San Miguel Industrias: el rostro de la desigualdad

Cuando esto se escribe, el Sindicato de San Miguel Industrias (SMI) lleva 36 días de huelga. Las partes no lograron cerrar la negociación en tres meses de trato directo. Ahora buscan un acuerdo en reuniones extraproceso a cargo de la Autoridad de Trabajo. El entrampamiento gira en torno al aumento salarial, el respeto de la jornada laboral y el reconocimiento del descanso dominical. La empresa, por sus características, bien podría atender los pedidos sindicales. El pliego comprende a 94 trabajadores de una planilla que supera el medio millar. (Más información: TrabajoDigno.pe)

SMI es líder de la industria del plástico. Provee de envases a los principales productores de gaseosas y alimentos. Opera en 15 países de la región. Es socio estratégico de Intercorp, uno de los mayores grupos económicos locales. La cabeza, Carlos Rodríguez Pastor, es considerado por la revista Forbes como uno de los seis multimillonarios peruanos, con una fortuna de US$ 2,100 millones al 2013. Los trabajadores consideran que SMI estaría en condiciones de satisfacer sus demandas. ¿Qué explica el entrampamiento?

Una primera razón radica en la debilidad del sindicato para imponerse en la negociación. Su persistencia y combatividad, si bien loables, viene siendo neutralizada por la empresa. Según los dirigentes, SMI ha logrado que algunos sindicalizados se desafilien y retornen a sus puestos. Además, estaría aplicando el esquirolaje (reemplazo de los huelguistas por personal nuevo). Modalidad expresamente prohibida en la legislación (art. 70, RLCT). Atención, Superintendente Sylvia Cáceres.

Por otro lado, lo que sucede en SMI es expresivo de un sistema de relaciones laborales injusto y desigual. Existe una vasta literatura que sostiene esta consideración. Un manto de complicidad e intereses en juego confabula para que no se discuta públicamente. Las autoridades carecen de voluntad y recursos para ejercer su rol tutelar. Los medios de comunicación invisibilizan o manipulan editorialmente los conflictos laborales. Los sindicatos están indefensos ante la ausencia de garantías y las malas prácticas empresariales. La sociedad en su conjunto no logra visualizar el impacto de este modelo en su vidapropia y familiar.

Este conflicto escenifica la trama de la desigualdad salarial. Wallerstein –citado por S. López (2012)– la entiende como la convergencia de tres factores: las instituciones que fijan el ingreso (a mayor centralización, menor desigualdad), el peso de los actores y la cobertura del convenio. Para SMI, una negociación por rama de actividad, como exige hace años la Federación de Alimentos y Bebidas (CGTP-ABA), por medio de un modelo de negociación por descentralización productiva, puede ser una alternativa que reequilibre la mesa, a favor de los trabajadores.

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