Selfie de 28 de julio

Los ministros auto-registrándose fotográficamente, no sé si para la historia o el álbum familiar, a las espaldas del Presidente que intentaba reforzar algunos puntos de su mensaje horas antes en el Congreso, han sido comentados como el chiste de Fiestas Patrias.

Después de un secazo discurso de Humala ante una supuesta oposición paralizada, que amenazaba con una segunda vuelta en las escaleras de Palacio de Gobierno, los ministros y ministras, se desbandaron como si fuera su último día de colegio.

Un hecho sorprendente teniendo además en cuenta que la idea de este gobierno durante cuatro años ha sido que -salvo excepciones específicas-, los ministros nunca aparecieron en contradicción o siquiera con iniciativa ante el Presidente.

Mucho menos se hubiera creído que la pasión por el selfie de alguno de ellos se convirtiera en un desacato al poder presidencial. No sé si habrán disculpas, llamados de atención o reacomodos, o si la palomillada quedará para el recuerdo sin responsables.

Una explicación que se ensaya, es que los meses anteriores fueron muy tensos y los del fajín entraron en un estrés muy fuerte, que se desahogó de cualquier forma. A mí lo que me hace pensar es que la autoridad de Humala hacia sus segundos era a la vez vertical y se resolvía en formas traicioneras.

Lo de la escalera de Palacio se puede medir como un pequeño desorden que se contagió de uno a otros. Políticamente significa que esos ministros son tan solo técnicos rentados, que finalmente han terminado de hacerse notar de la manera más ridícula.

Los ministros que tuvieron que dar el visto bueno a las cifras de todo tipo: montos de inversión, locales construidos, carreteras, etc., sin el detalle siquiera de mostrar como han evolucionado esos indicadores año a año.

La verdad es que cumplieron con el Presidente y después de mirar “su obra”, habrán percibido que no están haciendo sino una administración de recursos, con prioridad al gasto social, pero no está proyectando un país diferente, un objetivo integral para un número significativo de años.

Eso, parece que los llena de risa, y por eso la catarata de selfies, que puede querer decir varias cosas: yo estuve aquí, había gente que creyó que teníamos un programa, finalmente qué me importan Ollanta y Nadine si ellos armaron este despelote.

Parece mentira que pueda existir país en el mundo donde los ministros se van por un lado y la llamada pareja presidencial por otro. Queriendo los segundos hacernos creer que tienen algo serio en las manos, mientras los otros se matan de risa.

El selfie ministerial de la tarde del 28 de julio, puede tomarse inocentemente, como que así pasó y ya fue. Pero también podría ser que en una fecha donde todo estaba calculado, a algunos se les quebraron los nervios y fastidiaron el discurso y la portátil del Presidente.