Ser interesante

“Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo” (Óscar Wilde — Escritor irlandés, 1854—1900).

Vivir sí, pero en el entendido de tener vida, de durar con vida. Que el ánimo este siempre en lo más alto en cada instante de nuestro día, no resulta para nada tarea fácil. Se requiere de una gran energía para alimentar nuestro accionar, nuestra curiosidad, nuestro interés. Uno debe ser siempre interesante (DRAE: que interesa, que es digno de interés). Interesante para uno mismo y también para los demás. Resulta dolorosa comprobación el conocer a tanta gente (mucha más de la que quisiéramos), estar en este mundo sin propósito alguno, como vegetando, dando vueltas sobre sí mismos, lamentándose de todo y por todos. De ellos, unos pocos se encuentran con algo o con alguien que los hace despertar de esa modorra y entonces se levantan con mucha fuerza y acometen, algunas veces, tareas imposibles con resultados sorprendentes. No todos tienen idéntica suerte, lo que no quiere decir que no tengan esperanza de reencontrarse con la vida. No creo que exista alguien que conociendo que puede hacer algo mejor con su vida, se resista a trabajar por conseguirlo. Se trata, entonces, de romper la inercia.

Debemos de recordar que somos autónomos (DRAE, Autonomía: 2/ Condición de quien, para ciertas cosas, no depende de nadie.). Es nuestro el impulso que gobierna nuestro accionar. No tenemos que pedirle permiso a nadie. Por tanto las decisiones que tomemos son únicamente de nuestra responsabilidad ¿Por qué temer entonces? Sea por azar o porque nos propusimos buscar “ese algo” en que ocupar nuestra energía, esa decisión no necesitó sino de nosotros mismos, de nuestra autonomía. Para diferenciarnos de aquellos que vegetan requerimos encontrar un propósito para nuestra vida: algo superior, más grande que nosotros. Con la decisión tomada y con el propósito mayor a nuestro lado, empecemos a trabajar en eso que nos interesa, que nos importa, procurando hacerlo de mejor manera cada vez, probando, haciendo, equivocándonos y volviéndolo a hacer. Se trata de vivir y de ser siempre interesantes.

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