Trump. Hora de resistir, pero el enemigo es China

Población y economía china

Como parte de su ilusión, Trump espera que la economía norteamericana sea autosuficiente, precisamente cuando la globalización ofrece libertades plenas a los capitales norteamericanos.

En mi columna del domingo 27 de noviembre 2016, publiqué el artículo El nacionalismo norteamericano, y anuncié volver después sobre el tema. Escribí: “La cuestión de fondo es otra: el enemigo norteamericano de hoy se llama China.

La plena confirmación de Trump de no firmar el tratado de libre comercio de APEC, donde el socio principal es China, es un primer indicador serio del grave conflicto futuro, anunciado desde hace 20 años.

La economía y la política norteamericana necesitan siempre de un enemigo. Volveré sobre este punto…”. Lo hago ahora, cuando Donald Trump es presidente de Estados Unidos desde hace una semana, y cuando todos los reflectores de la prensa se centran en las situación interna norteamericana y en las veleidades y torpezas del carácter de aquel señor.

En Estados Unidos la consigna RESISTIR es una novedad extraordinaria. Corresponde a los activistas de Greenpeace-Paz verde, el mérito de haber colgado el cartelón RESISTIR en una grúa cercana a la Casa Blanca y plenamente visible. Imaginemos la ira de Trump y el castigo a quienes permitieron que esa ofensa fuera posible.

Esos activistas entendieron muy bien que la marcha de más de medio millón de mujeres el 21 de enero y la inesperada y dura protesta del 20, tenían el denominador común de oponerse al nuevo presidente que en una semana de gobierno ha confirmado con decretos oficiales sus promesas electorales que parecían insostenibles.

Las feministas han señalado el camino a partir de su indignación. Nunca en la historia de ese país presidente alguno insultó públicamente a las mujeres como hizo Trump: “coger a las mujeres por el coño”. Es una frase brutal que ningún hombre sensato y respetuoso de las mujeres pronunciaría.

Trump acaba de poner en marcha la continuación de construcción del larguísimo muro que separa a Estados Unidos de México, luego de haber retirado a su país del Acuerdo Trans Pacífico y de renunciar a la batalla internacional para impedir que a fines de siglo la subida de temperatura del planeta en dos gradosponga a la especie humana en abierto proceso de extinción.

Nunca hubo en Estados Unidos un golpe de estado y el respeto de la ciudadanía a las normas institucionales de su la democracia, aun si Trump fue elegido con casi tres millones menos de votos que Hillary Clinton. Por ese respeto, la toma de posesión de un nuevo presidente fue siempre un acto pacífico y tranquilo. No pasó lo mismo con Trump. Es posible que a partir de ahora la oposición dejará el frío espacio de las cámaras de senadores y representantes para oír las voces de las calles, ir más lejos en la construcción de la democracia hasta abrirle grietas a su clásico bipartidismo.

Hace 20 años, Samuel Huntington, politólogo de la Universidad de Harvard, sostuvo en su libro Choque de Civilizaciones (Paidós,1997) que los conflictos internacionales tienden a convertirse en “conflictos entre civilizaciones” y que China estaba ya muy cerca de ser el enemigo más importante de Estados Unidos.

Como las guerras son inherentes a la especie humana, las últimas desde 1991 tienen que ver directamente con el petróleo: Irak y Libia fueron arrasados aunque están disfrazadas de guerras de defensa frente a la amenaza islámica.

Dice Huntington con extraordinaria naturalidad: “Tras La guerra /de Irak/ el Golfo Pérsico era un lago estadounidense” (p. 3002). Por el mismo camino va Siria (con los rusos ya dentro), luego sería Irán. ¿Y después?, habrá llegado el momento de China, su enemigo principal.

La primera gran guerra del naciente estado norteamericano fue contra los indios para llevar más lejos lo que habían logrado los colonos que en busca del oro de California arrebataron tierras de los indios, reduciéndolos en pequeñas reservas. (Hoy, Trump acaba de decretar que el oleoducto de petróleo entre las costas del pacífico y el atlántico pasará por la Reserva de los Siux y dañará sus fuentes de agua, algo que Obama, había logrado impedir). Cuando la primera guerra mundial comenzó, en 1914, Inglaterra estaba ya a punto de perder su supremacía en el mundo.

Fue el momento oportuno para que los norteamericanos pasen a ser la potencia mundial luego que Europa quedó en ruinas. Las dos guerras mundiales del siglo XX enfrentaron a estados naciones europeos frente a la amenaza de los alemanes. En ambas, los norteamericanos fueron los salvadores llegados de lejos, los únicos ganadores. Sus aliados europeos quedaron en escombros, algo menos que Japón, Italia y Rusia.

“En una situación en las que las relaciones de poder cambian cada gobierno se pregunta necesaria y legítimamente: ‘Dentro de diez años, ¿quién será mi enemigo y quién mi amigo, si es que tengo alguno?’” pregunta Huntignton (p.263). Estados Unidos va cambiando de enemigos porque sin las guerras su modo de producción capitalista quedaría paralizado.

China está a punto de convertirse en la primera economía del mundo, precisamente en el momento del declive norteamericano. Lo que Trump quiere es que Estados Unidos vuelva a ser la única potencia y para eso cierra sus fronteras y espera que las fábricas y obreros norteamericanos produzcan las mercancías que China ofrece a precios muy baratos.

Como parte de su ilusión, Trump espera que la economía norteamericana sea autosuficiente, precisamente cuando la globalización ofrece libertades plenas a los capitales norteamericanos para irse por el mundo en busca de más ganancias aprovechando los bajos salarios de los países, y cierra las fronteras para que los trabajadores no entren. Capitales sin ataduras, trabajadores atados, ese uno de los rostros visibles de la globalización.

Desde tiempos inmemoriales, los chinos saben que “No hay dos soles en el cielo, no puede haber dos emperadores en la tierra”. (p. 280). Ahora, en la dimensión mundial, China disputa a Estados Unidos la supremacía. Estos dos soles se enfrentarán en al algún momento. ¿Cuándo? no lo sabemos pero sí tenemos la certeza de que esa confrontación supondría un grave peligro para la humanidad.

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