Torquemadas apuntan a San José

Cada vez que ocurre un crimen horrendo, saltan a la palestra los ideólogos de la muerte. Agitando las pasiones y la venganza, usan el dolor de las víctimas para reabrir la temporada mortícola.

El horror causado por el asesino debe castigarse de la misma manera, como la ley del Talión, pues pretenden que el ejemplo acabará con el delito.

Los argumentos van encendiéndose. Se acercan mucho al relato ocurrido en el siglo XVIII con el que inicia Michel Foucault “Vigilar y castigar”, donde le arrancan poco a poco, durante días, trozos de carne a un condenado, hasta que lo arrojan vivo a la hoguera y es consciente de que se quema.

Si por estos personajes fuera, seguro que reabrirían la Inquisición de la Plaza Bolívar, ya no como museo, sino para utilizar los magníficos instrumentos de tortura aplicados por los discípulos del dominico Tomás de Torquemada contra los herejes.

Los promotores de los nuevos actos de fe son exactamente los mismos que no dicen una palabra frente al embarazo forzado de 14 mil niñas violadas en el último lustro; que rechazan los cursos de sexualidad en los colegios, so pretexto de que la educación es solo de la familia, o promueven campañas permanentes contra los métodos anticonceptivos.

No entienden que buena parte del problema deviene del pésimo sistema educativo, que margina o elimina la educación sexual o desatiende la salud mental en la escuela. Así, uno puede escuchar a las autoridades sostener que los violadores provienen de la anemia o la desnutrición o son fruto del descuido de los padres porque a sus tres años exploran su cuerpo tocándose sus genitales.

Tampoco se detienen a examinar las estadísticas de la pena de muerte que no resuelve la situación. Controvertida en los Estados Unidos, subsiste principalmente en países de tradición despótica o totalitaria. Corea del Norte donde arrojan a los acusados a los perros parece convertirse en la ensoñación del talionaje nacional.

La extrema derecha alienta autos de fe porque apunta a sacar al Perú de la Convención Americana de Derechos Humanos, para menoscabar las garantías de los ciudadanos.