¿Tan difícil es unir a la izquierda?

Después que en fluidas y fructíferas conversaciones las organizaciones de la izquierda han logrado unir voluntades e identificar sólidas coincidencias hasta el punto de acordar un programa común de gobierno para someterlo a la voluntad popular en las elecciones generales del 10 de abril del 2016, parece que por fin tiene respuesta positiva la pregunta que encabeza esta columna y que inquietaba a quienes, siendo o no de izquierda, nos hemos preguntado desde hace tiempo por qué las fuerzas que propugnan un cambio profundo con fines de justicia social y equidad para la Patria, no han podido hasta ahora unirse en un solo bloque para conseguir sus objetivos.

A esa importante concertación hay que agregar que las conversaciones para la unidad, a la luz de un texto que recoge lo avanzado hasta hace unos pocos días, también ha alcanzado el acuerdo de presentar una sola plancha presidencial en los citados comicios, para hacer frente a la gama de postulantes que, de una u otra manera, propugnan mantener el estado de cosas, en lo esencial, y sobre todo el modelo económico que ha comenzado a crujir y mostrar sus debilidades ante la caída de los precios de las materias primas, cuyo auge hizo creer a muchos ilusos que el tiempo de la prosperidad y el desarrollo pleno había llegado para quedarse y hasta que el ascenso a la calidad de país desarrollado estaba prácticamente a la vuelta de la esquina.

Lo que, al redactarse estas líneas, sin embargo, estaba por definirse era cómo escoger al candidato presidencial único de lo que se ha dado en llamar las izquierdas y cómo conformar la plancha anhelada; en lo que nos parece que no debe haber discusión de que la candidata de la unidad a la Presidencia de la República debe ser Verónika Mendoza, por su límpida trayectoria, su preparación y el carisma que ha demostrado en sus presentaciones y recorridos por el país.

Además, todos los partidos y movimientos de la corriente izquierdista coinciden en tener una lista única de candidatos al Congreso de la República, cuyos integrantes sean seleccionados por votación ciudadana abierta, fórmula en la que la izquierda está demostrando mayor ejercicio democrático; a diferencia de otras fuerzas con candidaturas únicas o designadas a priori, con cargo a meros trámites de cumplimiento de los requisitos legales, pero sin consulta ciudadana.

Es, por todo ello, que hay que confiar en que la elección de mañana, del postulante presidencial del bloque Unidad Democrática, no signifique una candidatura dispersa más, sino un paso a la unidad plena de la izquierda, que tanta falta hace, para que, más allá de fobias casi medievales y actitudes cavernarias de marginación mediática, la izquierda se haga de un espacio para que sus posiciones sean escuchadas y tomadas en cuenta en una democracia realmente plural y diversa.

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