Un libro alza vuelo

El sábado 7 de este mes ocurrió la primera presentación en sociedad de la edición peruana de Historia de la Revolución Rusa, el libro que León Trotsky escribió apenas librado del fuego de la guerra que el recién nacido ejército rojo por él creado libraba contra la intervención extranjera y recién arrojado al exilio por José Stalin.

Ese libro monumental, lanzado en edición de 826 páginas muy bien presentadas por Sinco editores, es testimonio y testamento de una época. No pude yo acudir a la presentación inaugural, pero un asistente me la describió así: “Fue multitudinaria. Me hizo recordar a los actos de la izquierda en los años setenta”.

También me explicó el compañero que Hugo Blanco intervino para atacar a la extinta Unión Soviética, y que entre los trotskistas asistentes se entabló una polémica. Esos señores se olvidaron de que el libro era la historia de una gran revolución, y no la crónica de rencillas entre grupúsculos.

Digamos que durante mucho tiempo, el antisovietismo fue bandera de combate de trotskistas y maoístas. Algunos de estos últimos hasta aceptaron subvenciones de la Fundación Konrad Adenauer, de la extrema derecha alemana.

Pero lo importante es el libro de Trotsky, que encierra crónica, teoría, interpretación y galas de cultura y estilo. Por eso, y para invitar a la segunda presentación del volumen, que será el 7 de noviembre (el día del centenario) en la Casa Museo José Carlos Mariátegui, transcribo dos breves párrafos del prólogo que escribí para esta edición:

“El libro que ahora presentamos fue valorado por Jorge Basadre, en sus Conversaciones con Pablo Macera, en estos términos: “ese libro que a mí me parece uno de los más grandes libros del siglo XX que se llama Historia de la Revolución Rusa”.

“Aparte del valor intrínseco de este libro como crónica minuciosa y reflexión teórica, en sus páginas palpita, a la luz de documentos, memorias, diarios de campaña, un hecho vital: el respeto que Lenin tenía por las bases, al punto que en vísperas de la revolución declaraba que las masas estaban más a la izquierda que el partido bolchevique. Debo precisar que esas masas, en especial el partido por él creado, habían sido educadas por el propio Lenin, en incansables trabajos sobre la teoría y la historia del socialismo. Los 60 mil obreros de la fábrica Putílov que se convirtieron en fuerza motriz de la revolución habían recibido lecciones del gran dirigente, en esa noche del destino del 7 de noviembre de 1917 serían templados para convertirse en generales del ejército rojo organizado por Trotsky, y en ministros o diplomáticos del poder soviético”.

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