Una avalancha de felicidad

Es como si una avalancha de felicidad hubiese llegado de pronto, cambiando por completo cada rostro, e insistente, esta felicidad recorre los poros. Se siente. Se siente en las manos; están ligeras, en las miradas, en sus compañeros de casa –sus mascotas- , en sus sonrisas. Yo no sé. Algo importante ha sucedido. No puedo evitar sentirme emocionada, y no porque algo que se esperaba desde hace muchos años y por fin, como una tormenta llena de luz llegó. Nunca me ha gustado el fútbol ni un poquito. Jamás le he encontrado sentido alguno, pero dentro de todo lo que a uno le disgusta también se encuentra algo bueno. Por ejemplo; el día del partido de la semana pasada, mi madre me llamó, me preguntó si iría a la universidad, le dije que no. Entonces vienes a casa, me dijo. ¿Qué quieres comer?, preguntó. Podríamos comer pizza, le dije. Era increíble, que un acontecimiento así, un simple jueguito de balón pudiera unirme con mi madre; con mi familia. Salí del trabajo y me dirigí a casa. Todos nos sentamos, comimos pizza y bebimos café. No hablamos mucho, yo veía a mis padres emocionados, esperando ese alucinante “GOL”. Mi madre confiaba en que Perú ganaría. Pocas veces noto esa emoción en ella, como si algo de pronto ocupara su cuerpo entero y recae en sus ánimos. La selección peruana no ganó ese día. Sin embargo, la fe de muchos estuvo a flor de piel. Todos, asegurando que nos iríamos al mundial. Y así es. Hoy desperté. ¡Y así es! ¡Perú se va al mundial! Debo confesar, que no esperé tal resultado, de tantos innumerables intentos fallidos, ¿por fin? Es difícil de digerir. Pero hoy desperté, y aún muchos vestían su camiseta y las sonrisas transitaban, lejos de las preocupaciones que nos sumerge la cotidianidad, olvidando por un segundo, las injusticias y los diversos males. Como quien merece un descanso ya de tanto pesar. No disfruto el fútbol, pero gozo como una niña la felicidad de la gente. El descanso de lo que tanto esperaban. Ya demostramos que se puede disfrutar una victoria, demostremos pues también, que podemos luchar por todas aquellas quejas diarias que opacan nuestra luz. Hagamos de nuestros días, una especie de “hoy nos vamos al mundial”.