Un maestro bien remunerado garantiza un alumno con futuro

Huelga marcha protesas de maestros profesores SUTEP

Al momento de escribir estas líneas aún no conozco el desenlace final del diálogo de la Ministra con el magisterio. Más allá de los puntos del pliego magisterial que se resuelvan, el contundente movimiento que sorprendió a tirios y troyanos ha conseguido varias cosas muy importantes:

Colocar a la educación en el centro de la agenda nacional. Gracias a la huelga se habla de educación en los medios de comunicación y en las calles. Alrededor de ella se han visto implicados tanto el Poder Ejecutivo como el Congreso. Hay compromisos asumidos respecto al presupuesto, la modificatoria de algunas normas, la formación docente, la recuperación de clases.

Mostrar que el tema maestro es el nudo gordiano de la calidad de la educación pública. Un letrero significativo: “Un maestro bien remunerado, un alumna con futuro” lo expresa con meridiana claridad. No hay calidad educativa con un maestro barato. La calidad de la educación pública está siendo planteada por los propios maestros que exigen no solo el incremento de sus salarios sino del presupuesto educativo, y reclaman también por asuntos como la alimentación escolar.

Evidenciar los serios límites de un enfoque y manejo tecnocrático del cambio educativo. El movimiento magisterial ha hecho evidente que el diálogo y la participación son imprescindibles y que las agendas técnicas programadas en la tranquilidad de los escritorios no funcionan si ignoran a los actores claves del cambio. En adelante queda el desafío de establecer un espacio de diálogo permanente e institucionalizado para monitorear los acuerdos y compromisos recíprocos y para posibilitar la participación del magisterio en la discusión de las políticas.

Dejar muy claro que la revaloración docente es mucho más que una ley de carrera. Incluye la formación docente (donde el Estado tiene una deuda con los maestros), la reducción del número de maestros contratados, la promoción social y el respeto irrestricto a la dignidad profesional del docente. “Mi nombre es maestro, mi apellido es dignidad” rezaba otro cartel. Estigmatizar a un maestro resulta hoy absurdamente contradictorio a hablar de revaloración docente

Hacer visibles a las regiones, su problemática, su gente y sus aspiraciones. Miles de maestros venidos de lugares diversos y lejanos inundando las calles de Lima con su música y costumbres nos recuerdan que nuestra educación es todavía presa de un fuerte centralismo y de esquemas excesivamente parametrados.

Se abren condiciones para la concreción de un gran pacto social y ciudadano por la educación pública, que la saque definitivamente de su postración.