Tempestad en las alturas

Pedro Pablo Kuczynski y Mercedes Aráoz

Odebrecht no es un rayo en cielo sereno. Odebrecht golpea al Perú cuando ya existía la crisis en las alturas. Lo que sí ha hecho Odebrecht es destapar y atizar la crisis a tal nivel que hoy tenemos en prisión a un José Alejandro Graña Miró Quesada, un empresario de las grandes familias limeñas. Pero ¿cómo llegamos aquí?

Si bien es cierto, estos niveles de crisis no serían posibles sin Odebrecht, tampoco serían posibles sin el resultado último de las elecciones del 2016, que arrojaron, entre otras cosas, una repotenciada fuerza fujimorista, y un gobierno muy débil. Sin embargo, detrás de estos procesos esconden otros más profundos.

Pues tanto Odebrecht, como las elecciones del 2016, se inscriben también en una disputa económica de poder. Ahí está el enfrentamiento entre Estados Unidos y Brasil, para el caso Odebrecht; pero ahí también está la disputa en el mismo seno de la burguesía peruana, a propósito de las elecciones del 2016. Tratemos de vincular ambas dimensiones.

UNA RENOVADA CONTRADICCIÓN
El caso Odebrecht llega al Perú cuando la crisis en las alturas ya venía asomando: ahí está Ecoteva, BTR, Narco Indultos, Joaquín Ramírez, Agendas de Nadine, Chincheros, y muchos casos más de corrupción.

Profundicemos, esta crisis se encuentra atravesada -entre otras cosas- por una particular contradicción en el seno de la burguesía nacional. Una burguesía que entró en recomposición luego de la curiosa revolución de Velasco, dejando a dos grandes sectores: emergentes y tradicionales.

Al respecto es muy recomendable leer a Francisco Durand, en especial el libro Los doce apóstoles de la economía peruana, donde nos indica que los famosos 12 apóstoles limeños de los 80s ahora son más bien 6 limeños y 6 provincianos.

O sea, por un lado, tenemos a una burguesía tradicional, blanca, de orígenes oligárquicos, capitalina, pero también, por otro lado, tenemos a una burguesía emergente, indo-mestiza, de orígenes campesinos, provinciana. Pero ¿qué vinculación tiene esto con la política?

Todo esto pesa en política –y en toda la sociedad-, pues mientras unos no poseen mayores vínculos con los sectores populares, otros, tienen vínculos hasta familiares. Por ejemplo, los burgueses emergentes pueden hacer pesar –en elecciones, en conflictos, y más- sus redes populares a lo largo de su extensísima cadena de producción, por decir algo inicial y pendiente de mayor exploración.

Precisamente por ello, podríamos decir, a grandes rasgos, que unos estuvieron detrás del proyecto de Humala, mientras otros lo están –o estuvieron– con PPK, por colocar algunos ejemplos. Eso sí, los emergentes se encontrarían de manera casi hegemónica en los tantos poderes políticos regionales. Un estudio con mayor rigor y seriedad es necesario.

Necesario, porque esta particular disputa en el seno de la burguesía nacional viene moldeando la historia reciente del país. Claro, siempre con una burguesía emergente luchando por acceder más al poder –el central en particular–, pero con una burguesía tradicional siempre dueña del poder central – hegemónico, elitista y con fuertes reminiscencias oligárquicas.

PELEA DE BLANCOS
Entendiéndolo así, en el marco de los casos de corrupción, ahora se podría comprender cómo el poder tradicional hizo rodar algunas cabezas en el coliseo popular: ahí estaban los más de 10 pequeños caciques locales, todos poderes emergentes implicados en corrupción.

Hasta ahí, el poder tradicional avanzaba no solo capeando la crisis, sino también continuando con su plan: recuperar el espacio perdido. Por eso, a la par que rodaban las cabezas emergentes, inclusive la misma cabeza de Toledo, los García y los Fujimori no caían.

Sin embargo, estalló Odebrecht a inicios de año, señalando a García y Fujimori, pero también a Kuczynski. Y comenzó realmente lo que en el pueblo se conoce como una “pelea de blancos”. El poder tradicional tuvo que hacer rodar las cabezas de los Humala – Heredia, controlando la situación, continuando con el plan.

Pero habló Marcelo Odebrecht -y luego Barata-, y la crisis se ha elevado a niveles casi incontrolables. Ahora, el mismo poder tradicional está en cuestión, con Kuczynski implicado, con varios de sus empresarios presos. Con la endeble alianza con el fujimorismo cediendo nuevamente. ¿Acaso el plan entró también en cuestión?

El plan de los poderes tradicionales, clásicamente pertenecientes y/o vinculados a la burguesía tradicional, es lograr recuperar los espacios perdidos durante los últimos años. Sin embargo, no cuentan con sus otrora gamonales para controlar el “interior” del país.

Es más, los poderes locales de antaño han sido reemplazados por los poderes de la burguesía emergente. Y en medio de la casi nula fiscalización y control central del “interior”, cunde el negociado y la corrupción; prima la violenta acumulación de capital, informal e ilegal. Claro, hay matices.

El Perú cambió; Kuczynski, su presidente, su azarosa llegada al poder, representando a los poderes tradicionales del país, y la actual crisis, no evidencia más que la profunda crisis que debe de estar pasando el poder hegemónico en estos momentos.

Tal crisis estaría empujando al mismo fujimorismo –una expresión de los poderes emergentes- a acelerar sus propios planes. Por ello, la tentación del adelanto de elecciones, atizada por el contundente golpe llamado Odebrecht. Adelanto de elecciones que también ronda en otras cabezas. Sí, el plan de los poderosos parece estar en crisis. Continuaremos desarrollando estas ideas en la siguiente columna.