Trump en guerra contra indígenas de EEUU

Trump en guerra contra indígenas de EEUU

Como en los tiempos del falso héROE coronel Custer, hace casi siglo y medio, la prepotencia y el abuso de Trump está provocando una nueva rebelión indígena.

La orden ejecutiva firmada por el presidente Donald Trump para poner en marcha la construcción de los oleoductos de Dakota Acces y Keystone XL, paralizados por el expresidente Obama, es una declaratoria de guerra para todos los pueblos indígenas de Estados Unidos que, pasando de las palabras a los hechos, se preparan y se organizan para una resistencia que tiene el carácter de una rebelión global.

La última rebelión indígena en Estados Unidos ocurrió en 1876, cuando el campamento indio de Little Big Horn en Montana fue atacado por las tropas del coronel George Armstrong Custer.

Pero dos mil guerreros Sioux, Cheyenne y Arapaho encabezados por Crazy Horse y Sitting Bull, los legendarios “Caballo Loco” y “Toro Sentado”, prácticamente aniquilaron a las fuerzas de Custer.

GESTA ÉPICA
El triunfo de Little Big Horn tuvo un carácter simbólico y figura en la memoria histórica india como una gesta épica. Pero con Little Big Horn también culmina un largo período histórico que empieza en 1783 cuando EE.UU. se independiza del dominio colonial británico e inicia su proceso de expansión territorial a costa, mayormente, del despojo de las tierras y territorios habitados por 4 millones de indígenas a lo largo de 10 mil años.

En 1803, EE.UU compró Luisiana a Francia; en 1819, la Florida a España y entre 1845 y 1848, México fue despojado de casi la mitad de su territorio que pasó a ser estadounidense. En todos los casos, la “fiebre del oro” y el tendido de ferrocarril transcontinental (1863-1869), los perdedores de sus tierras y otros bienes fueron los pueblos indígenas

En 1871, en las praderas del Oeste fueron abatidos 4 millones de bisontes. De una población que a mediados del siglo XIX se contaba en 60 millones, a fines de 1873 solo quedaban menos de un millar. Para los colonizadores, el bisonte representaba la cultura india y, por lo tanto, había que eliminarlo.

LA RAZÓN Y LA FUERZA
El 20 de setiembre del 2016, el presidente de la reservación Sioux de Standing Rock, Dave Archaubolt II, denunció ante la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra que los indios que se oponen a la construcción del oleoducto Dakota Acces tienen de su parte la razón y las leyes.

Tanto el tratado Traverse firmado en 1851 y el de Fort Laramie, suscrito en 1868, ambos ratificados por el Congreso estadounidense, reconocen la soberanía nacional del pueblo Sioux al interior de Estados Unidos.

Pero para los intereses de las multinacionales petroleras, que Donald Trump defiende a capa y espada, estos tratados son letra muerta. Tal como ocurre en todo el mundo, en América Latina y en particular en el Perú donde los gobiernos han sido y son dóciles y eficientes operadores de los poderes fácticos.

LA RESISTENCIA HA EMPEZADO
Todo el mundo está seguro que Donald Trump no dará marcha atrás en su decisión de que los oleoductos de Dakota Acces y Keystone XL sean construidos. Durante su campaña y ahora en el gobierno ha reafirmado su negacionismo sobre el cambio climático, ha ratificado su adicción al combustible fósil y para que nadie dude de sus intenciones ha nombrado como director de la Agencia para la Protección Ambiental a Scott Pruitt, un negacionista del cambio climático, y como el jefe de la diplomacia estadounidense a Rex Tillerson, el líder y jefe máximo de la mayor empresa petrolera privada del mundo, la Exxon Mobil, que ha escondido información sobre el cambio climático desde hace un cuarto de siglo. La Exxon se prepara a firmar contratos con Rusia para explotar petróleo en el Ártico.

Pero así como Donald Trump será inflexible en su apoyo a la construcción de los dos oleoductos, los pueblos indígenas de Estados Unidos, los ambientalistas estadounidenses y del mundo, líderes indígenas de América Latina, se aprestan a la resistencia. Porque consideran que ambas obras son una amenaza para sus vidas, para la Madre Naturaleza y el planeta Tierra.

El oleoducto Keystone XL tiene una longitud de 1,879 kilómetros, de los cuales 1,400 están en territorio de EE.UU. Su costo está estimado en 53 mil millones de dólares y su capacidad está calculada para transportar diariamente 661,000 barriles de petróleo de las arenas bituminosas, desde Alberta en Canadá hasta Nebraska en territorio estadounidense. La oposición señala que la extracción petrolera de arenas bituminosas implica enormes riesgos de contaminación y que, además, el oleoducto cruzará varios Estados y puede afectar fuentes de agua.

RESISTENCIA GLOBAL
El oleoducto Dakota Acces, cuyo costo se estima en 3,800 millones de dólares, tiene una longitud de 1900 kilómetros. Para los Sioux de Standing Rock, el oleoducto no solo borrará acuerdos entre el Estado norteamericano y los Sioux, sino también se profanarán sus territorios sagrados donde están enterrados sus muertos, su memoria histórica, las víctimas de la feroz guerra de conquista y de exterminio y porque contaminará los ríos Connonball y Misouri, afectando a los indígenas y a otros 17 millones de estadounidenses.

Para Stefano Varese, uno de los padres de la antropología amazónica y profesor del Departamento de Estudios Nativos Americanos de la Universidad de California, Davis, el movimiento indígena de Standing Rock es innovador porque posee una perspectiva ambientalista global y su radicalismo legal desnuda no solo la hipocresía de los gobiernos y sus políticas, sino también pone en cuestión la visión racionalista y antropocéntrica Occidental.

ADEMÁS
Así como el extractivismo neoliberal es global en su modelo y sistema de agotamiento, erosión y destrucción de los bosques, mares y ríos y todo el mundo biofísico, la resistencia de la Madre Naturaleza empieza a ser también global para los pueblos indígenas.

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