Prensa chicha en las redes

El fujimorato, quizá bajo la dirección del indultado, reestrenó ayer su empleo de falsificación periodística. En su época acudió, por ejemplo, a crear el diario La Repucha, que imitaba formato y tipografía de La República. Ayer “lanzó” en las redes sociales una burda imitación de nuestro diario con este torpísimo titular: “Marcha Nacional en apoyo al TERRORISMO”.

El diario apócrifo perseguía dos fines: 1.-Desacreditar a nuestro diario. (Miedo que nos tienen). 2.- Dañar la convocación de sectores democráticos, estudiantiles, sindicales, intelectuales que rechazan el ilegal indulto otorgado por Pedro Pablo Kuczynski a Alberto Fujimori y que se van a manifestar el 11 de enero.

Ahí tenemos, con Fujimori suelto en plaza, mejor dicho, en residencia de lujo, la institucionalidad preservada, la gobernabilidad en pie (de guerra), la reconciliación instalada (chorreando palizas y gases lacrimógenos).

Necesario es recordar que la prensa chicha fue un despliegue de bajeza, especializado en mentir, calumniar y adular al dúo gobernante: Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. Se probó que se financiaba con aportes sustraídos al presupuesto de la Defensa Nacional.

Suponer que el equipo de este diario y su director tengan alguna afinidad con el terrorismo revela el nivel de imbecilidad que afecta a los dirigentes de esa maniobra. Quienes algo conocen de periodismo saben que fui opositor de Sendero Luminoso desde el comienzo de los crímenes de este, que asesinaba alcaldes de izquierda delante de su esposa e hijos, profesores y dirigentes campesinos y obreros por el solo hecho de no comulgar con los métodos terroristas.

En mi caso personal, deslindé con una organización que no tomaba en cuenta la estrategia y la táctica de José Carlos Mariátegui, al mismo tiempo que condené los métodos represivos y abusivos de las fuerzas del orden. Todo ello, con mi firma y en diversos medios de prensa, radio y televisión.

En la Universidad Nacional Mayor de San Marcos me opuse abiertamente a los desmanes senderistas, que “decretaban” huelgas de hasta tres meses, que solo perjudicaban a los alumnos y no significaban ninguna conquista para los docentes y el personal administrativo. Por algo, Sendero me amenazó de muerte dos veces. En el Museo de la Memoria hay constancia gráfica de mi actitud firme e independiente.