¿Qué hacemos?

En estos momentos venimos afrontando una arremetida de la naturaleza de forma alarmante, no antes vista desde 1970. Sabemos que el “Fenómeno El Niño” tiene ciclos de entre 3 a 7 años en los que se desarrolla, teniendo más de 3 meses de permanencia, afectando todo a su paso. Sabemos también que somos un país sumamente vulnerable a los efectos del cambio climático, desastres naturales y fenómenos naturales que durante los últimos años, casi poco o nada hemos podido hacer en materia de prevención.

Nuestras civilizaciones prehispánicas, ya sabían qué hacer frente a las inundaciones, huaicos, friajes, heladas, sismos y más. Aplicaron la norma andina “lejos de la quebrada”, pues sabían muy bien que estar cerca de la ribera de los ríos implicada un riesgo de vida, erigieron los grandes centros ceremoniales y administrativos aplicando técnicas antisísmicas y cómo olvidar los “waru-waru” del altiplano que menguaban los friajes. En cambio, con la llegada de los españoles se aplicó la norma “cerca del río, lejos de las huacas” y muchas de las ciudades quedaron expuestas a las inundaciones como la histórica ciudad de Trujillo.

A pesar de no contar con los avances tecnológicos de hoy en día, estas civilizaciones sí concebían la principal herramienta que les permitió erigirse como grandes civilizaciones, y esa herramienta era la PLANIFICACIÓN y también lo que hoy conocemos como ORDENAMIENTO TERRITORIAL. Ellos sí conocían su territorio y por lo tanto si podían planificar, prevenir y priorizar de acuerdo a su realidad y sin ninguna lógica usurera.

Quiero recalcar que con los años, dejamos de conocer nuestro territorio y por ende dejamos de planificar como Estado soberano, para darle el pase libre a las grandes empresas y la lógica de mercado quienes son las que deciden qué obras hacer, dónde hacerlas y sobre todo, dónde hay mayor rentabilidad.

La tragedia que resisten nuestras ciudades es culpa de muchas cosas, pero principalmente, de la irresponsabilidad para planificar. Los usureros de los grupos empresariales, tienen a los mejores cómplices de la improvisación política: los alcaldes que “roban pero hacen obra”. Remodelan pistas, construyen bypasses, erigen monumentos pensando en el bienestar de sus socios, menos en la gente.

Es hora de la solidaridad. Pero ya sabemos qué hacer: Planificar.

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