Trazabilidad

La educación que reciben nuestros niños se alimenta del ejemplo, de los ejemplos que reciben, que ven, que experimentan. Su formación es el producto de su día a día. La escuela es casi una ilusión; con orden, jerarquía, tiempos y, algunas veces, no muchas desgraciadamente, ocasión de aprendizaje. La casa, el hogar, o lo que va quedando de la organización familiar, es también proveedora de ejemplos, buenos o malos, que los niños reciben y van incorporando a su formación. El medio en el que viven estos niños aporta a diario ejemplos que terminan por cincelar al adulto, no necesariamente al ciudadano, que será el protagonista del mañana.

La trazabilidad, jerga usada por los administradores para explicar lo sucedido en cada uno de los procesos en una cadena de suministros y que para el tema que me interesa hoy destacar, utilizo para tratar de entender las razones por las que llegamos, muchísimos de nosotros, a la adultez con serias deficiencias o mermas en nuestro comportamiento. Y para preguntarme entonces ¿qué es lo que sucede en el camino, para seguir con el recorrido de los productos, que pueda explicar en los adultos comportamientos tan groseros, delincuenciales, cínicos y otros de igual o mayor calibre, siempre en el “lado oscuro”? Mientras que los técnicos aplican sus conocimientos para reducir tiempos y aumentar la calidad de las entregas, ganando eficiencia al usar los indicadores obtenidos a lo largo del recorrido del producto o sea estudiando la trazabilidad, los no – técnicos, políticos y autoridades por citar dos categorías, se empeñan no solo en no revisar las fugas en el recorrido de sus acciones sino que además, en un alarde de enorme creatividad, nos sorprenden a diario con acciones y declaraciones cargadas de bestialidad, mala leche, y fealdad absoluta: mal producto entonces.

Debiera ser optimista y pensar y trabajar por un mundo mejor “¡Un día nuevo está por llegar!”, sin embargo es de tal inmensidad la presencia de productos fallados y con tanta y constante presencia mediática, que reprocesarlos es tarea imposible y que por tanto seguirán siendo, lamentablemente por cierto, los ejemplos que nuestros niños seguirán recibiendo en su largo camino a la ciudadanía.