Un oso berlinés para los Andes

Escenas de la pelÍcula Retablo.

El año 2016, el film peruano El Soñador (2016), de Adrián Saba, participó dignamente en el Festival Internacional de Cine de Berlín, Alemania. En aquél 66° Berlinale, Europa y el mundo conocieron otros esfuerzos del cine peruano, un cine nacional en ciernes.

Dos años después, otro filme peruano de primer nivel, Retablo (2017) del joven Álvaro Delgado-Aparicio, se presenta al 68° Berlinale. Una película de la que definitivamente, vale la pena hablar si de cine andino, cine peruano y cine nacional se trata.

Como largometraje, es la opera prima de Álvaro. Pero no su primera obra, ya hizo el cortometraje El acompañante el 2012, con el cual pasó por el Festival de Sundance. Y para Retablo, el guión es del propio Delgado-Aparicio y de Héctor Gálvez, el director de Paraíso (2009). Una obra y un director que revisamos en esta sección la semana pasada.

A ambos les tomó tres años elaborar el guión, lo cual demuestra lo importante de este recurso cinematográfico. Y tras un año de rodaje, el resultado en una obra excepcionalmente moderna, no tan controversial como algunos esperan, pero logradísima finalmente.

No es, precisamente, un film sobre la filiación doméstica, ni sobre las relaciones paterno-filiales. Es más bien sobre la herencia cultural, y eso nos lleva a un tema antiguo, pero aun difícil de tratar de manera académica, el del cine andino. ¿Existió alguna vez? Retablo trata no solo del autodescubrimiento individual, sino, sobre todo, del autodescubrimiento en el mundo andino.

Escenas de la pelÍcula Retablo.

Porque, veamos. Noel Páucar (excepcional y experimentado Amiel Cayo) es un maestro retablista, y ayacuchano para más señas. Importante elemento identitario. La transmite sus conocimientos artísticos y culturales a su hijo, Segundo (debutante Junio Béjar). Al lado, la madre que no podía ser representada sino por Magaly Solier (siempre en caja, como arquetipo de mucho más que la mujer andina). Y en el medio, las opciones individuales, las identidades no solo culturales sino privadas, las opciones y escogencias -como dicen los mexicanos- en un espacio tan férreamente estructurado y conservador como los Andes.

Para más compromiso, la película está hablada casi totalmente en quechua. Por lo que debe ser vista, obligatoriamente, con los subtítulos apropiados.

Es un ejemplo, en estos tiempos de compromisos sociales por los derechos individuales, de diversidad y de corrección política consciente, un ejemplo de necesario aggiornamiento -utilizando un término gramsciano- del viejo cine andino quechua, que nunca pudo convertirse en nuestro cine nacional por razones cinematográficas y extra-cinematográficas.

Retablo es a distancias cortas un tema tópico, pero esta vez con un tratamiento y una narrativa mucho más originales. Y necesarias. Y obligatorias. Mucho más que un canto a los vínculos familiares, que tampoco entran en crisis en la película. Es el respeto final a las identidades y al individuo lo que hizo, con toda seguridad, que ganara el premio a Mejor película peruana en el Festival de Cine de Lima en agosto del 2017.

Y tras ganar, además, en Noruega, Estados Unidos e Italia, se presenta como única obra peruana al lado de otros 12 países en el 68° Berlinale, entre el 15 y el 25 de febrero. Será, además, la tercera vez que nuestra Magaly Solier se presenta en Berlín, tras competir con la siempre vigente La Teta asustada (2009) y la poco apreciada Amador (2011).

Será otro éxito más, tan necesario para una cinematografía tan longeva como la nuestra, pero que aún no logra convertirse -como dijimos hace dos semanas- cine nacional, tan necesario en estos tiempos de afirmaciones nacionales en el mundo.