¿Qué hacer con el gasoducto del sur?

El Estado debe asumir el liderazgo de la construcción del gasoducto del sur.

Ahora que se ha vuelto viral cuestionar la millonaria inversión del Gasoducto Sur Peruano por el escándalo de la mega corrupción de Odebrecht en Brasil, USA, Perú y otros países, me reafirmo en el contenido de mi artículo, “Luces y Sombras del Gasoducto del Sur” escrito en julio del 2014, cuando era más que evidente la intervención de la pareja presidencial (Ollanta y Nadine) en sacar adelante el referido proyecto que no tenía consistencia técnica ni racionalidad económica si es que no participaban las empresas responsables de la producción de gas natural, y si en la licitación de la fase del transporte solamente había un solo postor.

El Gasoducto del Sur no puede seguir paralizado por la incapacidad financiera de las empresas mafiosas Odebrecht, Graña y Montero más Enagás. Es el momento donde el Estado debe tener el liderazgo para sacar adelante el referido proyecto, bajo nuevos términos contractuales.

Resulta inaceptable que el Estado asuma los costos de la corrupción y se pretenda reconocer el valor de las inversiones que serán pagadas en un 75 % al 100 % de su valor con los ingresos que se percibirán con las nuevas licitaciones en los próximos 15 meses, de no ser cubiertas las inversiones realizadas, el estado tendría que poner la diferencia.

El Estado debe negociar con la empresa estatal china CNPC titular del 100% de las acciones en el contrato del lote 58 para que en el menor tiempo posible realice las inversiones necesarias exploratorias para convertir las reservas y recursos del lote 58 en reservas probadas certificadas, como también la participación de casi el 44 % que retiene en el lote 57, donde el mayorista mayoritario es Repsol.

Resulta de fundamental importancia comprometer a CNPC como accionista participante en el Gasoducto del Sur, pues esta constituye la forma más eficiente de operar. En el Perú, la construcción del Oleoducto Norperuano bajo responsabilidad de PetroPerú en los años setenta del siglo pasado y del Gasoducto de Camisea por medio de TGP, nos confirma la necesidad de una integración vertical entre la producción y el transporte de hidrocarburos.

Debe justificarse la demanda con racionalidad económica a precios competitivos. Se debe tener presente que los precios del gas natural de los lotes 57 y 58 son libres, y dependerán de las condiciones de la oferta y demanda, a diferencia de los precios regulados del lote 88 cuyas reservas están comprometidas con el ducto de Camisea hacia Lima, y solamente un TCF (Un trillón de reservas de gas natural) estarían comprometidas para el gasoducto del sur.

Reconociendo que la demanda de los miles de consumidores residenciales no representarían ni el 1 % de la demanda total, se debe justificar la demanda de las empresas eléctricas del sur, que por ahora queman carbón, y diesel contaminante en las horas punta. En tal sentido, la importancia del nodo energético del sur que compromete más de 1,000 MW de potencia lo cual asegura una demanda superior a los 200 millones de pies cúbicos diarios de gas natural, lo cual debería rentabilizar el gasoducto del sur.

Si a ello se agrega la potencial demanda de energía a gas a partir de las empresas mineras como Las Bambas, Constancia, las ampliaciones de Cuajone, Toquepala por parte de SPCC, Tintaya/Antapaccay, Cerro Verde estaría más que justificada la demanda de gas natural en el sur peruano.

Estando avanzado en más del 35 % la construcción del gasoducto del sur, con más de 4,000 trabajadores prácticamente en paro, el Estado debe asumir el liderazgo de la inversión redimensionando los altos costos de inversión superiores a los US $ 7,500 millones que más que duplican los costos del ducto de Camisea hacia Lima.

Por ello, constituye un error y retroceso eliminar el cargo de trasmisión que pagamos los más de 8 millones de clientes regulados para rentabilizar el gasoducto del sur. Este fue un mecanismo que se aplicó en el pasado para viabilizar el gasoducto de Camisea entre los años 2002 al 2009, y que debiera seguir vigente, a pesar de la inopia del Osinergmin.

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