamiento contra los presos de la guerra interna, algunos de los cuales se han pasado la mayor parte del tiempo en régimen de calabozo. ¿Es necesaria tanta crueldad?

Fujimori fue y será un terrorista. Con el Congreso y los jueces a sus pies, con el satánico apoyo del Cardenal Cipriani y con periodicuchos de calatas pagados con nuestro dinero, manejó los controles del pánico y formó en el pueblo una mentalidad propicia a aceptar el infierno.

Repito que María del Pilar Tello se arriesga ahora tanto como lo hizo en los días de la dictadura. Eso es lo que ayer, hoy y mañana se llama valentía intelectual.